El Papa Francisco ha reflexionado en múltiples ocasiones sobre la vejez y la importancia de los ancianos en la sociedad, condenando enérgicamente la "cultura del descarte" que a menudo los margina. Según el Pontífice, «los ancianos tienen mucho que darnos porque ahí está la sabiduría de la vida» y «tienen tanto que enseñarnos».
La Sabiduría de la Vejez y la Preocupación del Papa Francisco
El Papa Francisco ha abordado la vejez en su serie de charlas, haciendo hincapié en que «cuando eres viejo, ya no tienes el control de tu cuerpo». Explicó que «como personas mayores, no podemos hacer lo que hacíamos cuando éramos jóvenes». Destacó la necesidad de aceptar que «el cuerpo tiene un ritmo diferente, y debemos escucharlo y aceptar sus limitaciones. Todos las tenemos». Para los ancianos, la enfermedad puede parecer «acelerar la muerte y disminuir ese tiempo que nos queda de vida, que ya consideramos corto».
El Papa recordó el relato evangélico de la curación de Jesús de la suegra de San Pedro: «Cuando ve a la anciana mujer enferma, la toma de la mano y la sana: el mismo gesto que hace para resucitar esa joven que había muerto, la toma de la mano y hace que se levante, la sana poniéndola de nuevo en pie». Con este ejemplo, el Santo Padre recordó a los cristianos que el «espíritu de intercesión y servicio» enseñado por Jesús debe ser seguido por todos, sin relegarlo solo a las mujeres.

La "Cultura del Descarte": Un Peligro para la Sociedad
El Papa Francisco advirtió en repetidas ocasiones sobre los peligros de una sociedad que excluye a sus miembros más vulnerables, una realidad que él denomina «cultura del descarte». Expresó su preocupación de que «los ancianos no deben ser dejados solos, deben vivir en familia, en comunidad, con el afecto de todos». Añadió que «si no pueden vivir en familia, debemos ir a buscarlos y estar cerca de ellos». Enfatizó que sería «mucho mejor un mundo en el que nadie tenga miedo de terminar sus días solo».
El Pontífice hizo un llamado a la sociedad: «Por favor, busquen a sus abuelos, no los marginen, es por su propio bien». Subrayó la importancia de la memoria, afirmando: «No debemos perder la memoria». Recordó una anécdota personal sobre cómo el descuido de los ancianos y los niños puede afectar a una familia: la historia de un abuelo que fue trasladado a comer solo en la cocina porque «al envejecer, se le caía la sopa y se manchaba».
Esta mentalidad se manifiesta cuando un país «envejece y no hay niños, ya no ves carritos de niños en las calles, no ves mujeres embarazadas», llevando a la frase: «Un niño, mejor no…». Esto es «trágico», dijo, cuando «en ese país hay más jubilados que trabajadores», una situación que muchos países hoy están empezando a vivir como un invierno demográfico.

La Pérdida de Raíces y Tradiciones
El Papa advirtió que «cuando se descuida a los viejos, se pierde - digámoslo sin vergüenza - la tradición». Explicó que la tradición «no es un museo de cosas viejas, es la garantía del futuro, es el jugo de las raíces que hace crecer el árbol y que da flores y frutos». Para Francisco, una sociedad sin lugar para los ancianos es una sociedad con el «virus de la muerte», tal como lo menciona en Amoris Laetitia 193. Este virus, similar al del individualismo, puede ser «peor que el coronavirus». «Descartar a los ancianos es dejar a la humanidad sin raíces y un árbol sin raíces no se sostiene ni se nutre».
Formas de Descarte: Abandono y Eutanasia Encubierta
La cultura del descarte se manifiesta en el abandono y la indiferencia hacia los mayores. Para el Papa, «la ancianidad a muchos les da miedo. La consideran una especie de enfermedad con la que es mejor no entrar en contacto». Reflexionó sobre la creencia de que «los ancianos no nos conciernen -piensan- y es mejor que estén lo más lejos posible, quizá juntos entre ellos, en instalaciones donde los cuiden y que nos eviten tener que hacernos cargo de sus preocupaciones». Esto es la «cultura del descarte», una mentalidad que «autoriza a imaginar caminos separados entre “nosotros” y “ellos”».
