El Fenómeno del Envejecimiento Global y la Necesidad de Nuevas Etapas
Actualmente, el envejecimiento se configura como un fenómeno de aumento progresivo en el ámbito mundial. La menor tasa de nacimientos, junto a los avances médicos, permite que exista mayor cantidad de personas ancianas. Este envejecimiento de la población es un fenómeno que requiere atención especial por parte de los estados y de toda la sociedad civil.
Hasta hace poco tiempo, llegar a ser una persona de la tercera edad era el hito que marcaba un punto de inflexión en la vida, implicando el comienzo de la vejez como la fase final. Hoy, sin embargo, esas antiguas nociones están siendo cuestionadas. Producto de los cambios demográficos y el desarrollo tecnológico, el envejecimiento se ha vuelto una experiencia vital mucho más compleja que debemos replantearnos continuamente.
Con una esperanza de vida que supera significativamente los 70 e incluso los 80 años en muchas sociedades, la tercera edad es hoy un periodo tan largo dentro de la vida de un individuo que difícilmente podría simplificarse como un gran capítulo final. Es por esto que ha sido necesario reconfigurar la línea de tiempo personal para abrir espacio a la cuarta edad.

Origen y Definición del Concepto de "Cuarta Edad"
La expresión cuarta edad hace referencia a la última fase de la vida de las personas que alcanzan una vejez avanzada. Habitualmente, se considera su comienzo a partir de los 80 años de edad, que, según la geriatra Pilar Mesa Lampre, representan «el umbral del cambio».
El concepto de “cuarta edad” surgió debido al aumento de la longevidad. En la década de 1970, los gerontólogos anglosajones y francófonos realizaron una distinción entre “viejos-jóvenes” y “viejos-viejos”. En 1980, se estudiaron las características de esta población “muy envejecida”. De estas investigaciones surgió una distinción entre tercera y cuarta edad que se daría por aspectos relativos a la decadencia, la decrepitud y la dependencia, resultado del alargamiento de la vida.
Las primeras nociones de lo que hoy conocemos como la cuarta edad comenzaron a delinearse en la década de los 80, cuando el subgrupo de personas mayores dentro de la tercera edad comenzó a aumentar de forma amplia gracias a los avances médicos en el mundo occidental. Hoy, la existencia de una cuarta edad, más allá de la antigua barrera de la tercera y final etapa de la vida, es una idea aceptada de forma transversal entre los especialistas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) determina como tercera edad a las personas sobre los 60 años y a la cuarta edad a personas con más de 80 años. Como explica el experto Sergio König, la cuarta edad se refiere a "la última parte de la vida, a la vejez avanzada. A aquellos mayores a los 80 años".
Características y Desafíos de la Cuarta Edad
En las sociedades desarrolladas, la esperanza de vida está en aumento continuo, lo que implica un porcentaje cada vez mayor de personas mayores de 80 años. Por ejemplo, en 2003, en España, 1.756.844 habitantes superaban esta edad. Sin embargo, este incremento también conlleva desafíos específicos.
La gran mayoría de estas personas puede sufrir enfermedades crónicas altamente discapacitantes, como el mal de Alzheimer, otras demencias de tipo psiquiátrico, o afecciones motoras como la artrosis. Esto, en muchos casos, las hace dependientes tanto de su familia y entorno afectivo como de la atención sociosanitaria. Se relaciona con los octogenarios una mayor prevalencia de enfermedades, tanto físicas como psicológicas, así como un aumento en trastornos neurocognitivos que impactan en la pérdida de la autonomía e independencia y en la propia identidad de la persona.
Según un estudio conducido en el Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano en Berlín, la cuarta edad tendría como una de sus principales características el deterioro fisiológico, que incluye una mayor pérdida de bienestar, dependencia psicológica, pérdida de memoria y deterioro cognitivo. Varios estudios longitudinales llevados a cabo en los países de Europa central coinciden en afirmar que los estatus de salud se complejizan en la población envejecida. En este grupo de edad, prevalecen las personas frágiles, mientras que los independientes tienden a decrecer y los dependientes a crecer. La merma de la salud reduce la capacidad de acceso a bienes y servicios, así como el potencial de participación social y el disfrute de la vida en general.
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La Salud como Eje Central
Ya en la cuarta edad, la salud se incrementa y adquiere una mayor preeminencia como el dominio más importante para las personas. La importancia de saber cuándo nos aproximamos a estos hitos en la cronología de la vida no tiene que ver solo con un cumpleaños o algo meramente formal. La relevancia está en las implicancias prácticas que tiene para una persona pasar de la tercera edad a la cuarta, ya que conocerlas nos permite ser capaces de preparar ese tránsito.
Aunque los presagios alarmistas acerca del aumento de los costos en salud surgieron al anticipar el peso que el aumento de ancianos con enfermedades terminales podría significar para el presupuesto, se ha podido determinar que el costo en atención de la salud de los adultos mayores no es mucho mayor que el que representa la atención de las personas de mediana edad. Lo relevante en este tema es que la atención de las personas con enfermedades terminales consume nueve veces más, por lo que podría pensarse que la racionalización de los costos podría establecerse para enfermos terminales sin tener en cuenta la edad, sino la calidad de vida.

