Vulnerabilidad Multidimensional: Ejemplos y Aplicaciones

La vulnerabilidad multidimensional es un concepto crucial para entender las complejidades de las privaciones y riesgos que enfrentan las poblaciones, especialmente en contextos de crisis o desigualdad estructural. Este enfoque va más allá de la pobreza por ingresos, integrando diversas dimensiones del bienestar humano.

Esquema de las dimensiones de la vulnerabilidad multidimensional

Análisis de la Vulnerabilidad Multidimensional en Ciudades de Quintana Roo, México

Un estudio enfocado en siete ciudades de Quintana Roo, México, analizó la vulnerabilidad social utilizando un enfoque multidimensional para comprender las dinámicas territoriales que impactan a una población con grandes disparidades y crecimiento constante debido al turismo. Se desarrolló un índice de vulnerabilidad social (IVS) con cuatro variantes: bivariado, absoluto, relativo y sintético. Este índice fue construido a partir de 18 variables del Censo de Población y Vivienda 2020 a nivel de manzana urbana.

La metodología aplicada, de alta replicabilidad y resolución espacial, considera la vulnerabilidad como un fenómeno sistémico que requiere intervenciones específicas y adaptadas a los contextos sociales particulares. Los resultados de este análisis muestran patrones complejos de vulnerabilidad en áreas urbanas densamente pobladas, particularmente en zonas periféricas, barrios marginados y asentamientos irregulares. Se identificaron factores clave como el bajo nivel educativo del jefe del hogar, la alta proporción de menores, la falta de acceso a servicios de salud y la carencia de servicios básicos.

El Caso de Santa Olga, Chile: Reconstrucción Post-Incendio y Vulnerabilidad

El caso de Santa Olga, una localidad chilena, es un ejemplo notorio de vulnerabilidad multidimensional en el contexto de desastres naturales. En 2017, las regiones de la zona centro-sur de Chile, incluyendo O’higgins, Maule y BioBío, fueron afectadas por mega-incendios que arrasaron con más de 546.677 hectáreas. La crisis climática, la densificación de la interfaz urbano-rural, los cambios en el uso de suelo y la gestión de la industria forestal y maderera, en relación con el manejo de las plantaciones de especies exóticas, son las principales razones del aumento de los incendios forestales en las últimas décadas, tanto en su duración, intensidad y severidad. De hecho, según González (2018), el área anual devastada por incendios superiores a 200 hectáreas ha aumentado en más del 80% en los últimos 20 años.

Factores de Vulnerabilidad y el Impacto del Desastre

La temporada de incendios de 2017 se considera una de las peores registradas en la historia de Chile. La Región del Maule, especialmente la comuna de Constitución y sus localidades aledañas, sufrieron grandes pérdidas, incluyendo la destrucción total de poblados como Santa Olga. Allerton et al. (2019) señalan que los asentamientos afectados estaban rodeados por plantaciones forestales, las cuales desaparecieron entre las llamas. La destrucción de estos bosques afectó directamente las oportunidades laborales de la industria forestal y maderera, principal fuente de trabajo de las comunidades. En tan solo 4 horas, los incendios consumieron Santa Olga, prácticamente todos sus habitantes perdieron sus viviendas, aunque solo una persona falleció.

Previo al incendio, las viviendas de Santa Olga se consideraban oficialmente como zona rural y tenían acceso parcial o nulo a servicios básicos, con un porcentaje importante de personas que ocupaban terrenos de forma irregular. Según Román (2020), en 2017, Santa Olga tenía alrededor de 5.000 residentes, aunque solo unos pocos tenían títulos de dominio reconocidos por el Estado. El resto vivía en situaciones informales o casi informales. Esto explicaba la falta de calles pavimentadas y aceras, así como un acceso parcial a agua potable, servicios sanitarios y electricidad.

