La Percepción de la Edad: Una Ilusión Óptica
En 1915, el inglés W. E. Hill publicó en la revista estadounidense *Puck* una ilustración bajo el título “Mi mujer y mi suegra” que se hizo popular porque, luego de observar la imagen durante un par de segundos, la duda es si se trata de una mujer anciana o una joven. La solución a esta ilusión óptica es que no hay una única respuesta. Si se presta atención, en la pintura se ve, por una parte, a una mujer joven con un sombrero que mira hacia su lado derecho. Sin embargo, también se ve a una señora de pelo rizado, con un pañuelo en la cabeza y con la nariz y el mentón puntiagudos. En ambos casos, la opción es correcta.

Ahora, un estudio publicado por la revista *Scientific Reports* aportó un dato interesante a este acertijo visual: la edad. Esta investigación explicó que la edad de las personas condiciona las respuestas. Luego de realizar la experiencia con una muestra de 400 participantes, con edades comprendidas entre los 18 y 68 años, los resultados indicaron que los participantes tendían a ver a la mujer que se asemejaba a su edad. Por tanto, los más jóvenes ven a la mujer joven y los más ancianos ven a la mujer anciana. Según los investigadores, la explicación está relacionada con la psicología y los sesgos.
La Autopercepción de la Edad y sus Factores Psicológicos
La forma en la que nos percibimos puede verse afectada por diferentes factores psicológicos, explica la psicóloga Leticia Martín Enjuto. Entre ellos destaca la “actitud con la que enfrentamos el envejecimiento”. El motivo por el cual los jóvenes se identifican más rápido con la mujer joven y los mayores con la anciana está relacionado con prácticas sociales y culturales que son menos inclusivas con las personas de mayor edad.
Si vemos el envejecimiento de forma negativa, continúa la psicóloga, es muy probable que sintamos ansiedad por envejecer, y esto, a su vez, puede producir “una sensación desajustada sobre el envejecimiento y cierta mayor tasa de deterioro cognitivo”. Frente a este miedo, hay quienes se protegen de esta percepción de envejecimiento con lo que la psicología llama midorexia, “la resistencia a aceptar el paso del tiempo”, asegura la experta. Esto puede hacer que nos comportemos como si fuéramos más jóvenes de lo que somos en realidad, que incluso usemos ropa o llevemos un estilo de vida más juvenil, “lo que termina por proteger la percepción subjetiva de la juventud”.
Aunque en algunos casos la genética o el estilo de vida pueden hacer que aparentemos menos años, en muchos otros este error de percepción viene dado por la ansiedad que nos produce envejecer. Y esa ansiedad tiene su origen, en muchos casos, en el miedo a la muerte. “La percepción de una edad subjetiva menor”, asegura la experta, “puede actuar como un mecanismo de defensa psicológico que busca mitigar el miedo al envejecimiento”. Otros detalles que pueden influir en esta fobia a envejecer y esta brecha en la autopercepción pueden tener relación con el entorno social o cultural, ya que estos, nos explica Martín Enjuto, “juegan un papel decisivo” en nuestras vidas.
“Contar con un apoyo social adecuado y creencias que proyectan en los demás una visión positiva hacia nosotros”, continúa la psicóloga, “son factores que influyen de forma positiva en la comparación que hacemos con terceros”. Es decir, cuanto más protegidas nos sintamos en nuestro entorno, más favorable será la proyección de nosotras mismas que hacemos sobre los demás. O lo que es lo mismo, más fácil nos resultará aceptar nuestro propio proceso, nuestra edad y nuestros cambios.
"Joven de Mente": Una Actitud con Base Biológica
Más allá del miedo al envejecimiento, hay otras posibles explicaciones para estos eternos jóvenes, en especial cuando escuchamos hablar de personas que aseguran ser “jóvenes de alma” o “jóvenes de mente”. “Sentirse ‘joven de mente’”, nos explica Martín Enjuto, “implica mantener una mentalidad abierta, flexible y ciertamente curiosa, con apertura a nuevas experiencias y características asociadas a la edad temprana”. Es algo así como “un modo en el que el cerebro trata de adaptarse y aprender”, algo muy ligado a la resiliencia emocional, que según la psicóloga, “reduce el riesgo de deterioro y rema a favor de esta ‘mente joven’”.
De hecho, esto de ser “joven de alma” tiene incluso una explicación física. Según la experta, “el sistema reticular, próximo al tallo encefálico, tiene mucho que ver con esto. Concretamente, con ver oportunidades y percatarse de aquellos puntos que van en consonancia con nuestra visión”. Es lo que hace, por ejemplo, que cuando estamos embarazadas veamos más embarazadas, o que cuando queremos un coche rojo, veamos más coches rojos por la calle. Es, explica Martín Enjuto, “una manera de atraer aquello que sentimos, con base biológica, más allá del mero dicho”.
