Vulnerabilidad Social de las Mujeres y el Análisis de la CEPAL

Desde su creación hace más de 70 años, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha identificado el papel central que desempeña la desigualdad como obstáculo estructural para el desarrollo de la región. En esta perspectiva renovada, el pensamiento estructuralista se integra con una agenda ligada a la construcción de una sociedad de derechos y la promoción de instituciones que impulsen la igualdad, así como con la agenda de sostenibilidad ambiental.

La CEPAL ha desarrollado el concepto de la “matriz de la desigualdad social” para dar cuenta de las múltiples dimensiones de la desigualdad y reconoce que la “cultura del privilegio” es un rasgo histórico constitutivo de las sociedades de América Latina y el Caribe. Esta cultura constituye la base para la reproducción de la desigualdad, al naturalizar las jerarquías sociales y las enormes asimetrías de acceso a las oportunidades, los frutos del progreso, la deliberación política y los activos productivos.

El Compromiso de la CEPAL y ONU Mujeres con la Igualdad de Género

El 3 de abril de 2025, en el marco de la Octava Reunión del Foro de los Países de América Latina y el Caribe sobre el Desarrollo Sostenible (Foro ALC2030), la CEPAL y ONU Mujeres presentaron la segunda edición del informe conjunto La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y la Agenda Regional de Género en América Latina y el Caribe: Indicadores de género a 2024. Esta publicación actualiza el análisis del progreso regional hacia la igualdad de género a partir de 68 metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en sinergia con los compromisos de la Agenda Regional de Género emanada de la Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe.

Durante la presentación del informe, Ana Güezmes García, Directora de la División de Asuntos de Género de la CEPAL, subrayó que “América Latina y el Caribe se destaca por los avances normativos para la igualdad formal, o ante la ley con avances en eliminar leyes discriminatorias y han fortalecido la arquitectura de género en el Estado y los sistemas de información de género. No obstante, ningún país de la región ha alcanzado la igualdad sustantiva. Los nudos estructurales de la desigualdad persisten y los avances se ponen en riesgo en un contexto de crisis del desarrollo y el ataque al multilateralismo y la cooperación entre los países.”

Por su parte, María Noel Vaeza, Directora Regional de ONU Mujeres para las Américas y el Caribe, destacó que “la evidencia de los datos no es un punto de llegada, sino un punto de partida para transformar la realidad. La igualdad de género exige decisiones basadas en información desagregada, con enfoque interseccional, y el compromiso sostenido de todos los sectores para garantizar derechos y cerrar brechas que afectan a las mujeres y niñas de nuestra región.”

La región enfrenta múltiples crisis que profundizan las desigualdades y afectan de forma desproporcionada a mujeres y niñas. Este panorama se refleja claramente en los resultados del análisis de las 68 metas seleccionadas: solo el 19,1 % muestra un pronóstico favorable para ser alcanzado hacia 2030; el 48 % avanza con una tendencia correcta pero aún insuficiente, y el 27 % presenta retrocesos.

Infografía: Progreso regional hacia la igualdad de género y ODS

Feminización de la Pobreza y Retrocesos en Derechos

Entre los hallazgos destacados del informe, se señala que tres de cada diez mujeres en la región viven en situación de pobreza y una de cada diez en pobreza extrema. La feminización de la pobreza se mantiene: por cada 100 hombres en situación de pobreza, hay 121 mujeres.

Gráfico: Feminización de la pobreza en América Latina y el Caribe

El análisis de los seis ODS seleccionados revela que los mayores retrocesos se concentran en el acceso a servicios de salud, a empleo decente, a protección frente a la violencia, y en la participación en espacios de toma de decisiones.

La vulnerabilidad social de las mujeres se agudiza con la pandemia de COVID-19, la cual está ocasionando a nivel mundial un impacto desproporcionado en la población más pobre, especialmente en mujeres con índices de trabajo informales. La aislación social, además, conlleva a otros fenómenos sociales que ocupan los primeros índices de delitos, como es la violencia doméstica.

La Matriz de la Desigualdad Social y sus Dimensiones

Desde la mirada de derechos, la igualdad es un valor intrínseco que provee el marco normativo y fija los umbrales mínimos e incrementales de bienestar. A fin de avanzar hacia una mayor igualdad se requieren en particular políticas públicas de desarrollo social inclusivo y sostenible que promuevan la protección social universal, integral y sostenible, así como el trabajo decente y los servicios sociales de calidad.

La desigualdad es una característica histórica y estructural de las sociedades latinoamericanas y caribeñas; es resultado de una compleja matriz de determinantes. Por un lado, refleja la heterogeneidad estructural de sus sistemas productivos, caracterizados por la concentración del empleo en trabajos informales y de poca calidad, con bajos ingresos y limitado o nulo acceso a mecanismos de protección social.

