Cuando nos referimos a las personas adultas mayores, a menudo se pasa por alto la diversidad que las compone, perpetuando una imagen estereotipada de la “pareja heterosexual” y omitiendo la existencia de otras orientaciones sexuales. Este escenario se complejiza aún más para la comunidad LGBTTTIQ+, que históricamente ha enfrentado rechazo social y discriminación.
En el contexto de México, que ocupa el segundo lugar en Latinoamérica con mayor índice de homofobia, bifobia y transfobia, la comunidad de la diversidad sexual es señalada y estigmatizada sin importar la edad. Se calcula que alrededor del 10% de la población adulta mayor en México pertenece a la comunidad LGBTTTIQ+, caracterizándose por ser la más vulnerable debido al abandono social, la falta de atención médica y medicamentos, o la carencia afectiva.
La Homosexualidad en la Vejez: Estigma y Aceptación
Muchas personas mayores homosexuales han ocultado sus preferencias la mayor parte de su vida debido al rechazo social y/o de su propia familia. Esta situación resalta la escasa investigación sobre personas mayores de la diversidad sexual y la poca relevancia que se otorga a la orientación sexual en las fiscalías, donde solo se menciona un posible crimen de odio en el 10% de los casos. La inclusión en el tema de la diversidad aún tiene muchos pendientes por revisar.
Uno de los estigmas que enfrentan estas personas deriva de una doble discriminación: por ser viejos y, además, homosexuales. Si bien esto puede ser parcialmente cierto, el anciano homosexual actual ha sufrido discriminaciones durante años debido a la época en que le tocó vivir. Estas vivencias se han convertido en una fortaleza frente a la discriminación por edad, y su problema de estigmatización no sería principalmente por ser viejo, sino por ser homosexual. Otro estigma asociado a su sexualidad se basa en estereotipos y prejuicios que suponen una ausencia de estímulos eróticos en el anciano gay, y se cree que los vínculos entre personas homosexuales se basarían casi exclusivamente en el ámbito sexual debido a la sobrevaloración del atractivo físico.
Mitos y Realidades de la Sexualidad Geriátrica Homosexual
Los investigadores Kelly en 1977 y Laner en 1978, ambos en California, identificaron algunos mitos acerca de la sociedad homosexual envejecida. Señalan que se cree que estas personas son incapaces de tener una vida sexual satisfactoria y que no establecen relaciones estables. Otro mito es que los ancianos tienen conductas de acoso de menores y preferencia por compañeros jóvenes, lo que, según los autores, no es tal, sino que, si en su juventud les gustaban las personas jóvenes, en la ancianidad simplemente les siguen gustando igual.
Gagnon y Simon en 1973 identificaron algunas realidades de los viejos gays, como que tienen menos recursos afectivos de apoyo y que la falta de hijos les determina una falta de continuidad. Incluso proponen que la ausencia de un matrimonio civil podría afectar la estabilidad a lo largo de la vida.
Afortunadamente, no todo es negativo. El tiempo avanza y con él surgen propuestas que ayudan a crear un clima de armonía social, aunque sea solo en ciertos espacios. Un ejemplo de ello es la Casa de día Vida Alegre, fundada por Samantha Flores, un espacio dedicado a las personas adultas mayores LGBTTTIQ.
Mesa INAPAM: Vejeces Diversas. Personas Mayores LGBT
Según Arturo Arcos, psicogerontólogo, “existen estereotipos muy marcados en las personas mayores. Es muy difícil que una persona mayor de la diversidad sexual pueda participar en una clase de tejido, baile regional o bisutería por el prejuicio social que existe”. Sin embargo, en la vejez, los roles de género deberían ser menos rígidos y cambiantes, ya que lo que se considera femenino y masculino también evoluciona.
La Sexualidad del Adulto Mayor en General: Más allá de los Estereotipos
La sociedad en general piensa que la vejez es un período sin deseos ni actividad sexuales. Existe un estereotipo cultural muy difundido que considera a las personas de edad como feas, débiles, desgraciadas e impotentes. Los adultos que desean resultar atractivos deben intentar aparentar menos edad de la que tienen, viviendo en un permanente estado de rejuvenecimiento. Se cree que “lo viejo se ha convertido en sinónimo de lo feo, caduco e inservible, un mundo bien distante de lo que representa la juventud con su belleza, su dinamismo y su competitividad”.
Sin embargo, mantener vigente la sexualidad es posible y sano, e implica afecto, compañía, ganas de vivir, contacto físico, buenas relaciones con los demás y autoafirmación. Actualmente, existen muchos prejuicios, mitos y tabúes sobre la sexualidad de los mayores, incluso compartidos por profesionales que tratan con ancianos. Estos mitos se transmiten de generación en generación, lo que garantiza su cohesión y supervivencia.
Impacto de la Salud y los Prejuicios en la Sexualidad de los Mayores
En lo que respecta a la salud, existen ciertos prejuicios sobre los riesgos a los que están enfrentadas las personas LGBTI+, y esos prejuicios podrían ocasionar un cuidado inadecuado. Los ancianos muchas veces esconden su orientación sexual a los proveedores de cuidados médicos por temor a ser discriminados, y además en los sistemas públicos y privados de seguros de salud no hay cobertura familiar para parejas del mismo sexo.
