Riesgo Cardiovascular en el Adulto Mayor

El cuidado cardiovascular es una de las prioridades más importantes en la salud de las personas mayores. A medida que envejecemos, el corazón y los vasos sanguíneos sufren cambios que aumentan el riesgo de enfermedades, pero también se abren muchas oportunidades para prevenirlas. El envejecimiento afecta directamente al sistema cardiovascular.

Epidemiología y Relevancia de las Enfermedades Cardiovasculares en la Población Mayor

Prevalencia y Mortalidad Global y Regional

La población mundial de mayores de 60 años es el grupo etario de crecimiento más rápido, que en los próximos años, vivirá mayoritariamente en países menos desarrollados. Para el año 2025, más del 20 por ciento de la población en las regiones más desarrolladas tendrá 65 años y más; asimismo, un 11 % de la población mundial será mayor de 65 años. Este cambio demográfico, impulsado por mayor longevidad y menor natalidad, convive con décadas de reducción de la mortalidad cardiovascular, de modo que más personas viven más años con enfermedad cardiovascular.

Hoy, más del 80% de las muertes cardiovasculares en mujeres y aproximadamente el 54% en varones ocurren a partir de los 75 años. Además, entre 1990 y 2021 los casos prevalentes aumentaron en mayores de 75 años más del 87% en varones y más del 45% en mujeres. Las Enfermedades Cardiovasculares (ECV) son la principal causa de muerte de los adultos mayores de 60 años a nivel mundial. Cada año mueren más personas por ECV que por cualquier otra causa. Se calcula que en 2004 murieron por esta causa 17,3 millones de personas, lo que representa un 30% de todas las muertes registradas en el mundo; 7,3 millones de esas muertes se debieron a Cardiopatía Coronaria y 6,2 millones a Accidentes Cerebrovasculares (ACV).

Las muertes por ECV afectan por igual a ambos sexos y más del 80% se producen en países de ingresos bajos y medios. Se calcula que en 2030 morirán cerca de 23,6 millones de personas por ECV, sobre todo por Cardiopatías y ACV, y se prevé que sigan siendo la principal causa de muerte. Las causas principales de mortalidad entre los adultos mayores de 60 años son, en primer lugar la Cardiopatía isquémica, responsable de más de 5 millones de defunciones y en segundo lugar, las Enfermedades cerebrovasculares, responsables de más de 4 millones de defunciones.

Contexto en Cuba y Chile

La hipertensión arterial (HTA) constituye uno de los principales problemas que afecta la salud pública. A escala mundial se estima que 691 millones de personas presentan HTA. De los 15 millones de muertes causadas por enfermedades circulatorias, 7,2 son atribuibles a afecciones del corazón y 4,6 a enfermedades encefálicas donde está presente la HTA. Su prevalencia oscila entre 30 y 45 % de la población general, independiente de la zona geográfica o el nivel económico del país.

En el continente americano, cerca de 140 millones de personas presentan hipertensión arterial, mientras que en América Latina y el Caribe se calcula entre 8 y 30 %. Según datos de la III Encuesta nacional de factores de riesgo y actividades preventivas de enfermedad no transmisible realizada en Cuba, la prevalencia de HTA en este país es de 30,9 % en personas de 15 años y más, lo cual significa que existen 2,6 millones de individuos con la citada enfermedad. Al cierre del 2019, las enfermedades del corazón continuaron siendo la principal causa de muerte en Cuba; ocupan el primer lugar con 26 736 defunciones para una tasa de 238,1 por cada 100 000 habitantes, superior al año anterior.

El riesgo cardiovascular (RCV) es la probabilidad que tiene un paciente de padecer una ECV en los próximos 10 años. Es cada vez mayor el número de personas cuya calidad de vida se ha afectado a causa de la hipertensión arterial, que está presente en más de 2 tercios de los individuos de más de 60 años de edad; esta es, además, la población con más deficiencias en el control de la presión arterial.

