En la actualidad, el número de personas mayores en nuestra sociedad está en constante crecimiento. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la proporción de personas mayores de 60 años se duplicará en los próximos 30 años, lo que supone un reto y una oportunidad para los profesionales de la salud. A medida que envejecemos, nuestras necesidades de atención médica también evolucionan, y las farmacias tienen un papel esencial en satisfacer estas demandas cambiantes.

Si eres propietario de una farmacia o trabajas en una, es importante adaptar tus servicios y productos para satisfacer las necesidades de clientes mayores. La adaptación de tu farmacia a las necesidades de clientes mayores no solo es una decisión inteligente desde el punto de vista empresarial, sino que también contribuye a una atención médica más efectiva y una comunidad más saludable. Al poner en práctica estas estrategias, se brinda un servicio valioso a una población en constante crecimiento y en búsqueda de una atención farmacéutica de calidad.
I. El Contexto de Salud en la Población Mayor
1. Crecimiento Demográfico y Necesidades Específicas
El envejecimiento de la población es un fenómeno global que está transformando el sistema sanitario y, con ello, el papel de la farmacia comunitaria. Todas las farmacias atienden a pacientes mayores de forma regular. Es frecuente que muchos de ellos tomen más de una medicación habitualmente, al mismo tiempo que sus facultades pueden presentar algún tipo de deterioro. Por eso, es importante ofrecerles una atención especial y velar por su seguridad.
Este envejecimiento conlleva un aumento en la prevalencia de enfermedades crónicas como la hipertensión, la diabetes, la osteoporosis y patologías neurodegenerativas como el Alzheimer. El 20% de la población española tiene más de 65 años, lo que se traduce en prácticamente 10 millones de personas. Además, las proyecciones demográficas estiman que esta cifra suba hasta los 14,2 millones en 2040, suponiendo un 27,4% del total de habitantes. Estos datos justifican el volumen de pacientes mayores que acuden a la farmacia de forma habitual, repercutiendo en un incremento de la prescripción de múltiples medicamentos y por periodos de tiempo más largos.
2. La Polimedicación: Un Riesgo Latente
Los adultos mayores son grandes usuarios de medicamentos. Datos estadounidenses muestran que un 30% del total de las prescripciones de fármacos son hechas en adultos mayores, cifra especialmente llamativa al considerar que éstos corresponden a solo un 15 a 18% de la población total. Además de la prescripción formal de medicamentos, un 40% de la población adulto mayor usa regularmente al menos un fármaco de venta libre, los que con alta frecuencia no son reportados en los registros médicos regulares. El uso simultáneo de múltiples fármacos es también muy frecuente en esta población: Un 65% de los adultos mayores usa regularmente más de tres medicamentos, y un 20% toman hasta 10 prescripciones en una misma semana.
La polifarmacia corresponde al uso concomitante de varios fármacos. No existe un consenso sobre cuántos fármacos deben ser utilizados en forma simultánea y se pueden encontrar en la literatura definiciones que van desde los 2 a los 9 fármacos, siendo 5 el de uso más habitualmente aceptado en la práctica clínica. Si bien el riesgo de interacciones farmacológicas aumenta en forma progresiva en relación al número de medicamentos utilizados, existen ciertas combinaciones de medicamentos que son potencialmente más riesgosas y otras que son necesarias para el manejo de ciertas patologías.
La polifarmacia aumenta en forma progresiva con la edad, probablemente en relación a la mayor carga de enfermedad de los adultos mayores. Datos latinoamericanos del estudio SABE muestran una prevalencia de un 36% de polifarmacia en el adulto mayor. Datos del Ministerio de Sanidad muestran que en el grupo de 65 a 74 años, el porcentaje es del 20,5%; en el de 75 a 84 años, del 36,8%; y entre los 85 y 94, del 44,7%. Además, en el grupo de más de 95 años, la polimedicación se sitúa en el 30,8%.