El concepto de la “matriz de la desigualdad social” contribuye a avanzar el análisis y la reflexión sobre este fenómeno complejo, multidimensional y multicausal, con miras a orientar el diseño y la implementación de políticas públicas en favor de la igualdad. El primer eje de la matriz es el estrato socioeconómico, cuyos elementos centrales incluyen los ingresos, la propiedad y los recursos y activos productivos y financieros. Sin embargo, los ejes estructurantes de la matriz de desigualdad social incluyen, además del estrato socioeconómico, las desigualdades de género, las étnicas y raciales, las territoriales y aquellas relacionadas con las diferentes etapas del ciclo de vida de las personas, incluyendo también dimensiones como la discapacidad, el estatus migratorio, la orientación sexual y la identidad de género.

Esquema conceptual: La matriz de la desigualdad social de la CEPAL

Una manera de visualizar cómo opera la matriz de desigualdad social en la región es mediante la observación de que la incidencia de la pobreza y la pobreza extrema difiere según sus distintos ejes estructurantes. Por ejemplo, la pobreza es mayor entre las mujeres en edad activa: en 2019 la tasa de pobreza fue 12.7% mayor entre éstas que entre los hombres de edad similar, como lo indica un índice de feminidad de la pobreza de 112.7.

La pandemia de la COVID-19 ha tenido un impacto discriminado en diversos grupos de población y su capacidad de respuesta, reflejando así la matriz de la desigualdad social en la región. Por ejemplo, la imposibilidad de trabajar desde el domicilio y las condiciones de hacinamiento han aumentado el riesgo de infección de la población en situación de pobreza y vulnerabilidad.

Desigualdad de Ingresos y su Impacto

Entre las múltiples dimensiones de la matriz de desigualdad, los ingresos tienen una particular relevancia, porque condicionan en gran medida el acceso a los distintos bienes y servicios y a las oportunidades de las personas para lograr la vida a la que aspiran. En las distintas ediciones del Panorama social de América Latina de la CEPAL, el análisis de la desigualdad del ingreso ha tenido una relevancia central.

Las tendencias regionales de la desigualdad del ingreso muestran que desde la década de los noventa y hasta principios de los 2000, la desigualdad del ingreso se caracterizó por una rigidez a la baja o una leve tendencia al alza. Sin embargo, desde comienzos de los años 2000, la desigualdad del ingreso disminuyó significativamente. Entre 2002 y 2014, el coeficiente de Gini bajó a un ritmo de 1.1% anual. Esta tendencia es distinta de lo que ocurre en los países desarrollados, donde se observan menores pero crecientes niveles de desigualdad del ingreso a lo largo de las últimas tres décadas.

Factores de Reducción y Estancamiento

Los estudios que han abordado la disminución de la desigualdad en la región tienden a coincidir en al menos dos factores subyacentes. Uno es que el impulsor más importante de la disminución de la desigualdad ha sido el mercado laboral, a través de una distribución más equitativa de los ingresos por persona ocupada. Esto se debe a la caída del desempleo y a la reducción de las brechas salariales entre los trabajadores más y menos calificados, a menudo sostenida por políticas de salario mínimo. El segundo aspecto destacado es que las transferencias monetarias desde el Estado -tanto de protección social contributiva como de la no contributiva- han sido una fuente de ingresos importante para reducir la concentración de la distribución del ingreso.

Entre 2014 y 2019, la tendencia de reducción de la desigualdad se mantuvo, pero su ritmo se redujo considerablemente, conectándose con la pérdida de dinamismo del proceso de creación de empleos.

Impacto de la Pandemia de COVID-19 en la Desigualdad

En 2020, la CEPAL estimó que, como resultado de la pandemia de COVID-19, en América Latina ha habido un cambio de tendencia, con un aumento de la desigualdad del ingreso. Un primer factor explicativo de este cambio es la pérdida de ingresos laborales por la interrupción del empleo. Para las personas del primer quintil, la reducción de ingresos sería del 42%, mientras que para las del quinto quintil sería de alrededor del 7%. Como resultado de estas tendencias, para 2020 se estimó un aumento del 5.6% del coeficiente de Gini promedio respecto a 2019.

Gráfico: Impacto de COVID-19 en la pérdida de ingresos laborales por quintil en América Latina

A pesar de los avances previos, el valor regional del índice de Palma en 2019 (11.7) implica que por cada 100 unidades monetarias de ingresos recibidas en promedio por el 40% de la población más pobre, el sector más rico (10% de la población) recibía un promedio de 1.170. Además, las encuestas de hogares no captan adecuadamente los ingresos del extremo superior de la distribución, subestimando sistemáticamente la desigualdad, lo que sugiere que la reducción de la desigualdad a partir del 2000 no fue tan pronunciada como se pensaba.