En Chile, la población de 65 años o más -estimada al 30 de junio de 2011- es de 1.600.714 habitantes, donde las mujeres son el 57% (912.920 personas) y los hombres el 43% (687.794 personas). Chile se encuentra en una etapa avanzada de transición hacia el envejecimiento demográfico de la población, ya que los adultos mayores (personas de 65 años o más) han adquirido paulatinamente más importancia porcentual. Las ECV corresponden también a la principal causa de muerte en Chile, con más de 24.000 defunciones anuales, que representan cerca de un tercio de todas las muertes. En Chile, la mortalidad por ECV ha aumentado su importancia relativa desde un 15% el año 1970, a un 28% el 2007. Si se revisan las 10 primeras causas de defunción en adultos de 65 años y más, en ambos sexos, entre los años 2000 y 2010, se observa que también las ECV son la primera causa de muerte en este grupo etario. En Chile, gran parte de las personas con riesgo cardiovascular son adultos mayores (48%). Además, las principales enfermedades que presenta este grupo etario también son aquellas relacionadas con enfermedades cardiovasculares, como hipertensión arterial (75%) y diabetes (26%).

Cambios Fisiológicos del Sistema Cardiovascular con el Envejecimiento

Con el tiempo, las arterias se vuelven más rígidas, el corazón puede latir con menor eficiencia y el riesgo de acumular placas de colesterol aumenta. Entre los principales cambios fisiológicos se encuentran la rigidez arterial, el aumento de la presión arterial sistólica, el engrosamiento del miocardio y la reducción del gasto cardíaco máximo.

Corazón

  • El corazón tiene un sistema de marcapasos natural que controla el latido cardíaco. Algunas de las rutas de este sistema pueden desarrollar tejido fibroso y depósitos de grasa. El marcapasos natural (nódulo sinoauricular o nódulo SA) pierde algunas de sus células. Estos cambios pueden ocasionar una frecuencia cardíaca ligeramente más lenta.
  • En algunas personas ocurre un leve incremento del tamaño del corazón, especialmente en el ventrículo izquierdo. Asimismo, la pared cardíaca se hace más gruesa, de modo que la cantidad de sangre en la cavidad puede de hecho disminuir a pesar del aumento del tamaño general del corazón. El corazón puede llenarse más lentamente.
  • Los cambios cardíacos a menudo hacen que el electrocardiograma (ECG) de una persona mayor y saludable sea un poco diferente del ECG de un adulto sano más joven.
  • Los ritmos anormales (arritmias), como la fibrilación auricular son comunes en personas mayores. Estos pueden ser causados por varios tipos de enfermedades cardíacas.
  • Los cambios normales en el corazón incluyen depósitos del "pigmento del envejecimiento", la lipofucsina. Las células del músculo cardíaco se degeneran ligeramente.
  • Las válvulas del corazón, que controlan la dirección del flujo sanguíneo, se vuelven gruesas y más rígidas. En personas mayores, es más o menos común un soplo cardíaco causado por la rigidez valvular.

Vasos Sanguíneos

  • Unos receptores denominados barorreceptores controlan la presión arterial y realizan cambios para ayudar a mantenerla más o menos constante cuando la persona cambia de posición o hace otras actividades. Los barorreceptores se vuelven menos sensibles con el envejecimiento. Esto puede explicar por qué muchas personas mayores tienen hipotensión ortostática, una afección en la cual la presión arterial baja cuando una persona va desde la posición de acostado o sentado a estar de pie. Esto causa mareo debido a que hay menos flujo de sangre al cerebro.
  • Las paredes de los capilares se engruesan ligeramente. Esto puede ocasionar una tasa de intercambio de nutrientes y desechos un poco más lenta.
  • La arteria principal del corazón (aorta) se vuelve más gruesa, más rígida y menos flexible. Esto probablemente está relacionado con los cambios en el tejido conectivo de la pared del vaso sanguíneo. Esto hace que la presión arterial sea más alta y que el corazón se esfuerce más, lo que puede llevar al engrosamiento del miocardio (hipertrofia). Las otras arterias también se hacen más gruesas y rígidas. En general, la mayoría de las personas mayores tienen un aumento moderado de la presión arterial.

