El Rol Fundamental del Adulto Mayor en la Sociedad Actual

La sociedad actual se encuentra inmersa en un profundo proceso de transición demográfica, epidemiológica, social y económica. Expertos de CONAPO señalan que la población mexicana, por ejemplo, tendrá cada vez más personas mayores y menos niños, una tendencia que se acentuará a partir de 2050. Este fenómeno global invita a reflexionar sobre el papel que desempeñan los adultos mayores en este nuevo escenario y la necesidad de replantear su valor y sus contribuciones.

Infografía sobre la transición demográfica en México, mostrando el aumento de la población adulta mayor

Definición y Contexto del Envejecimiento

El envejecimiento es un proceso intrínseco de la vida, definido como la suma de los cambios morfológicos y funcionales que ocurren a través del tiempo en los seres vivos, desde su concepción hasta la muerte. Es un fenómeno individual, dinámico, progresivo e irreversible, que se produce en relación con el paso del tiempo. La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2021) profundiza en esta definición al señalar que “el envejecimiento es el resultado de la acumulación de una gran variedad de daños moleculares y celulares a lo largo del tiempo, lo que lleva a un descenso gradual de las capacidades físicas y mentales, a un mayor riesgo de enfermedad y, en última instancia, a la muerte” (párr. 4).

Para referirse a las personas de 60 años o más, la OMS estableció en 1984 el término "adulto mayor", una denominación adoptada también por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) mediante la Resolución 50/141 de 1996. Es importante asumir una visión positiva de la vejez, considerándola como un proceso natural de desarrollo que incluye tanto pérdidas como ganancias (Papalia et al., 2009).

El Concepto de Envejecimiento Activo

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el envejecimiento activo como el proceso de optimización de las oportunidades de bienestar físico, social y mental durante toda la vida, con el objetivo de ampliar la esperanza de vida saludable, la productividad y la calidad de vida en la vejez. Este concepto se fundamenta en pilares como:

  • Salud (Bienestar físico).
  • Participación (Mental).
  • Seguridad (lo que permite la funcionalidad).

La definición de envejecimiento activo se interrelaciona directamente con el grado de funcionalidad de una persona desde un contexto integral. Las personas mayores son capitales para su propio desarrollo psicoemocional, y la ONU invita a los gobiernos y a las organizaciones no gubernamentales a estudiar medios eficaces para construir proyectos dirigidos a sostener el mayor grado de independencia en esta población.

Esquema de los pilares del envejecimiento activo (salud, participación, seguridad y funcionalidad)

Contribuciones Clave del Adulto Mayor a la Sociedad

Es común que algunos adultos mayores, e incluso sus familiares, perciban la etapa de la vejez como un factor predisponente a la reducción de capacidades físicas. No obstante, esto depende en gran medida de la salud y la actitud hacia la vida. Muchas veces observamos adultos mayores que irradian una actitud más jovial que la de personas más jóvenes, lo que subraya la importancia de destacar los roles que ejercen en la sociedad. Pérez (2019) enfatiza la invaluable contribución de los adultos mayores.

Rol Familiar

En el contexto familiar, el adulto mayor sigue siendo, en muchos casos, una pieza clave para la cohesión de los vínculos intrafamiliares. Además, en situaciones donde los padres deben trabajar largas horas diarias, muchos abuelos asumen un rol activo en la crianza de los niños, aportando esa contención afectiva que a menudo se hace necesaria frente a las ausencias parentales. Esta labor, en particular en escenarios de crisis social y económica, representa una gran responsabilidad y un invaluable apoyo.

Foto de una familia intergeneracional interactuando con alegría

Transmisión de Valores y Legado Cultural

Los adultos mayores poseen un capital inestimable: la experiencia y el conocimiento adquirido durante años de vida. Este caudal debería ser valorado con mayor énfasis en la sociedad. La reflexión y las acciones del adulto mayor como transmisor de valores culturales, su trabajo en tareas de voluntariado y su entusiasmo por transmitir un legado a las generaciones de relevo, son aportes de un valor incalculable para una sociedad que necesita ser educada y reeducada en la construcción de una nueva representación social de la vejez (Pérez, 2019).

