El accidente cerebrovascular (ACV), también conocido como ictus o ataque cerebral, se ha convertido en una verdadera pandemia y es una de las principales causas de muerte y la mayor causa de discapacidad en la población adulta a nivel mundial. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud y la Mayo Clinic, un ACV ocurre cuando el flujo sanguíneo hacia el cerebro se interrumpe, ya sea por una obstrucción o por una hemorragia, lo que provoca la muerte de las células cerebrales al privarlas de sangre rica en oxígeno.

En los últimos años, si bien se ha incrementado su prevalencia de mortalidad, la discapacidad generada es mayor que las muertes provocadas por esta entidad. Un alto porcentaje de estos casos es prevenible, con la incidencia temprana sobre los factores de riesgo modificables.
Factores de Riesgo y Población Vulnerable
Existen diversos factores de riesgo que aumentan la posibilidad de sufrir un ACV, tanto en adultos mayores como en la población adulta y joven. Algunos de los factores de riesgo son: la edad, hipertensión arterial (HTA), diabetes mellitus (DM), obesidad, accidentes isquémicos transitorios (AIT) y sedentarismo. Dentro de estos, la edad constituye el factor de riesgo más frecuente, siendo los adultos mayores de 50 años la población más vulnerable. Los mayores de 65 años tienen 7 veces más probabilidades de padecerlos, según el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidente Cerebrovascular. En Chile, el 75% de los mayores de 65 años sufre hipertensión, principal factor de riesgo relacionado con esta patología. El Dr. Renato Mertens, cirujano vascular de la Red de Salud UC CHRISTUS, advierte que el accidente cerebrovascular en personas mayores tiene estricta relación con la hipertensión no tratada, además del hábito de fumar, la diabetes y el sobrepeso.
Otros factores de riesgo importantes incluyen:
- Hipercolesterolemia
- Tabaquismo
- Inactividad física
- Enfermedades cerebrovasculares
- Sobrepeso y obesidad
- Dietas poco saludables
- Exceso en el consumo de bebidas alcohólicas
Tipos de Accidentes Cerebrovasculares
ACV Isquémicos
Se producen cuando una arteria se obstruye, impidiendo que la sangre llegue a un área del cerebro. Se trata de la causa más frecuente, representando aproximadamente el 87% de los casos, sobre todo en la población de edad avanzada. Las arterias se bloquean o se estrechan debido a la acumulación de coágulos sanguíneos, depósitos de grasa u otros desechos que viajan por el torrente sanguíneo y se alojan en los vasos sanguíneos del cerebro. Dependiendo de su evolución en las primeras horas, se puede distinguir si se trata de un accidente isquémico transitorio (AIT) o un infarto cerebral.
En un ACV isquémico, los efectos están relacionados con la zona o núcleo del infarto y la zona que lo rodea.
ACV Hemorrágicos
Se producen por la ruptura de un vaso sanguíneo en el cerebro, lo cual provoca una acumulación de líquido hemático que daña el área del encéfalo en donde ocurre. Se trata del ACV más frecuente en la población joven, aunque también se presenta en adultos mayores. Pueden encontrarse dos subtipos: la hemorragia intracerebral y la subaracnoidea. La intracerebral, asociada generalmente con la hipertensión, es la responsable del 80% de los ictus hemorrágicos.
En un ACV hemorrágico, en la mayoría de los casos, los síntomas secundarios se deben a la presión que ejerce la acumulación de líquido sobre el tejido cerebral circundante.
¿Qué son los accidentes cerebrovasculares o ACV?
Secuelas del ACV en Adultos Mayores
Cuando las personas sufren un ACV, pueden quedar con secuelas que afectan la integridad de las funciones cerebrales, fluctuando entre pequeños y grandes déficits neurológicos. Las posibilidades de presentar secuelas tanto en los adultos mayores como en la población adulta y joven son similares, pero los adultos mayores tienen un mayor riesgo de presentar problemas relacionados con la memoria y capacidades cognitivas. La persona puede manifestar síntomas que van desde dificultades para comunicarse o para ver, pasando por pérdida de equilibrio, hasta perder la fuerza de un lado del cuerpo. El nivel de afectación de estas capacidades dependerá de la gravedad y de la ubicación del ataque cerebrovascular.