Escenarios Cambiantes y la Agudización de la Vulnerabilidad Femenina

En enero de 2020, en Santiago de Chile, en la XIV Conferencia Regional de la Mujer de la CEPAL, se plantearon los nuevos escenarios cambiantes que ponen en riesgo y en vulnerabilidad a las mujeres. Estos son: la globalización económica y financiera, la revolución digital, el cambio demográfico y el cambio climático. Todo ello relacionado con los desafíos de un sistema de cuidado integral y social, señalado por la CEPAL y ONU Mujeres.

La vulnerabilidad de las mujeres en este nuevo escenario, donde el sistema económico mundial está afectando con un capitalismo desregulado, financiarización y marcos regulatorios que traen más desigualdades, es parte de lo que esta pandemia ha revelado como un secreto a voces sobre la realidad de las mujeres.

La Pandemia de COVID-19: Un Catalizador de Desigualdades Existentes

La crisis del coronavirus, según ONU Mujeres, avisa sobre el papel de las mujeres en esta pandemia, la cual está teniendo efectos no solo médicos, sino también sociales, que amenazan con acentuar de forma particular las vulnerabilidades de las mujeres. En primera línea en múltiples frentes abiertos, la crisis deja visible un sistema sanitario superado por las circunstancias que también “desvía recursos” de servicios considerados más prescindibles en un momento de emergencia, como atención prenatal o anticonceptiva, solo por mencionar.

Otro riesgo potencial es que la desigualdad se agudiza, entre otras razones, por la mayor implicación de las mujeres en trabajos informales, que sufren un mayor impacto en tiempos de crisis, o directamente no remunerados. En los hogares, pueden notar más los efectos perniciosos de medidas como cuarentenas o confinamientos producto de esta crisis, dejando a las mujeres sin poder lograr un sustento y cubrir las necesidades básicas de sus familias, sin dejar de lado el tema de la violencia doméstica, que se hace invisible.

La cuarentena convierte el hogar en el centro de la rutina, pero para muchas mujeres, el hogar no es un lugar de descanso sino de trabajo. Sobre sus hombros suele recaer el cuidado de los demás y tareas como la limpieza o la cocina.

Políticas Públicas y Desafíos Institucionales para la Igualdad Sustantiva

Urge un nuevo modelo de desarrollo en una agenda para las mujeres, con políticas públicas que logren el desarrollo sustantivo de las mujeres. Las debilidades institucionales son muchas, incluyendo las tecnológicas, de recursos humanos, así como la asignación de presupuestos para poder implementar la política y elaborar nuevos planes que puedan romper los nudos de desigualdad. La crisis del coronavirus ha puesto en evidencia que persiste la vulnerabilidad social de las mujeres y que va en escala si no se toman medidas para erradicar esta desigualdad.

Esta nueva crisis nos lleva a evaluar si las instituciones encargadas de transversalizar estas políticas y planes lo están cumpliendo, y si existe el compromiso de Estado para romper y desatar estos nudos críticos de las desigualdades, que reflejan la situación y condición social de las mujeres en todas sus dimensiones.

El Camino Hacia una Sociedad del Cuidado

El informe conjunto de CEPAL y ONU Mujeres fue concebido como una herramienta para la toma de decisiones, orientada a acelerar la implementación de la Agenda 2030 y la Agenda Regional de Género. “El camino hacia una sociedad del cuidado requiere transformar el estilo de desarrollo a través de políticas públicas, inversiones estratégicas y cooperación multilateral, con base en datos oficiales y con enfoque interseccional”, afirmó Ana Güezmes.

En Panamá, por ejemplo, en 2012 se elaboró su Política Pública de Igualdad de Oportunidades para las Mujeres con su plan de acción. Sin embargo, en ocho años no se cuenta con un informe que refleje el cumplimiento ni los avances de esta política, ni con un sistema de monitoreo que permita evidenciar si las brechas han aumentado o disminuido.

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La nueva mirada cepalina está en sintonía con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, la que expresa un consenso sobre la necesidad de avanzar hacia sociedades más inclusivas, solidarias y cohesionadas, y coloca a las personas en el centro, al hacer un llamado a “que nadie se quede atrás” en la senda del desarrollo sostenible.

En un marco en el que la igualdad es el horizonte estratégico del desarrollo inclusivo, las propuestas de política social adquieren mayor importancia y su foco se amplía de la erradicación de la pobreza y la pobreza extrema a la reducción de las múltiples dimensiones de la desigualdad, así como a la necesidad de proveer protección social a amplios sectores de la población de América Latina y el Caribe que viven en condiciones de vulnerabilidad.

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