La Reinserción Laboral del Adulto Mayor: Desafíos y Perspectivas

La dinámica del empleo en el mundo contemporáneo ha experimentado transformaciones significativas, especialmente en lo que respecta a la participación de los adultos mayores en el campo laboral. En Chile, este fenómeno es particularmente relevante, donde la población de 60 años o más ha crecido exponencialmente, alcanzando el 19,8% en 2024, casi un 50% más que en 1992, según el Censo 2024.

Gráfico de crecimiento de la población adulta mayor en Chile

Este cambio demográfico impulsa una mayor participación de las personas mayores en la fuerza laboral, llegando al 12,3% en 2024. No obstante, la reinserción y permanencia de este grupo etario en el mercado de trabajo presenta múltiples desafíos y motivaciones.

Radiografía del Empleo en Adultos Mayores

Un reporte elaborado por el Centro de Conocimiento e Investigación en Personas Mayores (CIPEM), de la Facultad de Gobierno y Caja Los Héroes, analizó las dinámicas del empleo en el país, evidenciando un contraste marcado entre los distintos grupos etarios. Mauricio Apablaza, director del CIPEM, explicó que "estamos observando una economía donde los mayores de 50 años están siendo cada vez más relevantes en términos de empleo, alcanzando casi los 3 millones de ocupados, es decir, un 31.8% de los ocupados son personas de este grupo".

Según el informe, en el trimestre móvil mayo-julio de 2025, la ocupación total del país alcanzó 9,33 millones de personas, de las cuales 2,96 millones corresponden a trabajadores de 50 años o más. El Observatorio Laboral del Centro de Políticas Públicas UC estima que en 2024, aproximadamente el 31,8% de los adultos mayores en Chile (personas de 60 años o más) participan en el mercado laboral, lo que representa una fuerza laboral de más de un millón de personas, quienes en su mayoría están presentes en trabajos informales o por cuenta propia. Esta tendencia responde en gran parte a la necesidad de complementar pensiones insuficientes.

Diferencias en la Búsqueda y Calidad del Empleo

Uno de los hallazgos más relevantes del informe es la diferencia en los tiempos de búsqueda de empleo. "Esta brecha temporal refleja una desventaja estructural", señala el reporte. El informe también detectó diferencias en los niveles de adecuación educativa: la subeducación (cuando la formación es inferior a la requerida para el cargo) es más frecuente en los mayores de 50 años, alcanzando un 14,7% en el empleo formal y un 20,9% en el informal. "Los datos muestran que no basta con contar los empleos, sino que debemos analizar su calidad y adecuación", puntualizó Apablaza.

La informalidad es una característica persistente y significativa en la participación laboral de las personas mayores. Las brechas según nivel de ingresos son notorias. Entre los hombres de 65 a 69 años, el 79% del quintil de menores ingresos continúa trabajando informalmente, mientras que en el quintil de mayores ingresos lo hace solo el 36%. Esta diferencia de 43 puntos porcentuales refleja una fuerte desigualdad en las condiciones que motivan o exigen extender la vida laboral. Asimismo, el 49,7% de las personas mayores que trabajan informalmente lo hace por cuenta propia, mientras que un 31,9% son asalariados informales del sector privado. En particular, las mujeres informales se concentran en el trabajo doméstico remunerado puertas afuera (10,7% del total de mujeres ocupadas).

Motivaciones para la Permanencia Laboral

Un porcentaje no menor de personas mayores continúa ligado al mercado laboral a pesar de haber superado el límite establecido de la edad de jubilación. Los motivos de una mayor permanencia o (re)inserción de las personas mayores son variados y pueden diferenciarse entre subgrupos etarios y entre países con mercados laborales y sistemas de jubilación de diferentes niveles de desarrollo y los cambios correspondientes.

Según el Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo (2022), en 2019, el 36% de las personas mayores de 60 años se mantenían activas laboralmente, alcanzando un máximo histórico. Sin embargo, esta cifra se redujo a un 30% en 2023, debido al impacto de la pandemia de Covid-19.

La extensión de la vida laboral responde a múltiples factores. Si bien muchas personas mayores continúan trabajando más allá de la edad legal de jubilación (65 años para los hombres y 60 para las mujeres), lo hacen por diversas razones. Un 62% declara que sigue trabajando por necesidad económica, cifra que asciende al 71% en el caso de las mujeres. Este es un factor principal en América Latina, ilustrado por una correlación negativa muy marcada entre la proporción de personas mayores con acceso a una jubilación y la tasa de ocupación de este grupo etario.

