El Meme de la Anciana con Tableta: Su Historia Real y el Impacto Digital

Hace unos meses, nuestra editora digital senior, Ana Pais, recibió un meme que probablemente muchos hayan visto. Es una foto de una señora mayor con lentes, cabello rubio, corto y enrulado, que maneja una tableta con el dedo índice de la mano derecha. Su expresión facial es una mezcla entre concentración y sonrisa, una imagen sencilla y simpática.

Foto original del meme de la anciana con tableta

¿Por Qué Triunfa un Meme?

Según el análisis de Daniel, este meme es divertido, directo, fácil de replicar y gran parte de la gente puede relacionarse con él: todos los elementos necesarios para triunfar en internet. Es un fenómeno que, a pesar de tener ya varios años de existencia -una eternidad en el mundo de las bromas digitales-, sigue siendo compartido. Es más, la foto es tan divertida y encantadora que trasciende el chiste inicial, habiendo aparecido incluso en páginas de juegos online como póker. Hay algo en esa imagen que la hace casi universal, un extraño suceso en internet que a menudo funciona como una gran máquina para descontextualizar.

El éxito de estas imágenes que se viralizan radica precisamente en eso: la señora de la tableta podría ser la abuela de cualquiera. Pero en este caso, se sabe quién es la abuela real, y su historia es mucho más profunda que la imagen viralizada. La idea de que el rostro de la propia abuela sea replicado una infinidad de veces en internet, un lugar divertido pero a veces también salvaje y cruel, compartido una y otra vez sin control, fuera de contexto, y convertido en decenas de abuelas anónimas, genéricas o inventadas, es un pensamiento poderoso.

Conociendo a Bia: La Verdadera Protagonista

En internet, esta abuela aparece con muchos nombres distintos, pero la verdadera señora de la foto se llama Ana María Rodríguez Fernández, o Bia, como la llaman sus nietos. Hoy tiene 85 años y, en muchos sentidos, Bia encarna la típica abuela latinoamericana: le gusta agasajar con la comida, ama los momentos en familia y disfruta de un buen chisme de la farándula. Sin embargo, hay un aspecto muy particular que la hace romper con los estereotipos.

La Pasión de Bia por la Tecnología

Bia es una "abuela gamer": juega con la tableta, o mejor dicho, con sus tabletas, porque tiene tres, además de dos celulares. Explica su inmersión en el juego:

“Mientras una tablet está enchufada, agarro la que está con todas las vidas y a veces me gano algún premio y me dan dos horas de juego libre. Entonces sigo jugando y ya es como una adicción también porque como tengo dos horas para jugar y no se me terminan las vidas, sigo y me engancho y sigo y sigo y quiero ganar. Y cuando pierdo, digo: ‘Pero qué estúpida que soy, ¿cómo pude perder en esto?’. Y sigo insistiendo a ver si salgo y cuando me sale y paso a otra vida, digo: ‘Ah, ¡bien, ahí! ¡Gracias, Dios!’”

Ilustración de una persona mayor concentrada jugando un juego de lógica en una tableta

Esta pasión comenzó hace 15 años cuando sus hermanos y su primo le regalaron una tableta. En ese entonces, Bia jamás había tenido una computadora y no quería saber nada con los celulares inteligentes. Su reacción inicial fue de duda: “Dije: ‘Ay, cómo voy a tener que molestarlos a ellos para que me enseñen!’. Porque yo, por mí, no voy a aprender nada.”

Después de agarrarle el gusto a la tableta, Bia se aventuró en el mundo de los teléfonos inteligentes. Cada aparato tuvo su curva de aprendizaje. Por ejemplo, en su primer celular, que era de los que no tenían internet, Ana estaba registrada como “Ana” y era la primera en su agenda de contactos. Esto provocaba que Bia le enviara mensajes a Ana que en realidad eran para otras personas, una situación que, con el tiempo y las advertencias, logró corregir: “Antes decía: ‘Hola, soy Ana y necesito tal cosa, tal cosa y tal otra’. No, ahora ya no. He avanzado.”

Aunque la familia le explicó las cosas básicas, Bia absorbió la mayoría de los conocimientos sola, por "ensayo y error". Su nieta, Ana, cree que su falta de miedo fue clave para su aprendizaje: no temía pedir ayuda, equivocarse o "romper" el aparato. De hecho, su primera tableta colapsó apenas una semana antes de la entrevista, lo que Bia relató con humor: “No sé qué le pasó. Hizo ‘clic’ y ya está. No la pude volver a prender. Me sale una serie de números y me dijeron que tendría que abrirla, sacarle el chip, volvérselo a poner y yo no me voy a meter en eso porque estoy segura que la saco y me sobra alguna pieza.”