Muchos adultos mayores participan en programas donde las relaciones intergeneracionales son fuente de transmisión de valores culturales, tradiciones, principios éticos y morales, elementos esenciales para consolidar la sociedad y evitar conflictos. De esta manera, contribuyen a la identidad social y familiar, generando beneficios para la sociedad en su conjunto y, en muchos casos, supliendo carencias propias de una sociedad que a veces privilegia valores erráticos e improductivos en lo que respecta a la condición humana.

Reconocer la experiencia de este capital acumulado permite al adulto mayor seguir considerándose útil y necesario, lo cual mejora su autoestima y su calidad de vida. Además, pueden ejercer como formadores de las nuevas generaciones, asegurando que ese capital de experiencia no se desperdicie (Pérez, 2019).

Ilustración de personas mayores realizando voluntariado o enseñando a jóvenes

Desafíos y Estereotipos en la Vejez

La vejez ha sido abordada desde diferentes perspectivas a lo largo de la historia. Las sociedades se encuentran a menudo atravesadas por una serie de prejuicios con respecto a la vejez como etapa, lo que termina estereotipando la minusvalía que supone llegar a ese momento de la vida (Sánchez, citado por Rodríguez, 2011). Entre los estereotipos negativos más comunes se encuentran:

  • Los ancianos son percibidos como enfermos y con grandes dosis de discapacidad, asociados con la fragilidad y dependencia. Este estereotipo ignora a la población de personas mayores capaces de realizar tareas de la vida diaria de forma autónoma e independiente, que viven solas y que, a pesar de las enfermedades crónicas, refieren un estado de bienestar satisfactorio.
  • Son percibidos como carentes de recursos sociales, lo que los hace estar solos y deprimidos.
  • Son percibidos con deterioro cognitivo y trastornos mentales. Es crucial no confundir el deterioro patológico con el declive intelectual propio del envejecimiento.
  • Aparecen como psicológicamente rígidos e incapaces de adaptarse a los cambios.

Superar estos estereotipos negativos a nivel social permitirá un mayor grado de sensibilización en todos los actores sociales y, por efecto espiral, las propuestas dirigidas a los adultos mayores estarán cada vez menos contaminadas con la visión tradicional hegemónica sobre la vejez (Ferrari, 2015:25).

Diagrama de prejuicios comunes sobre la vejez y cómo romperlos

En el ámbito biológico, la vejez se caracteriza por la degeneración progresiva de las facultades físicas debido a la alteración producida por el paso del tiempo en los tejidos, lo que incrementa la vulnerabilidad ante enfermedades y accidentes (Papalia, 2012). Psicológicamente, Erikson, citado por Papalia (2012), menciona el conflicto de la “integridad del yo vs. desesperanza”, donde la virtud a desarrollar es la sabiduría.

El Entorno Social y el Bienestar del Adulto Mayor

El entorno social, también denominado contexto o ambiente social, es el lugar donde los individuos se desarrollan en determinadas condiciones económicas, sociales y culturales, y está íntimamente relacionado con los grupos a los que pertenecen. Abarca la cultura en la que el individuo fue educado, cómo vive, y a las personas e instituciones con las que interactúa regularmente. Está constituido por todos los elementos creados por el ser humano que rodean a los individuos e interactúan con ellos, tales como la infraestructura, las relaciones sociales y el universo cultural.

El entorno social abarca dos aspectos: el material y el inmaterial. La dimensión material comprende la infraestructura, servicios públicos, remuneración y nivel educativo, entre otros. El hogar, los espacios de formación y trabajo constituyen los principales sitios donde se generan las interrelaciones del entorno social, y de estos depende gran parte la salud física y mental de las personas. Sánchez-González (2007: 48) destaca que el aumento del envejecimiento demográfico es un fenómeno universal que implicará adecuaciones ambientales para atender las crecientes necesidades y demandas de servicios, equipamientos e infraestructuras destinados a los millones de adultos mayores vulnerables.

