Secuelas del Accidente Cerebrovascular en Adultos Mayores

Cuando las personas sufren un Accidente Cerebrovascular (ACV), también conocido como ictus, pueden quedar con secuelas que afectan la integridad de las funciones cerebrales. Estas secuelas pueden fluctuar entre pequeños y grandes déficits neurológicos, los cuales incluyen alteraciones en las capacidades motrices, del lenguaje, visuales, auditivas y cognitivas. Aunque las posibilidades de presentar secuelas son similares en adultos mayores, adultos y jóvenes, la población de la tercera edad tiene un mayor riesgo de enfrentar problemas relacionados con la memoria y las capacidades cognitivas.

El envejecimiento progresivo de la población mundial plantea nuevos retos a la medicina moderna, ya que los adultos mayores están pasando a ser la mayoría de la población. Esta situación demográfica trae consigo una cantidad variada de problemas clínicos y epidemiológicos asociados a edades avanzadas, entre los cuales las enfermedades neurológicas ocupan un lugar preponderante. Se estima que para 2050, uno de cada cinco habitantes del planeta tendrá 60 años o más, lo que se acompañará de un aumento en la incidencia de enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT), incluyendo las enfermedades cerebrovasculares.

infografía sobre tipos de ACV y sus efectos

Epidemiología y Relevancia del ACV en el Adulto Mayor

Los accidentes cerebrovasculares son una de las principales causas de muerte y discapacidad en el mundo. Se ha comprobado que los mayores de 65 años tienen 7 veces más probabilidades de padecerlos. El Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidente Cerebrovascular advierte que las personas mayores de 65 años tienen un riesgo siete veces mayor de sufrir un ACV. En América Latina y el Caribe, este problema crece con rapidez, alcanzando proporciones epidémicas y ubicándose como la tercera causa de muerte en la región.

En países como Estados Unidos, el costo para el Estado que alcanza esta enfermedad bordea los 43 billones de dólares al año, cifra que podría reducirse si los adultos mayores del futuro logran modificar sus hábitos de salud desde el presente. Factores como la hipertensión, que afecta al 75% de los mayores de 65 años en Chile, son un riesgo principal relacionado con esta patología. Los ataques cerebrovasculares pueden ocurrir a cualquier edad, pero los adultos mayores de 65 años poseen más posibilidades de padecer estos accidentes.

Tipos de Accidente Cerebrovascular y su Impacto

Un ACV ocurre cuando el suministro de sangre que llega al cerebro se interrumpe repentinamente, impidiendo que el tejido cerebral reciba oxígeno y nutrientes, lo que provoca que las células cerebrales comiencen a morir en minutos. Esto produce, en la mayoría de los casos, secuelas que afectan las capacidades físicas y/o la cognición de una persona, generando incapacidades o invalidez, e incluso poniendo en riesgo la vida.

Existen dos tipos principales de ACV:

  • ACV isquémico: Los efectos están relacionados con la zona o núcleo del infarto y la zona que lo rodea.
  • ACV hemorrágico: En la mayoría de los casos, causa síntomas secundarios al ejercer presión sobre el tejido cerebral circundante.

En ambos tipos de ataques cerebrovasculares, el deterioro de la memoria o de las capacidades cognitivas puede ser causado por alteraciones como:

  • Hipoperfusión: La disfunción neuronal es causada por la disminución del riego sanguíneo cerebral debido a la oclusión de una o más arterias cerebrales.
  • Alteraciones metabólicas neuronales: En el cerebro, estas están generalmente relacionadas con el pobre aporte sanguíneo.

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Principales Secuelas del ACV en Adultos Mayores

La persona que sufre un ACV puede manifestar síntomas que van desde dificultades para comunicarse o para ver, pasando por la pérdida de equilibrio, hasta perder la fuerza de un lado del cuerpo. El nivel de afectación de estas capacidades dependerá de la gravedad y de la ubicación del ataque cerebrovascular.

Secuelas Cognitivas y del Lenguaje

Los adultos mayores tienen un mayor riesgo de presentar problemas relacionados con la memoria y capacidades cognitivas. Al realizar procesos mentales como razonar, planificar y recordar, se les puede dificultar. La afasia (pérdida de la habilidad para comprender y expresar un lenguaje) es una secuela que se presenta con más frecuencia en los adultos mayores, afectando tanto la comprensión como la producción del lenguaje.

