La Inseguridad Alimentaria y la Malnutrición en Adultos Mayores: Un Desafío Global

En las últimas décadas se han producido cambios significativos en la alimentación y estilos de vida de las personas, lo que, sumado a un incremento en la esperanza de vida, ha llevado a un aumento de enfermedades crónicas no transmisibles como la diabetes y la obesidad. Este fenómeno global, que refleja transformaciones demográficas profundas, plantea nuevos desafíos en materia de salud y bienestar para la población de adultos mayores.

Un Contexto Demográfico Cambiante

El Envejecimiento Poblacional y sus Implicaciones

La población mundial se dirige hacia una etapa de envejecimiento avanzado, impulsada por factores fundamentales como la baja en la tasa de fecundidad, la reducción de la mortalidad en edades tempranas y la mayor esperanza de vida. Este cambio demográfico trae consigo la necesidad de adaptar las políticas públicas y los sistemas de salud para atender las necesidades específicas de este grupo etario. Por ejemplo, en el 2017, se estimaba que 70.5 millones de adultos mayores vivían en Estados Unidos, y para el año 2050, se proyecta que esta cifra alcanzará los 104 millones.

Gráfico de crecimiento de la población adulta mayor a nivel mundial

La Inseguridad Alimentaria: Una Realidad Global

Prevalencia y Tendencias

La inseguridad alimentaria (IA) es una preocupación creciente entre los adultos mayores en diversas regiones del mundo. Este fenómeno ocurre cuando el acceso constante a alimentos suficientes para una vida activa y saludable se ve comprometido.

Datos de Estados Unidos

Un informe de Feeding America, una organización de lucha contra el hambre con una red de 200 bancos de alimentos, reveló que, si bien la inseguridad alimentaria de la población en general disminuyó del 2016 al 2017, la cantidad de adultos mayores de 60 años en esta situación no varió mayormente. Los 5.5 millones de adultos de 60 años o más con inseguridad alimentaria representaban el 7.7% de todas las personas en ese grupo de edad.

Sorprendentemente, el estudio, basado en datos de la Encuesta de Población Actual de la Oficina del Censo de Estados Unidos, indicó que los índices de hambre eran más altos entre las personas de 60 a 64 años que en los grupos de mayor edad. Adicionalmente, se halló que los adultos mayores que vivían en el mismo hogar con sus nietos eran más propensos a sufrir de hambre, lo que podría deberse a ingresos que, aunque parezcan suficientes, no anticipan la necesidad de alimentar a los nietos.

Infografía sobre la prevalencia de inseguridad alimentaria en adultos mayores por grupos de edad en EE. UU.

La Situación en Chile

En Chile, una investigación realizada en 88 comunas, que entrevistó presencialmente a 1.171 mayores de 65 años (62% mujeres), cubriendo todas las regiones y hábitats (urbano o rural), registró un 15.9% de Inseguridad Alimentaria Severa o Moderada a nivel nacional, con una proporción de IA Severa del 4.2%. La Macrozona Norte exhibió el mayor nivel de IA Severa, alcanzando un 8.5%. La vicerrectora (S) de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Chile, Anahí Urquiza, destacó la importancia de la sensación de inseguridad frente al acceso a alimentación en el futuro.

Vulnerabilidad por Factores Demográficos y Socioeconómicos

La inseguridad alimentaria es más prevalente entre aquellos adultos mayores que presentan depresión o soledad, o que se encuentran insatisfechos con la vida. Además, problemas económicos son un factor crucial; un alto porcentaje califica como valores elevados e inalcanzables el precio de carnes (89.8%) y productos del mar (79.1%). La campaña "Drive to End Hunger" de AARP Foundation ha creado conciencia sobre este problema, señalando que "más de 10 millones de adultos mayores están en riesgo de pasar hambre todos los días."

Consecuencias de la Inseguridad Alimentaria en la Salud

El hambre es una epidemia oculta que, a menudo, los afectados sufren en silencio debido a la renuencia a pedir ayuda o a la dificultad para cambiar su situación. Las personas mayores con inseguridad alimentaria son un 50% más propensas a tener diabetes y un 60% más propensas a sufrir de insuficiencia cardíaca congestiva. Las investigaciones demuestran que la inseguridad alimentaria les cuesta a los adultos mayores en Estados Unidos aproximadamente 130 mil millones de dólares ($130 billion) por año en gastos adicionales por servicios de cuidado de la salud.

La Pérdida de Apetito en la Tercera Edad: Hiporexia y Anorexia del Envejecimiento

Definición y Prevalencia

La pérdida de apetito en personas mayores, conocida como hiporexia, y en su forma más acentuada como anorexia del envejecimiento, es una preocupación creciente a nivel mundial. Esta disminución del apetito afecta a una de cada cuatro personas mayores y no es un simple cambio de hábitos, sino una tendencia que puede desencadenar consecuencias graves como la desnutrición, la pérdida de masa muscular y la reducción de la autonomía.

