La manera en que cada persona envejece es única y a su propio ritmo. Estos pensamientos, aunque sencillos, poseen un gran valor práctico, invitándonos a reflexionar sobre la importancia de la personalidad de las personas mayores para vivir mejor y apreciar los beneficios de adoptar actitudes positivas ante la vida, los demás y las inevitables consecuencias del envejecimiento.
Otro mensaje fundamental es la utilidad de conocer las tipologías de personalidades de las personas mayores. Esto permite establecer relaciones empáticas, provechosas y certeras al interactuar y cuidar a este grupo demográfico.

El lenguaje adecuado para referirse a las personas mayores
Las personas mayores son protagonistas constantes de las noticias, ya sea por sus hazañas deportivas o académicas, o por ser víctimas de crímenes o abandono. A pesar de esto, es habitual encontrar en los medios el uso de términos inadecuados para referirse a ellas, como "viejito", "abuelo", "pensionado", "fósil" o "senil".
Existen numerosos recursos para periodistas con guías de estilo cuyo propósito es promover un lenguaje libre de estereotipos y discriminación al hablar sobre el envejecimiento y la vejez. De estos documentos, destaca la tabla que resume acertadamente una propuesta para abordar positivamente las noticias relacionadas con los adultos mayores.
- El término "abuelo" es insuficiente, ya que no representa a todas las personas mayores, sino solo a quienes tienen esta relación de parentesco.
- Se invita a los medios de comunicación a evitar el uso de imágenes estereotipadas de las personas mayores (usando bastón, enfermas, tristes, solas, etc.) y a contribuir a eliminar los prejuicios sobre este grupo.
- Para ofrecer una visión más ajustada a la realidad, las imágenes deberían mostrar sus distintas relaciones personales, acciones cotidianas, pensamientos y sentimientos.
Superando los estereotipos negativos
Las personas en esta etapa de la vida no solo deben enfrentar la consciencia de que sus condiciones biológicas, físicas, intelectuales y psicoemocionales ya no son óptimas. Es en este punto donde el entorno social se convierte en un factor fundamental para potenciar, mediante estímulos externos, las condiciones necesarias que promuevan la motivación. Esto puede permitirles encontrar potencialidades en la edad adulta tardía para hacer de esta una etapa adecuada y plena, como destacan Meléndez, Tomás y Navarro (2009: 91).
La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece requisitos desde el entorno para hacer del envejecimiento una etapa de bienestar emocional, satisfacción y exploración de nuevas oportunidades de toda índole. Según Serdio (2015), el envejecimiento de la población no es solo una cuestión biológica; desde una visión social, este proceso ha sido interpretado según cómo se proyecta en el entorno y todo lo que implica vivir en él.
Muchas personas piensan que, debido al aumento de esta población, en un futuro surgirá una sociedad dependiente, donde la persona mayor dependerá de otros tanto afectiva como físicamente, generando una descompensación en la sociedad. En contraparte, otros opinan que hoy en día encontramos personas de la tercera edad con independencia total, y que en el futuro estaremos mejor preparados para llegar a esa etapa viviendo a plenitud.
Sánchez (citado por Rodríguez, 2011) señala que las sociedades están atravesadas por una serie de prejuicios con respecto a la vejez como etapa, lo que termina estereotipando la minusvalía que supone llegar a ese momento de la vida.

Estereotipos comunes sobre la vejez:
- Los ancianos son percibidos como enfermos y con grandes dosis de discapacidad. Asociado directamente con el término de fragilidad y dependencia, este estereotipo ignora a la población de personas mayores capaces de realizar las tareas de la vida diaria de forma autónoma e independiente, que viven solas y que, a pesar de la variedad de enfermedades crónicas que puedan presentar, refieren un estado de bienestar satisfactorio.
- Los ancianos son percibidos como carentes de recursos sociales, lo que los hace estar solos y deprimidos.
- Los ancianos son percibidos con deterioro cognitivo y trastornos mentales. Es importante no confundir el deterioro patológico con el declive intelectual propio del envejecimiento.
- Los ancianos aparecen como psicológicamente rígidos e incapaces de adaptarse a los cambios.