Sangre

  • El envejecimiento normal produce una reducción en la cantidad total de agua corporal. Como parte de esto, hay menos líquido en el torrente sanguíneo de tal forma que el volumen de sangre se reduce.
  • La velocidad con la cual se producen los glóbulos rojos sanguíneos en respuesta al estrés o la enfermedad se reduce. Esto crea una respuesta más lenta a la pérdida de sangre y a la anemia.
  • La mayoría de los glóbulos blancos sanguíneos se mantienen en los mismos niveles, aunque ciertos glóbulos blancos importantes para la inmunidad (neutrófilos) disminuyen en cantidad y capacidad para combatir bacterias. Esto reduce la capacidad para resistir infecciones.
Infografía: Cambios en el corazón y vasos sanguíneos con la edad

Factores de Riesgo Cardiovascular en el Adulto Mayor

Los adultos mayores concentran la mayor carga de enfermedad y, a la vez, afrontan desafíos distintivos como la multimorbilidad, fragilidad y deterioro cognitivo.

Factores Sociodemográficos y Clínicos

Un estudio descriptivo y transversal realizado en 103 adultos mayores con hipertensión arterial en Santiago de Cuba, entre enero y diciembre de 2019, reveló un predominio de mujeres, fundamentalmente de edades más avanzadas (75 años y más), y personas con piel negra (52,4 %). La primacía de edades avanzadas (más de 75 años) y del sexo femenino coincide con otros estudios, lo que puede explicarse por el hecho de que las mujeres demandan más atención para sus problemas de salud y por una mayor prevalencia de HTA en personas de piel negra (40,4 % en Cuba, según la III Encuesta Nacional de Factores de Riesgo).

Estos factores, conjuntamente con la edad y la base genética, se consideran factores de riesgo cardiovascular no modificables.

Factores Modificables

Los factores de riesgo más frecuentes encontrados en el estudio cubano fueron alimentación deficiente (dieta inadecuada) (84,0 %), sedentarismo (18,4 %) y diabetes mellitus (39,8 %). Resulta interesante destacar que 32,0 % de los pacientes presentaron 2 o más factores de riesgo asociados y en 11,6 % coexistieron 3 o más. Otros estudios también resaltan el estrés, la obesidad, el tabaquismo y la dislipidemia.

El aumento del colesterol LDL y la reducción del HDL favorecen la formación de placas en las arterias. La falta de actividad física favorece el sobrepeso, disminuye la capacidad pulmonar y afecta la circulación. La diabetes en mayores multiplica el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Aunque en la tercera edad muchas personas dejan de fumar, los efectos del tabaco persisten durante años.

Riesgo Cardiovascular Estimado

El riesgo cardiovascular moderado primó en 56,0 % de la población estudiada, y el 44,0 % restante con alto riesgo de presentar complicaciones cardiovasculares en los próximos 5-10 años. No hubo adultos mayores clasificados como bajo riesgo. Los pacientes estudiados mostraron un riesgo de moderado a alto de presentar eventos cardiovasculares en los próximos años, elemento básico para la planificación e implementación de acciones preventivas y de control.

Cardio de Bajo Impacto para Controlar la Presión Alta | Ejercicio para Adultos Mayores

Enfermedades Cardiovasculares Comunes en la Tercera Edad

Las más frecuentes son la hipertensión arterial, la insuficiencia cardíaca, las arritmias (como la fibrilación auricular), el infarto de miocardio y las enfermedades valvulares. La fibrilación auricular se hace mucho más frecuente con la edad y conlleva alto riesgo de ictus y mortalidad. La cardiopatía coronaria, a veces denominada enfermedad de las arterias coronarias o cardiopatía isquémica, es el tipo más común de enfermedad cardiaca. Un ataque al corazón, o infarto de miocardio, se produce cuando algo, normalmente un coágulo de sangre, interrumpe el flujo de sangre al corazón. Un ictus se produce cuando se interrumpe el suministro de sangre al cerebro, lo que hace que éste pierda su suministro vital de oxígeno y nutrientes.