Otro fenómeno que se describe ocurre cuando los ancianos LGBTI+ deciden retirarse a una casa de cuidados continuos. En ese momento, sufren un proceso que podría llamarse “volver a meterse en el clóset”, pues deben enfrentar a veces actitudes homofóbicas entre los residentes y temen que algunas residencias puedan excluirlos totalmente.
La familia es un gran tema para los ancianos LGBTI+. La mayoría de ellos dependen principalmente de sus parejas o amigos cercanos que les brindan apoyo social. Desafortunadamente, la sociedad no siempre ha reconocido la importancia de estas “familias escogidas” que, precisamente por ser escogidas, pueden ser una red de apoyo mejor que la natural.

Muchos hombres y mujeres mayores creen que la actividad sexual puede perjudicar su salud. Sin embargo, la sexualidad fortalece la salud física y psíquica, junto con un deporte equilibrado y una comida sana. Además, es curativa y alivia dolores provocados por otras dolencias. Los ancianos sexualmente activos consumen menos sedantes, antidepresivos y medicamentos.
Podemos pensar que la presencia de alguna enfermedad puede dificultar la práctica sexual. Es cierto que determinadas enfermedades pueden limitar posturas y comportamientos en la relación sexual. Pero los mayores tienen deseos y necesidades sexuales al igual que los jóvenes y los adultos. Son seres sexuales en todas las etapas de su vida y seguirán siéndolo hasta la muerte. Aunque haya cambios, las personas mayores desean la intimidad y las caricias eróticas.
La Menopausia y el Deseo Sexual
La menopausia no tiene por qué llevar asociada una disminución en la satisfacción sexual, ya que las consecuencias asociadas a la disminución en la producción de estrógeno, que conlleva una serie de trastornos, pueden ser compensadas mediante un tratamiento apropiado. Si se produce una disminución real en la satisfacción sexual de las mujeres tras la menopausia, esto se deberá con mayor frecuencia a las expectativas de poder mantenerlas que a los efectos físicos de la menopausia sobre el organismo.
Actualmente, se puede afirmar que la etapa menopáusica no debe ser motivo de preocupaciones para la mayoría de las mujeres, ya que el deseo sexual no cesa y pueden seguir creciendo. En muchas ocasiones, una mujer mayor se considera “decente” si deja la sexualidad y no se interesa por el sexo cuando vive sola o ha enviudado. Solo las mujeres frívolas se entregan a los placeres que ofrece la sexualidad a estas edades, cuando ya no se pueden tener hijos, que era lo único que para muchos dignificaba el acto sexual. Aunque esta creencia estuvo bastante extendida durante los siglos anteriores, ahora sabemos que es falsa. Es falso que a partir de los 50 años se pierda progresivamente el interés por el sexo. La actividad sexual suele mantenerse estable y satisfactoria en quien la venía manteniendo antes, aunque pueda disminuir algo la frecuencia del coito, una de sus manifestaciones.
El potencial sexual es más vivo y vital cuanto más se ejercita. La regularidad de las relaciones sexuales constituye el mejor medio de conservar la potencia sexual hasta una edad avanzada. Se recomienda a los hombres y mujeres que prosigan regularmente la actividad sexual del tipo que sea, porque es una de las mejores maneras de mantener viva esa dimensión en el ser humano. El coito forma parte del sexo, pero no tiene por qué ser el centro de toda actividad sexual. El anciano puede cubrir sus necesidades emocionales: tocar y ser tocado, abrazar y ser abrazado, por actividades sexuales que no siempre conducen al coito. Hacer del orgasmo una meta es tan incorrecto como hacer del coito el centro. La sexualidad es placentera con orgasmo y sin él.
La Realidad de las Personas Mayores LGBTI+ en Chile
En el contexto de una sociedad que envejece progresivamente y que enfrenta múltiples desafíos en materia de inclusión, las personas mayores LGBT+ en Chile representan un grupo históricamente invisibilizado, cuyas experiencias de vida están marcadas por la exclusión, el estigma y la precariedad. Es fundamental comprender que muchas personas mayores LGBT+ en Chile vivieron gran parte de su vida en contextos de criminalización, patologización y rechazo social. Durante décadas, la homosexualidad fue considerada una enfermedad mental y una conducta delictiva, lo que forzó a miles a vivir su identidad en la clandestinidad. Esta historia de violencia estructural ha dejado secuelas en su salud mental, redes de apoyo y trayectorias laborales, que repercuten en su calidad de vida en la vejez.
Una de las principales brechas actuales es la falta de reconocimiento de la diversidad sexual y de género en las políticas de envejecimiento. Ni la Estrategia Nacional de Envejecimiento ni la mayoría de los programas del Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA) incorporan una perspectiva interseccional que considere la orientación sexual o la identidad de género. Esta omisión perpetúa la exclusión y limita el acceso a servicios que sean seguros, inclusivos y culturalmente competentes.