El Pontífice ha denunciado la «eutanasia encubierta», que describe como una forma contemporánea de descartar a los ancianos. «¡Cuántas veces - escribe el Pontífice - se descarta a los ancianos con actitudes de abandono que son una auténtica eutanasia encubierta!» Esta es una «cultura de la muerte en la que prevalecen la exclusión y el descarte», una «lógica perversa que lleva a privar a las personas de edad avanzada de los cuidados y medicamentos necesarios».
En su discurso a la Asociación Religiosa de Institutos Sociales y Sanitarios (Aris) en 2023, Francisco recordó que en varios países «los ancianos deben tomar cuatro o cinco medicinas y consiguen solo tener dos: esta es una eutanasia progresiva, porque no se les da lo que necesitan para curarse». Citó su visita a un hogar de ancianos en Buenos Aires en 2014, donde «las camas estaban llenas; y, como no había más camas, ponían colchones en el suelo y estaban los viejitos ahí». Observó: «Sábanas sucias, con todo tipo de suciedad, sin servilletas, y los viejitos comían ahí, se limpiaban la boca con la sábana. Eso lo vi yo, no me lo contó nadie». Esta «eutanasia encubierta», según el Papa, «acorta la vida de los ancianos» y «con esto negamos la esperanza».
Hogar de Ancianos El Buen Samaritano - Documental
El Valor Inestimable de los Ancianos y la Esperanza
Contrario a la idea de descarte, el Papa Francisco enfatiza el valor de los ancianos. «Una larga vida -así enseña la Escritura- es una bendición, y los ancianos no son parias de los que hay que tomar distancia, sino signos vivientes de la bondad de Dios que concede vida en abundancia». Subrayó: «¡Bendita la casa que cuida a un anciano!». La ancianidad, aunque «no es una estación fácil de comprender», debe ser valorada. El Papa señaló que «las sociedades más desarrolladas invierten mucho en esta edad de la vida, pero no ayudan a interpretarla; ofrecen planes de asistencia, pero no proyectos de existencia».
El Papa Francisco a menudo recurre a la profecía de Joel: «Vuestros ancianos soñarán, vuestros jóvenes tendrán visiones», una de sus profecías preferidas. Esto representa la «cultura de la esperanza» que encarnan «viejos y jóvenes», quienes son la «certeza de la supervivencia de un país, de una patria, de la Iglesia». La imagen de la abuela rumana con su nieto que el Papa recuerda, «como diciendo: “Esta es mi victoria, este es mi triunfo”», es un símbolo de esta esperanza.
El Pontífice destacó que el amor de Dios es siempre «sembrar amor y hacer crecer al pueblo. No cultura del descarte». Propuso a los párrocos hacer un «examen de conciencia»: «¿Cómo me comporté hoy con los niños y los ancianos?». El Papa Francisco es claro: «el anciano no es un material de descarte: es una bendición para la sociedad». Es un «compromiso para la comunidad cristiana y para la sociedad civil, llamadas a trabajar juntas por la alianza entre las generaciones», el «valorar el tesoro que son, sus experiencias de vida, la sabiduría que tienen y el aporte que son capaces de ofrecer».
Iniciativas y Reconocimiento: Hacia una Sociedad Inclusiva
Para contrarrestar esta mentalidad de descarte, Francisco anunció la institución de la «Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores» para cada cuarto domingo de julio. Esta iniciativa busca «reconocerles al interior de la Iglesia y en la sociedad». La vacunación masiva, especialmente para los ancianos, es vista como un gesto de respeto, a pesar de que aún falten «muchas y mejores políticas públicas para mejorar la calidad y la dignidad de la vejez». Se espera que esta atención sirva para el «reencuentro de abuelos y nietos, para continuar siendo los eslabones entre las generaciones y los transmisores de los valores en la cultura», ya que «los abuelos nos han entregado todo el amor y cuidado durante nuestra niñez».
La ONU, junto con otras organizaciones, celebra el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez cada 15 de junio. Este día busca visibilizar la vulnerabilidad de las personas mayores, especialmente en situaciones de emergencia. «Las catástrofes naturales, las pandemias o los conflictos - recuerda la Onu - afectan de manera desproporcionada a las personas mayores, exacerbando aún más su vulnerabilidad». Es «crucial tener en cuenta sus necesidades en la planificación y respuesta ante emergencias, ya que suelen tener problemas de movilidad, enfermedades crónicas o aislamiento social». Estos factores dificultan su capacidad para acceder a ayuda, evacuar o recibir atención médica, y «el estrés y el caos de las emergencias pueden aumentar el riesgo de malos tratos a las personas mayores».