Introducción
En los Estados Unidos, 8,5 millones de adultos mayores (AM) han reportado utilizar algún dispositivo de ayuda para caminar, siendo el bastón el más utilizado. Esta situación se repite en Chile, constituyéndose en la ayuda técnica más utilizada por los AM, seguida por el andador. El bastón es un elemento que puede ser utilizado en forma transitoria o permanente, de uso transversal a los grupos de edad y sexo.
En Chile, de forma transitoria se indica a personas de 65 años y más como parte del programa de rehabilitación posterior a endoprótesis total de cadera, y de forma permanente a quienes presenten secuelas de accidente cerebrovascular, amputaciones de extremidades inferiores, entre otras indicaciones. A nivel nacional, además se cuenta con programas que garantizan la entrega de ayudas técnicas a la población de AM, siendo controlado el uso de la ayuda técnica al siguiente mes de su entrega, según la Guía Clínica, por el profesional responsable de las ayudas técnicas en el centro de salud respectivo, estableciéndose que el equipo de salud será el encargado del seguimiento posterior.
Sin embargo, si bien el bastón es reconocido como algo necesario por los AM, también es un recordatorio constante de sus limitaciones y su utilización implica en algunos casos transacciones complejas entre el componente personal, el medio ambiente y la actividad a desarrollar. Es por ello que el uso del bastón ha sido considerado un factor de riesgo de caída en el AM. Así también se han reportado como riesgos de caer el uso de múltiples medicamentos, inestabilidad para caminar, edad avanzada, vivir solo, antecedentes de caídas y miedo a caer, entre otros.
A su vez, las caídas producen diversas consecuencias, como lesiones leves, tener que utilizar bastón u otra ayuda técnica, dependencia de otras personas, fracturas, prolongado tiempo de hospitalización, cuidados a largo plazo en domicilio y muerte. En lo económico, las caídas en los AM son consideradas como una lesión de elevado costo, debido a las consultas en servicios de urgencia, hospitalización, tratamientos y cuidados, lo que afecta a organismos de salud y familia.
En Chile, la información sobre el uso de bastón y caídas en AM es exigua. Se han recuperado tres investigaciones sobre caídas, todas realizadas en la ciudad de Santiago, siendo una en AM de la comunidad y otra en institucionalizados; el tercer estudio se realizó con datos del proyecto Salud, Bienestar y Envejecimiento en América Latina y el Caribe, que consideró una muestra de AM de la comunidad. Es necesario precisar que los estudios de caídas no son recientes, pues fueron publicados en los años 2001, 2003 y 2005 respectivamente. En cuanto al bastón, se recuperó un estudio que se enfocó en evaluar el cumplimiento de Garantías Explícitas en Salud de la ayuda técnica en una comuna de la Región Metropolitana.
En la revisión de literatura sobre caídas y uso de bastón se manifiesta que el bastón es un factor de riesgo de caídas, pero no se realiza una evaluación a profundidad de las características del riesgo (ejemplo, mal uso del bastón) y, por otro lado, se recomienda el uso del bastón en las personas con riesgo de caer. Por lo expuesto, sumado a que la investigación sobre uso del bastón y caídas como tema central de estudio se encuentra en desarrollo en el contexto internacional y que en Chile no se ha recuperado evidencia, el propósito que se planteó en este estudio fue describir las características sobre el uso del bastón y la prevalencia de caídas en AM de la comunidad que han recibido la ayuda técnica en un Centro de Salud Familiar urbano.

Metodología
Se realizó un estudio cuantitativo, descriptivo y transversal en una comuna de la Provincia de Ñuble, Chile. La población estuvo compuesta por AM hombres y mujeres de 60 años y más que recibieron bastón en un Centro de Salud Familiar (CESFAM) de la zona urbana desde agosto de 2013 hasta agosto de 2014. La muestra correspondió en total a 79 AM, siendo la muestra la totalidad de quienes recibieron bastón.
Se excluyó a aquellas personas que no escucharon la voz del entrevistador, el entrevistador no entendió lo que decían, debido a voz inaudible o no articulada, o que expresaron requerir apoyo de otra persona para caminar y los AM invidentes.