En ambos tipos de Ataques Cerebrovasculares, se puede causar deterioro de la memoria o de las capacidades cognitivas por efectos de alteraciones como:
- Hipoperfusión: la disfunción neuronal es causada por la disminución del riego sanguíneo cerebral en caso de oclusión de una o más arterias cerebrales.
- Alteraciones metabólicas neuronales en el cerebro, que en general están relacionadas con el pobre aporte sanguíneo.
Secuelas Motoras y Físicas
Moverse de un lado para otro y realizar algunas o todas las tareas normales, como vestirse y alimentarse, pueden ser más difíciles después de un accidente cerebrovascular. Para la población de la tercera edad que ha padecido un ACV, hay una mayor afectación en las capacidades motoras (reducción de la velocidad, asimetría espacio-temporal, alteración del equilibrio, etc.). Esta dificultad está relacionada con la pérdida de fuerza y equilibrio, ya que los adultos mayores suelen tener algunas limitaciones de movilidad y equilibrio que anteceden al infarto o hemorragia cerebrales.
- Hemiplejía: Una de las posibles complicaciones es la hemiplejía o pérdida del movimiento muscular, experimentando la parálisis de un lado del cuerpo. Esto sucede cuando el ataque cerebrovascular dañó la parte del cerebro encargada del movimiento del cuerpo.
- Espasticidad: es una secuela muy común de lenta y progresiva instauración, que puede causar mayor dificultad en el movimiento de las extremidades del cuerpo, en la postura y en el equilibrio, viéndose con mayor frecuencia en manos y pies. Para aliviar temporalmente la espasticidad, puede recibir inyecciones de Botox para relajar los músculos afectados. Cuando los dedos se doblan hacia abajo, a menudo de manera dolorosa, es el resultado de espasticidad en los pies, y se pueden usar ortesis de pie y tobillo (OPT) para separar y tratar los dedos enroscados.
- Contracturas: a menudo son dolorosas.
- Hombro subluxado o congelado: es mejor trabajar junto con un fisioterapeuta.
- Pie caído: se puede obtener una abrazadera de OPT que se inserta en el zapato y levanta el pie, ofreciendo un alivio inmediato y menos riesgo de caída. No obstante, el mejor tratamiento para esta afección es el ejercicio específico.
- Esencialmente, el cerebro puede olvidarse completamente de cómo usar las extremidades afectadas si se descuidan, por lo que es crucial mover los músculos al menos un poco todos los días. Una vez desarrollado el no uso aprendido, se puede revertir.
- El dolor posterior al accidente cerebrovascular es una secuela desafortunada, que puede ocurrir por cambios en el cerebro mismo o por músculos tensos. Se pueden usar analgésicos previa consulta médica.
Secuelas Cognitivas y de Comunicación
A nivel cognitivo, el ACV puede generar diversas dificultades:
- Afasia: dificultad en el lenguaje, afasia, déficit para comunicarse mediante las palabras, mímica o escritura. La afasia (pérdida de la habilidad para comprender y expresar un lenguaje) es una secuela que se suele presentar con más frecuencia en los adultos mayores, afectando tanto a la comprensión como a la producción del lenguaje. Si la persona mayor tiene afasia, no solo presentará problemas con el lenguaje; es necesario tener en cuenta todo el conjunto de funciones cerebrales o neuropsicológicas (la memoria, la atención, el razonamiento, la expresión afectiva, etc.). Si el ACV afectó al área de Broca, se observarán más dificultades con respecto a la expresión del lenguaje; si afectó el área de Wernicke, se evidenciarán complicaciones en la interpretación del lenguaje. Aunque esta secuela se puede presentar en la población en general, en el caso de los adultos mayores, la afectación tiende a ser más severa y la recuperación más lenta.
- Pérdida de memoria, agnosia, apraxia.
- Dificultades en la capacidad para razonar, emitir opiniones y/o comprender conceptos.
- Cambios en su capacidad para pensar o razonar.
- Poca capacidad de discernimiento.
Para tratar la negligencia unilateral, se recomienda que las personas se acerquen al afectado por su lado afectado.
