Sara y el nacimiento de Isaac: Una historia de fe y promesas cumplidas

Sara, una figura central en las escrituras bíblicas, fue la esposa de Abraham y, según la narración, la madre de Isaac. Su historia, marcada por la fe, la espera y el cumplimiento de promesas divinas, se desarrolla en el contexto de la antigüedad y las tradiciones del Cercano Oriente.

El Anuncio y el Cumplimiento de la Promesa

El Señor visitó a Sara tal como lo había dicho e hizo lo que había prometido. Ella quedó embarazada y le dio un hijo a Abraham cuando ya era muy viejo, en la época del año que Dios había dicho. Al hijo que Sara le dio, Abraham lo llamó Isaac. Abraham circuncidó a su hijo Isaac cuando cumplió ocho días de nacido, tal como Dios se lo había ordenado. Abraham ya tenía 100 años de edad cuando nació su hijo Isaac.

Por eso Sara dijo: «Dios me ha hecho reír y todo el que escuche esto se reirá conmigo». Y añadió: «¿Quién le hubiera dicho a Abraham que yo llegaría a darle hijos? Pero yo le he dado a luz a un hijo en su vejez». El niño creció y dejó de tomar leche de pecho. Ese día Abraham hizo una gran fiesta.

Ilustración de Sara y Abraham celebrando el nacimiento de Isaac

Tensiones Familiares y la Decisión Divina

Sara vio que Ismael, el hijo de Agar la egipcia, jugaba con Isaac. Entonces Sara le dijo a Abraham: «Tienes que echar de aquí a esa esclava y a su hijo. El hijo de esa esclava no va a compartir la herencia con mi hijo Isaac». A Abraham no le gustó nada la idea porque se trataba de un hijo suyo.

Entonces Dios le dijo a Abraham: «No te preocupes por tu esclava ni por el muchacho. Haz todo lo que Sara te diga, ya que tu verdadera descendencia será trazada sólo a través de Isaac. También haré una nación con el hijo de la esclava porque él es hijo tuyo».

Abraham madrugó al otro día, tomó pan y un recipiente de cuero con agua y se los dio a Agar, colocó todo junto con el niño en la espalda de ella y le dijo que se fuera. Agar se fue y vagó por el desierto de Berseba. Cuando se le acabó el agua del recipiente de cuero, Agar bajó al niño y lo puso debajo de un arbusto.

Se sentó a cierta distancia, aproximadamente la distancia de un tiro de flecha, porque ella pedía: «No me dejes ver la muerte de mi hijo». Se sentó a esa distancia y comenzó a llorar.

Agar y el niño Ismael en el desierto

La Intervención Divina y la Promesa para Ismael

Pero Dios escuchó la voz del niño, y el ángel de Dios bajó desde el cielo. Él le dijo: «Agar, ¿qué te pasa? No te asustes, Dios ha escuchado el llanto del niño. Ponte de pie, levanta al niño y reconfórtalo. De él haré una gran nación». Después Dios permitió que ella viera una fuente de agua. Así que ella fue, llenó su recipiente de cuero con agua y le dio de beber al niño.

Dios estaba con el niño a medida que él crecía. Ismael vivió en el desierto y se convirtió en lanzador de flechas. Vivió en el desierto del Parán; su mamá le consiguió una mujer egipcia.

Pacto de Abraham con Abimélec

En ese tiempo Abimélec y Ficol, el jefe de su ejército, le dijeron a Abraham: -Dios está contigo en todo lo que haces. Por lo tanto, prométeme aquí ante Dios que no me traicionarás ni a mí ni a mis hijos, ni a mis descendientes. Que como yo he sido leal a ti, tú serás leal a mí y a mis tierras, donde has vivido como extranjero.

Entonces Abraham dijo: -Lo prometo.

Abraham se quejó con Abimélec acerca de un pozo de agua que los siervos de Abimélec le habían quitado. Abimélec dijo: -No sé quién ha hecho esto, tú no me lo habías dicho y sólo hasta hoy me entero.

