El Gasto Asociado a los Adultos Mayores en Hogares y Centros Asistenciales

El envejecimiento poblacional es un fenómeno global sin precedentes que genera importantes desafíos económicos y sociales. Países como Japón, Italia o Finlandia ya tienen más del 23% de sus habitantes con 65 años o más, y Chile no es la excepción. Este proceso implica un incremento significativo en la asignación de recursos, especialmente en el ámbito de la salud. En 30 años, la población senior en Chile podría duplicarse, lo que subraya la urgencia de comprender la dinámica de gastos asociada a este grupo demográfico.

Gráfico o mapa sobre el envejecimiento poblacional global y en países específicos

Impacto del Envejecimiento en los Sistemas de Salud y Gasto Público

A nivel mundial, los resultados en materia de salud han mejorado considerablemente en las últimas cinco décadas, con un aumento en el gasto público. Sin embargo, el creciente número de adultos mayores ejerce una gran presión en los sistemas de salud y genera altísimos costos en cirugías, tratamientos complejos, uso de medicamentos e investigaciones. Mientras en 2014 la proporción era pareja entre todos los grupos etarios, en ocho años los pacientes mayores de 75 años han tenido un fuerte incremento y ya lideran la asignación de recursos en los recintos asistenciales.

La investigadora del Centro UC Estudios de Vejez y Envejecimiento, Marcela Carrasco, comenta que “las personas mayores van acumulando patologías crónicas a lo largo de la vida, y eso hace que hoy sean uno de los principales usuarios del sistema de salud”. La geriatra agrega que los adultos mayores “se benefician mucho más de una atención centrada en la persona porque cada uno tiene muchas patologías distintas y en el fondo no se favorecen de una mirada fragmentada de su salud. Esa atención centrada es además el estándar en otros países”.

Este aumento del gasto público en salud, aunque genera inmensos beneficios, también plantea dificultades fiscales para el presupuesto estatal. Si en 2014 el gasto en pacientes de 25 a 34 años era un 12,9% del total, en 2022 esta cifra bajó a 11,3%. Por el contrario, entre los ciudadanos de 55 a 64 años, el porcentaje se elevó de 13,1% a 15,4% en los mismos ocho años. Un hogar con personas de la tercera edad destina el doble de recursos en salud en relación con el resto de la población, es decir, unos $95 mil.

Datos de la Encuesta de Calidad de Vida en la Vejez que realiza la UC revelan que cerca del 77% de los adultos mayores consume un medicamento a diario, con una mayor incidencia en las mujeres. Esto resalta la necesidad de una atención y gasto continuos en salud para este grupo.

Economía de los Hogares con Adultos Mayores: Ingresos y Gastos

La seguridad económica, la salud y el bienestar en la vejez son necesidades prioritarias de la política pública. El proceso de envejecimiento y la transición epidemiológica han llevado a la reunión de varias generaciones bajo un mismo techo como una estrategia para hacer frente a los vaivenes económicos y de salud de los miembros del hogar.

Fuentes de Ingresos

Al preguntar de dónde proviene -principalmente- el ingreso total en la casa donde viven los adultos mayores, el 65% señaló que reciben ingreso por Pensión. Otras fuentes incluyen: Trabajo o negocio (23%), Ayudas estatales (5%), Ayudas familiares (4%), Arriendo de una propiedad (2%), y ahorros o Ingreso bancario (1%).

Un punto a destacar tiene que ver con el origen del ingreso en la tercera edad. Las transferencias del Estado representan un 22,4% del total de los ingresos monetarios percibidos por adultos mayores, mientras que en los jóvenes estos representan el 4,3%. En promedio, los seniors perciben ingresos mensuales de $53 mil por transferencias estatales, muy superior a los $17 mil percibidos por un hogar sin adultos mayores. Sin embargo, en regiones como Antofagasta, Tarapacá y Valparaíso, los subsidios monetarios son menores, con un promedio bajo los $42 mil.

Patrones de Gasto

Respecto al uso de su dinero, los adultos mayores lo ocupan, esencialmente, en un 37% en Alimentación; 20% en Salud (incluye medicamentos); 12% en Transporte y Comunicaciones; 12% en Deudas; 9% en Vivienda; 3% en Ayuda a Familiares o Externos, Recreación y Esparcimiento, y Cuentas; mientras que un 1% en Gastos Comunes y Otros.

La estructura de gastos de los adultos varía drásticamente con el pasar de los años. De acuerdo al análisis del Cipem sobre la última década de la Encuesta de Presupuestos Familiares del INE, los adultos mayores tienen un mayor gasto en los ítems de alimentación, alojamiento y servicios básicos de la vivienda, los que representan el 20,4% y 17,3%, respectivamente, del total. En cambio, ese gasto en hogares conformados por personas jóvenes es cerca de 18,7% en alimentación y de 14,3% en alojamiento y servicios básicos. En educación, el presupuesto representa la menor proporción del gasto total de los hogares de personas mayores (0,4%), frente a un 7% en hogares sin ellos.