“La edad que sentimos no siempre coincide con la que marca nuestro documento de identidad”, asegura la psicóloga. Y en este aspecto, continúa, “la influencia de las personas y de los grupos que nos rodean, puede cambiar la forma en que percibimos nuestra propia edad”. Si estamos en un entorno donde la mayoría de la gente es activa y cuida de su salud, nos explica, “es fácil que asociemos la edad con energía y vitalidad”. Esto puede ser clave para nuestra propia percepción, dado que “nos motiva a adoptar hábitos que refuercen esa imagen positiva de nosotros mismos”. Por el contrario, nos advierte la psicóloga, “si pasamos mucho tiempo en ambientes donde se considera normal que el cuerpo se deteriore antes de tiempo, es probable que empecemos a vernos a nosotros mismos de esa manera”. De hecho, continúa, es posible, incluso, que asumamos “actitudes más pasivas” o nos sintamos más limitados, “aunque nuestra edad real no lo justifique”.
La Sabiduría de Epicteto: Juzgar el Presente con Criterios del Pasado
En pocos años, el estoicismo, cuyos orígenes se remontan a la Antigua Grecia, se ha puesto de moda. Fue Zenón de Citio (334 - 262 a.C.) el creador de esta filosofía que pronto ganó seguidores en la Antigua Grecia y, posteriormente, en la Antigua Roma. Según los estoicos, todo puede pensarse mediante una ética personal, un sistema lógico y una ley de relación de causa-efecto. Es decir, aferrarse a lo racional y comprensible y no dejarse llevar por factores externos. El estoicismo destaca la importancia del conocimiento práctico, la templanza ante situaciones adversas, el coraje y la justicia, entre otras. Además, para estos filósofos, el conocimiento y la virtud son una y la misma cosa.
En una época de aceleramiento constante, de cambios tecnológicos insospechados y de transformaciones sociales, las palabras atribuidas a Epicteto resuenan con fuerza: "El error del anciano es que pretende enjuiciar el hoy con el criterio de ayer". Estas palabras podrían confundir en una primera lectura, pero aquí no se trata de despreciar la experiencia acumulada, sino de advertir sobre una tendencia muy común: aferrarse a criterios que funcionaron en el pasado y aplicarlos a situaciones diferentes sin cuestionarlos.

Cabe recordar que el filósofo Epicteto (55-125 d. C.), como buen estoico, sostiene que la tranquilidad interior depende de la claridad y flexibilidad de nuestros juicios. Cuando evaluamos el “hoy” con herramientas mentales diseñadas para el “ayer”, corremos el peligro de distorsionar la realidad. Un principio que va más allá de la edad biológica porque cualquier persona, joven o mayor, puede caer en este error si no mantiene una actitud abierta al aprendizaje y la adaptación. La frase no figura de manera textual en los escritos del filósofo Epicteto. Sin embargo, en el *Enquiridión*, podemos leer pensamientos semejantes como “Los hombres no se perturban por las cosas, sino por la opinión que tienen de estas” o “No pretendas que las cosas sean como las deseas; deséalas como son”.
Hoy, la frase atribuida a Epícteto sigue viva con una enorme fortaleza para entender cómo pensamos y juzgamos en un mundo rápidamente cambiante. La aplicación de esta frase nos puede servir mucho más allá de una simple reflexión sobre la vejez:
- Promueve la actualización del pensamiento, al recordar que los criterios del pasado no siempre encajan con los retos actuales.
- Fomenta la apertura mental, evitando que la rigidez cognitiva se convierta en un obstáculo para el entendimiento y la adaptación.
- Facilita la convivencia intergeneracional, pues ayuda a construir puentes entre distintas formas de pensar sin caer en prejuicios simplistas.
- Mejora la toma de decisiones, ya que quien reconoce cambios en el contexto puede responder con mayor agilidad y eficacia.
El Universo Interior: Cómo Percibimos a los Demás
Había un anciano que pasaba los días sentado junto a un pozo a la entrada del pueblo. Un día, llegó un viajero y preguntó: "-¿Cómo son los habitantes de esta ciudad?". El anciano le respondió con otra pregunta: "-¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de la que vienes?". El viajero contestó: "-Malvados, por eso me he sentido contento de haber salido de allí". El anciano le dijo: "-Pues los habitantes de esta ciudad son así".
Más tarde, llegó otro viajero y preguntó al anciano: "-¿Cómo son los habitantes de esta ciudad?". El anciano le devolvió la pregunta: "-¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de la que vienes?". Este segundo viajero respondió: "-Eran buenos, generosos, hospitalarios, honestos, trabajadores. Hice tantos amigos que me ha costado mucho separarme de ellos...". A lo que el anciano replicó: "-Pues los habitantes de esta ciudad son así".