Bia se volvió muy hábil con su tableta: aprendió a mandar correos, a suscribirse y leer newsletters, a ver películas. También empezó a bajar aplicaciones y probar cuáles le gustaban. Inicialmente, bajó juegos de animales que no entendía, pero dos años después de tener la tablet, descargó Candy Crush. Para quienes no lo conocen, Candy Crush es un juego de puzzle adictivo donde el jugador alinea tres o más dulces iguales para que desaparezcan. Cuando fue entrevistada, Bia tenía instaladas dos versiones de Candy Crush en cada una de sus dos tabletas funcionales, estando en el nivel 2.599 en el juego más avanzado. Además, en su celular viejo, también tenía dos versiones del juego.

Su dedicación es tal que Bia sufre de tendinitis en la muñeca debido al peso de la tableta y el tiempo de juego, lo que no la detiene. En su celular nuevo, evita instalar Candy Crush para no "cargarlo de más", optando por un Solitario "para pasar el rato", donde la competencia no es tan feroz como con los caramelos. Bia confesó una vez: “Y me decía: ‘Hay otro que ya te pasó’, y a mí me daba rabia eso, no me gusta que me pasen. Entonces yo empiezo a jugar más, a ver si puedo volver a pasar al primer lugar y que me gano algún premio.”

La Vida de Bia: Amor, Sacrificio y Libertad

Bia nació el 10 de septiembre de 1938 en Montevideo, Uruguay. Se casó a los 20 años, y poco después nacieron sus dos hijas. Bia enviudó a los 57 años y se mudó, llevando a sus padres a vivir con ella. Fue en esa casa donde se realizó la entrevista para el reportaje. Bia se dedicó siempre a la familia, y no se arrepiente de nada. A los diez años ya era profesora de solfeo y a los 14 se recibió de profesora de piano, pero tuvo que abandonar su vocación musical para dedicarse a la crianza de sus hijas, su marido, la armonía del hogar y las tareas domésticas. Esta es, quizás, el máximo ejemplo de las cosas a las que Bia ha renunciado en su vida.

“Es una cadena, es una cadena de amor y ejemplo y sacrificio. Me emociono porque es duro.”

Foto temática de una abuela latinoamericana en un ambiente familiar, quizás cocinando o leyendo

Bia no suele llorar, destacándose en una familia de "llorones". Reflexiona sobre su vida y la pérdida: “Y uno se va quedando solo. Y pienso a veces: mi marido va a hacer 28 años que murió. Fue a trabajar y no volvió. Entonces, cambió toda la estructura familiar… cambió mi estructura, por supuesto. Pero fue duro, pero bueno, me quedaron muy buenos momentos y empecé a reírme otra vez con mis nietos, con mis hijas, en las reuniones y dando y dando mucho amor.”

La muerte de su abuelo, Tatita, cuando Ana tenía 10 años, marcó un cambio. La abuela que vivía en la cocina empezó a ocupar un lugar distinto, volviéndose una persona divertida y un poco excéntrica, usando ropa con brillos y gorros con plumas. Bia describe su nueva libertad: “De repente hago zapping y hay algo que me interesa y lo dejo y sigo mirándolo. A veces agarro películas que están casi por terminar y las miro igual al final… absolutamente libre me siento. En este momento, me siento súper libre.”

Ana cree que si su abuelo siguiera vivo, Bia jamás se habría animado a incursionar en la tecnología ni a dejarse llevar por ella de esa manera. Bia incluso comparó su adicción al juego con su pasado como fumadora: “Yo era fumadora, mi marido era muy fumador. Él dejó de fumar y yo seguía fumando. Entonces él me pidió por favor, porque se volvía loco de no poder fumar y yo fumando al lado. Dejé de fumar. Hasta el día de hoy yo siento el olor del cigarrillo y a mí me gusta… viciosa de por vida. Así que creo que si agarrara droga, me drogaría fácilmente.” A veces, Bia se queda jugando Candy Crush incluso si tiene algo que hacer, llegando tarde o no saliendo, sin que la tendinitis la detenga. “Me enojo, ¡jajaja! Me enojo, digo algún disparate y espero, los pongo a cargar… Ahí salgo, ¿ves?”