Santa Olga : La reconstrucción desde la perspectiva humana

La Reconstrucción y la Resiliencia

La respuesta de las autoridades y del sector privado fue rápida, y Santa Olga y las demás localidades fueron reconstruidas, pero no como antes. La reconstrucción pudo empezar mucho antes porque el fuego prácticamente no dejó escombros y casi no fue necesario reparar sistemas de agua potable, alcantarillado, tendido eléctrico y calles. Además, como no había necesidad de respetar un plan regulador o una unidad arquitectónica original, Santa Olga presentó la oportunidad de diseñar y planificar una comunidad desde cero y codo a codo con sus habitantes, lo que permitió crear el pueblo en el que deseaban vivir.

La vulnerabilidad de comunidades como la de Santa Olga debe ser abordada de forma múltiple: hay vulnerabilidad por nivel socioeconómico, por la fragilidad de los puestos de trabajo y, antes de la reconstrucción, por la precariedad de los servicios básicos. Pero también hay vulnerabilidad de género y por la constitución de las familias: las mujeres suelen llevarse la carga más pesada al ser quienes, por rol tradicional, deben hacerse cargo de niños, ancianos y personas en situación de discapacidad (Allerton et al 2019). Los trabajos de medio tiempo, donde se desempeñan principalmente mujeres, son los primeros en ser eliminados en tiempos de estrés financiero (Román, 2020).

Pobreza Multidimensional en Chile: Más allá de los Ingresos

La última encuesta de Caracterización Socioeconómica (Casen 2017) en Chile reveló que, a pesar de una disminución significativa de la pobreza por ingresos (del 29,1% en 2006 al 8,6% en 2017), más de un quinto de la población (el 20,7%) se encuentra en situación de pobreza multidimensional. Esto representa a tres millones y medio de personas que sufren carencias en ámbitos como educación, salud, vivienda, entorno o cohesión social.

Gráfico comparativo de pobreza por ingresos y pobreza multidimensional en Chile

Dimensiones de la Pobreza Multidimensional

La pobreza multidimensional mide las carencias en aspectos que las personas valoran en relación con su vida y que afectan sus procesos de desarrollo, impactando en la libertad que tienen los ciudadanos de elegir la vida que desean, ya que no tienen las capacidades para hacerlo. Desde 2015, la encuesta Casen mide cinco dimensiones clave:

  • Educación: Asistencia escolar, escolaridad y rezago escolar.
  • Salud: Malnutrición en niños y niñas, adscripción a un sistema de salud y atención de salud.
  • Trabajo y seguridad social: Ocupación, seguridad social y jubilaciones.
  • Vivienda y Entorno: Habitabilidad, servicios básicos y entorno.
  • Redes y cohesión social: Apoyo y participación social, trato igualitario y seguridad. Esta variable fue añadida en 2015.

Un hogar se califica en situación de pobreza multidimensional si presenta un 22,5% o más de carencias en las áreas descritas. Esta situación genera una gran cantidad de personas en vulnerabilidad: "usted ya no está bajo una línea de pobreza absoluta, sino que se encuentra en una situación en que puede caer nuevamente en ella a la primera de cambios. Usted no tiene cierto grado de seguridad y de protección, las que tienen que ver con el trabajo, con educación, con salud", describe Leonardo Moreno, experto en Derecho y Políticas Públicas.

Impacto y Correlación de Vulnerabilidades

La existencia de ingresos suficientes para subsistir no exime de las distintas vulnerabilidades que componen la pobreza multidimensional, las cuales pueden dificultar la búsqueda de trabajo, la calidad de este, el acceso a educación o la capacidad de reaccionar o costear un tratamiento de salud. Por ejemplo, más de la mitad de las personas en pobreza multidimensional están ocupadas, pero no tienen cotización previsional, lo que implica que no aportan a sus fondos para jubilación ni imponen para salud.

La educación también varía significativamente: el 7% de las personas en pobreza multidimensional son analfabetas, comparado con el 2,7% en el resto de la población. Además, más de la mitad de los hogares en esta situación tienen al menos un adulto que no ha terminado su educación media. Leonardo Moreno cree que existe una fuerte correlación entre estas vulnerabilidades y el llamado "estallido social" en Chile, argumentando que "las causas más profundas del malestar social" residen en que "el que tiene mal barrio tiene mala salud, mala educación, mal transporte, mal trabajo".