¿QUÉ ES LA HIPOREXIA EN EL ADULTO MAYOR?

Causas Fisiológicas y Relacionadas con la Edad

El envejecimiento conlleva una serie de cambios en el cuerpo que contribuyen a la disminución del apetito y al riesgo de desnutrición. En el organismo envejecido, la producción y sensibilidad a hormonas como la del crecimiento, la insulina y los andrógenos, cambian. Esto resulta en la pérdida de tejido muscular, una condición llamada sarcopenia, que empeora con la desnutrición y la disminución de la actividad física.

A medida que las personas envejecen, su necesidad de nutrientes aumenta, pero queman menos calorías. Tienden a sentirse saciadas antes y a tener menos apetito, lo que puede llevarlas a comer menos. Además, el sentido del gusto y del olfato disminuyen, reduciendo el disfrute de la comida, y la capacidad de absorber determinados nutrientes se reduce. Algunas personas mayores también producen menos saliva, lo que provoca problemas dentales y dificultad para tragar.

Factores Médicos y Farmacológicos

Numerosos trastornos comunes en la población mayor contribuyen a la desnutrición. La depresión puede causar pérdida de apetito, mientras que un accidente cerebrovascular o los temblores pueden dificultar la masticación, la deglución o la preparación de alimentos. La artritis u otros impedimentos físicos que reducen la movilidad hacen más difícil la compra y la preparación de los alimentos. Trastornos como los de malabsorción interfieren directamente en la absorción de nutrientes, y el cáncer reduce el apetito al mismo tiempo que eleva las necesidades calóricas del organismo.

Las personas con demencia pueden olvidarse de comer o ser incapaces de prepararse la comida, lo que resulta en pérdida de peso. Aquellas con demencia avanzada pueden no alimentarse por sí mismas y, a veces, resistirse a los intentos de otros para alimentarlas. Incluso la anorexia nerviosa, que puede haber existido durante mucho tiempo, a veces empeora en la edad avanzada debido a eventos como la muerte de la pareja o el temor al envejecimiento.

Además, muchos de los fármacos utilizados para tratar trastornos frecuentes en las personas mayores (como depresión, cáncer, insuficiencia cardíaca e hipertensión arterial) contribuyen a la desnutrición. Pueden aumentar las necesidades de nutrientes, cambiar la forma en que el organismo los utiliza o disminuir el apetito. Algunos fármacos también provocan diarrea o tienen efectos adversos que interfieren con la alimentación, como náuseas y estreñimiento.

Aspectos Psicosociales y Situación Vital

La situación vital juega un rol crucial. Las personas que viven solas a veces pierden la motivación para preparar y consumir alimentos. Las dificultades económicas pueden llevar a la compra de alimentos más baratos, menos nutritivos o en menor cantidad. También pueden ser físicamente incapaces, o temer salir a comprar comida, o no tener un medio de transporte hasta una tienda de comestibles.

En el caso de quienes viven en residencias, los obstáculos para una nutrición adecuada pueden ser aún mayores. Pueden estar confusos y ser incapaces de comunicar cuándo tienen hambre o qué les gustaría comer, no poder elegir los alimentos que les gustan o ser incapaces de alimentarse por sí mismos. Si comen lentamente y requieren asistencia, el cuidador podría no tener el tiempo o la dedicación suficiente para alimentarlos adecuadamente. La exposición insuficiente a la luz solar combinada con el consumo insuficiente de alimentos y los cambios relacionados con la edad también pueden conducir a una carencia de vitamina D.

Influencia de la Salud Oral y Visual

La salud bucal y visual son factores críticos. Un estudio reveló que a un 50.9% de los adultos mayores le faltan todos o la mayoría de sus dientes, lo que dificulta la masticación y, por ende, la digestión. Asimismo, el 52% declaró no lograr o tener dificultad para ver la información en envases de alimentos, un problema que afecta la capacidad de elegir productos adecuados y seguros.

Gráfico que muestra el porcentaje de adultos mayores con problemas de salud oral y visual

Obstáculos para una Nutrición Adecuada

Barreras Económicas y de Acceso

Para muchas personas mayores, el dinero es un problema real, enfrentando el dilema entre comprar alimentos o comprar medicamentos. La tasa de hambre en la tercera edad en Nevada, por ejemplo, es una de las más altas de la nación (10.7%), lo que refleja una brecha alimentaria y una incapacidad económica creciente. En las regiones rurales, la falta de un vehículo o la imposibilidad de conducir puede dificultar significativamente el acceso a los alimentos nutritivos.

Desafíos de los Programas de Asistencia Alimentaria

Programas como el Supplemental Nutrition Assistance Program (SNAP) en Estados Unidos, aunque vitales, enfrentan desafíos. Se registran bajas tasas de inscripción entre los adultos mayores y, para muchos inscritos, los beneficios de SNAP son insuficientes para satisfacer sus necesidades. Además, los altos costos médicos pueden desviar fondos que de otro modo se usarían para alimentos.