Secuelas Afectivas y Neuropsiquiátricas
Suelen presentarse cambios en la conducta habitual y problemas para realizar tareas de cuidado personal. Las personas pueden volverse más retraídas, dependientes, necesitando ayuda extra para mantener su higiene personal y del hogar. Se produce un deterioro que afecta principalmente la atención, funciones ejecutivas superiores, y la aparición de manifestaciones neuropsiquiátricas como depresión, síndromes confusionales, ansiedad, cuadros de excitación psicomotriz, síntomas psicóticos y/o trastornos del sueño.
- Depresión Post-Ictus (DPI): Es una de las alteraciones psicológicas que más presentan las personas que han padecido un ACV, con síntomas muy similares a la depresión sin enfermedad neurológica asociada, aunque con algunas diferencias. Aparecen con mayor frecuencia trastornos del sueño, síntomas de tipo vegetativo e introversión para las relaciones sociales. Si no son tratados, los problemas emocionales como la depresión, en personas que han tenido accidentes cerebrovasculares, tienen peor pronóstico de recuperación del funcionamiento diario y capacidad cognitiva.
Existe un debate sobre el origen de la depresión post-ACV: algunos autores proponen que los síntomas del estado de ánimo son producto de la localización de la lesión, mientras que otros sugieren que surge como una consecuencia psicológica del deterioro funcional y social. El detrimento del nivel de funcionamiento se considera un factor predictivo de la depresión post ACV, y los síntomas depresivos a su vez influyen en la capacidad de recuperación funcional.
Problemas de Deglución y Alimentación
Los problemas para tragar pueden deberse a la falta de atención apropiada al comer o daño a los nervios que ayudan a tragar. Con frecuencia, el ACV afecta los procesos automáticos y voluntarios de los músculos de la garganta involucrados en el acto de tragar o pasar los alimentos. Esta condición es conocida como disfagia y afecta de manera diferente la capacidad para comer líquidos y sólidos, por lo que muchas veces los pacientes deben recibir dietas como purés y gelatinas para poder alimentarse. Un logopeda puede ayudar con estos problemas, y se pueden necesitar cambios en la dieta, como espesar los líquidos o comer alimentos en puré. Algunas personas necesitarán una sonda de alimentación permanente, llamada sonda de gastrostomía. Algunas no consumen suficientes calorías después de un ACV, por lo que alimentos ricos en calorías o suplementos pueden prevenir la pérdida de peso.
Los síntomas de problemas para tragar son:
- Toser o ahogarse, ya sea durante o después de comer.
- Sonidos de gorgoteos provenientes de la garganta durante o después de comer.
- Aclararse la garganta después de beber o tragar.
- Comer o masticar lentamente.
- Regurgitar alimento después de comer.
- Hipo después de tragar.
- Molestia en el pecho durante o después de tragar.
Problemas de Vejiga e Intestino
Un accidente cerebrovascular puede llevar a problemas con el control de esfínteres, causados por daño a la parte del cerebro que ayuda a que los intestinos y la vejiga trabajen sin dificultad, por no notar la necesidad de ir al baño o por problemas para llegar a tiempo al mismo.
Los síntomas pueden incluir:
- Pérdida del control intestinal, diarrea o estreñimiento.
- Pérdida del control vesical, sentir necesidad de orinar con frecuencia o problemas para vaciar la vejiga.
El médico puede recetar medicamentos para el control vesical o remitir a un especialista. Un horario para vaciar la vejiga o los intestinos puede ayudar, así como colocar una silla-retrete cerca. Algunas personas necesitan una sonda vesical permanente.
Para prevenir úlceras en la piel o de decúbito:
- Límpiese después de la incontinencia.
- Cambie de posición con frecuencia y aprenda cómo moverse en una cama, silla o silla de ruedas.
- Si tiene una silla de ruedas, asegúrese de que esté correctamente ajustada.
- Utilice amortiguación en partes del cuerpo, especialmente en las que tenga piel más delgada o sobre las que pueda haber presión prolongada.
- Pida que los miembros de la familia u otros cuidadores aprendan a detectar úlceras cutáneas.