Si la persona mayor tiene afasia, no solo presentará problemas con el lenguaje; es necesario tener en cuenta el conjunto de funciones cerebrales o neuropsicológicas, incluyendo la memoria, la atención, el razonamiento y la expresión afectiva. Las manifestaciones dependerán de la región del cerebro afectada por el ACV:

  • Si afecta el área de Broca, se observarán dificultades en la expresión del lenguaje.
  • Si afecta el área de Wernicke, se evidenciarán complicaciones en la interpretación del lenguaje.

El compromiso de otras áreas puede alterar la expresión afectiva que suele acompañar el habla. Aunque esta secuela puede presentarse en la población general, en los adultos mayores la afectación tiende a ser más severa y la recuperación más lenta.

Secuelas Motoras y Físicas

La población de la tercera edad que ha padecido un ACV experimenta una mayor afectación en las capacidades motoras, incluyendo reducción de la velocidad, asimetría espacio-temporal y alteración del equilibrio. Esta dificultad está relacionada con la pérdida de fuerza y equilibrio, ya que los adultos mayores suelen tener limitaciones de movilidad y equilibrio preexistentes al infarto o hemorragia cerebrales.

  • La hemiplejia, parálisis del lado derecho o izquierdo del cuerpo, ocurre cuando el ACV dañó la parte del cerebro encargada del movimiento.
  • La espasticidad es una secuela muy común de instauración lenta y progresiva, especialmente cuando las medidas de rehabilitación son poco eficaces. Puede causar mayor dificultad en el movimiento de las extremidades, la postura y el equilibrio, siendo más frecuente en manos y pies.

Es frecuente que, tras un ictus, se generen alteraciones en la fuerza y el tono muscular, lo que a su vez conlleva déficits en la capacidad de mantener el balance y la estabilidad en distintas posiciones, así como en la marcha, provocando un alto riesgo de caídas y obstaculizando la capacidad de estas personas para desarrollar sus actividades de la vida diaria.

Dificultad para Comer (Disfagia)

Con frecuencia, el ACV afecta los procesos automáticos y voluntarios de los músculos de la garganta involucrados en el acto de tragar o pasar los alimentos. Esta condición es conocida como disfagia y afecta de manera diferente la capacidad para comer líquidos y sólidos, por lo que a menudo los pacientes deben recibir dietas como purés y gelatinas para poder alimentarse.

Secuelas Psicológicas: Depresión y Ansiedad

La depresión es una de las alteraciones psicológicas más comunes en las personas que han padecido un ACV. Esta condición va acompañada de tristeza profunda, pérdida de interés en las actividades cotidianas y ansiedad. La depresión puede afectar el comportamiento, los sentimientos y el pensamiento de la persona, por lo que se recomienda acudir a profesionales especializados en salud mental.

Factores de Riesgo y Prevención del ACV en Adultos Mayores

Existen factores de riesgo que aumentan la posibilidad de sufrir un ACV, tanto para adultos mayores como para la población adulta y joven. Sin embargo, los factores más peligrosos para la población mayor son:

  • Hipertensión arterial
  • Diabetes mellitus
  • Hipercolesterolemia (dislipidemias)
  • Tabaquismo
  • Alcoholismo
  • Obesidad y sobrepeso
  • Cardiopatías isquémicas
  • Inactividad física
  • Enfermedades cerebrovasculares previas
  • Dietas poco saludables

Las medidas de prevención primaria, como cambios en la actividad física y en la alimentación, pueden postergar la aparición de enfermedades crónicas y reducir significativamente el riesgo de un ACV.

Rehabilitación Integral Post-ACV en Adultos Mayores

La rehabilitación en pacientes con ictus es un proceso limitado en el tiempo y orientado por objetivos, cuya finalidad es tratar y/o compensar los déficits, minimizar la discapacidad y conseguir la máxima capacidad funcional posible, facilitando la independencia y la reintegración del paciente a su entorno familiar, social y laboral.