Por otra parte, los bajos montos de muchas pensiones y, sobre todo entre personas de mayor nivel educativo, la preferencia de mantenerse económicamente activas (para seguir haciendo una contribución productiva, mantener relaciones sociales, plantearse objetivos específicos, entre otras cosas) también influyen en la decisión de continuar trabajando.

El interés personal en una vida activa también es relevante para la inserción laboral de dicho grupo etario, según datos que muestran la tasa de ocupación y la tasa de percepción de una pensión de las personas mayores según su nivel educativo.

Desafíos en la Reinserción Laboral

Reflexionar sobre la reinserción en el mercado laboral de las personas mayores, en un contexto de jubilación y calidad de vida, es fundamental. El concepto de jubilación ha dejado de ser un "65 años" mítico que oficializaba el tránsito de la actividad a la población pasiva, dando paso a términos como "prejubilación", "jubilación anticipada" y "paro forzoso o incentivado pactado", que afectan a numerosas personas en la franja de los 50 a los 65 años.

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El hecho de que se anticipe o no la edad de jubilación, que se acceda a esta desde la actividad laboral o, por el contrario, desde el paro más o menos protegido, y que las etapas anteriores a la jubilación se hayan vivido desde el paro o desde la intermitencia entre ocupación y desempleo, incidirá, obviamente, en la calidad de vida del jubilado. Esto no solo por las consecuencias económicas sobre la futura pensión, sino también porque el tránsito desde la actividad a la situación de jubilación se convierte en un largo y tortuoso camino plagado de circunstancias excepcionales.

En este escenario, suelen aparecer problemas de adaptación, crisis de identidad, sentimientos de inseguridad e inutilidad, con un agravamiento respecto a los jubilados "normales".

Cambios en el Mercado Laboral Post-Industrial

En el período post-industrial, la secuencia cronológica de las etapas de la vida laboral se ha visto perturbada:

  • Los aprendizajes se tornan rápidamente obsoletos, requiriendo un aprendizaje continuo y la habilidad de "aprender a aprender".
  • La vida laboral se caracteriza por intermitentes entradas y salidas de los trabajadores en los empleos, alternando tiempos de ocupación con tiempos de paro.
  • La jubilación está envuelta en incertidumbres, con prejubilaciones a los 50 años y recomendaciones de prolongar la edad de jubilación hasta los 70 años, lo que contrasta con las medidas para abaratar el costo de las pensiones y la anunciada quiebra del sistema de Seguridad Social.

El carácter estructural del desempleo, que afecta a elevados contingentes de personas, tiene una especial incidencia en los trabajadores de mayor edad, en los que se observan descensos muy significativos en las tasas de actividad a partir de los 50 años. El incremento de la capacidad de creación de riqueza ya no lleva necesariamente asociada la creación de empleo. La innovación tecnológica y la competencia de terceros países emergentes hacen superfluo gran parte del trabajo humano. Esto pone en cuestión el concepto mismo de trabajo formal, obligatorio y necesario.

Esquema de las etapas de la vida laboral en el período post-industrial

El Perfil del Trabajador del Futuro y las Dificultades del Adulto Mayor

Los empleos del futuro exigirán cada vez más la aportación de conocimiento y no tanto la aplicación de la fuerza física, la habilidad y las destrezas para tareas rutinarias. En este escenario, la cualificación y la formación continua se convierten en factores cruciales para la ocupabilidad, pues la obsolescencia de los conocimientos es rápida. Por otro lado, la experiencia profesional, antes valorada por los "años de experiencia", ahora busca elementos no codificados, experiencia reciente y relacionada con las exigencias del nuevo empleo.

Paradójicamente, los largos años de experiencia de muchos trabajadores manuales desempleados se convierten en un hándicap. Para ser ocupados, será preciso que "desaprendan" muchos de los hábitos y transformen muchas de las actitudes adquiridas, e incorporen nuevos conocimientos y actitudes, como "aprender a buscar trabajo" y "aprender a emprender". El conocimiento y manejo de la información útil sobre el mercado de trabajo, la puesta en práctica de técnicas de búsqueda de empleo y la consideración de la creación del propio empleo son factores estratégicos de importancia creciente para incrementar la ocupabilidad de quienes buscan trabajo, particularmente de las personas mayores.