Esta alta tasa de uso de medicamentos está asociada a un riesgo elevado de desenlaces negativos en los adultos mayores. La polifarmacia es clínicamente relevante pues se asocia con un mayor riesgo de desarrollar síndromes geriátricos, entre los que destacan caídas, delirium, deterioro cognitivo, incontinencia y aumento de la mortalidad. Revisiones sistemáticas de la literatura han demostrado una importante relación entre el uso de medicamentos por adultos mayores y desenlaces negativos como hospitalizaciones, caídas y aumento de la mortalidad. La mayor parte de los estudios han reportado una prevalencia de reacciones adversas a medicamentos que fluctúa entre un 5% y un 50%, aunque algunos autores sugieren que estos resultados podrían subestimar la real prevalencia de reacciones adversas en adultos mayores.
Además, la polifarmacia disminuye la adherencia a las terapias y se asocia a mayores errores de medicación. Por otro lado, se asocia a un fenómeno conocido como “la cascada de la prescripción”, donde la mala o falta de interpretación de las reacciones asociadas a medicamentos (RAM) asociadas a un fármaco, llevan a la prescripción de un segundo fármaco. Esto incrementa la morbilidad y mortalidad, perjudica la calidad de vida de los pacientes y encarece los costes sanitarios. Un estudio del Ministerio de Sanidad incide en que las personas con polimedicación presentan prevalencias mucho mayores de enfermedades crónicas respecto a la población no polimedicada.
El origen de este mayor riesgo es multifactorial: Los adultos mayores presentan una serie de cambios fisiológicos que determinan alteraciones en los procesos farmacocinéticos y farmacodinámicos en muchos medicamentos de prescripción frecuente. La multimorbilidad, la alta prevalencia de polifarmacia y la frecuente prescripción de medicamentos potencialmente inapropiados en esta población promueven el desarrollo de interacciones farmacológicas que dificultan predecir el real efecto que tendrá una determinada prescripción.
3. Cambios Fisiológicos y su Impacto Farmacológico
El envejecimiento se acompaña de una serie de cambios fisiológicos que influyen en los procesos farmacocinéticos (absorción, distribución, metabolismo y excreción) y farmacodinámicos de muchos medicamentos de prescripción frecuente, modificando su índice terapéutico. En cuanto a los pacientes de más edad, su vulnerabilidad al uso inadecuado de medicamentos es mayor que la del resto de la población debido a los cambios fisiológicos asociados a la edad y un diferente comportamiento farmacocinético y farmacodinámico de los medicamentos.
- En relación a la absorción, el envejecimiento se asocia a cambios anatómicos y funcionales en el tracto gastrointestinal que alteran este proceso. La menor producción de ácido por el estómago y el enlentecimiento de la motilidad del tracto digestivo repercuten en la velocidad del vaciamiento gástrico y de la motilidad intestinal.
- Los cambios en la composición corporal que se asocian al envejecimiento, como la disminución del contenido de agua corporal total, el aumento en el componente graso y la mayor frecuencia de hipoalbuminemia, alteran la distribución de los medicamentos. Esto implica que los adultos mayores tienen un menor volumen de distribución para fármacos hidrosolubles o una elevada fracción libre para medicamentos con alta tasa de unión a proteínas.
- El hígado sufre cambios morfológicos y funcionales que se asocian a una disminución de su capacidad de metabolizar fármacos, en especial aquellos que requieren de reacciones enzimáticas de Fase I. Esto puede asociarse a acumulación de fármaco o de metabolitos activos.
- La velocidad de filtración glomerular (VFG) cambia significativamente con el envejecimiento, lo que determina cambios importantes en la capacidad excretora de fármacos. La reducción de la VFG causa frecuentes eventos adversos dosis dependientes, sobre todo cuando el ajuste de dosis no es considerado.
Más allá de cada uno de los cambios fisiológicos asociados al envejecimiento, es importante mantener siempre una visión global del paciente adulto mayor y su entorno, considerando sus cambios cognitivos, sociales, fisiológicos y funcionales. Cerca de un 25% de las reacciones adversas a medicamentos (RAM) en población mayor son secundarias a errores del propio paciente, siendo los hipoglicemiantes orales, anticoagulantes y fármacos cardiovasculares los grupos terapéuticos más frecuentemente asociados.
