La actividad física es un pilar fundamental en la vida de todas las personas, independientemente de su edad y sexo. Se ha demostrado que el ejercicio físico regular puede reducir significativamente el riesgo de sufrir un infarto o de morir por esta causa, con porcentajes que oscilan entre el 35% y el 45%. Para lograr esta reducción del riesgo cardiovascular, no es necesario ser un atleta; lo más importante es mantener una rutina de ejercicio constante. Lo ideal es realizar actividad aeróbica, como caminar, trotar, andar en bicicleta o nadar, durante al menos 30 minutos, de 3 a 5 veces por semana. Sin embargo, a pesar de sus múltiples beneficios, la actividad física también puede presentar riesgos para la salud si no se tienen en cuenta ciertas consideraciones.

El Envejecimiento de la Población y el Impacto en la Salud Cardiovascular
La población mundial de personas mayores de 60 años es el grupo etario de crecimiento más rápido. Se estima que, para el año 2050, aproximadamente el 80% de estas personas vivirá en países menos desarrollados. Para el año 2025, más del 20% de la población en las regiones más desarrolladas tendrá 65 años o más, y un 11% de la población mundial superará esta edad. Este envejecimiento poblacional, aunque refleja una mejora en la salud global, plantea desafíos significativos para el siglo XXI.
En el mundo, las Enfermedades Cardiovasculares (ECV) son la principal causa de muerte, cobrando la vida de más personas cada año que cualquier otra condición. En 2004, las ECV fueron responsables de 17.3 millones de muertes, lo que representó el 30% del total mundial, con 7.3 millones de estas muertes atribuidas a la cardiopatía coronaria y 6.2 millones a accidentes cerebrovasculares (ACV). Más del 80% de estas muertes por ECV ocurren en países de ingresos bajos y medios, afectando por igual a ambos sexos. Las principales causas de mortalidad entre los adultos mayores de 60 años son la cardiopatía isquémica y las enfermedades cerebrovasculares. Se proyecta que para 2030, cerca de 23.6 millones de personas morirán por ECV, siendo estas la principal causa de muerte.
OMS: Envejecimiento saludable, añadamos vida a los años
El panorama en Chile
Chile se encuentra en una etapa avanzada de transición hacia el envejecimiento demográfico de su población. Los adultos mayores (personas de 65 años o más) han ganado importancia porcentual, mientras que los menores de 15 años han disminuido su proporción. En 2007, había 48 adultos mayores por cada cien menores de 15 años, una proporción que se espera que cambie a 1 adulto mayor por cada menor de 15 años para 2025, y a 1.7 adultos mayores por cada menor de 15 para 2050.
Las ECV también son la principal causa de muerte en Chile, con más de 24,000 defunciones anuales, lo que representa aproximadamente un tercio de todas las muertes. Aunque el riesgo de morir por estas enfermedades se redujo en un 16% en los últimos 10 años (de 161.8 por 100,000 habitantes en 1998 a 136.6 por 100,000 en 2007), las ECV siguen siendo la principal causa de muerte en adultos de 65 años y más. En este grupo etario, la hipertensión arterial (75%) y la diabetes (26%) son las enfermedades más prevalentes.
Fundamentos de la Estrategia Preventiva Cardiovascular
Existen argumentos sólidos que justifican la implementación de una estrategia preventiva para combatir el impacto de las ECV, entre ellos:
- La ECV es la principal causa de muerte prematura, invalidez y contribuye significativamente al aumento de los costos sanitarios a nivel mundial.
- La aterosclerosis subyacente se desarrolla de forma gradual durante años, a menudo en estado avanzado antes de que aparezcan los síntomas.
- La muerte por ECV ocurre frecuentemente de manera súbita, imposibilitando la aplicación de muchas intervenciones terapéuticas o limitándolas a paliativas.
- En términos generales, la ECV está estrechamente relacionada con el estilo de vida y factores fisiológicos y bioquímicos modificables.
- Se ha demostrado que las modificaciones en los factores de riesgo son capaces de reducir la mortalidad y morbilidad por ECV, especialmente en individuos de alto riesgo.
- La hipertensión arterial condiciona fuertemente la ECV y cerebrovascular, y en personas mayores, su control deficiente impacta en la aparición de demencia.
Prevención Cardiovascular en el Adulto Mayor
Se distinguen tres estrategias de prevención de la ECV: poblacional, primaria de alto riesgo y secundaria. La estrategia poblacional es crucial para reducir la incidencia general de ECV, ya que busca disminuir los factores de riesgo a nivel de toda la población mediante cambios en el estilo de vida y el entorno. Las estrategias de prevención primaria de alto riesgo y secundaria se enfocan en individuos con riesgo cardiovascular elevado o con ECV establecidas, respectivamente. A pesar de que los adultos mayores han sido históricamente excluidos de muchos ensayos clínicos, la evidencia actual sugiere que obtienen beneficios similares o incluso mayores de las terapias preventivas que los pacientes más jóvenes. Esto subraya la importancia de incluir a los adultos mayores en la mayoría de las estrategias de prevención y reducción de riesgo.