Según datos de la última encuesta Casen (2017), los seniors indican que, en promedio, su gasto mensual alcanza los $289 mil, y el 50% de los adultos mayores presenta un desembolso máximo mensual de $200 mil. Los resultados muestran que para el 46,5% de la población mayor los ingresos superan a sus gastos y un 10,3% se encuentra en la situación opuesta. El 43,2% de los adultos mayores señala que sus gastos e ingresos son similares. En este sentido, uno de cada cinco hogares con seniors manifiesta una preocupación permanente por no tener suficientes alimentos dada la falta de recursos.

Afrontando Gastos Inesperados

Frente a un gasto inesperado, el 59% de estos hogares declara que reduciría sus pagos o trataría de aumentar sus ingresos. Esto es 20 puntos porcentuales menos que lo indicado por los hogares sin adultos mayores. En el caso de los seniors, un 37% preferiría acceder a un préstamo informal y un 20% a un crédito en el mercado formal.

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Impacto de la Presencia de Adultos Mayores en el Hogar Familiar (Caso México)

En México, el porcentaje de hogares con adultos mayores de 60 años y más se incrementó casi cinco puntos porcentuales entre 2000 y 2015: los 5.1 millones de hogares con personas adultas mayores de principios del milenio, en 2015 se acercaban a 9 millones, representando el 28% del total de hogares del país. Este proceso conlleva a arreglos familiares multigeneracionales como estrategia para sortear contingencias económicas.

Un estudio realizado con microdatos de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) de 2016 evidenció que, aunque no existen diferencias significativas de ingreso entre los hogares con y sin personas adultas mayores a lo largo del curso de vida familiar, los efectos más importantes de la presencia de la población de adultos mayores se observan en un aumento de alrededor del 50% del gasto en salud y un 43% de incremento de su varianza. Las diferencias de este gasto son menores al inicio del ciclo familiar, pero divergen con el aumento de la edad del jefe de familia.

Asimismo, en los hogares con personas adultas mayores existe mayor nivel de ahorro monetario a lo largo de todo el ciclo de vida familiar y menor flujo de pago de crédito. Un primer aspecto es que, cuando no se controla por el tamaño de hogar, las familias con personas adultas mayores tienen un ingreso entre 5 y 6% mayor que su contraparte sin población mayor. Conducido por un menor gasto en bienes durables, el consumo de los hogares con adultos mayores es 23% menor que el gasto monetario en aquellas familias sin personas de edad avanzada, aunque el gasto en salud es 36% mayor en los hogares con personas adultas mayores. Esto evidencia un traslado de las condiciones económicas y de bienestar de la población adulta mayor al conjunto de sus hogares.

La literatura previa sugiere que las personas adultas mayores enfrentan peores condiciones económicas que el resto de la población, producto de la baja cobertura de los sistemas de protección social del país y de una precaria incorporación a la actividad laboral. Autores como Wong y Espinoza (2003) concluyen que la riqueza está sesgada hacia los grupos de mayor educación, que las transferencias familiares son una importante fuente de ingreso, y que la salud tiene una asociación positiva con la riqueza de las personas mayores. La permanencia de los adultos mayores en el mercado laboral también se atribuye a ciertos arreglos familiares y a la falta de ingresos en la vejez. Solo alrededor del 30% de hombres y 15% de mujeres con 60 años o más tenían acceso a pensiones en 1996 en México, lo que subraya la debilidad del sistema de seguridad social por su baja cobertura y el bajo monto de las pensiones.

Infografía comparando gastos en salud de hogares con y sin adultos mayores

Costo de Adultos Mayores Institucionalizados en Hogares de Ancianos (Caso Cuba)

En Cuba, el incremento de las personas de 60 años y más es rápido e intenso. En el 2018 se observan diferencias entre provincias: Villa Clara (22,8%), La Habana (20,8%) y Sancti Spíritus (20,6%) presentan las cifras más altas, en tanto que Guantánamo (16,7%) es la menos envejecida. En la actualidad, Cuba cuenta con 375 casas de abuelos con 13.375 capacidades incluidas, y los Hogares de Ancianos son 156 instituciones, con un total de 11.947 camas, que incluyen los 17 hogares de órdenes religiosos y fraternales. Si bien existen algunos estudios económicos relacionados con el envejecimiento demográfico en Cuba, se carece de la información disponible sobre el costo de las personas mayores institucionalizadas según su dependencia en hogares de ancianos, lo que hace su abordaje de relevancia.

Metodología del Estudio de Costos en Cumanayagua

Fue una investigación de desarrollo tecnológico, por cuanto ofreció el procedimiento para estimar los costos institucionales según grado de dependencia de los adultos mayores institucionalizados en el hogar de anciano de Cumanayagua, en el periodo comprendido de enero a diciembre de 2018. Las variables estudiadas fueron la edad, sexo, ingreso a la institución, años de institucionalizado, grado de dependencia física del anciano, comorbilidad en el anciano, enfermedades más frecuentes, presencia de tratamiento farmacológico requerido y forma de pago para el financiamiento de la estadía. La información necesaria se recolectó de las “Historias Clínicas Individuales” y se garantizó la confidencialidad de los datos personales de los pacientes.