4. Medicamentos Potencialmente Inapropiados (MPI)
Existe un grupo de medicamentos conocidos como Potencialmente Inapropiados (MPI), que dan cuenta de un conjunto de fármacos que, además de tener un riesgo aumentado para el desarrollo de RAM, tienen insuficiente evidencia de sus beneficios y se consideran menos seguros para determinadas condiciones de salud al ser contrastados con otras alternativas terapéuticas farmacológicas y no farmacológicas. Para su identificación, existen criterios basados en listados de fármacos, como los criterios de Beers y STOPP, desarrollados por paneles multidisciplinarios de expertos en farmacología geriátrica. En estas guías se describen fármacos de múltiples grupos terapéuticos, algunos de ellos de uso muy amplio en la práctica clínica habitual.
Un grupo importante de MPI corresponde a los fármacos anticolinérgicos, utilizados con gran frecuencia a pesar de la evidencia que los asocia con aumento de morbilidad, institucionalización, declive funcional, deterioro cognitivo y mortalidad. Los criterios de MPI han enfatizado en clasificar a los fármacos con potencial de generar efectos adversos anticolinérgicos con el fin de evitar su utilización crónica en adultos mayores.
Por otro lado, existe concordancia entre ambos criterios de MPI para establecer que los adultos mayores no deberían utilizar AINEs para el manejo crónico del dolor, debido a que su utilización ha sido relacionada a mayor riesgo de reaparición de enfermedad ulcerosa o hemorragia digestiva, empeoramiento de enfermedades cardiovasculares, interacciones con fármacos de estrecho margen terapéutico e incluso hiponatremia. Una tercera familia de MPI de alto uso son los hipnóticos, con un amplio consenso en ambos criterios de MPI para evitar el uso crónico de benzodiazepinas de vida media larga.
II. Estrategias para Adaptar la Farmacia a las Personas Mayores
Para abordar los desafíos presentados por el envejecimiento de la población, las farmacias deben implementar estrategias específicas que mejoren la calidad de la atención y la seguridad del paciente. Aquí te presentamos algunas estrategias para lograrlo:
1. Atención Personalizada y Empática
La empatía y la atención personalizada son clave para los clientes mayores. Asegúrate de que tu personal esté bien capacitado para tratar con esta población. Escuchar sus inquietudes y responder a sus preguntas de manera comprensiva y paciente es esencial. Ofrecer una atención personalizada, donde la empatía y el trato cercano son fundamentales para comunicarse con pacientes mayores, garantiza que todo el personal esté capacitado para brindarles la escucha activa y la paciencia que puedan requerir.
2. Experiencia Farmacéutica y Conocimiento de Medicamentos
Los clientes mayores a menudo toman varios medicamentos para tratar diferentes afecciones. Mantente actualizado sobre los medicamentos más comunes que toman, sus posibles interacciones y efectos secundarios. Esto te ayudará a proporcionar recomendaciones más informadas y a estar al día de todos los fármacos que toman los pacientes para evitar posibles interacciones o detectar efectos secundarios.
3. Accesibilidad Integral
- Accesibilidad Física: La accesibilidad es una parte clave de la adaptación de tu farmacia a las necesidades de personas mayores. Asegúrate de que las instalaciones estén diseñadas para ser cómodas y seguras para quienes tienen movilidad reducida. Las rampas, pasillos anchos y una zona de espera cómoda son aspectos esenciales.
- Servicios de Entrega a Domicilio: Considera ofrecer servicios de entrega a domicilio para aquellos que no pueden desplazarse con facilidad, lo que puede marcar la diferencia para tus clientes mayores.