Otras Complicaciones
- Convulsiones: ocurren cuando hay una repentina actividad eléctrica desorganizada en el cerebro.
- Neumonía: a menudo se trata con antibióticos.
- Trombosis venosa profunda: si hay riesgo, se debe hablar con el médico.
- Dolores de cabeza: algunas veces son causados por deshidratación.
- Problemas para dormir: se debe hablar con el médico.
- Disfunción sexual: puede ocurrir después de un ACV. Los medicamentos llamados inhibidores de la fosfodiesterasa de tipo 5 (Viagra, Levitra o Cialis) pueden ayudar, previa consulta médica. Hablar con un terapeuta o consejero también puede ser útil.
Rehabilitación Integral Post-ACV en Adultos Mayores
La rehabilitación por accidente cerebrovascular es un programa que abarca diferentes terapias diseñadas para ayudar a la persona a volver a aprender habilidades perdidas tras sufrir un ACV. Se recomienda para todas las personas que han sufrido un accidente cerebrovascular, ya que estudios han demostrado que quienes participan en un programa especializado se desempeñan mejor. Cuanto antes comience la rehabilitación (entre 24 y 48 horas después del ACV), mayor será la probabilidad de recuperar las habilidades perdidas. La mayoría necesita algún tipo de rehabilitación a largo plazo, que podría durar meses o años.
Para comenzar la rehabilitación, se deben evaluar en la fase más temprana los posibles déficits neurológicos originados por la lesión cerebrovascular, junto con el estado de salud del adulto mayor, sus capacidades funcionales, su estado de nutrición, la presencia de otras enfermedades, su estado mental y el soporte social y familiar que posee. El adulto mayor debe tener una condición física que le permita tolerar y ejecutar los movimientos.
Las secuelas de ACV en adultos mayores se centran en obtener el máximo nivel de independencia para que puedan llevar a cabo sus actividades cotidianas. Atender las diversas manifestaciones desde un enfoque integral que combine medicación y psicoterapia puede influir positivamente en la recuperación.
Componentes de la Rehabilitación
Actividades Físicas
Las actividades físicas pueden incluir:
- Ejercicios de motricidad: ayudan a mejorar la fuerza muscular y la coordinación del cuerpo en general, incluyendo los músculos que se usan para mantener el equilibrio, caminar e incluso tragar.
- Entrenamiento para el movimiento: se aprende a usar dispositivos de ayuda para la movilidad, como un andador, un bastón, una silla de ruedas o una tobillera. La tobillera puede estabilizar y fortalecer el tobillo para ayudar a soportar el peso del cuerpo mientras se vuelve a aprender a caminar.
- Terapia de inducción por restricción: se restringe una extremidad no afectada mientras se practica el movimiento con la extremidad afectada para ayudar a mejorar su función.
- Terapia de amplitud de movimiento: ciertos ejercicios y tratamientos pueden aliviar la tensión muscular (espasticidad) y ayudar a recuperar la amplitud de movimiento.
Las actividades físicas asistidas por la tecnología podrían incluir:
- Estimulación eléctrica funcional: se aplica electricidad a los músculos debilitados, lo que provoca su contracción y ayuda a reentrenarlos.
- Tecnología robótica: los dispositivos robóticos pueden ayudar a las extremidades afectadas a realizar movimientos repetitivos, permitiéndoles recuperar fuerza y función.
- Tecnología inalámbrica: un monitor de actividad puede ayudar a aumentar la actividad después de un accidente cerebrovascular.
- Realidad virtual: el uso de videojuegos y otras terapias basadas en computadoras implica interactuar con un entorno simulado y en tiempo real.
Actividades Cognitivas y Emocionales
- Terapia para síntomas cognitivos: la terapia ocupacional y la terapia del habla pueden ayudar con la pérdida de capacidades cognitivas como la memoria, el procesamiento, la capacidad para resolver problemas, las habilidades sociales, el juicio y la conciencia sobre la seguridad.
- Terapia para la comunicación: la terapia del habla puede ayudar a recuperar las habilidades perdidas en el habla, la audición, la escritura y la comprensión.
- Evaluación y tratamiento psicológico: se puede recibir asesoramiento o participar en un grupo de apoyo para la adaptación emocional.