Fases y Objetivos de la Rehabilitación

Para comenzar la rehabilitación, se deben evaluar en la fase más temprana los posibles déficits neurológicos, junto con el estado de salud del adulto mayor, sus capacidades funcionales, estado de nutrición, presencia de otras enfermedades, estado mental y soporte social y familiar. En este proceso, el adulto mayor debe tener una condición física que le permita tolerar y ejecutar los movimientos.

Los objetivos iniciales de la rehabilitación en la fase aguda incluyen asegurar el control postural correcto, evitar la inmovilidad y mantener eficazmente la función respiratoria y deglutoria. La mejoría no es lineal, y el mayor grado de recuperación funcional se alcanza entre los primeros 3-6 meses, aunque la adaptación es un proceso más largo.

Durante el proceso de rehabilitación del adulto mayor, las principales prioridades son:

  • Estabilizar su estado de salud.
  • Controlar las posibles afecciones que ponen en riesgo su vida.
  • Evitar otro ACV.
  • Evitar otras secuelas relacionadas con el ataque cerebrovascular padecido.

Algunos de los tratamientos y actividades de rehabilitación más comunes son:

  • Ejercicios de motricidad.
  • Entrenamiento para mejorar la movilidad.
  • Terapias para mantener y aumentar la amplitud de movimiento.
  • Terapias para trastornos cognitivos y de comunicación.
  • Tratamiento con psicólogos y psiquiatras.
  • Medicamentos.
tabla de progreso en rehabilitación post-ACV

Medición y Evaluación de la Capacidad Funcional

Estudiar la capacidad funcional en el adulto mayor después de sufrir un ictus isquémico es un tema de gran actualidad. Se entiende por capacidad funcional la posibilidad de llevar a cabo por sí mismo y sin ayuda de otras personas las actividades cotidianas de la vida diaria. La capacidad funcional va aparejada al estado neurológico, el cual pronostica e indica la gravedad del ictus y se mide por la escala para el Ictus del Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos (NIHSS), siendo ambos factores que afectan la calidad de vida.

Los índices para la valoración de la capacidad funcional se clasifican en tres tipos:

  • Escalas de Actividades de la Vida Diaria (AVD): Entre ellas se encuentra el Índice de Barthel (IB), un instrumento que mide la capacidad de una persona para realizar diez actividades básicas, obteniendo una estimación cuantitativa de su grado de independencia.
  • Escalas de Actividades Instrumentales de la Vida Diaria (AIVD): Como la Escala de Lawton y Brody, que permite evaluar la capacidad de la persona para adaptarse a su entorno y mantener su independencia en la comunidad.
  • Escalas de Minusvalía.

El estado funcional al inicio de un tratamiento rehabilitador, luego de sufrir un ictus isquémico, influye en la mejoría de la calidad de vida relacionada con la salud de los pacientes, comportándose a largo plazo esta variable como un valor predictivo de la funcionalidad.

Rol de la Actividad Física y el Ejercicio en la Recuperación

La realización regular y sistemática de actividad física es una práctica beneficiosa en la prevención, desarrollo y rehabilitación de la salud, lo que se manifiesta en una mejor calidad de vida en la tercera edad. La actividad física se refiere a cualquier movimiento corporal producido por la contracción de los músculos esqueléticos que genera un aumento sustancial en el consumo de energía. El ejercicio físico, por su parte, es un tipo de actividad física planeado y estructurado, que consiste en repetir movimientos específicos con el objetivo de mejorar o mantener la aptitud física. El ejercicio físico proporciona una actividad fisiológica en todos los tejidos que retarda las consecuencias del envejecimiento, e influye positivamente en el estado de salud de los adultos mayores, contribuyendo a una mejor funcionalidad en la tercera edad.

El Kinesiólogo en la Recuperación Post-ACV

La intervención del kinesiólogo en el tratamiento de pacientes adultos mayores con ACV puede mejorar significativamente sus capacidades físicas y reducir la dependencia en las actividades de la vida diaria (AVD). Los kinesiólogos trabajan en ejercicios de motricidad, entrenamiento para mejorar la movilidad y terapias para mantener y aumentar la amplitud de movimiento. Sin embargo, cuando el estado del ACV está muy avanzado, el rol del kinesiólogo se orienta más hacia el cuidado paliativo, enfocado en aliviar los síntomas terminales.

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