Superar los estereotipos negativos a nivel social permitirá un mayor grado de sensibilización en todos los actores sociales y, por efecto espiral, las propuestas dirigidas a los adultos mayores estarán cada vez menos "contaminadas" con la visión tradicional hegemónica sobre la vejez (Ferrari, 2015:25). Todo apunta a reflexionar sobre la trascendencia del papel tan importante que juegan "los abuelos", así como la necesidad irrenunciable de brindarles respeto y apoyo para potenciar sus capacidades y generar un entorno social adecuado con trato y condiciones de vida que promuevan su independencia.
El entorno social y su influencia
El entorno social, también denominado contexto social o ambiente social, es el lugar donde los individuos se desarrollan en determinadas condiciones económicas, sociales y culturales, y está relacionado con los grupos a los que pertenecen. Abarca la cultura en la que el individuo fue educado y cómo vive, incluyendo a las personas e instituciones con las que interactúa regularmente.
En el mismo sentido, el entorno social es el espacio constituido por todos los elementos creados por el ser humano que rodean a los individuos e interactúan con ellos, tales como la infraestructura, las relaciones sociales y el universo cultural que los rodea.
El entorno social abarca dos aspectos: el material y el inmaterial. La dimensión material comprende la infraestructura, servicios públicos, remuneración del individuo, nivel educativo, entre otros. El hogar, los espacios de formación y trabajo constituyen los principales sitios donde se generan las interrelaciones del entorno social, y de estos depende gran parte la salud física y mental de las personas.
Según Sánchez-González (2007: 48), el aumento del envejecimiento demográfico es un fenómeno universal que implicará adecuaciones ambientales para atender las crecientes necesidades y demandas de servicios, equipamientos e infraestructuras destinados a los millones de adultos mayores vulnerables.

Los elementos que conforman el entorno social pueden variar según el lugar donde se encuentre el individuo, y el peso o la importancia de estos cambia según la cultura o valores de cada grupo humano.
Roles en el entorno social:
- La familia: Es la primera instancia donde el ser humano socializa, el primer grupo social de interacción y relaciones, y se convierte en un eje transversal e irrenunciable a lo largo de la existencia humana. En el ámbito familiar, el rol de abuelo suele ser uno de los más satisfactorios en la vejez, estableciéndose relaciones sólidas y de confianza con los nietos (Craig y Baucum, 2009: 590) (Labarca, 2012: 405). Generalmente, en las familias donde ambos progenitores trabajan, los abuelos suelen ser los cuidadores principales durante la mayor parte del tiempo (Craig y Baucum, 2009: 185). En el hogar, como espacio donde se asienta la familia, la posibilidad de desempeño de actividades es clave para elevar el ánimo de los adultos mayores.
- La escuela: Es el segundo contexto natural de socialización. La educación en la escuela tiene un papel fundamental en el desafío de romper con un imaginario social que segrega y excluye a la vejez de las relaciones sociales, dejando de lado viejos prejuicios, y fomentando la tolerancia y comprensión hacia el adulto mayor.
- La sociedad: Es el contexto social macro donde un individuo crece y se desarrolla de manera integral, asumiendo los distintos roles que, a medida que el ser humano se desarrolla, va ocupando. Por supuesto, está formada por millones de otros individuos que comparten e interactúan desde determinados valores sociales y culturales.
Los organismos internacionales han fijado posición sobre este tema desde el siglo pasado. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), citado por Rodríguez (2011), establece que el desarrollo humano se fundamenta en la "creación de un entorno en el que las personas puedan desarrollar su máximo potencial y llevar adelante una vida productiva y creativa de acuerdo con sus necesidades e intereses".
Bienestar emocional en la tercera edad
Tener bienestar emocional puede parecer algo sencillo, pero no lo es. El bienestar emocional se relaciona con las emociones, que son la base que impulsa la conducta, las actitudes y las relaciones con el entorno. Goleman (1995) define las emociones como impulsos para la acción, razón por la cual el bienestar en el estado emocional determina la disposición anímica para transitar los procesos de la vida y, aún más, para desarrollar la capacidad humana natural para enfrentar situaciones adversas o complejas, hoy conocida como resiliencia.