Un joven que había estado escuchando las conversaciones preguntó al anciano: "-¿Cómo es que a uno le dices una cosa y al otro la contraria?". El anciano le respondió: "-Cada uno lleva el universo en su corazón. Quien no ha encontrado nada bueno en su pasado, tampoco lo encontrará aquí". Esta anécdota resalta cómo nuestra propia percepción, forjada por nuestras experiencias y nuestro "universo interior", moldea la forma en que vemos el mundo y a las personas que nos rodean, una idea fundamental cuando consideramos la transición de la juventud a la vejez.
"Viejoven": La Dualidad en la Percepción Social
El término "viejoven", que no aparece recogido en el Diccionario de la RAE, se utiliza con los siguientes sentidos, tal y como se muestra en el diccionario de Sin Faltas: ‘persona supuestamente joven con aspecto o mentalidad de viejo’ y ‘persona de edad avanzada que trata de parecer joven’. Este concepto es una clara manifestación de cómo la sociedad percibe y etiqueta la mezcla de juventud y vejez.
En una encuesta realizada por Fundéu a casi 400 personas, se ofreció dos definiciones: ‘persona anciana que se comporta y actúa como una joven’ y ‘persona joven que se comporta y actúa como una anciana’. Se pudo apreciar a grandes rasgos que la edad de la persona es un factor determinante a la hora de definir esta voz; de las 108 personas mayores de 51 años que respondieron, solo el 36.11 % opinaron que viejoven significa ‘persona joven que se comporta y actúa como una anciana’. Además, parece que el país también es un factor determinante: quienes contestaron desde España -más de un 80 %- apoyaron masivamente el significado de ‘persona joven que se comporta y actúa como una persona anciana’, salvo en el último tramo de edad; por otro lado, los que lo hicieron desde Argentina, México, Chile y Venezuela, entre otros países de América, mostraron su preferencia por ‘persona anciana que se comporta y actúa como una joven’. A pesar de estas diferencias, el contexto suele ser capaz de asignarle el sentido adecuado al término.
La Reminiscencia: Un Puente entre el Pasado y el Presente
“Cuando yo vivía en Segovia...”, “Cuando yo estuve en América...”, “Cuando trabajaba en la Renfe...”. Así comienzan muchas personas mayores a narrar trozos de su historia, entre nostalgia e ilusión por encontrar alguien que les escuche. Efectivamente, el proceso de envejecimiento produce diferentes crisis: de identidad, de autonomía, de pertenencia. Ya decía Aristóteles en la *Retórica* que “los ancianos viven más de la memoria que de la esperanza, porque el tiempo que les queda por vivir es muy corto en comparación con su largo pasado... Esta es la causa de su locuacidad”.
Pero no siempre este retorno al pasado, frecuente en las personas mayores, es bien entendido. Una sana consideración de la reminiscencia nos tiene que llevar a comprender su función y a utilizarla bien en la relación de ayuda con la persona mayor. La reminiscencia (esta tendencia a recordar la vida pasada) puede considerarse como una actividad de la vida corriente de las personas de edad, útil e incluso necesaria para el equilibrio psicológico y afectivo. Vivida en clave positiva, traer a colación los recuerdos, sin connotación patológica, constituye incluso una oportunidad de crecimiento. El libro de la propia vida se está terminando de escribir y las últimas páginas constituyen una oportunidad de levantar acta de la propia vida poniendo orden, subrayando lo que fue realmente significativo, queriéndose a sí mismo y comunicando el mensaje contenido en la lectura de la propia experiencia.

Detrás de lo que se recuerda, con frecuencia suele haber un hilo conductor que permite sentirse vivo y en continuidad con el pasado: “No soy un desecho o un mero dependiente de los cuidados de los demás, soy el que fui, vivo y estoy en relación con otras personas”. La reminiscencia no está siempre libre de tensiones internas. En el pasado que se recuerda, los mayores reviven a veces acontecimientos penosos, experiencias negativas o no asimiladas. Para quienes acompañan a los mayores en el arte de envejecer, no siempre resulta fácil manejar la reminiscencia.
Escuchar la narración repetida una y otra vez del pasado no significa oír siempre la misma historia, sino ser capaces de captar cada vez un mensaje nuevo: “hoy, ahora, contigo, contándote lo que ya sabes, me siento vivo y reconocido por ti, pongo orden en mi vida, me autoafirmo, me reconcilio y te considero importante para mi equilibrio afectivo”. Algunos terapeutas han comprendido bien la importancia del recuerdo y lo estimulan directamente, invitando en sus sesiones individuales o de grupo a recordar viejos cantos, viejas anécdotas, historias que circulaban en los tiempos jóvenes, lugares particularmente relevantes. El mensaje es claro: el pasado es importante. Su evocación constituye una consideración respetuosa y en él se puede encontrar sentido. La escasez de tiempo de los profesionales de la salud, agentes sociales o cuidadores informales no será nunca una razón suficiente para abandonar al mayor a una soledad afectiva que le llevará a seguir vivo sin sentirlo, a morir antes de morir.