Mapa conceptual sobre los componentes del entorno social y su influencia en el adulto mayor

Ámbitos del Entorno Social

  • La Familia: Es la primera instancia donde el ser humano socializa, el primer grupo social de interacción y relaciones, y se vuelve un eje transversal e irrenunciable a lo largo de la existencia humana. El rol de abuelo suele ser uno de los más satisfactorios en la vejez, estableciéndose relaciones sólidas y de confianza con los nietos (Craig y Baucum, 2009: 590; Labarca, 2012: 405). Generalmente, en las familias donde ambos progenitores trabajan, los abuelos suelen ser los cuidadores principales (Craig y Baucum, 2009: 185).
  • La Escuela: Constituye el segundo contexto natural de socialización. La educación tiene un papel fundamental en el desafío de romper con un imaginario social que segrega y excluye a la vejez, promoviendo la tolerancia y la comprensión hacia el adulto mayor.
  • La Sociedad: Es el contexto social macro donde el individuo crece y se desarrolla de manera integral, asumiendo distintos roles. Está formada por millones de otros individuos que comparten e interactúan desde determinados valores sociales y culturales.

El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), citado por Rodríguez (2011), establece que el desarrollo humano se fundamenta en la “creación de un entorno en el que las personas puedan desarrollar su máximo potencial y llevar adelante una vida productiva y creativa de acuerdo con sus necesidades e intereses”.

Fotografía de un entorno urbano con infraestructura accesible y personas mayores interactuando en la comunidad

Bienestar Emocional en la Adultez Mayor

Tener bienestar emocional puede parecer sencillo, pero es un aspecto complejo y fundamental. Se relaciona con las emociones, que son la base que impulsa la conducta, las actitudes y las relaciones con el entorno. Goleman (1995) define a las emociones como impulsos para la acción, razón por la cual el bienestar en el estado emocional determina la disposición anímica para transitar los procesos de la vida y desarrollar la capacidad humana natural para enfrentar situaciones adversas o complejas, conocida como resiliencia.

Goleman (1995) señala que “Todas las emociones son impulsos para actuar, planes instantáneos para enfrentarnos a la vida que la evolución nos ha inculcado”. Ha determinado la existencia de seis emociones básicas: miedo, aversión, sorpresa, alegría, ira y tristeza, las cuales no pueden dividirse entre buenas y malas, ya que dependen de las experiencias anteriores y el momento presente. Además, existen emociones secundarias, aprendidas a lo largo de la vida y que suelen ser la mezcla de dos emociones básicas (por ejemplo, la vergüenza de la culpa y el miedo; los celos del amor y el miedo). Estas emociones secundarias son sociales, es decir, aprendidas a partir de la interacción con la sociedad.

La emoción es una compleja combinación entre lo que se percibe, cómo reacciona el cuerpo y lo que motiva a actuar. El bienestar emocional adquiere particularidades especiales en los adultos mayores, pues la tercera edad es una etapa en la que la emocionalidad cambia a partir de una serie de factores que determinan la sensación de bienestar. Según Carmona (2009), “el bienestar en la vejez se deriva de diversos factores -no solamente biológicos- sino también sociales y personales en su construcción”. Las emociones cumplen la función de adaptarnos a nuestro entorno; no son buenas ni malas, son señales e información acerca de lo que nos rodea y de nosotros mismos. Lo que sí se califica como positivo o negativo es la valoración de las personas sobre lo vivido y las emociones ligadas a esas vivencias.