A modo de ilustración, los datos del movimiento laboral registrado en el Territorio Histórico de Gipuzkoa a finales de 1995 revelaron una selectividad negativamente escandalosa para los demandantes de empleo mayores de 50 años:

  • Los mayores de 50 años representaban el 15% del total de demandantes de empleo, pero solo alcanzaban el 6% de las colocaciones acumuladas en el año.
  • El ratio de colocaciones por persona demandante de empleo menor de 50 años era de aproximadamente 2, mientras que en los mayores de 50 años no llegaba a 1.
  • El 70,5% de los demandantes mayores de 50 años eran de larga duración (más de 12 meses en demanda), frente al 51,3% de los menores de 50 años.

Género, Educación y Salud en la Reinserción

Las tendencias de envejecimiento pueden tener consecuencias en los mercados laborales y en los sistemas de pensiones, cuya sostenibilidad puede peligrar. La evolución de la participación laboral de las mujeres de 60 años y más debe considerarse en el contexto del incremento gradual de la inserción de las mujeres en general en los mercados de trabajo, lo que determinaría una reducción de las brechas de participación y ocupación entre hombres y mujeres en todos los grupos etarios.

Brechas de Género

Las tasas de ocupación en la vejez revelan diferencias por género. En 2024, el 75,9% de los hombres entre 60 y 64 años se encontraba ocupado, frente al 40,9% de las mujeres. Esta brecha se acentúa en el tramo de 65 a 69 años, con una tasa de ocupación del 50,9% en hombres y solo del 19,8% en mujeres. Entre los 70 años o más, el 22,8% de los hombres seguía trabajando, frente al 7,1% de las mujeres. La persistencia de la pauta cultural del proveedor hombre que, aun en la vejez, estaría a cargo de asegurar la subsistencia de los miembros del hogar, también influye en esta disparidad.

Aunque entre 2002 y 2016, la tasa de ocupación del conjunto de personas mayores de 60 años y más registró un leve aumento (de 34,2% a 35,4%), este incremento se debió a la creciente inserción laboral de las mujeres, mientras que la tasa de ocupación de los hombres disminuyó levemente. Sin embargo, en 2016 la tasa de los hombres duplicaba con creces la de las mujeres.

Los aumentos de la tasa de ocupación y de la cobertura de las pensiones contributivas incidieron en una reducción de las personas mayores sin ingreso de ninguna de estas dos fuentes. Sin embargo, sobre todo entre las mujeres, la proporción de personas sin ingresos se mantiene elevada. Esto es resultado de la desigualdad de género con respecto a la división del trabajo, que excluye a una gran proporción de mujeres del mercado laboral, en particular del empleo formal que les permitiría acceder a una pensión basada en un sistema contributivo.

Impacto del Nivel Educativo y la Salud

La investigadora y coordinadora del Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo, Valentina Jorquera, comenta que "influyen de manera significativa el nivel educativo y los ingresos del hogar. Un mayor nivel de escolaridad se asocia con una mayor permanencia laboral, especialmente entre los 60 y 69 años".

A esto se suma el rol clave que desempeña la salud autopercibida en la decisión o posibilidad de seguir trabajando en la vejez. Un 31,1% de las personas mayores que califican su salud como excelente, muy buena o buena se encuentra ocupada, mientras que solo el 18,6% de quienes perciben su salud como regular o mala continúa trabajando.

Sectores de Empleo y Seguridad Laboral

Las personas mayores que continúan trabajando después de la edad legal de jubilación se concentran principalmente en el comercio al por mayor y al por menor (19% de los hombres y 23% de las mujeres). Para los hombres, otros sectores relevantes incluyen la agricultura (14%) y el transporte y almacenamiento (11%).

La permanencia productiva de las personas mayores del sector agropecuario refleja la falta de fuentes de ingreso alternativas a causa de la debilidad de los sistemas de pensiones en las zonas rurales, sobre todo para los trabajadores agropecuarios. También se debe a las características específicas de la economía campesina y la falta de mecanismos de transición intergeneracional en el manejo de las fincas. Específicamente, el 41,2% de las personas mayores ocupadas de 65 años o más de edad trabajan en el sector agropecuario.