Vulnerabilidad Multidimensional en el Contexto de Emergencias Sanitarias: COVID-19

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Iniciativa sobre Pobreza y Desarrollo Humano de Oxford (OPHI) han colaborado para estudiar cómo los Índices de Pobreza y de Vulnerabilidad Multidimensional (IPM e IVM) pueden utilizarse en la elaboración de planes, políticas públicas e intervenciones equitativas para la preparación, respuesta y recuperación de emergencias sanitarias. Las emergencias sanitarias, como la pandemia de COVID-19, afectan tanto a personas como a modos de vida, y representan una mayor amenaza para quienes ya se encuentran en una situación de desventaja.

Los IPM y los IVM, al captar las privaciones superpuestas que padecen las personas, identifican a quienes están en peor situación o son especialmente vulnerables, integrando información sobre las múltiples dimensiones del desarrollo humano y la pobreza. Este primer estudio sobre los usos de los IPM y los IVM en contextos de emergencias sanitarias detectó al menos cuatro formas en que se han utilizado o podrían utilizarse para informar de manera equitativa en la preparación, respuesta y recuperación de tales emergencias.

Innovaciones en la Medición de la Vulnerabilidad al COVID-19

Basándose en el método Alkire-Foster, varios países confeccionaron IVM cuyo objetivo principal era captar las vulnerabilidades superpuestas que se producen en el contexto del COVID-19. Estos IVM permitieron identificar a algunas de las poblaciones más vulnerables a la pandemia, así como las principales privaciones que contribuían a aumentar su vulnerabilidad multidimensional.

  • Irak: El Ministerio de Planificación ideó un IVM para realizar una evaluación rápida de la vulnerabilidad multidimensional a los riesgos que implica el COVID-19 y sus repercusiones socioeconómicas.
  • Honduras: El IVM de COVID-19 hondureño incluyó indicadores sobre las personas vulnerables a la enfermedad, así como indicadores relacionados con el empleo, la capacidad de recuperación económica, salud, seguridad alimentaria y vivienda.

Además de la construcción de nuevas mediciones, se han utilizado y adaptado otras ya existentes. OPHI, por ejemplo, realizó un análisis interrelacionado de la pobreza y la vulnerabilidad multidimensionales ante las enfermedades, utilizando el IPM global. Los resultados mostraron que 3.600 millones de personas en todo el mundo están afectadas por la desnutrición, la falta de una fuente de agua limpia o la probable exposición a la contaminación del aire en interiores, indicadores conectados con la vulnerabilidad a las enfermedades y la mortalidad global.

Aplicaciones y Adaptaciones Regionales

Los IPM y los IVM también pueden vincularse o fusionarse directamente con datos adicionales de interés a nivel de agregados. La Dirección Nacional de Estadística de Colombia (DANE), por ejemplo, fusionó diferentes fuentes de datos para analizar los niveles de pobreza multidimensional y otros indicadores con motivo de la pandemia del COVID-19 en 2020.

Finalmente, los IPM ya existentes pueden ser analizados mediante técnicas de microsimulación. Un ejercicio utilizando datos de la Encuesta sobre Condiciones de Vida en Afganistán (ALCS) de 2016/17 simuló varios escenarios sobre cómo los trastornos causados por la pandemia del COVID-19 podrían influir en los indicadores del IPM y, por consiguiente, en la pobreza multidimensional general de Afganistán. Los resultados mostraron que los niveles de pobreza multidimensional podrían aumentar entre 9 y 20 puntos porcentuales.

La colaboración entre la OMS y OPHI puso de manifiesto la flexibilidad y adaptabilidad del método Alkire-Foster, permitiendo mediciones y análisis que van más allá de las aplicaciones existentes.