4. Inventario Adaptado: Productos Específicos
Amplía tu inventario con productos específicos para personas mayores, como ayudas para la movilidad, suplementos nutricionales y productos de cuidado de la piel adaptados a sus necesidades. Además de la medicación prescrita, se recomienda disponer de productos específicos para pacientes mayores.
5. Servicios de Control y Prevención de Salud
Ofrecer servicios como toma de presión arterial, medición de glucosa y consejos sobre el manejo de enfermedades crónicas puede ser de gran ayuda para los clientes mayores. Estos servicios pueden fomentar la fidelidad del cliente y mejorar su bienestar general. Poner a su disponibilidad servicios como la toma de presión arterial o la medición de glucosa puede ser muy útil para los usuarios de más edad, además de fomentar su fidelidad.
6. Educación para la Salud y Bienestar
Organiza charlas o talleres sobre temas de salud relevantes para personas mayores, como prevención de caídas, manejo del dolor o consejos de nutrición. Esto no solo proporciona información valiosa, sino que también crea un ambiente en el que los clientes se sientan valorados.
7. Facilitación de la Adherencia al Tratamiento
- Empaque de Medicamentos: Ofrece servicios de empaque de medicamentos para simplificar la toma de múltiples medicamentos. Los pastilleros y sistemas de dosificación pueden ser de gran ayuda para los clientes mayores. Este sistema “va mucho más allá de organizar la medicación en un blíster semanal”, pues comienza con una entrevista personalizada en la que el farmacéutico revisa toda la medicación, detecta duplicidades y aclara dudas.
- Reconciliación de Medicamentos: Elaborar un listado con las medicaciones de los pacientes permite evitar errores como omisiones, duplicaciones, fallos de dosificación o interacciones farmacológicas.
8. Tecnología al Servicio del Cliente Mayor
La tecnología es una parte esencial de la atención al cliente en la actualidad. Asegúrate de que tu farmacia esté actualizada tecnológicamente y que sea fácil de navegar para las personas mayores. Esto incluye sistemas de punto de venta accesibles y una presencia en línea informativa.
- Sistemas de Punto de Venta Amigables: Utiliza sistemas de punto de venta fáciles de usar, con letras grandes y una interfaz intuitiva. Capacita a tu personal para ayudar a los clientes mayores a realizar compras y transacciones de manera sencilla.
- Presencia Online y Comunicación: Mantén una presencia en línea informativa y fácil de usar. Tu sitio web debe contener información relevante sobre tus servicios, productos y horarios de atención. También puedes considerar la posibilidad de habilitar una opción de compra en línea para facilitar la adquisición de medicamentos y productos desde casa. Utiliza la comunicación por correo electrónico y mensajes de texto para recordar a tus clientes mayores las recetas pendientes o las fechas de reabastecimiento de medicamentos. Esto les facilita el seguimiento de sus tratamientos.
- Aplicaciones Móviles: Si es posible, desarrolla una aplicación móvil para tu farmacia. Las aplicaciones pueden brindar información útil, como recordatorios de medicamentos, consejos de salud y ofertas especiales, directamente en los dispositivos móviles de tus clientes.
9. Colaboración Interprofesional y con Entidades Locales
Trabaja en colaboración con médicos, enfermeras y otros profesionales de la salud para brindar un enfoque integral en la atención al cliente mayor. La atención por parte de múltiples especialistas y en diferentes niveles asistenciales refuerza la necesidad de esta coordinación. Algunas instituciones locales, como oficinas de adulto mayor, participan activamente con centros de salud de cada barrio y trabajan con farmacias para la gestión de medicamentos, lo que puede servir de modelo para futuras colaboraciones.
III. El Papel Crucial del Farmacéutico Comunitario
A medida que la población envejece, la relación con el farmacéutico se vuelve más estrecha. El farmacéutico comunitario no solo dispensa medicamentos, sino que también puede desempeñar un papel crucial en la promoción de un envejecimiento saludable. El papel del farmacéutico es fundamental para los pacientes mayores, puesto que requieren un vínculo estable y un seguimiento regular de sus tratamientos. Por eso, es preferible que adquieran todos los medicamentos que necesitan en un mismo establecimiento, de manera que los registros estén centralizados y sea más fácil para los farmacéuticos detectar posibles interacciones entre fármacos.