En primera instancia se procedió a solicitar autorización por escrito a la Dirección del CESFAM para obtener antecedentes de los AM que habían recibido bastón. Luego, un auxiliar de investigación (AI) realizó llamado telefónico a cada AM para informar de la investigación: el objetivo, corroborar criterios de inclusión, deseo de participar y acordar una fecha de visita al domicilio.
Acto seguido se procedió a realizar la recolección de datos desde octubre de 2014 a marzo de 2015, para lo cual se utilizó un cuestionario que fue aplicado por el AI. El cuestionario, denominado Uso de Bastón y Caídas en Adultos Mayores, fue creado por el autor principal, tomando como base lo realizado en una investigación previa. Este cuestionario fue sometido a revisión de expertos (n=8) en metodología de la investigación y los fenómenos que afectan a los AM, luego se realizó una prueba piloto a 15 AM de similares características, todos usuarios de bastón inscritos en un CESFAM de otra comuna.
El cuestionario abordó variables sociodemográficas como: sexo, edad, educación, número de personas con las que vive el AM, enfermedades crónicas, consumo diario de medicamentos. Asimismo, incluyó información sobre tiempo de uso del bastón, motivo de uso, quién le enseñó a utilizarlo, lugar de uso, seguridad que percibe al utilizarlo, preferencia del uso, apreciación de cuánto camina desde que utiliza el bastón y agrado al utilizarlo.
Para las caídas se preguntó, entre otros, por presencia del evento hasta seis meses antes de la evaluación, la causa de la caída, lugar de la caída y miedo a sufrir una caída. La variable miedo se clasificó como dicotómica con respuesta sí y no. Para efectos del estudio se consideraron los lineamientos de la Ley 20.120 y Ley 19.628 dispuestas en Chile, sobre investigación y confidencialidad de la información respectivamente, y contó con la aprobación del Comité de Bioética y Bioseguridad de la Universidad del Bío-Bío. El consentimiento informado fue aplicado en forma individual a cada AM.
Resultados
Se entrevistaron 64 AM en su domicilio, de éstos el 62,5% (n=40) correspondió a mujeres. El rango de edad fue de 60 a 94 años, con la mayor concentración de AM en el rango de 70 y más años (62,5%, n=40), seguido por el rango de 65 a 70 años (26,6%, n=17), y finalmente de 60 a 64 años con el 10,9% (n=7).
Respecto a la educación, el 14,1% (n=9) eran analfabetos; misma cifra que manifestaron vivir solos (14,1%, n=9). En cuanto a salud, el 100% (n=64) refirió tener alguna enfermedad crónica diagnosticada por el médico, siendo la hipertensión arterial (84,4%; n=54) la que se presentó en mayor porcentaje, seguida del colesterol elevado (51,6%; n=33) y diabetes (48,4%; n=31). A su vez, el 96,9% (n=62) se encuentra en tratamiento farmacológico, con una media de consumo diario de 5,8 (DE=2,0) medicamentos.
Respecto al uso del bastón, fue superior a un año en el 70,3% (n=45) de los participantes. Al consultar por qué debía utilizar el bastón, el 95,3% (n=61) refirió saber el motivo de uso. Por su parte, el 76,6% (n=49) aseveró que les habían educado respecto a cómo debía utilizar la ayuda técnica; entre los responsables de haber dado la educación, el primer lugar lo ocupó el kinesiólogo (69,4%; n=34), seguido por el médico (12,2%; n=6), la/el enfermera/o (8,2%; n=4) y otros, como familiares y amigos (10,2%; n=5).
Se preguntó por el uso del bastón en función del ambiente físico: el 7,8% (n=5) refirió que lo utiliza solo cuando se moviliza dentro de la casa, el 45,3% (n=29) solo cuando se moviliza fuera de la casa y el 46,9% (n=30) cuando se moviliza por todas partes. Además, se le preguntó al AM qué tan seguro se sentía al usar el bastón: el 89,1% (n=57) refirió sentirse seguro, el 7,8% (n=5) medianamente seguro y el 3,1% (n=2) nada seguro. Asimismo, sobre la preferencia del uso del bastón respecto a otro apoyo para caminar, el 70,3% (n=45) de los AM manifestaron que preferían el bastón como medio de apoyo y el 29,7% (n=19) preferían apoyarse en otra persona para caminar.
Ahora bien, desde que tienen el bastón, el 54,7% (n=35) manifestó que caminaba menos, seguido por el 25% (n=16) que refirió que caminaba lo mismo y el 20,3% (n=13) que caminaba más.
