Hepatitis en el Adulto Mayor

La hepatitis es la inflamación del hígado, un órgano vital para el organismo. Esta inflamación puede ocurrir cuando el hígado se lesiona o infecta, y puede provocar daños significativos. La hepatitis puede ser una infección aguda (a corto plazo) o crónica (a largo plazo). Algunos tipos de hepatitis solo causan infecciones agudas, mientras que otros pueden volverse crónicos y derivar en enfermedades graves como la cirrosis (cicatrización del hígado), insuficiencia hepática y cáncer de hígado.

La hepatitis viral es el tipo más común y es causada por uno de varios virus: hepatitis A, B, C, D y E. Otras causas de hepatitis incluyen fármacos, toxinas, el alcohol y enfermedades autoinmunes. La ingesta de bebidas alcohólicas, por ejemplo, es una de las principales causas de hepatitis en el mundo occidental.

Esquema del hígado con zonas inflamadas

El Hígado y el Envejecimiento

El envejecimiento de la población es un fenómeno sociodemográfico de gran importancia. Aunque la patología hepática en el anciano ha despertado menos interés que la de otros órganos, es crucial entender cómo el hígado se comporta con la edad. No existen enfermedades hepáticas específicas de la edad avanzada, pero las modificaciones anatómicas y funcionales del hígado ligadas al envejecimiento justifican cambios en la frecuencia y el comportamiento clínico y evolutivo de algunas enfermedades hepáticas, en comparación con lo observado en pacientes más jóvenes.

Con la edad, se produce una reducción del peso y del volumen del hígado, un fenómeno denominado atrofia senil. Esto se debe a la disminución del número de hepatocitos, aunque para compensar esta pérdida, los hepatocitos restantes aumentan su tamaño. El examen histológico del hígado normal de los ancianos muestra un aumento del tamaño de los hepatocitos con presencia de lipofuscina, núcleos hipercromáticos (a menudo binucleados y vacuolados) y un aumento de la densidad del estroma conectivo portal.

La exploración funcional del hígado en los ancianos revela distintas alteraciones, como la reducción del flujo sanguíneo hepático, la disminución de la capacidad fagocitaria de las células de Kupffer y la reducción de la actividad del citocromo P450. Estas alteraciones funcionales pueden contribuir a la aparición de enfermedades hepáticas, ya sea inducidas por agentes infecciosos o por fármacos. A pesar de estas alteraciones, persiste suficiente reserva funcional hepática para permitir, en algunos casos, el trasplante de hígados de personas de edad avanzada.

En el adulto mayor, la respuesta inmune disminuye con la edad, existen cambios metabólicos, deficiencias nutricionales y mayor exposición previa a toxinas hepáticas. Estas condiciones pueden influir negativamente en el curso evolutivo y el pronóstico de la hepatopatía. Por ello, es fundamental realizar chequeos médicos anuales que permitan detectar y tratar a tiempo cualquier hepatitis.

Tipos de Hepatitis y su Impacto en la Población Mayor

Las hepatitis virales poseen algunas características clínicas únicas en individuos mayores, un segmento creciente de la población global. Existen diferencias importantes en la epidemiología, la presentación clínica y el manejo de las hepatitis virales en los adultos mayores comparados con individuos más jóvenes.

Hepatitis A

La hepatitis A es una inflamación del hígado causada por el virus de la hepatitis A (VHA). Se transmite principalmente por vía fecal-oral, es decir, cuando una persona no infectada ingiere agua o alimentos contaminados con heces de una persona infectada. Las vías de transmisión incluyen:

  • Ingesta de agua o alimentos contaminados.
  • Contacto directo con una persona infectada.
  • Mala higiene personal, especialmente en la manipulación de alimentos.
  • Contacto físico estrecho, como el sexo bucoanal.

La hepatitis A no causa hepatopatía crónica, pero puede ocasionar síntomas debilitantes y, en raras ocasiones, hepatitis fulminante (insuficiencia hepática aguda), que a menudo es mortal. El período de incubación suele ser de entre 14 y 28 días.