La Alimentación como Experiencia Social

El artículo de The Conversation que define las “siete edades del apetito” recuerda que la alimentación es una experiencia social y cultural, mucho más que solo una recarga de combustible para funcionar. Sin embargo, en la edad adulta joven, se producen cambios importantes en la vida que repercuten en el peso, como asistir a la universidad, casarse o tener hijos, mientras que el estrés laboral genera cambios de apetito en el 80% de la población. La relación que un adolescente mantiene con la comida y los hábitos alimenticios adquiridos en las primeras etapas de la vida son definitorios para el estilo de vida futuro. Por ello, es importante proteger a los niños de las campañas publicitarias sobre comida chatarra y educar sobre comportamientos alimenticios desde temprana edad.

Estrategias para Prevenir y Combatir la Malnutrición

Enfoques Nutricionales y Dietéticos

Para contrarrestar la disminución del apetito y la desnutrición, es esencial implementar estrategias nutricionales adecuadas. La Harvard Medical School recomienda dividir los alimentos en comidas pequeñas y frecuentes (5 a 6 al día) en lugar de 3 grandes, lo cual resulta menos abrumador y facilita la regulación del hambre. Es crucial priorizar alimentos ricos en proteínas en cada comida (como huevos, frutos secos, queso, yogur, pollo, atún, hummus y legumbres) para preservar la masa muscular, ya que los requerimientos proteicos aumentan con la edad, aunque las necesidades energéticas disminuyan.

Enriquecer el valor nutricional de cada plato es otro pilar: añadir mantequilla de maní a las tostadas, usar yogur entero, cocinar con leche y preparar sopas sustanciosas permite que incluso porciones pequeñas ofrezcan el máximo valor. Los batidos y las sopas espesas son alternativas sencillas y fáciles de digerir que aportan energía de forma eficiente entre comidas o como tentempiés nocturnos. Además, la alimentación en la tercera edad debe aportar la cantidad adecuada de proteínas, calcio, ácido fólico y vitamina B12, así como una ingesta diaria mínima de fibra (presente en cereales integrales, frutas, verduras, hortalizas y legumbres) para controlar el colesterol y las grasas, prevenir el estreñimiento y regular la glucemia.

Plato con ejemplos de alimentos ricos en proteínas y fibra recomendados para adultos mayores

El Papel de la Socialización y el Entorno

Las comidas en compañía ejercen un efecto positivo tanto en el apetito como en el bienestar emocional, ayudando a fortalecer lazos sociales y a reducir la soledad, un factor que a menudo disminuye el deseo de comer. Se recomienda recurrir a almuerzos comunitarios, comidas virtuales o programas sociales para fomentar estas experiencias. Disfrutar de sabores, aromas y una presentación cuidada de los platos también potencia el placer de comer y puede animar a incrementar la ingesta. Una dieta flexible, siempre bajo control médico, permite recuperar el placer de la comida y garantizar los requerimientos nutricionales.

Importancia de la Actividad Física

Incorporar rutinas de actividad física ligera, como paseos cortos antes de la comida, estimula naturalmente el hambre y favorece el mantenimiento de la salud general. La desnutrición y la disminución de la actividad física empeoran la pérdida de tejido muscular relacionada con la edad.

La Necesidad de Políticas Públicas y Colaboración

El estudio ESSALCAVI subraya la necesidad de reforzar los programas públicos y de implementar estrategias que aborden las desigualdades en el acceso a alimentos saludables. Senadores como Juan Luis Castro han comentado que estudios de esta índole reflejan una fotografía preocupante de la brecha alimentaria, la incapacidad económica creciente y la falta de atención desde el Estado en políticas públicas, dejando insinuados problemas de salud mental, aislamiento y financiamiento. Gonzalo Uriarte, presidente del gremio de Alimentos y Bebidas de Chile, enfatizó que los adultos mayores son un grupo creciente con poco apoyo social que necesita estar incluido de mejor manera en las políticas públicas y requiere mayor atención y contención. La colaboración público-privada es esencial para afrontar estos desafíos.

Cuándo Buscar Asesoramiento Profesional

Es esencial contar con la orientación de profesionales de la salud, como dietistas-nutricionistas y geriatras, para diseñar un plan nutricional y dietético personalizado que aborde las necesidades específicas de cada persona mayor. Es recomendable acudir al médico si la pérdida de apetito persiste, si hay pérdida involuntaria de peso o si se sospechan causas médicas. El profesional revisará posibles factores como medicamentos, problemas al masticar o deglutir y estado emocional. En algunos casos, bajo supervisión sanitaria, pueden considerarse medicamentos para estimular el apetito u otros ajustes alimentarios.

Mantener la alimentación como un acto que combine movimiento, socialización y disfrute puede transformar la experiencia cotidiana y favorecer la salud en todas las etapas de la vida.

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