La realidad de los adultos mayores que continúan trabajando después de la edad de jubilación es un fenómeno creciente, impulsado principalmente por la insuficiencia de las pensiones y la necesidad de cubrir gastos básicos. En Chile, esta situación es cada vez más visible, afectando a miles de personas que, a pesar de sus años y posibles problemas de salud, se ven obligadas a mantenerse activas laboralmente.

Panorama Laboral de la Población Mayor en Chile
Actualmente en Chile, un 12,3% de la población laboralmente activa corresponde a mayores de 60 años, lo que representa un aumento del 4% en comparación con la década anterior. A agosto de 2024, la tasa de ocupación de las personas mayores de 60 años era del 30,1%. Para quienes se encuentran en edad de jubilación -es decir, 60 años para mujeres y 65 para hombres-, esta cifra era del 23,1%, equivalente a 773.057 personas.
Este nivel es significativamente menor al alcanzado antes de la pandemia por COVID-19, cuando en 2019 llegó al 36%, para luego reducirse al 27% durante 2020.
Precarización y Empleo Informal
Estas cifras, sin embargo, no reflejan la precariedad del escenario laboral para la población mayor. Gran parte de estos trabajos son informales, una situación que se agrava una vez alcanzada la edad legal de jubilación. El empleo informal en este segmento de la población es una realidad que se repite en otros países, sugiriendo una relación inversa entre edad y formalidad laboral. En Chile, la mayor proporción de personas ocupadas informalmente después de la edad de jubilación corresponde a mujeres.
En cuanto a los ingresos, quienes trabajan en el sector informal ganan en promedio 208.450 pesos, en contraste con los ocupados formales que perciben 526.000 pesos en promedio.
Distribución Geográfica y Sectorial
- La región con la mayor tasa de ocupación entre los adultos en edad de jubilación es Aysén, con un 41%.
- La menor tasa de ocupados se encuentra en Los Lagos, con apenas 17%.
Los empleos formales se concentran en áreas como la administración pública, la defensa, y las actividades de alojamiento y servicios de comidas. Por otro lado, los trabajadores informales se encuentran mayoritariamente en sectores como servicios administrativos y de apoyo, construcción y ganadería.
Causas y Consecuencias de la Necesidad de Trabajar
¿Cómo se afecta la calidad de vida de los adultos mayores que padecen algún tipo de demencia?
Bajas Pensiones como Principal Motor
Las bajas pensiones son uno de los factores que más inciden en la decisión de las personas mayores de seguir trabajando después de la edad de jubilación. Muchas han pasado parte de su vida laboral en la informalidad, lo que limita sus cotizaciones previsionales y las deja en una situación económica precaria. Mauricio Apablaza, investigador de Cipem y académico de la UDD, afirmó que el aumento del desempleo a 8,9% al cierre del primer trimestre dejó un sabor amargo entre los economistas, y esta situación impacta directamente en las oportunidades para los adultos mayores.
Yani Baeza, quien lleva cuatro años trabajando en aseo, y Mario González, coinciden en el sentimiento de abandono por parte del Estado. Yani, con sus manos callosas y una enfermedad ósea producto de su duro trabajo, expresó: “Si a uno le dicen, ahí tienes una cantidad mensual suficiente de dinero como jubilación, uno no funciona más, menos si uno ya tiene sus años y enfermedades, entonces quien va a trabajar feliz así. Acá hay viejos que andan a la arrastra, porque lo que reciben no alcanza, 130 mil pesos, quien vive con eso en este país.”
Mario Pavez, presidente de la Unión Comunal de Adultos Mayores de Concepción, señaló que “la fuerza mayor por la que se continúa trabajando es que las pensiones que tenemos hoy son muy malas, en algunos casos extremadamente malas, y eso hace que mucha gente que debía estar gozando de su jubilación tiene que dedicarse a trabajar para poder seguir con el sustento familiar.”
Inseguridad Alimentaria y Nutricional
Uno de cada tres adultos mayores (con ingresos de $840 mil) declaró que sus ingresos no le permiten satisfacer sus necesidades básicas. Además, el 19% de estos hogares tiene la preocupación permanente de no tener suficientes alimentos. Mauricio Apablaza aseguró que esta situación “refleja no solo la inseguridad alimentaria, sino también y de manera más general un problema nutricional más extendido.” Aproximadamente un 10% de la población adulto mayor tiene problemas de desnutrición, mientras que un 50% tiene sobrepeso u obesidad, fenómeno caracterizado por el alto consumo de déficit de micronutrientes.