Políticas Públicas y Estilo de Vida
Es fundamental implementar políticas públicas dirigidas al adulto mayor, que incluyan:
- Establecimiento de planes y programas sanitarios apropiados para incentivar el envejecimiento activo, saludable y exitoso.
- Fortalecimiento de la atención primaria y mejora en la formación de profesionales de la salud en la atención a adultos mayores.
- Implementación de una red de establecimientos de larga estadía para el cuidado de los adultos mayores, siguiendo el ejemplo de países europeos.
La esperanza de vida está influenciada por factores genéticos, pero el estilo de vida y otros factores ambientales tienen un impacto profundo. Las alteraciones cardiovasculares vinculadas a la edad pueden mitigarse con intervenciones en el estilo de vida, como la actividad física y la restricción calórica. La actividad física y un índice de masa corporal (IMC) apropiado pueden reducir la mortalidad en adultos mayores con ECV. Es importante señalar que estudios en adultos mayores de 65 años han mostrado una asociación en forma de U entre fragilidad e IMC, con los niveles más bajos de fragilidad en personas con IMC entre 25 y 29.9.
El Papel Crucial de la Actividad Física
Existe una evidencia científica contundente de que el ejercicio físico regular reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares y otras enfermedades crónicas en adultos mayores. Los estudios observacionales muestran consistentemente que los adultos mayores activos tienen un menor riesgo de limitaciones funcionales y una mejor calidad de vida. El consenso científico destaca que la actividad física aeróbica moderada a intensa es el principal determinante de los beneficios para la salud. Una actividad aeróbica moderada implica entre 150 y 300 minutos de ejercicio de intensidad mediana, o entre 75 y 150 minutos de ejercicio físico intenso por semana, dividida en sesiones de al menos 10 minutos. No todos los ejercicios tienen el mismo impacto en el corazón; los ejercicios cardiovasculares son los más efectivos. Caminar a paso rápido es ideal para principiantes, mientras que el Entrenamiento en Intervalos de Alta Intensidad (HIIT) combina períodos breves de ejercicio intenso con descanso. Además del ejercicio aeróbico, el entrenamiento de fuerza también ofrece beneficios significativos para la salud cardiovascular.
Las guías de salud pública recomiendan al menos 150 minutos de ejercicio moderado a la semana, lo que equivale a unos 30 minutos de actividad física cinco días a la semana. La clave es la constancia y que el ejercicio sea adecuado al nivel de condición física individual. El sedentarismo es un factor de riesgo importante para las enfermedades cardíacas, y el ejercicio regular previene su aparición. Incluso para personas con enfermedades cardíacas, el ejercicio puede ser beneficioso, siempre bajo supervisión médica. Después de un infarto o cirugía cardíaca, el ejercicio es crucial en la rehabilitación, mejorando la circulación, reduciendo el riesgo de complicaciones, controlando el peso y disminuyendo el estrés en el corazón.
OMS: Envejecimiento saludable, añadamos vida a los años
Cómo Debería Ser su Rutina de Ejercicios
Un plan de actividad física idealmente debería incluir los siguientes componentes:
- Calentamiento Previo: Dedique de 5 a 10 minutos a estiramientos y ejercicios lentos para preparar el cuerpo. Estos deben incluir elongación muscular, flexibilidad articular y caminata suave.
- Actividad Aeróbica: Realícela de forma progresiva, buscando alcanzar entre 30 y 60 minutos en cada sesión. ¡La constancia es clave!
- Vuelta a la Calma: Al finalizar el ejercicio, tómese otros 5 minutos para enfriar el cuerpo con ejercicios más lentos y menos enérgicos. La rigidez inicial es normal; evite forzar movimientos y avance gradualmente.
Un ejercicio adecuado le permitirá:
- Conversar durante la actividad.
- Respirar cómodamente.
- Experimentar una sensación de agrado, no de fatiga excesiva, después del esfuerzo.
Si experimenta cansancio excesivo o molestias, consulte a su médico.
Consejos para Empezar su Programa de Ejercicios
- Escoja actividades que le gusten y le resulten entretenidas.
- Aprenda una nueva actividad o mejore una que ya realice.
- Empiece lentamente, ¡no se exceda!
- Use ropa y zapatos cómodos.
- Intente hacer ejercicio a la misma hora para convertirlo en parte de su rutina diaria.
- Beba agua antes, durante y después de cada sesión.
- Invite a un amigo, pareja o familiar a unirse para animarse mutuamente.
- Anote los días de ejercicio, su duración y cómo se siente después de cada sesión.
- Si un día no puede realizar su rutina, planifique reponerla otro día, sin duplicar el ejercicio en la siguiente sesión.