Los adultos presentan signos y síntomas con mayor frecuencia y gravedad que los niños. La gravedad y la mortalidad de la enfermedad aumentan con la edad. Los síntomas pueden incluir fiebre, malestar, pérdida de apetito, diarrea, náuseas, molestias abdominales, coloración oscura de la orina e ictericia (coloración amarillenta de la piel y los ojos).

Cualquier persona que no se haya vacunado o infectado previamente puede contraer el VHA. Sin embargo, en la población mayor, la causa del escaso número de casos es la presencia de anticuerpos protectores debido a un contacto anterior con el virus en etapas de la vida con menor higiene general. No obstante, la población susceptible va aumentando debido a la mejor higiene pública y a la menor circulación del VHA. La hepatitis A se puede prevenir mediante una vacuna segura y eficaz, además de un abastecimiento adecuado de agua potable salubre, la correcta eliminación de aguas residuales y buenas prácticas de higiene personal, como el lavado regular de manos.

Hepatitis B

La hepatitis B es una infección hepática grave causada por el virus de la hepatitis B. Se transmite de persona a persona a través de la sangre, el semen u otros líquidos corporales. Las formas de transmisión incluyen:

  • Contacto sexual: Al tener relaciones sexuales sin preservativo con una persona infectada.
  • Compartir agujas: A través de agujas y jeringas contaminadas con sangre infectada.
  • Pinchazos accidentales de aguja: Un riesgo laboral en entornos de salud.
  • De persona embarazada a recién nacido: Las personas embarazadas infectadas pueden transmitirlo a sus bebés al dar a luz, aunque es posible vacunar al recién nacido para evitar la infección en casi todos los casos.

La infección por el virus de la hepatitis B puede ser aguda (de corta duración, menos de seis meses) o crónica (seis meses o más). La mayoría de los adultos que contraen hepatitis B desarrollan una infección aguda y se recuperan por completo, ya que su sistema inmunitario logra eliminar el virus. Sin embargo, en otras personas, especialmente si se infectan a una edad temprana (recién nacidos o niños menores de 5 años), la infección se vuelve crónica y puede durar toda la vida, derivando en cirrosis y cáncer de hígado.

HEPATITIS - ¿Qué pasa dentro del cuerpo de las personas que la padecen?

Los síntomas de la hepatitis B aguda varían de leves a graves y generalmente comienzan de 1 a 4 meses después de la infección, aunque pueden aparecer tan solo dos semanas después. Incluyen malestar general, cansancio, náuseas e ictericia.

Existe una vacuna muy eficaz y segura que previene la infección por el virus B. Esta vacuna está incluida en el calendario vacunal y se administra en dos dosis con un mes de diferencia, o en tres o cuatro dosis en un período de seis meses, según el tipo de vacuna. Se recomienda la vacunación para todas las personas menores de 59 años, y para mayores de 60 si tienen riesgo de exposición. Es importante conocer el estado de hepatitis B de cualquier pareja sexual y usar preservativos si el estado es desconocido. También se aconseja evitar el consumo de drogas ilícitas o usar agujas estériles, y tener precaución con piercings y tatuajes, asegurándose de que el equipo sea estéril.

Para las personas infectadas, el tratamiento depende de si la infección es aguda o crónica. Algunas personas necesitan medicamentos, y aquellas con daños graves en el hígado por una infección crónica pueden requerir un trasplante de hígado. Es crucial someterse a pruebas de hepatitis B antes de tomar medicamentos que debilitan el sistema inmunitario, como corticoides o quimioterapia, ya que existe riesgo de reactivación del virus.

Hepatitis C

La hepatitis C es la forma más común de hepatitis vírica en los ancianos. En muchos casos, su origen es iatrogénico, es decir, adquirido a través de procedimientos médicos con material contaminado. Históricamente, la hepatitis aguda C se adquiría en medios hospitalarios, por ejemplo, al recibir suero heparinizado de viales multiuso, en hemodiálisis o durante cirugías con equipos contaminados. La eliminación de donaciones de sangre de donantes positivos para el VHC y la mejora de las prácticas médicas han reducido drásticamente estas vías de transmisión.