Dificultades en el Acceso a Empleo
El estudio del Observatorio del Envejecimiento consultó sobre las motivaciones para trabajar a personas mayores activas laboralmente o que se encontraban buscando empleo. Las personas en búsqueda de empleo declararon una gran dificultad para acceder a oportunidades laborales, incluso aquellos con trayectorias profesionales. Esto, sumado a la pobreza, que según la Encuesta Casen 2017 se triplicó en los últimos tres años, alcanzando un 24% del total de la población, agrava la situación.
Además, se denuncia una "doble explotación" hacia los adultos mayores: “Exigirles a los adultos mayores que sigan trabajando es una doble explotación, ya que además se les paga un salario muy por debajo de la que recibe la gente más joven, por eso es un aprovechamiento mayor. Nosotros decimos no a laborar después de haber jubilado. No se debe abusar de él porque tiene necesidad.”
Testimonios y Ejemplos de Vida

Concepción, una de las ciudades más longevas del país, según el Censo de 2017, cuenta con alrededor de 28.000 habitantes de la tercera edad. Muchos de ellos reciben la Pensión Básica Solidaria de Vejez (PBSV) de $107.304, una suma que a menudo no les permite cubrir sus gastos.
Casos Emblemáticos en Concepción
- Tegualda Chopp, 80 años: Recibe 105.000 pesos de pensión. Vende frutas y verduras hace 60 años en la esquina de Caupolicán con Maipú. Se levanta a las 6:00 horas todos los días para llegar a su puesto y debe comprar mensualmente remedios para su artrosis que consumen toda su pensión.
- Ciro Ruz, 74 años: Artesano que recibe 107.000 pesos de pensión. Desde hace 13 años elabora colgadores para la ropa y destapadores de cocina, vendiéndolos en calle Castellón. Su primera venta del día, un colgador de $6.000, le alcanza para el almuerzo de él y su hija.
- José: Vendedor ambulante en calle Caupolicán que comercializa matamoscas, cortauñas, candados y pomadas. Recuerda haber usado el periódico para taparse del frío cuando era joven y dormía en la calle. Destaca el riesgo constante de incautación de mercancía o robo por delincuentes.
- Juana Arratia Alvear, 60 años: A pesar de su discapacidad, no recibe pensión alguna. Viaja de Coronel a Concepción de lunes a viernes para vender ropa en la entrada de la Galería Alessandri. Le encanta escribir y desea plasmar en poemas la realidad de los adultos mayores, a quienes considera olvidados.
La Dura Realidad de los Vigilantes Mayores
Esteban Valenzuela, un conserje de 79 años, compartió con The Clinic el complicado contexto de su labor profesional, atribuyendo su situación a las bajas pensiones. “Es por la miseria de jubilación que tenemos. Uno a diario gasta 10 mil, y 200 mil pesos para el mes no alcanza. Yo pago arriendo, luz, agua, gas. Hay que comer. Tengo una hija menor de edad y tiene sus necesidades, hay que comprarle uniforme y útiles. Yo por eso trabajo”, explicó. En un mes, incluso hubo días en que él y su esposa no pudieron comer debido a la insuficiencia de dinero, exacerbada por una hospitalización.
Impacto Psicológico y Tolerancia a la Frustración
La obligación económica de seguir trabajando después de la edad de jubilación genera un alto nivel de frustración y otras emociones negativas. Cuando una persona tiene que trabajar por obligación y no por decisión propia, surgen sentimientos de desesperanza, tristeza y estrés. Esto puede ir acompañado de síntomas como mal genio, mayor irritabilidad y enojos frecuentes. El psicólogo consultado precisó que los adultos mayores que manifiestan esto están más susceptibles a los efectos del entorno y experimentan las emociones de manera más intensa. Ante esta situación, se recomienda el autocuidado y la comunicación como herramientas fundamentales.
Yani y Mario, a pesar de sus labores, coinciden en que la palabra "retiro" no existe para ellos dadas sus actuales condiciones económicas y de vida.