Problemas Comunes

  • La angina (dolor torácico causado por reducción temporal del flujo sanguíneo al músculo cardíaco), la dificultad respiratoria con el ejercicio y el ataque cardíaco pueden ser resultado de la arteriopatía coronaria.
  • Se pueden presentar ritmos cardíacos anormales (arritmia) de diversos tipos.
  • Se puede presentar anemia relacionada posiblemente con desnutrición, infecciones crónicas, pérdida de sangre del tubo digestivo o como una complicación de otras enfermedades o medicamentos.
  • La aterosclerosis (endurecimiento de las arterias) es muy común. Los depósitos de placas de grasa en el interior de los vasos sanguíneos hacen que estos se estrechen y pueden bloquearlos totalmente.
  • La insuficiencia cardíaca congestiva también es muy común en las personas mayores. En las personas de más de 75 años se presenta insuficiencia cardíaca congestiva con una frecuencia 10 veces superior que en adultos más jóvenes.
  • La arteriopatía coronaria es más o menos común, usualmente es el resultado de aterosclerosis.
  • La presión arterial alta y la presión arterial baja ortostática son más comunes en las personas mayores.
  • Las valvulopatías son más o menos comunes. La estenosis aórtica o estrechamiento de la válvula aórtica es la valvulopatía más común en las personas mayores.
  • Los accidentes isquémicos transitorios (AIT) o accidentes cerebrovasculares se pueden presentar si se interrumpe el flujo sanguíneo al cerebro.
  • Otros problemas incluyen coágulos sanguíneos, trombosis venosa profunda, tromboflebitis, enfermedad vascular periférica y venas varicosas.
  • Se pueden presentar aneurismas en una de las principales arterias del corazón o en el cerebro. Si un aneurisma revienta, puede provocar sangrado y la muerte.

Estrategias de Prevención y Manejo

Existen numerosos y sólidos argumentos que justifican la vía de la estrategia preventiva para luchar con éxito contra el impacto de las ECV, ya que tienen estrecha relación con el estilo de vida y factores fisiológicos y bioquímicos modificables. Se pueden distinguir tres estrategias de prevención de la Enfermedad Cardiovascular (ECV): poblacional, primaria de alto riesgo y prevención secundaria.

Prevención Primaria y Secundaria

En prevención primaria y secundaria, resultan importantes los cambios en el estilo de vida, la actividad física regular, la dieta mediterránea, medidas de prevención de la Cardiopatía coronaria y del Accidente cerebrovascular, el control criterioso de los factores de riesgo cardiovascular especialmente Hipertensión arterial y Diabetes Mellitus, y el uso de fármacos como la Aspirina y las estatinas. Aunque por lo general, los adultos mayores han sido excluidos de los ensayos clínicos, los resultados de los estudios de prevención primaria y secundaria han demostrado que obtienen similares o mayores beneficios de las terapias preventivas que los pacientes más jóvenes. Se debería implementar más ampliamente la Prevención cardiovascular en el adulto mayor, con el fin de contribuir a mejorar la calidad de vida de este segmento creciente de población.

Los principios de la prevención primaria (control de la presión arterial, estatinas, estilo de vida) son válidos a cualquier edad, pero en personas mayores conviene evitar el sobretratamiento y ajustar objetivos. La genómica y la imagen no invasiva permiten detectar aterosclerosis subclínica y susceptibilidades individuales, facilitando medidas preventivas más dirigidas. En el caso de las estatinas, se han mostrado coste-efectivas en mayores y reducen eventos cardiovasculares mayores y estancias hospitalarias, aunque con mayor probabilidad de efectos adversos.