La Pobreza Multidimensional y el COVID-19 en México y Otros Países

El COVID-19 trajo consigo retos económicos y de salud sin precedentes. Esta crisis ha resaltado la innovación y creatividad de los países en el uso y adecuación de sus propios indicadores de pobreza multidimensional, así como de otras herramientas de medición para enfrentar mejor este enorme desafío. En México, se estimó que el número de personas en situación de pobreza extrema podría incrementarse de 6.1 a 10.7 millones.

Mapa interactivo de pobreza y COVID-19 en México

La plataforma "Visor Geoespacial de la Pobreza y COVID-19 en los municipios de México" permite visualizar el comportamiento temporal y espacial de la pandemia, así como su vínculo con espacios de mayor incidencia de pobreza. El turismo, un sector vital para México, fue fuertemente afectado. En Bután, para diseñar una respuesta de emergencia para los trabajadores del sector turístico, se produjo una evaluación telefónica rápida del impacto socioeconómico y se creó, junto con OPHI, un Índice Multidimensional de Vulnerabilidad para el turismo.

En África, varios países realizaron grandes esfuerzos estadísticos. En Kenia, la Evaluación del Impacto Económico a los Hogares se implementó usando entrevistas telefónicas asistidas por computadora. Sudáfrica, gravemente afectada, estableció un fondo de ayuda social. El Índice de Pobreza Multidimensional de Sudáfrica (SAMPI) de 2016 fue vital para la elaboración de perfiles de distritos y municipios, utilizados en la planificación y toma de decisiones. Además, el Instituto de Estadísticas de Sudáfrica realiza encuestas rápidas en línea y una Encuesta General de Hogares anual incluirá un módulo para obtener un índice COVID-19.

Vulnerabilidad Infantil en Argentina ante la Pandemia

En Argentina, alrededor de 2 de cada 10 niñas y niños viven en hogares que pueden ser caracterizados como estructuralmente pobres. Una pandemia o epidemia impacta el bienestar de la población a través de diversos canales, tanto directos (afectando la salud y capacidad de generación de ingresos de un miembro del hogar) como indirectos (restricciones gubernamentales, crisis económica, imposibilidad de asistir a la escuela). Las niñas y los niños que están al cuidado de personas mayores afectadas se ven perjudicadas, y la imposibilidad de asistir a la escuela también agrava su situación.

Condiciones Sociales Preexistentes y Riesgos

Así como el nuevo coronavirus provoca mortalidad en personas mayores por condiciones de salud preexistentes, las condiciones sociales preexistentes pueden impactar el bienestar de la población. Los canales de transmisión directos, como la enfermedad o muerte de un perceptor de ingresos del hogar, afectan directamente el bienestar. Los canales indirectos, originados en medidas gubernamentales como el aislamiento o la crisis económica, no difieren en sus efectos de las tradicionales.

Un grupo importante de niñas, niños y adolescentes del país enfrenta riesgos de ver empeorada su situación de bienestar. El porcentaje de niñas y niños en situación de vulnerabilidad preexistente, con los indicadores utilizados, va desde el 28% al 63% en el conjunto de hogares y del 30% al 72% en los hogares cuya jefa es una mujer, sin diferencias significativas por sexo.

Más de la mitad de niñas y niños residen en hogares cuya jefa de hogar o persona de referencia tiene una probabilidad positiva de fallecer a partir de los 40 años. Entre un 56% y un 58% de las niñas y niños de Argentina residen en hogares con algún tipo de riesgo de experimentar mortalidad de su PR. Los hogares monoparentales, en su gran mayoría regidos por mujeres, presentan un riesgo económico y de cuidado, ya que si la madre trabaja, las niñas y niños pueden quedarse solos; si se dedica al cuidado, los ingresos del hogar pueden caer, poniendo en riesgo el sustento material.

Más de la mitad de niñas y niños viven en hogares con ingresos insuficientes, lo que impacta sobre todas las dimensiones del bienestar: posibilidades de educarse, de disponer de medicamentos, de alimentarse adecuadamente. Esto demuestra que, a pesar de la gran cobertura y focalización de los programas de protección social vigentes, no resultan suficientes para cubrir los presupuestos familiares.

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