En algunos países occidentales, la hepatitis crónica C es muy común entre la gente de edad avanzada. Esto se atribuye a la gran difusión de inyectables para la administración de fármacos en condiciones de higiene discutible en décadas pasadas, cuando aún no se disponía de jeringuillas desechables.

La hepatitis aguda C posee un elevado riesgo de evolución a la cronicidad (80%), pero suele tener un curso indolente y muy lentamente progresivo. Sin embargo, existen observaciones que sugieren un curso muy rápidamente progresivo si se adquiere después de los 50 años, lo que puede llevar al desarrollo de cirrosis e incluso de carcinoma hepatocelular en pocos años.

La infección crónica por VHC es en la actualidad la causa más frecuente de cirrosis hepática en muchos países. La mortalidad por complicaciones de la cirrosis, como la hemorragia digestiva por ruptura de varices esofágicas, es mayor en pacientes de más de 65 años. Cerca del 20% de estos pacientes presentan concomitantemente un carcinoma hepatocelular.

El tratamiento de la hepatitis crónica C con terapias más antiguas, como interferón y ribavirina, solía ser mal tolerado en las personas de edad, con una alta tasa de supresión de la medicación debido a efectos adversos. No obstante, con los avances en el tratamiento, las tasas de respuestas sostenidas son similares a las de los pacientes más jóvenes, aunque se deben considerar las comorbilidades y el estado general de salud del adulto mayor.

Otras Causas de Hepatitis en el Adulto Mayor

  • Enfermedad del hígado graso no alcohólico (EHGNA): Es actualmente la enfermedad hepática más común en adultos y ancianos, debido al aumento de la prevalencia de factores de riesgo como la obesidad, la dislipemia y la diabetes tipo 2. Implica el depósito de grasa en el hígado y puede progresar a esteatohepatitis y cirrosis. El tratamiento se centra en la corrección farmacológica de alteraciones metabólicas y el aumento de la actividad física.
  • Hepatitis alcohólica: El alcohol es una de las principales causas de daño hepático. Las personas con hepatitis alcohólica deben dejar el alcohol.
  • Hepatitis autoinmune: Un tipo crónico en el que el sistema inmunitario ataca el hígado.
  • Hepatitis tóxica: Causada por la exposición a ciertas sustancias químicas o medicamentos.

Síntomas Generales de Hepatitis

Algunas personas con hepatitis no presentan síntomas y no saben que están infectadas. Si hay una infección aguda, los síntomas pueden comenzar entre 2 semanas y 6 meses después de la infección. Los síntomas pueden ser inespecíficos, como malestar general, cansancio, náuseas, o más específicos como:

  • Ictericia: Coloración amarillenta de la piel y el blanco de los ojos.
  • Fiebre.
  • Pérdida de apetito.
  • Diarrea.
  • Molestias abdominales.
  • Coloración oscura de la orina.

Cuándo Consultar al Médico

Si se sabe que ha habido exposición al virus de la hepatitis, se debe comunicar con un profesional de atención médica de inmediato. Cualquier aumento de los enzimas hepáticos o de la bilirrubina sérica en ancianos debe interpretarse como indicativo de la existencia de una lesión hepática, excepto en casos de elevación aislada de fosfatasas alcalinas o GGT que puedan tener otras causas.

Prevención y Estrategias

La mejora del saneamiento, la inocuidad de los alimentos y la vacunación son las medidas más eficaces para combatir la hepatitis viral. Existen vacunas para prevenir la hepatitis A y B. La prevención de la hepatitis alcohólica implica no beber demasiado alcohol.

Las estrategias mundiales del sector de la salud, como las promovidas por la OMS, buscan ampliar la prevención, la realización de pruebas y el tratamiento de la hepatitis vírica, haciendo hincapié en llegar a las poblaciones y comunidades más afectadas y en riesgo, incluyendo a los adultos mayores, para abordar las brechas y las desigualdades.

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