Goleman (1995) señala: "Todas las emociones son impulsos para actuar, planes instantáneos para enfrentarnos a la vida que la evolución nos ha inculcado." Goleman (1995) ha determinado que existen seis emociones básicas que mueven la dinámica del ser humano dentro de su contexto socioemocional: miedo, aversión, sorpresa, alegría, ira y tristeza. Sin embargo, no podemos dividirlas entre emociones buenas y malas, ya que dependen de nuestras experiencias anteriores y del momento presente.
¿Cómo nuestras emociones y pensamientos pueden prolongar nuestra vida? | Mario Alonso Puig
Además de las emociones básicas, Goleman (1995) señala que existen emociones secundarias. Las emociones secundarias, a diferencia de las básicas, se aprenden a lo largo de la vida y generalmente son la mezcla de dos emociones. Por ejemplo, la vergüenza puede surgir de la culpa y el miedo; los celos, del amor y el miedo. Las emociones secundarias son sociales, es decir, se aprenden a partir de una interacción con la sociedad en la que vivimos. En el mismo orden de ideas, la emoción es una compleja combinación entre lo que percibes, cómo reacciona tu cuerpo y lo que te motiva a actuar.
El bienestar emocional es de especial particularidad y características cuando se trata de adultos mayores, pues la tercera edad es una etapa en la que la emocionalidad cambia a partir de una serie de factores que determinan la sensación de bienestar. Según Carmona (2009), "el bienestar en la vejez se deriva de diversos factores -no solamente biológicos- sino también sociales y personales en su construcción".
Las emociones cumplen la función de adaptarnos a nuestro entorno; no son buenas ni malas, son señales e información acerca de lo que nos rodea y de nosotros mismos. Lo que sí es calificado como positivo o negativo es la valoración de las personas sobre lo vivido y las emociones ligadas a esas vivencias. A propósito de lo referido anteriormente, se considera pertinente aportar lo que Bisquerra (2006) ha llamado el decálogo del bienestar, que muestra indicadores de fácil observación para determinar un funcionamiento emocional adecuado.
La adultez mayor: una perspectiva positiva
Ante todo, es menester aclarar que, indistintamente de si se utilizan los términos adultez mayor, adultez tardía o vejez, todos dan cuenta de un mismo fenómeno: una etapa de la vida del ser humano. Para Rodríguez (2011), "la etapa de vejez del ser humano ha sido el resultado del desarrollo del proceso del ciclo vital, el cual ha estado enmarcado por las características de lo que ha vivido a lo largo de sus etapas a nivel individual, social, desde su historia de salud y de los determinantes de esta (estilos de vida, biología, sistemas de salud, ambiente)".
Al respecto, Papalia, et al. (2009, 4) destacan la importancia de asumir una visión positiva de la vejez, considerándola como un proceso natural de desarrollo que incluye tanto pérdidas como ganancias. Papalia (2012) denomina la edad de los adultos mayores como Adultez Tardía y la caracteriza citando y desarrollando todos aquellos aspectos que resumen los rasgos generales más comunes que enfrenta este momento de la vida del ser humano.
Aspectos de la adultez tardía:
- Ámbito biológico: La degeneración progresiva de las facultades físicas debido a la alteración producida por el paso del tiempo en los tejidos. Al disminuir las capacidades físicas, se incrementa la vulnerabilidad ante las enfermedades y accidentes. Existe una tendencia natural de la persona mayor a descompensarse con facilidad.
- Ámbito psicológico: Alteraciones psicológicas propias de esta etapa que influyen de manera determinante en la forma de establecer vínculos con el entorno familiar y social. Específicamente, Erikson (citado por Papalia, 2012) menciona desde su enfoque psicodinámico el conflicto de la "integridad del yo vs. desesperanza". La virtud que es posible desarrollar durante esta etapa es la sabiduría, "una preocupación informada y desapegada por la vida al enfrentar la muerte".
- Ámbito social: La persona que llega a la llamada tercera edad y se jubila, se ve de pronto retirada de sus actividades laborales y responsabilidades anteriores. De un día para otro experimenta una disminución en su relación con los demás, su movilidad se hace más difícil, y la comunicación y participación social bajan de intensidad, razón por la cual el entorno de la persona mayor se va reduciendo luego de la jubilación.
Una vez tratados los aspectos relativos a la adultez mayor en el marco de una perspectiva de vejez positiva, es importante comprender la vinculación que existe entre el entorno social y el bienestar emocional del adulto mayor.