Respecto a las caídas, el 73,4% (n=47) manifestó haber presentado caídas hasta seis meses previos a la entrevista. De éstos, el 53,2 % (n=25) presentó una caída y el 46,8% (n=22) presentó 2 o más caídas. Respecto a la ocurrencia de caídas por grupo etario, se obtuvo que la mayor prevalencia fue entre los 66-70 años, siendo la media de edad de quienes presentaron caídas 76 años (DE=8,6). Respecto al sexo y la presencia de caídas, se obtuvo que las mujeres se caen más que los hombres con un 63,8% (n=30).
Del total de la muestra, el 88,2% (n=60) expresó tener miedo de sufrir una caída, porcentaje que aumenta cuando solo se evalúa a aquellos que presentaron una o más caídas. En relación al lugar de la caída, evaluado como interior y exterior de la casa, se presentaron fuera de la casa en un 55,3% (n=26) y en el interior en un 44,7% (n=21).

Discusión
La investigación responde al objetivo de evaluar el uso del bastón y la prevalencia de caídas en el AM, además reafirma lo encontrado en otros estudios sobre caídas y aporta información sobre un tema que en el contexto nacional era desconocido. La muestra estuvo integrada en mayor número por mujeres, lo que es una tendencia en esta población, pues a nivel nacional concuerda con datos de caracterización sociodemográfica, cifras sobre requerimiento de ayudas técnicas, y otros resultados de estudios en AM; en el plano internacional concuerda con estudios sobre caídas y uso de ayudas técnicas en AM.
En cuanto a la edad, el rango que concentró la mayor cantidad de AM fue el de 70 años y más, que concuerda con datos de caracterización de esta población. La media de edad de quienes presentaron caídas fue de 76 años, cifra que se asemeja a lo reportado en Chile y a nivel internacional.
En cuanto a la educación, el porcentaje de AM analfabetos es cercano a lo reportado en Chile y respecto a vivir solos, el dato también concuerda con los antecedentes a nivel nacional. Sobre la prevalencia de enfermedades crónicas, los resultados se presentan en el mismo orden que lo reportado en Chile, pero llama la atención que las cifras sean muy superiores, lo que quizá se deba a las características culturales y hábitos de alimentación de la población estudiada. Debemos considerar también, que es común que los AM presenten enfermedades crónicas que tienen a menudo un comportamiento incierto, donde el consumo de medicamentos se hace obligatorio y no exento de algunas complicaciones, como pueden ser las caídas.
Destaca una alta prevalencia de caídas, al considerar un evento en los últimos seis meses, lo que fue muy superior a lo encontrado en un estudio nacional e internacional en AM de la comunidad. Llama la atención que la prevalencia se mantuvo alta al considerar dos o más caídas en seis meses, incluso por sobre otros resultados de estudios realizados en Chile que consideraron las caídas en el mismo tiempo y en un año.
En cuanto al lugar de la caída, en general, se presentaron en mayor porcentaje fuera de la vivienda, lo que concuerda con otro reporte nacional. En lo específico, los AM se caen más en un lugar conocido, es decir, en el interior de la vivienda y el patio, que puede ser por el exceso de confianza y seguridad al percibir estar adaptados de cierta manera al entorno en función de sus competencias, llevándolos a minimizar los riesgos al momento de caminar y quizá a disminuir la atención sobre el entorno al momento de movilizarse. De quienes presentaron una o más caídas, un alto porcentaje vivía con una o más personas.
Características y uso del bastón
En el proceso de envejecimiento, la calidad de vida viene determinada por el grado de autonomía que la persona es capaz de mantener a lo largo de los años cumplidos. La autonomía, a su vez, está condicionada por la capacidad de ejecutar acciones, desde complejas como socializar o viajar, hasta las más básicas que tienen que ver con el autocuidado o la movilidad.
El uso de un bastón debe considerarse cuando la persona mayor comienza a experimentar dificultades para caminar, ya sea debido a problemas de equilibrio, debilidad muscular o diferentes condiciones médicas que dificultan la movilidad o aumentan el riesgo de caídas. Por otra parte, debemos saber que el uso del bastón se asocia a la imagen de envejecimiento y que, paradójicamente, resulta en argumento de rechazo para muchos mayores.