A veces, el anciano tiene más acceso al farmacéutico que a cualquier otro profesional de la salud. Además de venderle los medicamentos, el farmacéutico brinda información sobre fármacos, controla su utilización (incluso el cumplimiento del paciente) y actúa como contacto entre el médico u otro profesional de la salud y el paciente para asegurar una atención farmacéutica óptima. Los farmacéuticos también informan sobre interacciones entre fármacos y otras sustancias, como medicamentos de venta libre, suplementos dietéticos y alimentos. En muchos casos, los farmacéuticos también pueden proporcionar algunos tipos de atención clínica, como inmunizaciones, pruebas de diabetes o asesoramiento sobre medicamentos.
1. Vínculo Estable y Seguimiento Continuo
Para los ancianos, el desarrollo de una relación con un farmacéutico y el uso de una sola farmacia pueden ayudar a asegurar una atención permanente. Un farmacéutico consecuente puede ayudar a prevenir problemas relacionados con los fármacos y sustancias, como la polifarmacia evitable y las interacciones entre fármacos, que son un riesgo específico para los adultos mayores.
2. Optimización del Cumplimiento Terapéutico
Los farmacéuticos son responsables de proporcionar una atención farmacológica equilibrada, que es un proceso formal para crear el listado más completo y preciso posible con los medicamentos actuales que utiliza un paciente y comparar el listado con los que se encuentran en el registro del paciente o en las órdenes de medicamentos. Este proceso tiene el objetivo de evitar errores en las medicaciones, como omisiones, duplicaciones, errores de dosificación o interacciones farmacológicas. Debe realizarse en cada transición de la atención en la que se ordenan nuevos medicamentos o se reescriben las órdenes existentes.
Los farmacéuticos pueden ayudar a mejorar el cumplimiento del tratamiento a través de las siguientes acciones:
- Evaluar la capacidad de los pacientes de adherirse al tratamiento, identificando posibles trastornos, como pérdida de la visión o de la fuerza manual, escasa destreza o compromiso cognitivo.
- Educar a los pacientes respecto de la forma de administración de algunos fármacos (p. ej., por vía inhalatoria, parches transdérmicos, por vía inyectable, gotas oculares u óticas) o la medición de las dosis de fórmulas líquidas.
- Suministrarles los fármacos en formatos accesibles para el paciente (p. ej., frascos fáciles de abrir, comprimidos sin envoltura).
- Facilitarles la comprensión de las etiquetas de los medicamentos y el material impreso para leer en el hogar, asegurándose de que estén escritos en letra grande y en el idioma nativo del paciente.
- Educar al paciente para usar el calendario que le permite recordar la toma de medicamentos, pastilleros, dispositivos electrónicos para la administración de medicamentos e instrumentos para dividir o fragmentar los comprimidos.
- Eliminar la complejidad innecesaria y prevenir la duplicación de los regímenes farmacológicos.
- Coordinar la toma de medicamentos cuando los pacientes se encuentran en una transición hacia y desde diversos entornos de atención.
3. Deprescripción: Reducción de Medicación Innecesaria
Ante el problema de la polimedicación y los MPI, la deprescripción se presenta como una estrategia fundamental. La Universidad de Australia Occidental publicó una guía de recomendaciones titulada Deprescribiendo en personas mayores: una guía clínica práctica, cuyo objetivo es ofrecer a los sanitarios un recurso para orientar la deprescripción de medicamentos de uso frecuente en la atención clínica habitual. Un ejemplo de recomendación práctica que usa esta guía clínica son los analgésicos. Se especifica que, si la deprescripción no tiene éxito a pesar de múltiples intentos, se sugiere mantener la dosis eficaz más baja; sin embargo, se recomienda reevaluar la necesidad de un tratamiento a largo plazo al menos una vez al año.