- Medicamentos: el profesional de atención médica puede recomendar un antidepresivo o un medicamento que afecte la lucidez mental, la agitación o el movimiento. Se ha encontrado evidencia que demuestra que el tratamiento psicofarmacológico, junto a la terapia neurocognitiva, constituyen la terapéutica con mayores beneficios. Los ISRS son los fármacos de primera línea.
Terapias en Investigación
- Estimulación cerebral no invasiva: técnicas como la estimulación magnética transcraneal se han utilizado con cierto éxito en investigaciones para mejorar habilidades motoras.
- Terapias biológicas: como las células madre, están siendo investigadas y solo deben utilizarse como parte de un ensayo clínico.
- Medicina alternativa: tratamientos como el masaje, la terapia herbal y la acupuntura están siendo evaluados.

Equipo de Rehabilitación
Para una rehabilitación por accidente cerebrovascular se necesitan distintos especialistas:
- Médicos: de atención primaria, neurólogos y especialistas en medicina física y rehabilitación.
- Personal de enfermería de rehabilitación: especializado en el cuidado de personas con limitaciones.
- Fisioterapeutas: ayudan a volver a aprender movimientos como caminar y mantener el equilibrio.
- Terapeutas ocupacionales: ayudan a tener una vida más independiente y activa, recuperando habilidades para vestirse, bañarse, hacer tareas domésticas y volver a conducir, así como a mejorar la capacidad para tragar y la capacidad cognitiva para tareas laborales y del hogar, y la seguridad general.
- Patólogos del habla y del lenguaje: mejoran habilidades lingüísticas y la capacidad para tragar, y colaboran en el desarrollo de métodos para tratar problemas de memoria, razonamiento y comunicación.
- Trabajadores sociales: conectan con recursos económicos, planifican nuevos acuerdos de vivienda e identifican recursos comunitarios.
- Psicólogos: evalúan habilidades de pensamiento y tratan preocupaciones de salud mental y emocional.
- Especialistas en recreación terapéutica: ayudan a reanudar actividades y roles que se disfrutaban antes del ACV.
- Asesores vocacionales: ayudan a resolver problemas relacionados con el regreso al trabajo.

Entorno de Rehabilitación
La rehabilitación puede comenzar en el hospital y continuar en diferentes entornos:
- Unidades de rehabilitación para pacientes internados: instalaciones donde se puede permanecer hasta por 2 o 3 semanas en un programa intensivo.
- Unidades para pacientes ambulatorios: se asiste unas horas al día, un par de días a la semana.
- Centros de enfermería especializada: ofrecen diferentes niveles de atención y rehabilitación.
- Programas en casa: ofrecen flexibilidad, pero pueden carecer de equipos especializados. La cobertura del seguro varía.
Factores que Influyen en el Resultado de la Rehabilitación
La recuperación varía de una persona a otra y es difícil predecir cuántas capacidades se recuperarán y con qué rapidez. El éxito de la rehabilitación depende de:
- Factores físicos: gravedad del ACV en términos de efectos cognitivos y físicos.
- Factores emocionales: motivación, estado de ánimo y capacidad para realizar actividades de rehabilitación fuera de las sesiones de terapia.
- Factores sociales: apoyo de amigos y familiares.
- Factores terapéuticos: inicio temprano de la rehabilitación y habilidad del equipo.
La tasa de recuperación es generalmente mayor en las semanas y meses posteriores a un ACV, pero hay pruebas de que el rendimiento puede mejorar incluso de 12 a 18 meses después del accidente. Recuperarse de un accidente cerebrovascular puede ser una experiencia larga y frustrante, con dificultades en el camino.
Prevención del ACV en Adultos Mayores
Para minimizar los daños causados por el ACV, es importante prevenir su aparición disminuyendo los factores de riesgo. Los ataques cerebrovasculares pueden suceder a cualquier edad, no obstante, los adultos mayores de 65 años poseen más posibilidades de padecerlos. El tratamiento y los cambios en el estilo de vida para prevenir otro ACV son importantes.
La importancia de solicitar un tratamiento en las primeras etapas de aparición de síntomas posteriores a la lesión también es crucial.