Abraham tomó ovejas y ganado, se los dio a Abimélec y ambos hicieron un pacto. Abraham separó siete ovejas del resto del rebaño. Luego Abimélec le dijo a Abraham: -¿Qué significan estas siete ovejas que has separado del resto?

Abraham respondió: -Aceptarás de mí estas siete ovejas como prueba de que yo construí este pozo. Después de esto el pozo fue llamado Berseba, porque ambos hicieron un pacto. Entonces ellos acordaron su pacto en Berseba. Después Abimélec y Ficol, el jefe de su ejército, se fueron y regresaron a la tierra de los filisteos.

Abraham sembró un árbol de tamarisco en Berseba, y adoró allí al SEÑOR, el Dios eterno. Abraham vivió como extranjero en la tierra de los filisteos por mucho tiempo.

Abraham y Abimélec sellando un pacto cerca de un pozo

Trasfondo y Significado de Sara

Sara (hebreo: שָׂרָה, Śārā; árabe: سَارَة, Sāra; griego: Σάρα, Sára; latín: Sara) fue, según la Biblia, la esposa de Abraham y madre de Isaac. El libro del Génesis narra que su nombre original era Sarai (hebreo: שָׂרַי, Saray), pero Yahveh la enalteció llamándola "Sara" antes de concederle el milagro de tener un hijo a la edad de noventa años.

La Biblia cuenta que en un principio Sara había incitado a Abraham a tener un hijo con su esclava Agar, pero más tarde, después del nacimiento de Isaac, expulsó a dicha mujer y a su hijo Ismael. El nombre "Sara" se relaciona con el verbo hebreo SaR (שר), que significa "gobernar, mandar o reinar", de la raíz SaRaR (שרר). Esto sugiere una posición de autoridad o nobleza.

El Talmud señala que Sara era notable por su belleza y que poseía un don de profecía superior al de Abraham, siendo considerada como una "corona" para su marido. Durante el viaje a Egipto, Abraham, temiendo por su vida, la hizo pasar por su hermana. El Faraón, impresionado por su belleza, le ofreció regalos a Abraham e incluso le dio a su hija Agar como esclava, creyendo que así honraba a Sara.

Sara era estéril hasta que recibió un milagro después de que su nombre fuese cambiado de "Sarai" a "Sara". Cuando su fertilidad fue restaurada, dio a luz a Isaac. La fe de Sara es destacada, especialmente en su disposición a dejar su hogar en Ur y seguir a Abraham, confiando en las promesas de Dios a pesar de su avanzada edad y su esterilidad previa.

Representación de Sara en su juventud en Ur

La Fe de Abraham y Sara

El Génesis 12 marca el inicio de la historia de Abraham (entonces llamado Abram) y su esposa estéril, Sara. Aunque en la primera comunicación divina no se menciona directamente el regalo de un hijo, Dios insinúa su plan para Abram. Abraham tenía 75 años cuando recibió la promesa, y Génesis 21:5 indica que tenía 100 años cuando nació Isaac, mientras que Sara tenía 90.

Durante los 25 años entre la promesa de un hijo y el nacimiento de Isaac, Abram y Sara intentaron facilitar el cumplimiento de la promesa de maneras propias, como la idea de que su mayordomo, Eliezer, fuera el heredero, o que Abraham tuviera un heredero con Agar, la esclava de Sara.

Abraham es llamado el padre de la fe debido a su respuesta a Dios, tanto al dejar su tierra natal como al recibir un hijo en su vejez. Génesis 15:4-5 describe la promesa de Dios a Abraham de que su descendencia sería como "las estrellas del cielo". A pesar de su avanzada edad y la falta de hijos, Abraham nunca dudó de la bondad de Dios ni de Su palabra, aceptando humildemente la palabra de Dios como verdad.

La fe de Abraham producía acciones que la confirmaban. Se movió porque Dios le dijo que se moviera, confió porque Dios le dijo que confiara, y se preparó para recibir un hijo porque Dios le prometió un hijo. Al actuar conforme a su fe, Abraham demostró su confianza en Dios, y esa confianza le fue contada como justicia. Su fe en las promesas de Dios lo sostuvo durante años de espera.

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