Seguridad y Bienestar Laboral

El 1 de octubre se conmemora en Chile el Día Nacional del Adulto Mayor, fecha que invita a prestar atención a distintos aspectos que afectan a esta población creciente, como la seguridad en el trabajo. El Instituto de Seguridad Laboral (ISL) reconoce que el segmento de adultos mayores activo en el mundo del trabajo no es menor. Según datos del Instituto de Seguridad Laboral, el 53% de las denuncias ingresadas por accidentes en adultos mayores están relacionadas con incidentes laborales.

La seguridad laboral no debe limitarse únicamente al entorno de trabajo, sino también extenderse al hogar, donde los adultos mayores pasan gran parte de su tiempo. Un estudio de la Pontificia Universidad Católica de Chile sobre caídas en adultos mayores, revela que uno de cada cinco entre los 65 y 69 años ha sufrido al menos una caída en el último año, cifra que aumenta a dos de cada cinco en personas mayores de 80 años.

A medida que se mira hacia el futuro, es imperativo seguir desarrollando políticas y prácticas que garanticen la seguridad y el bienestar de los adultos mayores en sus lugares de trabajo, sobre todo cuando el Instituto Nacional de Estadísticas ha proyectado que para el año 2050 las personas mayores representarán el "31,6% de la población del país". La formación continua es clave para mantener a los mayores informados sobre cómo prevenir accidentes y mantener un estilo de vida saludable.

En resumen, garantizar la seguridad laboral de los adultos mayores es un desafío que exige un enfoque sensible, que no solo atienda la prevención de riesgos en el hogar y el trabajo, sino que también promueva un envejecimiento activo y saludable.

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Desempleo y Nuevas Perspectivas

La tasa de desempleo abierto de las personas mayores suele ser relativamente baja. Por ejemplo, en el último trimestre de 2017, la tasa de desocupación en Chile fue del 6,4%, mientras que la tasa de desempleo abierto de las personas de 60 años y más fue del 2,7%. Sin embargo, el reporte advierte un aumento sostenido en el porcentaje de personas mayores que buscan empleo: entre los 60 y 64 años, el porcentaje de población desempleada pasó de 2,1% en 2010 a 4% en 2024, superando los niveles pre pandemia. Adicionalmente, se duplicaron las tasas de desempleo respecto al año 2019.

Valentina Jorquera comenta que "aunque el desempleo en las personas mayores parece bajo en las cifras oficiales, esto no necesariamente refleja una buena inserción laboral. Muchas veces, no pueden darse el lujo de declararse desempleadas y continúan en trabajos informales o por cuenta propia".

Un primer rasgo que aparece en la situación actual y en las tendencias futuras de las economías y el empleo es el carácter estructural del desempleo, afectando a elevados contingentes de personas y con especial incidencia en los trabajadores de mayor edad. En la producción de mercancías y en el Sector Terciario tradicional, cada día será necesario menos trabajo humano para obtenerlos. El crecimiento económico podrá seguir siendo condición necesaria, pero ya no es condición suficiente para la creación de empleo.

Otro rasgo muy significativo del comportamiento del mercado de trabajo en la actualidad y a futuro es que las nuevas contrataciones y las permanencias en el empleo se caracterizan por una temporalidad y rotación crecientes. Se observa una analogía entre la utilización por las empresas de trabajadores contingentes (eventuales) y las técnicas de gestión de inventarios "just-in-time". Las empresas utilizarán a las personas únicamente en el momento que las necesiten, temporal y parcialmente.

Frente a este panorama, se plantean preguntas fundamentales: ¿hay perspectivas razonables para la reinserción laboral de las personas mayores? ¿Sus características les permiten ser competitivos? ¿Qué puntos fuertes y débiles podemos encontrar en ellos para diseñar estrategias adecuadas que les acerquen al empleo disponible? ¿No será preciso, acaso, aplicarse a descubrir e incluso inventar nuevos empleos?

Nicolás Ratto dio a conocer que el Ministerio del Trabajo presentó al Congreso un proyecto de ley que crea el Subsidio Unificado al Empleo, con el que se aportará en la creación de empleo formal, especialmente en cuatro grupos que enfrentan mayores dificultades para acceder al mercado laboral: mujeres, jóvenes, mayores de 55 años y personas con discapacidad.

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