Posteriormente se realizó una caracterización de los pacientes en el año 2018 y se clasificó según el índice o escala de Barthel (IB), instrumento utilizado para la valoración funcional del anciano. Esta escala midió la capacidad de una persona para realizar 10 actividades de la vida diaria, que se consideraron básicas, obteniendo una estimación cuantitativa de su grado de dependencia. El rango de posibles valores estuvo entre 0 y 100, con intervalos de 5 puntos para la versión original:

  • 0-20: dependencia total.
  • 21-60: dependencia grave.
  • 61-90: dependencia moderada.
  • 91-99: dependencia leve.

Para calcular los costos se siguieron los pasos recomendados en la Guía Metodológica para evaluaciones parciales según la Evaluación Económica en Salud en Cuba. Los costos fueron construidos según lo propuesto en el método de Camarós y otros, que se estimaron en pesos cubanos equivalentes a pesos cubanos convertibles (1 CUP = 1 CUC). Se definieron:

  • Costos indirectos: Fueron los que se ejecutan con la finalidad de apoyar las actividades que realiza la institución, obtenidos de los departamentos de recursos humanos y contabilidad, y su distribución se determinó según el nivel de actividad de la institución con 60 pacientes que residen de forma permanente.
  • Costos totales: Sumatoria de todos los costos directos.
  • Costos unitarios: Costo total dividido por el número de pacientes según su dependencia.

Resultados y Repercusiones de la Dependencia en los Costos

Durante el período estudiado, residieron en la institución un total de 60 adultos mayores, la mayor cantidad se concentró entre 70 y 79 años (46 %) y el menor peso estuvo en los de 90 años y más. La edad mínima de los internados fue de 62 años y la máxima de 95, con una media de 77 años. Según su estado civil, el 54 % eran viudos(as), y el 7 % solteros. Un 70 % ingresó de manera voluntaria al hogar y un 30 % lo hizo por decisión de los familiares. Según el tiempo de institucionalización, el período que más prevaleció fue el de 1 a 3 años (38 %), seguido por los que aún no llevaban un año en la institución (27 %); solo 3 ancianos conviven más de 15 años en el hogar.

Se encontró que un 72 % tuvo dependencia para las actividades cotidianas de la vida y el 28 % fueron independientes. La condición de dependencia aumentó fuertemente con la edad para todas las actividades básicas, particularmente después de los 80 años, lo que resultó lógico y se correspondió con la teoría de que a mayor edad aumenta la dependencia.

Los ancianos con dependencia total fueron los que más incidieron en el costo de la institución. Fue notable el gasto en la partida de salarios, pues al ser ancianos totalmente dependientes, el personal que labora en la institución tuvo que dedicar más tiempo en su atención y cuidado. De igual manera ocurrió con los medicamentos, provocado esto por las múltiples enfermedades que padecían. El costo que representaron los ancianos con dependencia total casi duplicó al de los independientes, originados por llevar una vida normal y no necesitaron del asistente, para realizar actividades de la vida diaria como comer, desplazarse dentro de la institución y alimentarse diariamente. En cuanto a los pacientes con dependencia leve, el costo disminuyó con relación a los dependientes moderados en 104,47.

Se investigó el comportamiento de los costos de la atención al adulto mayor en otros países para comparar con los obtenidos en este estudio, constatándose que los costos totales y unitarios por grupo de ancianos disminuyen en la medida que desciende el grado de dependencia. Sin embargo, hay que considerar que las monedas y los sistemas de atención utilizados son diferentes. En Cuba, los costos de la atención geriátrica han ido en ascenso con el transcurso de los años. Las autoras concuerdan en que el costo institucional de la atención a los ancianos residentes en hogares de ancianos está estrechamente ligado a los niveles de dependencia, ya que más de la mitad del gasto de la institución (60%) se utiliza en las personas con algún tipo de dependencia.

Desafíos y Políticas Públicas

La relación entre la actividad económica de los hogares, el comportamiento del gasto en salud y el rol socioeconómico de las personas de edad avanzada son temas cada vez más relevantes dados los desafíos de política pública para conciliar los cambios demográficos con la esfera económica. La rápida transición demográfica frente al lento incremento del gasto público en salud resulta en el inminente aumento de las desigualdades sociales y económicas.

El diseño de estrategias adecuadas de política pública debe centrar los esfuerzos en la seguridad económica, la salud y el bienestar de la población mayor. El acceso a la seguridad económica es condición primaria para un envejecimiento en el que las personas mayores puedan tomar decisiones y continuar participando de forma activa en los roles importantes de la vida cotidiana. La evidencia empírica muestra que, a menor nivel de protección social, mayor gasto de bolsillo en salud asumido por las familias.

En este sentido, el gobierno de Chile promulgó una ley que establece la atención preferente para adultos mayores y personas con discapacidad en el sistema de salud pública, lo cual apunta en la dirección correcta. La focalización de los recursos en la población más vulnerable debe ser un pilar en el desarrollo de políticas públicas a nivel nacional y regional, y los problemas relacionados con la vejez deben estar en la cúspide de dicha escala.

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