Otras Consideraciones Importantes
- No se compare con otras personas; su meta debe ser la salud personal y la mejora de su condición física.
- Si siente ganas de abandonar, recuerde las razones por las que comenzó y lo que ya ha logrado.
- Incluya pequeños cambios en su vida diaria para aumentar su actividad física.
Mecanismos Biológicos y el Ejercicio en el Envejecimiento
El envejecimiento es un proceso multifactorial que implica cambios moleculares y celulares que llevan al deterioro tisular y la disfunción orgánica. La inactividad física se asocia con un mayor riesgo cardiovascular en edades avanzadas. Las recomendaciones actuales para adultos proponen entre 150-300 min/semana de actividad física moderada o 75-150 min/semana de intensidad vigorosa, incluyendo ejercicio aeróbico y de fuerza, equilibrio, flexibilidad y coordinación. En mayores de 65 años, se aconseja actividad física multicomponente dos o más días por semana para mejorar la capacidad funcional y reducir el riesgo de caídas.
El cumplimiento de estas recomendaciones se asocia con una reducción del 31% del riesgo de mortalidad. El ejercicio puede influir en el daño al ADN, el acortamiento telomérico, las alteraciones epigenéticas, la pérdida de proteostasis, la macroautofagia, la desregulación de vías de sensado de nutrientes, la disfunción mitocondrial, la senescencia celular y los cambios en la matriz extracelular, todos ellos relacionados con el envejecimiento y la enfermedad cardiovascular.

El ejercicio también induce cambios en la comunicación órgano-órgano a través de "exerquinas" y otras moléculas circulantes. La irisina, una de estas moléculas, disminuye con la edad pero aumenta con el ejercicio, retrasando la senescencia vascular y preservando la función endotelial. La inflamación crónica de bajo grado ("inflammaging"), caracterizada por la elevación de CRP, IL-6 y TNF-α, se vincula con ECV. Estudios epidemiológicos y ensayos sugieren que el ejercicio regular reduce esta inflamación.
La disbiosis asociada a la edad también se ha relacionado con fragilidad y enfermedades crónicas. Un mayor recuento diario de pasos se asocia con más abundancia de bacterias beneficiosas y menor presencia de patógenos. El ejercicio puede mejorar la microbiota intestinal, lo que a su vez tiene efectos antiinflamatorios y de protección de la barrera intestinal. En modelos animales, la microbiota ha demostrado mediar la cardioprotección del ejercicio. Finalmente, el ejercicio mejora la salud mental en adultos mayores, reduciendo el riesgo de síntomas depresivos, mejorando el bienestar psicológico y la calidad de vida.
Consideraciones en la Prescripción del Ejercicio
El ejercicio debe considerarse una intervención terapéutica, prescribiéndose e integrándose en el cuidado habitual, personalizándolo según la condición clínica y los objetivos de cada individuo, especialmente en mayores con comorbilidades. Es importante recordar que existe un posible patrón en U entre el volumen de ejercicio y los resultados en salud; el ejercicio excesivo puede afectar negativamente al corazón, favoreciendo la fibrosis auricular y aumentando el riesgo de arritmias, cambios que se superponen con procesos propios del envejecimiento. En la consulta, el ejercicio permite actuar simultáneamente sobre el riesgo cardiovascular clásico y sobre las rutas biológicas del envejecimiento que sostienen la progresión de la enfermedad.
Prevención Cardiovascular desde la Niñez
En Chile, las enfermedades cardiovasculares han sido una de las principales causas de muerte durante décadas, y la génesis de estas patologías comienza en la gestación. Existe una asociación entre el menor peso al nacer y una mayor frecuencia de ECV, obesidad y diabetes en la vida adulta. La malnutrición por exceso, como la obesidad, que afecta al 54% de los escolares chilenos, aumenta el riesgo de estas enfermedades. La obesidad y la intolerancia a la glucosa e hipertensión arterial en la niñez se asocian con un mayor riesgo de muerte antes de los 55 años. La lactancia materna en los primeros años de vida es fundamental para prevenir la obesidad. Para disminuir el riesgo de ECV en la niñez, se debe promover una alimentación saludable, libre de advertencias en el etiquetado, y generar instancias para el desarrollo del movimiento y el ejercicio. Se debe estimular el juego libre y el movimiento al aire libre. La recomendación actual es que todos los niños, niñas y adolescentes realicen una hora diaria de actividad física moderada a intensa. Sin embargo, en Chile, los escolares ven 3 o más horas de televisión al día, y casi el 90% de los adolescentes son sedentarios. Los niños menores de 2 años no deben exponerse a pantallas con fines recreativos. En resumen, la prevención de las enfermedades cardiovasculares comienza tempranamente en la niñez, con un papel trascendente en el aprendizaje de hábitos de vida sanos en la familia.