En el ámbito de la salud, persisten prejuicios y prácticas discriminatorias por parte de algunos profesionales, especialmente en atención primaria y geriatría. Las personas mayores LGBT+ son frecuentemente tratadas bajo supuestos heteronormativos que invalidan sus identidades y relaciones. Esto genera barreras en el acceso a la atención, subutilización de servicios y desconfianza hacia el sistema.
Otro aspecto crítico es la precariedad económica. Debido a trayectorias laborales interrumpidas o marginalizadas, muchas personas mayores LGBT+ enfrentan pensiones bajas, falta de acceso a vivienda digna y condiciones de vida inestables. Este panorama es aún más complejo en el caso de personas trans mayores, quienes muchas veces han sido excluidas del sistema formal de empleo y seguridad social.
Además, los espacios residenciales para personas mayores -como los ELEAM (Establecimientos de Larga Estadía para Adultos Mayores)- suelen replicar entornos heteronormativos y patriarcales que no reconocen ni validan la diversidad. Existen múltiples relatos de personas mayores LGBT+ que han debido ocultar su identidad al ingresar a estas residencias, por temor a sufrir acoso o maltrato por parte de otros residentes o del personal.
Avances y Desafíos Legales
La homosexualidad ha estado presente en nuestras sociedades desde las primeras civilizaciones. Sin embargo, el avance significativo llegó en el siglo XX, cuando la homosexualidad pasó a considerarse como una orientación sexual más. La aceptación de la homosexualidad se debe a la construcción social y a los tiempos en los que se esté viviendo.
En 1995, en España se llevó a cabo un cambio en la historia del derecho penal con la creación de una ley que consideraba delito cualquier tipo de discriminación, odio y violencia contra grupos o asociaciones por motivos como racismo, ideología, religión o situación familiar, entre otros. Con la entrada en vigor de la ley que aprobaba el matrimonio igualitario, España pasó a ser el cuarto país del mundo que legalizaba dichas uniones.
Desde un enfoque político, es imprescindible avanzar hacia un modelo de políticas públicas interseccional y participativo, que reconozca la especificidad de las vejeces LGBT+. Esto incluye el levantamiento de datos oficiales con enfoque de derechos, la inclusión de la perspectiva LGBT+ en todas las políticas de envejecimiento, la formación obligatoria en diversidad para profesionales del área social y de salud, la promoción de viviendas colaborativas y espacios seguros, y el financiamiento a organizaciones que trabajen con personas mayores LGBT+.
Percepciones sobre la Sexualidad en Personas Mayores
Las percepciones de las personas mayores sobre la sexualidad son poco conocidas. Una búsqueda sistemática de estudios publicados reveló que, aunque estudios previos destacan la consideración negativa general sobre la sexualidad en las personas mayores, estas, en realidad, quieren mantener una sexualidad activa y la consideran algo positivo, un deseo que siguen queriendo expresar.
Se identificaron barreras para la expresión sexual, como los estereotipos sociales, la asociación entre sexualidad y fecundidad/obligación marital, la falta de intimidad y los prejuicios de familiares y profesionales. Estas barreras hacen que la mayoría de las personas mayores consideren la sexualidad en esta etapa de la vida como algo negativo.
Es destacable la resignación manifestada por muchas personas mayores institucionalizadas, afirmando que tras la institucionalización habían puesto fin a su actividad sexual, llegando a separarse de su pareja en muchos casos. En relación con los modos de expresión de la sexualidad, las personas mayores institucionalizadas consideraron que en esta etapa de la vida no solo es importante la realización del coito, sino que adquieren especial relevancia los abrazos, las caricias y otras expresiones sexuales.
En relación con el personal sanitario, se consideró importante que la atención prestada incluyera una visión abierta sobre la sexualidad, preservando en todo momento los deseos y la intimidad del paciente. La literatura existente sobre envejecimiento en personas LGBTI+ en revistas científicas es muy escasa, tal vez por falta de interés por parte de la comunidad científica.
Como ya ha sido señalado previamente, los resultados de ciertos estudios muestran que la familia y el personal de los centros no suelen aceptar que las personas mayores institucionalizadas quieran continuar con su vida sexual en esa etapa de la vida. Por todo lo anterior, es necesario modificar las políticas de atención de las instituciones dedicadas al cuidado de personas mayores. El objetivo debe ser implantar programas de actuación donde la sexualidad de los residentes y el derecho a la intimidad sean tenidos en cuenta.
Una de las novedades de esta revisión es la inclusión del punto de vista de los hombres mayores gais y bisexuales. En este sentido, se muestra la falta de conciencia social y familiar hacia las necesidades sexuales de estos grupos, que se siguen percibiendo como invisibles para la sociedad y carentes de apoyo familiar.
Finalmente, los estudios realizados en Residencias de Mayores muestran cómo las personas mayores residentes asocian la institucionalización con el cese de su actividad sexual, siendo los motivos percibidos la falta de privacidad e intimidad de los centros, así como los prejuicios de sus familiares y el personal de los centros, que los llevan a sentir miedo de expresar su propia sexualidad.
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