Las personas mayores indígenas representan un pilar central tanto en los cuidados familiares como en las economías domésticas de sus comunidades. Su rol, a menudo invisibilizado, es crucial para la cohesión social y la transmisión cultural. Aunque sus pensiones suelen ser bajas, constituyen un recurso económico estable que llega mes a mes. Este artículo explora la heterogeneidad del envejecimiento en pueblos originarios, destacando su contribución al cuidado, la transmisión de conocimientos y los desafíos que enfrentan, especialmente en el contexto de la pandemia y la discriminación sistémica.

El Envejecimiento en los Pueblos Indígenas: Una Perspectiva Heterogénea
Uno de los principales aprendizajes es comprender que el envejecimiento es heterogéneo, incluso al interior de cada pueblo originario. Esta diversidad se manifiesta en las responsabilidades y el estatus social que las personas mayores adquieren a lo largo de su vida. La mayoría de los encuestados se autoidentifica como indígena, abarcando pueblos como el Quechua (203 casos), Atacameño (214), Colla (215), Chango (100) o Diaguita (255).
El Rol de Género en el Cuidado: El Caso Aymara
En el Pueblo Aymara, el cuidado, ya sea de niños, niñas, personas enfermas y personas mayores, es una responsabilidad exclusiva de las mujeres. Estas mujeres cuidadoras, al igual que en otros grupos sociales, deben cumplir con otras obligaciones reproductivas, domésticas y económicas, lo que las lleva a estar sobrecargadas. Este patrón de feminización del cuidado es una constante en muchas comunidades indígenas.
Contribución al Cuidado Familiar y Comunitario
Las personas mayores indígenas son un soporte central en los cuidados familiares. El rol más conocido y, a veces, invisibilizado es el de la abuela cuidadora que recoge a los niños del colegio, les da de comer y hace las tareas con ellos, o bien que los cuida cuando están enfermos. Los datos testifican un alto involucramiento en tareas de cuidados en las personas mayores del Pueblo Chango, ya que el 25% dice participar en la crianza de nietos o nietas y un 25% afirma cuidar a un adulto por enfermedad, discapacidad o dependencia.
En diversos estudios se ha confirmado que el cuidado es un rol familiar y de la comunidad cercana (incluidos vecinos y vecinas) en el caso de los pueblos originarios. En estas interacciones de reciprocidad, la ganancia es mutua y permite la mantención de la comunidad, beneficiando tanto a quienes cuidan como a quienes son cuidados.

Transmisión de Conocimientos y Prácticas Culturales
Uno de los aspectos culturales más centrales del cuidado es ser un espacio de transmisión de conocimientos y prácticas culturales. Por ejemplo, las mujeres indígenas cantan a sus nietos y nietas canciones en su lengua originaria e incluso les enseñan a contar. El estudio indica una alta transmisión intergeneracional de conocimientos desde las personas mayores. En el Pueblo Diaguita, el 46% confirma haber transmitido las prácticas culturales a sus hijos e hijas y un 20% a sus nietos y/o nietas. Esta transmisión es un aspecto central para la mantención de la identidad de cada pueblo y para generar bienestar en las personas mayores.
La Sabiduría de los Mayores Indígenas
En las comunidades originarias, los mayores ocupan un rol de suma importancia no solo por los años, sino porque esos años han forjado una sabiduría que perdura y es volcada a las generaciones venideras. Lejos de la idea de la desmemoria asociada a la edad en el sistema social actual, los ancianos y ancianas son quienes conservan la memoria colectiva, acompañan las luchas, guían las ceremonias y otorgan consejos basados en su experiencia. Son los poseedores de saberes tradicionales, las "bibliotecas andantes" que comparten sus modos de ver el pasado y de resignificarlo según sus historias de vida.
Valentina Stella, doctora en antropología e integrante del Grupo de Estudios sobre Memorias Alterizadas y Subordinadas (GEMAS), ha investigado el rol de los ancianos y ancianas en comunidades mapuche-tehuelche. Ella explica que la noción de ancianidad en estas comunidades difiere de la lógica hegemónica; se valoran otras características como la cantidad de experiencias vividas y la capacidad de actuar como referentes importantes. Aparece así una sabiduría que abarca conocimientos epistemológicos y ontológicos, manifestada en el dominio de la lengua, el conocimiento de plantas medicinales (lawen) y la interpretación de sueños (peuma).
Laura Méndez, integrante del Pueblo Coya-Omaguaca, enfatiza que "la memoria es una parte esencial en la identidad de un pueblo. Un pueblo sin memoria deja de ser un pueblo". Su trabajo en el Taller de Historia Oral busca rescatar la memoria colectiva de los adultos mayores, especialmente mujeres, quienes a través de testimonios y relatos transmiten saberes culturales, regionalismos, términos en quechua, topónimos, dialectos, coplas y cuentos antiguos que encierran enseñanzas y reflexiones sobre el respeto a la naturaleza y los lugares sagrados.
Conocimiento Ancestral - El Origen
El Rol de Prestigio del Anciano
Ana Ramos, doctora en Antropología Social, subraya que, aunque no se puede generalizar, el lugar de anciano en muchas comunidades indígenas es un lugar de prestigio al que se aspira. Se observan protocolos de respeto, como ofrecer una silla a una abuela en un parlamento o escuchar atentamente sus palabras sin interrupción. El rol de "abuelo" o "abuela" no siempre está estrictamente ligado a la edad, sino a la capacidad de dar consejos y poseer sabiduría, lo que indica una relación y un proceso de devenir que trasciende lo etario. Estas figuras son imprescindibles para guiar en la reconstrucción de saberes, filosofías y formas de relacionarse con los territorios y la naturaleza, estableciendo reciprocidades con los ngen (espíritus) del río, los bosques y los animales.
Los ancianos y ancianas también acompañan los procesos de lucha actuales, cuidando a los más jóvenes en un rol a menudo anónimo pero fundamental.
Desafíos y Vulnerabilidades de las Personas Mayores Indígenas
Soledad y Aislamiento Social
Este proceso vital para la reproducción y mantención de cada pueblo indígena se encuentra en una situación crítica debido a factores endógenos. Datos recientes indican que el 25% de las personas mayores vive sola. Esto representa un reto para la organización tradicional de las comunidades indígenas, ya que las estructuras familiares extensas tienden a ser cada vez menos frecuentes, y muchos cuidados son asumidos por la comunidad. Incluso, ya existen antecedentes de situaciones de abandono y de una vejez en extrema soledad y aislamiento social.
Salud Mental e Interculturalidad
La investigación ha comprobado que las personas mayores Aymara tienen más desventajas en el ámbito de la salud mental, con mayor sintomatología depresiva, siendo esto aún más preocupante en el caso de las mujeres. La aplicación de escalas de valoración geriátrica estandarizadas, como la Escala Geriátrica de Depresión (GDS), en centros de salud pública presenta dificultades en la comprensión de la depresión como un proceso individual para las personas mayores indígenas. Estas escalas no incluyen la relevancia del entorno social ni la espiritualidad, fundamentales en la concepción holística de la salud en los pueblos originarios, donde la salud es un equilibrio entre aspectos individuales, espirituales, sociales y comunitarios.
En este ámbito, se vinculan temas como la feminización del cuidado, el cuidado y la interculturalidad, y el cuidado y el territorio.

