En las últimas décadas, los países de América Latina y el Caribe han experimentado profundos cambios demográficos, entre los cuales destacan la reducción de la fecundidad y la mortalidad, así como el aumento de la esperanza de vida. Como resultado de estas transformaciones, la estructura poblacional se ha modificado de una forma radical y en menos de 20 años se duplicará la cantidad de personas mayores (Huenchuan, 2012).
Hoy en día, la población, gracias a los avances científicos, médicos y tecnológicos, es cada vez más longeva, con un aumento significativo de personas que superan los ochenta años. Sin embargo, uno de los problemas acuciantes de nuestra sociedad es el creciente número de adultos mayores que se enfrentan a la soledad y el abandono. Esta realidad eleva también los riesgos en seguridad social, exposición a delitos y daño en la salud mental al vivir en soledad.
Macarena Rojas, directora ejecutiva del Centro UC Estudios de Vejez y Envejecimiento, comenta que la vejez forma parte de una realidad heterogénea, donde algunos adultos mayores de rangos etarios menores permanecen activos laboralmente por más años y no necesariamente en desprotección o abandono.

¿Qué se Entiende por Abandono del Adulto Mayor?
El término abandono de ancianos se refiere a la negligencia o desatención hacia las personas mayores, quienes requieren cuidados específicos debido a su edad avanzada y, en muchos casos, condiciones de salud asociadas. Se define como la falta de provisión de cuidados básicos por parte de los responsables legales, familiares o cuidadores. Esta omisión puede incluir el descuido en aspectos como la higiene, alimentación, medicación, compañía y asistencia emocional.
Esta situación de desamparo de la persona mayor por alguien que había asumido la responsabilidad de cuidarla o por la persona a cargo de su custodia, es lo que conceptualizamos como abandono. Al respecto, la Suprema Corte de Justicia de la Nación se ha pronunciado en el sentido de que el Abandono de Personas se da en el momento en que el obligado o quien tiene el deber deja de proporcionar los medios de subsistencia sin causa justificada (Suprema Corte de Justicia de la Nación, 2010).
También se considera abandono cualquier acto único o repetido que causa daño o sufrimiento a una persona de edad, o la falta de medidas apropiadas para evitarlo, producido en una relación basada en la confianza. Este puede adoptar diversas formas, como el maltrato físico, psíquico, emocional o sexual, y el abuso de confianza en cuestiones económicas.
Causas y Consecuencias del Abandono en la Vejez
El abandono de ancianos está influido por una combinación de factores sociales, económicos y familiares. El abandono social es una realidad cuya consecuencia es la ausencia del reconocimiento que todos los seres humanos necesitan para desarrollarse satisfactoriamente, siendo el reconocimiento social de todos sus miembros el pilar del crecimiento de una colectividad.
El aislamiento y la soledad en el anciano son cada vez más patentes en una sociedad inmersa en una creciente competitividad y deshumanización. Se ha observado que aproximadamente el 20 por ciento de la población experimenta la soledad y el abandono social en un entorno de estrés y violencia, lo que ha ocasionado importantes cambios sociales y culturales que han venido a neutralizar los valores tradicionales que protegían a la familia y, en especial, a los adultos mayores (Flores Lozano, 2000).
Basado en las características anteriores, el llegar a la tercera edad puede ser sinónimo de soledad. Por las exigencias que impone la sociedad, la familia y, en último término, el individuo también llevan a que el adulto mayor se margine y se le abandone. Con base en estas características, el tipo principal de abandono que sufre el adulto mayor es la falta de atención y cuidado por parte de los familiares, lo cual afecta directamente los aspectos psicológicos y emocionales.