Existen varios tipos de bastones, cada uno diseñado para diferentes necesidades o situaciones clínicas. Los bastones simples son los más comunes, con una sola punta de apoyo. La elección del bastón adecuado depende de varios factores, como la severidad de la dificultad para caminar y las preferencias personales.
Es crucial que el bastón esté ajustado a la altura correcta para el usuario, lo que significa que la empuñadura debe estar a la altura de la muñeca cuando el usuario está de pie. El uso adecuado de un bastón es fundamental para maximizar su efectividad y minimizar el riesgo de caídas. Al caminar, el bastón debe utilizarse en el lado opuesto de la pierna que presenta debilidad. Por ejemplo, si la pierna derecha es la más débil, el bastón debe ser utilizado en la mano izquierda. Además, es esencial que los usuarios mantengan una buena postura al usar el bastón. El cuerpo debe estar erguido, y el usuario debe mirar hacia adelante, no hacia abajo, mientras camina. Esto no solo mejora el equilibrio, sino que también ayuda a evitar caídas.
Uso correcto de bastón para lesión en tu pierna o eres de la tercera edad.
Beneficios, precauciones y aceptación del bastón
El uso de un bastón proporciona una serie de beneficios significativos para los adultos mayores. En primer lugar, mejora la estabilidad y el equilibrio, reduciendo así el riesgo de caídas. Además, el bastón permite a los mayores mantener su independencia, facilitando la movilidad en su entorno diario. Al ofrecer apoyo, los usuarios pueden participar en actividades que de otro modo podrían resultar difíciles, como caminar por el parque o asistir a eventos sociales.
Aunque el bastón es un dispositivo de asistencia muy útil, es importante tomar ciertas precauciones al usarlo. Por ejemplo, es crucial asegurarse de que el bastón esté en buen estado. También se debe tener cuidado al caminar sobre superficies irregulares o resbaladizas. Evitar situaciones que puedan ser peligrosas, como escaleras sin pasamanos o terrenos inestables, es clave para garantizar la seguridad.
La aceptación del uso del bastón puede ser un desafío para algunos adultos mayores, que pueden sentir que usarlo implica una pérdida de independencia. Para fomentar su aceptación, es importante abordar el tema con empatía y comprensión. Además, involucrar a los mayores en el proceso de selección del bastón puede ser útil. Permitirles elegir un modelo que les guste y ajustar su altura puede hacer que se sientan más cómodos y seguros con su uso.
Rol de la fisioterapia y alternativas al bastón
La fisioterapia desempeña un papel crucial en la correcta utilización del bastón. Los fisioterapeutas pueden ayudar a los adultos mayores a aprender cómo usar el bastón de manera efectiva y segura. Esto incluye entrenamiento en técnicas de marcha y ejercicios de equilibrio que son fundamentales para mejorar la estabilidad. Además, los fisioterapeutas pueden realizar una evaluación integral del paciente, identificando áreas de debilidad y desarrollando un plan de rehabilitación personalizado.
Aunque el bastón es una opción popular para mejorar la movilidad, existen otras alternativas que pueden ser más adecuadas dependiendo de la situación del paciente. Los andadores, por ejemplo, ofrecen un soporte más robusto y son ideales para aquellos que necesitan más estabilidad. Las muletas son otra opción, aunque tienden a ser utilizadas en situaciones más temporales, como en la recuperación de una lesión.
Consideraciones económicas y de adquisición
El costo de un bastón puede variar dependiendo del tipo y la marca. Los bastones básicos pueden costar entre 15 y 30 euros, mientras que los modelos más especializados, como los bastones cuádruples o aquellos con características ergonómicas, pueden ser más costosos. Los bastones se pueden comprar en farmacias, tiendas de suministros médicos o en línea.
Al elegir un bastón, hay varias consideraciones que deben tenerse en cuenta. La altura es fundamental; el bastón debe estar ajustado correctamente para proporcionar el mejor soporte. Además, el material del bastón es importante; los modelos de aluminio son ligeros y fáciles de manejar, mientras que los de madera pueden ofrecer mayor estabilidad. También se debe considerar el tipo de empuñadura, que debe ser cómoda y antideslizante.
El uso del bastón puede transformar la vida de los adultos mayores, brindando el soporte necesario para mantener la movilidad y la independencia.