En este sentido, Meléndez, Tomás y Navarro (2009: 91) destacan que el entorno social es fundamental para potenciar, desde el estímulo externo, las condiciones necesarias para promover la motivación que puede encontrar el adulto mayor y hacer de esta etapa una adecuada y plena. La OMS establece requerimientos desde el entorno para hacer del envejecimiento una etapa de bienestar emocional, satisfacción y exploración de nuevas oportunidades. Bisquerra (2006) ha propuesto un decálogo del bienestar, con indicadores de fácil observación para determinar un funcionamiento emocional adecuado.

Ilustración de una persona mayor con expresiones de bienestar emocional y elementos simbólicos de plenitud

La Evolución de la Percepción Social de la Vejez

Es evidente que el papel de las personas mayores en la sociedad ha ido evolucionando con el paso del tiempo. Mientras en las culturas más tradicionales el adulto mayor sigue siendo una figura respetada y venerada, las sociedades modernas parecen haber relegado a un segundo plano su importancia. Desde tiempos remotos, las personas mayores ocupaban una posición clave en la sociedad, siendo la experiencia una importante fuente de conocimiento y sabiduría.

Sin embargo, con la irrupción de la tecnología y la expansión del conocimiento, las enseñanzas de las personas mayores dejaron de ocupar ese lugar privilegiado. Así, los adultos mayores pasaron de ser un valor añadido a ser percibidos, en algunos contextos, como una carga para la comunidad. Esta visión reduccionista y sesgada ignora que este grupo poblacional, tanto entonces como ahora, sigue teniendo mucho que ofrecer.

El aumento de la esperanza de vida ha provocado que los principales países del planeta tengan una población cada vez más envejecida. Ante estas circunstancias, surge la pregunta: ¿está la sociedad actual capacitada para asistir de forma adecuada a la población mayor? A menudo, la solución más sencilla ha sido la institucionalización en residencias. En contraste, en países como Australia, Japón o China, donde la edad sigue siendo sinónimo de sabiduría, se valora con especial interés la contribución de los mayores al desarrollo cultural, intelectual y político.

Maltrato y la Urgencia de un Cambio de Paradigma

A pesar de la importancia y el valor de los adultos mayores, las noticias sobre cómo son tratadas las personas mayores en la sociedad actual a menudo son preocupantes. Uno de los principales problemas en referencia al maltrato es la desinformación. Pese a ser una cuestión de gran relevancia social, las noticias y las denuncias de maltrato a personas mayores no son habituales. Según datos de la OMS, una de cada seis personas mayores de 60 años ha sido víctima de algún tipo de maltrato. Estas situaciones se producen tanto en el entorno comunitario (instituciones como residencias o centros de atención crónica) como en el familiar. Las cifras de denuncias son poco alentadoras.

El rápido envejecimiento de la población, la pérdida de poder adquisitivo y la falta de valores sólidos que respalden el importante papel de la tercera edad, incrementan el riesgo de cronificación de este problema. La falta de información es otra de las dificultades al abordar los casos de maltrato. Los peores meses de la pandemia, por ejemplo, se saldaron con un aumento notable de los casos de maltrato a personas mayores.

Es imperioso un cambio en la visión de la adultez mayor, repensando los conceptos de utilidad y productividad en esta etapa. Es decir, darle el valor que merecen como el engranaje perfecto de una etapa que suma experiencias de vida en los ámbitos familiar, laboral, económico y social. Para que prospere una nueva perspectiva más optimista de la tercera edad, alejada de los horrores del maltrato, es necesario que se produzca una transformación a varios niveles. Esto implica una apuesta por la inclusión de las personas mayores en la sociedad, un motor fundamental para obtener un cambio de perspectiva que dignifique la figura del adulto mayor y garantice su protección.

Recordemos que la vejez es una etapa a la que, en el mejor de los casos, todos vamos a llegar. Por ello, es esencial promover una perspectiva de la tercera edad más justa y realista, donde las personas mayores recuperen el protagonismo y vivan con la mayor dignidad, amor y respeto posible. Brindemos hoy a nuestros adultos mayores lo que deseamos para nosotros en el futuro.

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