A partir de los ochenta años, para muchos adultos mayores se dificulta realizar actividades básicas por su propia cuenta y sin ayuda. Por esta razón, algunos se rinden y abandonan actividades que les brindan placer o les ayudan a mantener una buena salud, como el ejercicio físico. En consecuencia, solo esperan que les llegue la hora, viviendo momentos de ansiedad o sufriendo accidentes en intentos por escapar de esa pasividad y valerse por sí mismos.
Las consecuencias del abandono son graves para la salud física y mental. El aislamiento social y la falta de apoyo emocional pueden tener efectos devastadores, y el deterioro mental y la depresión influyen y pueden llegar a provocar suicidios en personas mayores. Estudios recientes demuestran la relación de la soledad y el abandono con los suicidios en este grupo poblacional.
La soledad en la tercera edad.
La Problemática del Abandono Institucional y Familiar
El abandono de ancianos no se limita al entorno familiar. En muchas ocasiones, puede ocurrir en instituciones como residencias geriátricas, donde el personal no proporciona los cuidados necesarios debido a la sobrecarga laboral, falta de capacitación o recursos insuficientes.
La reciente publicación del caso de una persona mayor que permanece hospitalizada durante meses en Chile, pese a tener el alta médica, es una señal de alerta sobre una falla estructural. El hospital no es el lugar donde empieza el abandono, es el lugar donde el abandono se vuelve visible.
“En Chile estábamos muy arraigados al acompañamiento familiar. Era muy común familias que convivían con los abuelos constantemente. Eso hoy día se ha modificado mucho. Las familias se han transformado, hay menos hijos para cuidar, acompañar o sostener a los mayores. Muchas veces viven en ciudades o en regiones distintas, y algunas personas mayores también por voluntad propia quieren mantener su independencia”, explica Macarena Rojas, directora ejecutiva del Centro UC Estudios de Vejez y Envejecimiento.
Por otra parte, es necesario mencionar que a pesar de la existencia de ordenamientos legales, en la realidad se ven transgredidos los derechos de los adultos mayores por quienes tienen la obligación o el resguardo, a menudo porque el anciano se niega a denunciar o demandar, toda vez que existe una relación sentimental con la persona que tiene el deber (Consejo Estatal de la Mujer y Bienestar Social, 2014). En muchas ocasiones, las víctimas temen las consecuencias que podría tener esa denuncia tanto para ellas como incluso para los posibles agresores.
El Abandono como Exclusión Social y la Indigencia
Las calles y los espacios públicos de las ciudades, principalmente, son los escenarios por donde transitan los cuerpos de la exclusión. Hoy en día, el número de excluidos ha aumentado y se ha diversificado, incluyendo personas sin hogar, inmigrantes, indígenas, nuevos pobres, desplazados, refugiados, entre otros. La indigencia es una manifestación social caracterizada por el desarraigo y la estigmatización de hombres y mujeres adultos que viven y satisfacen sus necesidades en las calles de las zonas urbanas, desarrollando su cotidianidad en la precariedad crónica (Rojas, 2006).
Este fenómeno es una realidad a la vista de todos, y al parecer no es responsabilidad de nadie, más que del propio individuo que por circunstancias de su forma de vivir se encuentra en esa condición. Los adultos mayores en situación de indigencia se ven obligados a crear una nueva forma de vida, adecuándose a la calle y extrayendo los beneficios que esta les puede otorgar para su supervivencia. Construyen una nueva forma de vivir y socializar y se desenvuelven en un entorno mediático y discriminante, lo cual no es una opción, sino una obligación.

Makowski (2010) describe el abandono como uno de los signos que marcan la experiencia de la exclusión, donde el descuido familiar se resemantiza en el abandono de instituciones que no logran retenerlos. Finalmente, se experimenta el abandono social: ser una persona de la calle implica no tener casi ningún lugar, ya que las instituciones de asistencia social y privada suelen hacerse cargo solo de los menores de 16 años.
Las personas en situación de calle deben sumar a sus precarias condiciones de vida una estigmatización que los señala como culpables de su destino e individuos peligrosos. Erving Goffman (1963) define el estigma como el proceso en el cual la reacción de los demás estropea la "identidad normal". La exclusión de las personas en indigencia se alimenta de la estigmatización social, calificándolos de "peligrosos", "delincuentes", "improductivos" o "vagabundos", lo que justifica acciones de represión y exclusión.
Este proceso de exclusión se conjuga con el desarraigo experimentado en sus historias de vida, debido a la constante pérdida de vínculos y redes sociales como la familia, amigos o el trabajo. Al analizar el concepto de indigencia de adultos mayores, se observa que el Estado a menudo no cumple con lo estipulado en la ley, ya que estas personas viven en las calles sin protección ni programas de alimentación, salud o apoyo económico, siendo un grupo vulnerable sin el resguardo estatal.
El abandono hace visible el déficit de funcionamiento de las instancias sociales y familiares, y alude también a la deriva individual, al dejarse ganar por el sufrimiento. La exclusión tiene múltiples facetas: la dimensión tecno-económica se refiere a quienes se ubican en sectores económicamente débiles o al margen de la transformación tecnológica, mientras que la dimensión sociopolítica afecta a quienes no tienen protección social, acceso a vivienda digna ni trabajo estable. El problema de la falta de una pensión que garantice una efectiva seguridad social para los adultos mayores no concierne solo a un país, sino que es una situación que enfrentan la mayoría de las naciones.
Marco Jurídico y Protección de los Derechos del Adulto Mayor
La Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) determina que todo individuo tiene derecho a la vida, la libertad y la seguridad de su persona (art. 3); a la seguridad social y a la realización de todos los derechos económicos, sociales y culturales esenciales para el desarrollo de su personalidad (art. 22); y a la oportunidad de participar en actividades culturales, compartir los beneficios de las artes y las ciencias, así como a contar con un seguro para la vejez (art. 27).
Estudios han demostrado que la gran mayoría de los adultos mayores no conocen sus derechos, lo que limita su exigibilidad y propicia actos de discriminación, abandono y maltrato. En el Estado de México, en 2008 fue promulgada la Ley del Adulto Mayor, con la finalidad de otorgar derechos a los adultos mayores domiciliados o de paso por la entidad.
El artículo 5 de esta ley establece que los adultos mayores deben ser sujetos de programas de asistencia social en caso de desempleo, discapacidad y pérdida de sus medios de subsistencia, así como de programas para tener acceso a una casa hogar, albergue u otras alternativas de atención integral, si se encuentran en situación de riesgo o desamparo (Ley del Adulto Mayor del Estado de México, 2008). El artículo 33 de la misma ley menciona la obligación de la familia hacia los adultos mayores de otorgarles alimentos extraordinarios a los establecidos en el Código Civil (Art. 4.135), incluyendo sustento, habitación, vestido, y atención médica y hospitalaria. Asimismo, el artículo 4.131 del Código Civil hace mención de que los hijos están obligados a dar alimentos a los padres.