El Nacimiento del Meme: Un Reportaje sobre Inclusión Tecnológica

Bia ya era una experta tecnológica cuando en junio de 2014, el entonces candidato a la presidencia Tabaré Vázquez de Uruguay, prometió regalar una tableta a cada jubilado del instituto de seguridad social del estado. En ese momento, Ana Pais trabajaba en el diario uruguayo El Observador y era editora de Cromo, el primer y único medio especializado en ciencia y tecnología de Uruguay. Dada la importancia del tema para Vázquez, se decidió cubrir la promesa electoral.

Diseño de página de periódico mostrando un reportaje sobre inclusión tecnológica de adultos mayores

Esa misma semana, Ana fue a casa de su abuela con un equipo que incluía a una periodista de texto, una de video y un fotógrafo, un gran despliegue de recursos por Bia. Bia lo recuerda como “una reunión de amigas, porque charlamos todas juntas.”

La foto principal del reportaje, tomada por el fotoperiodista Diego Battiste, es precisamente la imagen viral: Bia, de lentes, manejando su tableta blanca. La imagen salió en la tapa del suplemento Cromo, como parte de un reportaje sobre inclusión tecnológica de los adultos mayores, y también fue la imagen de portada de un video más enfocado en la experiencia de Bia con la tecnología. Sin embargo, como suele ocurrir con estas cosas, después de esos "cinco minutos de fama", el tema dejó de mencionarse.

Fue en el club, en la piscina, donde una de las chicas más jóvenes que iban a hacer hidrogimnasia, le dijo a Bia: “Estás en YouTube y estás… dice que ganás 1.000 dólares por día.”

La Viralización Inesperada y la Descontextualización de la Imagen

Las habilidades de Bia le otorgaron una exposición mundial que nunca buscó y que, desde entonces, ha sido imposible de detener. Ana no recuerda exactamente cómo ni cuándo se enteró de que la foto de su abuela estaba siendo robada y circulando en sitios de internet sin relación con El Observador, pero sí recuerda la bronca y la culpa que sintió. Inicialmente, Bia aparecía en avisos publicitarios que simulaban ser noticias, a menudo como "la abuela que ganaba miles de dólares haciendo apuestas online", y al hacer clic, te dirigía a un sitio de póker. Ana se puso en contacto con el fotógrafo y los jefes de El Observador, consciente de que a menudo se comparten fotos espectaculares en redes sin conocer la autoría original.

Infografía mostrando la descontextualización y uso indebido de imágenes virales en internet

Desde el principio, a Ana le incomodó mucho ver el uso que la gente le daba a la foto, llegando a no soportar que le mencionaran el tema o le enviaran enlaces con la imagen de Bia por el mundo. Realizando una búsqueda inversa, que permite encontrar sitios web que han subido una imagen, Ana descubrió que lo que más abunda no son sitios de estafas o desinformación, sino medios que usan la foto como si fuera parte de un banco de imágenes, una foto genérica de stock para ilustrar el concepto de "adulto mayor tecnológico".

Así, Bia apareció en innumerables sitios de noticias. Algunos artículos son de hace solo unos meses, y en varios medios sale más de una vez, probablemente porque la foto entró a sus archivos sin aclaración o contexto. Con el tiempo, periodistas, fotógrafos o diseñadores asumen que tienen los derechos y la colocan en sus notas. El propio Diego, el fotógrafo, reconoció con vergüenza que promocionaba sus servicios usando, entre otras, la imagen de Bia.

Es comprensible que un medio o un gobierno usen la imagen de Bia sin saber que no es una modelo y que la foto tiene créditos. Sin embargo, lo indignante es que usen la cara de Bia para mentir. Ha aparecido en una nota que dice: "Rosy Durán, la abuelita cosplayer, una guerrera de la vida real", con la foto de Bia, ahora convertida en Rosy Durán, mexicana. La nota continúa hablando de una señora que sí existe, pero que obviamente no es Bia. También ha sido el rostro de Masako Wakamiya, una desarrolladora de aplicaciones de 82 años que trabaja para Apple, y de Trina Lazarus, una inglesa de 82 años que le creó un perfil en Tinder a su nieto soltero. En otro sitio, la foto de Bia aparece ilustrando la anécdota de una abuela pidiendo un smartphone, con el texto "Archivo part...".

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