Modificaciones en el Estilo de Vida

Adoptar una rutina saludable es posible a cualquier edad. Los adultos mayores deberían implementar prácticas de estilo de vida que reduzcan su riesgo cardiovascular.

  • Dieta Saludable

    Una dieta rica en verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, pescado azul y aceite de oliva ayuda a reducir el colesterol y controlar la presión arterial. Una dieta sana debe incluir una amplia variedad de alimentos frescos y no procesados, y ser baja en grasas saturadas, azúcares y sal. Consuma alimentos saludables para el corazón que tengan cantidades reducidas de grasa saturada y colesterol, y controle su peso.

  • Actividad Física Regular

    El movimiento es uno de los grandes aliados del sistema cardiovascular. El ejercicio físico regular reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares y de otras enfermedades crónicas en los adultos mayores. El ejercicio moderado es una de las mejores medidas que puede tomar para mantener el corazón y el resto del cuerpo saludables. Los mayores deben realizar ejercicios que mejoren equilibrio y fuerza al menos tres días por semana y acumular, idealmente, 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada (o 75 de vigorosa), con fortalecimiento muscular dos o más días. Minimizar el sedentarismo es otra meta clave.

  • Evitar el Tabaco y Alcohol

    Si deja de fumar, su riesgo de cardiopatía coronaria se reducirá a la mitad en un año y volverá a un nivel normal con el tiempo. Abandonar el tabaco en torno a los 65 años se asocia a ganancias de esperanza de vida de 1,4-2 años en varones y 2,7-3,7 años en mujeres, junto a mejoras en calidad de vida y función cognitiva. No existe un nivel seguro de consumo de alcohol, y sus efectos perjudiciales superan con creces cualquier posible beneficio protector.

  • Manejo del Estrés y Descanso

    El estrés crónico y la ansiedad afectan el ritmo cardíaco y aumentan la presión arterial. Dormir bien es tan importante como comer sano o hacer ejercicio. El estrés puede hacer que las arterias se contraigan, lo que puede aumentar el riesgo de cardiopatías, sobre todo en las mujeres. Hacer ejercicio, respirar profundamente, relajar los músculos y dedicar tiempo a las cosas que te gustan son algunas de las cosas que puedes hacer para controlar tus niveles de estrés.

Detección Precoz y Seguimiento Médico

La detección precoz es clave. Fatiga excesiva, dificultad para respirar al realizar esfuerzos leves, dolor en el pecho, palpitaciones o hinchazón en piernas y tobillos pueden ser indicios de alteraciones cardiovasculares. Es recomendable realizar controles periódicos de presión arterial, colesterol, glucosa y electrocardiogramas. Conocer sus cifras es importante para mantener un corazón sano. El cardiólogo especializado en mayores tiene en cuenta no solo el corazón, sino el estado general del paciente, su nivel de autonomía y sus comorbilidades. El seguimiento de la medicación es fundamental. Se recomienda un chequeo anual que incluya toma de presión arterial, análisis de colesterol y glucosa, y electrocardiograma. Los familiares están en una posición privilegiada para notar cualquier cambio en el comportamiento, el estado físico o el ánimo.

En el caso de infarto de miocardio, la letalidad intrahospitalaria escala de forma notable: por cada década, se triplica en mujeres y se duplica en varones, y los pacientes de más edad reciben con menor probabilidad las intervenciones recomendadas. Muchas decisiones clínicas se sustentan en ensayos que han excluido o infrarepresentado a las personas mayores, sobre todo a las >75 años. Predecir eventos cardiovasculares mayores en población anciana sigue siendo difícil. Muchas calculadoras se diseñaron para edades inferiores y rinden peor en personas mayores. La puntuación SCORE2 Older Persons es la herramienta más reconocida para estimar riesgo en mayores.