En el ámbito penal del Estado de México, la ley otorga protección a los adultos mayores cuando sus derechos son quebrantados o violados por actos u omisiones de familiares u otras personas. Se considera abandono penal la conducta de quien, estando obligado por ley, abandona sin motivo justificado a sus descendientes, ascendientes, cónyuge, concubina, concubinario o acreedor alimentario, sin recursos para atender sus necesidades de subsistencia, aun cuando estos se vean obligados a allegarse recursos por otros medios. La conducta desplegada es la de omitir el auxilio, en virtud de que la persona es incapaz de cuidarse.
Iniciativas Legislativas en Chile
En Chile, el proyecto de ley “Hijito Corazón” busca dar respuesta a esta problemática, inspirado en la conocida “Ley Papito Corazón”, responsabilizando legalmente a los hijos en el cuidado de sus padres mayores de 80 años en situación de vulnerabilidad, con el objetivo de reducir el abandono y asegurar apoyo en alimentación, vivienda y salud. Este proyecto también pretende establecer sanciones en casos de incumplimiento, fortaleciendo la protección jurídica frente al maltrato o desamparo familiar. El abandono se produce cuando cualquier persona o institución no asume la responsabilidad que le corresponde en el cuidado del adulto mayor, o habiendo asumido la custodia, lo desampara voluntariamente.
Desafíos y Responsabilidad Estatal
A pesar de la existencia de marcos jurídicos, en la realidad se observan numerosas transgresiones a los derechos de los adultos mayores. Casos recientes, como el fallecimiento de un adulto mayor de 94 años en Independencia, Chile, cuyos restos en estado de abandono fueron hallados tras 12 meses, o el hallazgo de una mujer de 87 años con indicios de desnutrición en El Quisco, evidencian la gravedad del problema.
Según datos del Censo, los hogares conformados por personas de 65 años o más aumentaron del 4,3% en 1992 al 11,6% en 2024 en Chile, proyectándose un aumento significativo de viviendas unipersonales habitadas por este segmento. El Censo Poblacional 2010 del INEGI en México, por su parte, advierte sobre la concentración de la población adulta mayor en la entidad mexiquense, con el 54.8% del total en solo 10 municipios.
Chile envejeció rápido, pero sus políticas no han avanzado al mismo ritmo. En sociedades que envejecen aceleradamente, el abandono en la vejez no puede seguir tratándose como un problema privado o familiar. No basta con la indignación pública; la Convención sobre los Derechos de las Personas Mayores es vinculante. Cuando una persona mayor permanece hospitalizada por falta de alternativas de cuidado, estamos ante una posible infracción al derecho a la dignidad, al cuidado, a la autonomía y a vivir con seguridad, todos ellos reconocidos en la Convención.
La experiencia internacional muestra que este problema puede abordarse si se reconoce a tiempo, y que no basta con reaccionar cuando el caso aparece en la prensa. Se necesita anticipación, sistemas de alerta, redes comunitarias, servicios domiciliarios, apoyo a cuidadores y una institucionalidad capaz de actuar antes de que la situación se vuelva extrema. Denunciar estos casos, llevarlos a tribunales y exigir el cumplimiento de la Convención no es confrontar al Estado. Mientras no exista un sistema de cuidados suficientemente robusto, seguirán apareciendo situaciones límite que ponen en riesgo la dignidad de las personas mayores. Estamos frente a un incumplimiento del Estado.
Acciones para Combatir el Abandono
La detección temprana del abandono de ancianos es crucial para prevenir daños mayores. La prevención requiere un enfoque multidisciplinar que incluya la participación de profesionales de la salud, familiares y la comunidad.
Podemos ayudar a adultos mayores de diferentes maneras:
- Escuchar sus necesidades y asegurarles una atención médica adecuada.
- No dejarlos completamente solos y facilitar que tengan contacto con otras personas.

Es vital recalcar que abandonar a una persona mayor es una forma de ejercer violencia sobre ella. Si se tiene conocimiento de una situación de mayor gravedad, es fundamental comunicarse y realizar una denuncia ante las autoridades competentes, como la policía o fiscalía.
La vejez es una etapa de la vida por la que todos transitaremos. Para luchar contra el abandono de adultos mayores, debemos comenzar por cambiar nuestro propio comportamiento con las personas de la tercera edad en nuestras familias, convirtiéndonos en un ejemplo. Este cambio debe ser sostenido a lo largo del tiempo con empatía, constancia, tolerancia y calidez humana, tratando a la persona como si nos estuviéramos tratando a nosotros mismos.