Impacto de la Pandemia y la Discriminación
La pandemia de COVID-19 ha exacerbado la vulnerabilidad de los ancianos indígenas. En muchos países, sus vidas han sido sacrificadas, y aunque se argumenten protocolos éticos, la prensa ha denunciado casos de negligencia. Un anciano indígena llega al hospital ya racializado por la sociedad y en condiciones de pobreza o marginalidad, lo que le impide recibir atención en igualdad de condiciones con otros pacientes.
Este modelo social asigna más valor y prestigio a unos en desmedro de otros, haciendo inalcanzable el mandato ético de "no matarás a tu prójimo" y favoreciendo intereses económicos. La indiferencia de los gobiernos hacia los pueblos indígenas parece naturalizada, con denuncias de "genocidio de indios" en la Amazonía brasileña y comentarios ofensivos de ministros en otros países, negando derechos constitucionales y la dignidad humana.
En Chile, los pueblos indígenas cuentan con instrumentos de derechos reconocidos por el Estado, como la Ley 19.253 o Ley Indígena y el Convenio 169 de la OIT, que garantizan derechos a la salud intercultural. Sin embargo, la implementación de estos derechos es deficiente. Hospitales interculturales construidos anteriormente están clasificados como de "baja complejidad", lo que impide una implementación adecuada y la provisión de recursos esenciales como camas UCI y ventiladores.
La falta de una política indígena específica para combatir la pandemia es preocupante. Aunque existen mesas sociales, a menudo no incluyen a representantes indígenas que puedan defender sus derechos. Es crucial sensibilizar a los profesionales de la salud sobre la importancia de la vida de los adultos mayores indígenas, ya que son ellos quienes, in situ, deciden el acceso a los recursos sanitarios.

Cifras del Envejecimiento Indígena en México
El envejecimiento de la población también se evidencia en México, donde la población de 65 años o más aumentó de 6.2% en 2010 a 7.2% en 2015. La población indígena no está al margen de este proceso, sumando 1 millón 247 mil 673 personas adultas mayores. Los estados con mayor concentración de adultos mayores indígenas son Oaxaca, Veracruz, Yucatán, Puebla, Chiapas, México, Hidalgo y Guerrero.
Los adultos mayores indígenas hablantes de lenguas originarias suman 1 millón 131 mil 936 personas, representando el 90.7% de esta población, una cifra significativamente mayor que el 61% de hablantes en la población indígena total.
Educación y Salud en la Vejez Indígena
En cuanto a la educación, la mitad de los adultos mayores indígenas son analfabetas, porcentaje que se incrementa al 60% entre las mujeres y disminuye al 38% entre los hombres.
La atención a la salud es fundamental para la calidad de vida de la población en edad avanzada. A nivel nacional, entre 2000 y 2015, el porcentaje de población adulta mayor afiliada a servicios de salud pasó del 48% al 86.3%. Entre la población indígena, este porcentaje aumentó en 60 puntos porcentuales, del 23.6% al 85.4%.
Finalmente, se observa un proceso de masculinización del envejecimiento en algunos grupos etnolingüísticos indígenas, como los mayas, tseltal, cho'ol y huasteco, donde hay más hombres que mujeres en la población en edad avanzada.