Consideraciones Farmacológicas y Quirúrgicas

El envejecimiento transforma la absorción, distribución, metabolismo y excreción de fármacos, y modifica la farmacodinamia a nivel de órgano diana. La multimorbilidad complica el rompecabezas terapéutico, llevando a polifarmacia generalizada (hasta el 95% de los pacientes mayores cardiovasculares) e hiperpolifarmacia (69%), con un 78% de interacciones fármaco-fármaco potencialmente graves. Con cinco o más medicamentos, el riesgo de reacciones adversas roza el 88%, con consecuencias que incluyen malnutrición, insuficiencia renal, trastornos metabólicos, sangrado, síndromes geriátricos y deterioro de la calidad de vida.

La cirugía cardiaca en mayores seleccionados puede lograr buenos resultados, aunque la fragilidad y la comorbilidad elevan la mortalidad posoperatoria y los costes, y dificultan la movilización precoz. En personas ≥80 años con síndrome coronario agudo sin elevación del segmento ST, una estrategia invasiva redujo infarto y necesidad de revascularización urgente sin diferencias en hemorragia mayor.

Gráfico de barras: Prevalencia de factores de riesgo en adultos mayores

Desafíos y Oportunidades en la Atención Cardiovascular del Adulto Mayor

La combinación de envejecimiento poblacional, multimorbilidad, fragilidad y polifarmacia hace que la atención cardiovascular de las personas mayores sea, a la vez, un desafío clínico y una oportunidad de alto impacto poblacional. El elemento transversal es la inequidad: diagnóstica, terapéutica, de resultados y de acceso. Reducirla exige generar evidencia específica, adaptar las herramientas de estratificación, coordinar equipos y reorientar las metas hacia la funcionalidad, independencia y calidad de vida.

Fragilidad y Multimorbilidad

La fragilidad, cada vez más prevalente con la edad, multiplica el riesgo de caídas, discapacidad, progresión de enfermedad cardiovascular y mortalidad. Incorporar la evaluación de la fragilidad a la práctica clínica rutinaria aporta valor pronóstico y guía la personalización terapéutica, sin que ello signifique negar tratamientos potencialmente beneficiosos.

Deterioro Cognitivo

La prevalencia de deterioro cognitivo y demencia aumenta exponencialmente con la edad. La relación es bidireccional: la hipertensión arterial, la cardiopatía isquémica, la fibrilación auricular y la insuficiencia cardiaca incrementan el riesgo de deterioro cognitivo y demencia, y el propio deterioro compromete la autogestión de la medicación y los cambios de estilo de vida, empeorando la evolución cardiovascular.

Rehabilitación Cardíaca y Enfoque Centrado en la Persona

La rehabilitación cardiaca mejora supervivencia, estilo de vida, capacidad funcional y calidad de vida, y reduce eventos y rehospitalizaciones. Pese a ello, la participación de personas mayores es baja y las tasas de abandono son altas, a menudo marcadas por indicadores de fragilidad. Para muchas personas mayores, el desenlace prioritario no es solo vivir más, sino vivir mejor: preservar la autonomía, reducir síntomas, evitar discapacidad, minimizar efectos adversos y rehospitalizaciones, y mantener la posibilidad de vivir de forma independiente. Se requiere una aproximación interdisciplinaria -cardiólogos, geriatras, atención primaria y otros profesionales- facilita alinear objetivos y cuidados con las prioridades del paciente y su familia.

Políticas Públicas

El establecimiento de planes y programas sanitarios apropiados para los adultos mayores, destinadas a incentivar el envejecimiento activo, saludable y exitoso es fundamental. El fortalecimiento de la atención primaria para las personas mayores y mejoramiento en general, de la formación de los profesionales de la salud en lo que dice relación con la atención de adultos mayores, así como la implementación de una red de establecimientos de larga estadía para el cuidado de nuestros adultos mayores, son clave.

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