Aspectos Psicológicos y Reflexión sobre la Muerte
Desde la salud mental, la cuarta edad es un periodo vinculado a una multiplicidad de duelos al estar tácita y explícitamente al término de la propia vida. Se espera que ocurran procesos reflexivos respecto a cómo fue el curso vital, reconociendo posibilidades de mejora y dando cabida a cuestionamientos personales. Sobre los 80 años, las personas se enfrentarán inexorablemente a la muerte, y la pregunta principal ya no es el cuándo, sino el cómo. Muchas personas experimentan la pérdida de seres queridos que les acompañaron durante su vida, como parejas, padres, hermanos, mascotas, hijos y amigos, entre otros.
Desafiando Estereotipos: Diversidad y Autonomía en la Cuarta Edad
Gracias a las mejoras en los estilos de vida y a la atención sanitaria, cada vez es más frecuente que personas encuadradas en el grupo de edad tradicionalmente asociado a la ancianidad, la tercera edad, se encuentren en plenitud de facultades físicas y mentales por encima de los 65, los 70 o incluso los 75 años. Esta tendencia de la longevidad también se extiende a la cuarta edad. No obstante, una serie de estudios longitudinales han evidenciado que no todas las personas que superan los 80 años sufren dependencia física. De hecho, los resultados muestran que, si bien se observa una disminución en el nivel de actividad a partir de los 80 años, existen muchos casos donde no solo no se presentan índices de fragilidad, sino que además se verifica la existencia de una gran capacidad funcional y autónoma. Esto sugiere que considerar el nivel de actividad echa por tierra la creencia que identifica a la cuarta edad con la dependencia como un destino inexorable. Antes que altos niveles de deterioro, es más bien la diversidad lo que se observa en las personas de cuarta edad.
La idea de un retiro y descanso “activos” que complementan la tercera edad puede ser un ideal a perseguir también en la cuarta. Por ello, se prefiere seguir la conceptualización sobre la fragilidad, ya que se trata de un concepto flexible y sumamente útil a la hora de pensar en la cuarta edad. No se trata de estadios fijos, dado que muchas personas mueren sin haber vivido un estado de dependencia. La potencialidad de esta conceptualización reside en el énfasis funcional, reconociendo que las personas pueden transitar diferentes trayectorias de salud:
- Independencia total: Mantener la independencia funcional hasta el final de la vida.
- Independencia a dependencia abrupta: Un cambio repentino de independencia a dependencia debido a un accidente o enfermedad grave.
- Fragilidad sostenida: Experimentar un estado de fragilidad hasta el fallecimiento.
- Progresión gradual: Pasar de la independencia a la fragilidad y luego a la dependencia, culminando con la muerte.
Estas trayectorias ponen de manifiesto la complejidad de la vejez avanzada, donde la merma de la salud, que reduce la capacidad de acceso a bienes y servicios, así como el potencial de participación social y el disfrute de la vida en general, no es un camino único para todos.
Ejemplos de Autonomía y Participación en la Cuarta Edad
Entre los casos estudiados, se encuentran personas que, a pesar de la fragilidad o la disminución de algunas funciones físicas y/o mentales, mantienen un gran margen de autonomía, como Rosa (90 años) y Bautista (89 años).
- Rosa (90 años): Afirma que, si bien se controla el marcapasos y la presión arterial, lee sin anteojos, se expresa con claridad y, aunque su memoria ya no es la misma, se siente segura y cómoda con su edad, feliz de que los médicos controlen su salud mientras ella se siente bien en lo demás.
- Bautista (89 años): Se siente "protegido espiritualmente, físicamente, familiarmente", destacando su familia, salud, amigos y cultura. Atribuye su bienestar físico y mental a 57 años de gimnasia constante, lo que le ha permitido que "nadie le dé la edad que tiene".
Existen también los denominados «super agers», gente mayor de 85 años que mantiene sus capacidades cognitivas y físicas como una persona que ha vivido medio siglo menos, desafiando la noción de un deterioro universal. Se observa que cuando las personas de más de 80 años participan en actividades comunitarias, lo hacen incluso más activamente que los de menos de 80. Un entrevistado de 80 años expresa: "Organizo cumpleaños acá en el gimnasio, y a veces nos reunimos afuera con algunas personas ya, más estrechamente conocidas, nos vamos a almorzar por ejemplo. Estoy muy activo. […] se van muriendo los amigos, entonces, ¿qué hacemos? Vamos a hacer más amigos, porque mientras sigamos viviendo tenemos, ¿no? Y estoy haciendo amigos." Otro, con más de 80 años, disfruta "jugar con los nietos, leer, escribir, escribir. Escribo todo política..."

Fomentando un Envejecimiento Saludable en la Cuarta Edad
En la cuarta edad de las personas varía el planteamiento sociosanitario. El objetivo prioritario es no solo alargar la vida, sino, además, mantener la independencia personal durante el mayor tiempo posible, prolongar la existencia independiente. Las diferencias en materia de salud entre las personas mayores son producto del efecto acumulativo de las desigualdades a lo largo del curso de vida. Por ello, la salud es percibida como un derecho que debiera ser garantizado a todos los ciudadanos.
El Terapeuta Ocupacional, José Aravena, subraya que “la clave es poder contextualizar esa participación a las necesidades, características y situación particular de cada individuo, generando y favoreciendo instancias que motiven al adulto mayor”. En el caso de las personas sanas, la idea es que puedan mantener su nivel de participación por el mayor tiempo posible, realizando ejercicios, actividades sociales y mentalmente estimulantes. La personalización en la participación de actividades es fundamental con el fin de prevenir diversas situaciones que involucren algún peligro.
Más que considerar las etapas del ciclo vital como momentos diferenciados y excluyentes, hay que considerarlas como un continuo de la vida. Cada día y cada año cumplido forman parte de un todo. Lo que realicemos hoy es la inversión para nuestro futuro, por lo que promocionar factores que nos protejan será también prevenir el desarrollo de ciertas enfermedades y deterioros, indistintamente de la edad que tengamos.