Envejecimiento saludable: el caso de los centenarios
La Organización Mundial de la Salud (OMS), en una publicación de diciembre de 2017 sobre la Salud Mental de los Adultos Mayores, asegura que la salud integral de este grupo se puede mejorar mediante la promoción de hábitos activos y saludables. Esto implica crear condiciones de vida y entornos que aumenten el bienestar y propicien la adopción de modos de vida sanos e integrados.
Lo anteriormente expuesto son las condiciones objetivas e incluso sugiere la concepción que, en cuanto a esta etapa evolutiva, deben tener las políticas de Estado de cada país. En términos subjetivos, la calidad de vida es un término que también se halla vinculado al bienestar emocional. Según Glatzer y Zapf (citado por Palomba, 2003: 255-256), "el concepto de calidad de vida constituye un término multidimensional del bienestar que significa que las condiciones de vida <objetivas> son satisfactorias y que se tiene un alto grado de bienestar <subjetivo>; incluye, además de la satisfacción individual de las necesidades, el bienestar colectivo".
En el marco de la subjetividad, es necesario para Martínez, et al. (2018) tomar conciencia clara de las condiciones y características propias de la adultez mayor, vejez o edad adulta tardía. Esto facilita enfocarse en cómo acompañar esta etapa, logrando hacerla satisfactoria e incluso productiva.
Margarita Flores, a sus 107 años, es un ejemplo elocuente de la vitalidad y lucidez que pueden caracterizar a las personas centenarias. Ella se levanta temprano, hace su cama, desayuna, pasea, lee, cocina, e incluso lava los platos. A pesar de que sus piernas ya no le responden como antes, "las hago caminar para que se acostumbren", dice con una lucidez increíble a BBC Mundo. Mantiene amigas y su hija la acompaña diariamente, expresando con entusiasmo: "Para los años que tengo, todavía tengo ganas de hacer muchas cosas".

Margarita es un reflejo de lo que, según expertos, comparten muchas personas mayores de 100 que alcanzaron esa edad de forma saludable: vitalidad, resiliencia y deseo por interactuar, entre otros atributos. "Me dicen que descanse, pero no me gusta descansar porque cuando la mente está ocupada, entonces uno está bien", afirma.
Esta es parte de una tendencia creciente. La División de Población de la Organización de Naciones Unidas (ONU) señala que cada vez es más común superar los 100 años: en 1990, apenas hubo 92 mil personas con este privilegio, mientras que en 2021 la cifra aumentó a 621 mil.
Aunque los factores genéticos y el estilo de vida son clave, diversos expertos aseguran que los componentes psicológicos también juegan un rol importante. María Dolores Merino, psicóloga e investigadora de la Universidad Complutense de Madrid, ha estudiado a los centenarios, y en uno de sus estudios más recientes (publicado en The Journal of Happiness Studies) encontró que este grupo comparte 19 recursos psicológicos, agrupados en 8 categorías:
Características psicológicas de los centenarios:
- Vitalidad: Entendida como el deseo de sentirse vivo, alerta y lleno de energía. Los centenarios entrevistados por Merino muestran una clara voluntad de seguir vivos, transmitiendo una edad mucho más joven. Muchos continuaron ejerciendo sus profesiones hasta los 98 años y luego realizaron actividades físicas e intelectuales. Stacy Andersen, codirectora del New England Centenarian Study, confirma que la vitalidad es una característica psicológica clave, señalando que la mayoría disfruta de la vida.
- Deseo de interactuar: Los centenarios suelen ser sociables, con vínculos cálidos con familiares o amigos, y se sienten queridos. Andersen afirma que son extrovertidos y abiertos a conocer gente nueva, lo cual es vital, dado que a esta edad se pierden muchos amigos y familiares. Margarita Flores enfatiza la importancia de tener amigos para no sentirse sola.
- Compromiso: Han sido personas responsables, competentes y trabajadoras, perseverando para lograr sus objetivos. El New England Centenarian Study ha notado que la longevidad se asocia con tener un propósito elevado en la vida, similar al concepto japonés de "Ikigai" (tener un motivo para levantarse cada mañana).
- Resiliencia: La capacidad de superar la adversidad y fortalecerse por la experiencia tiene una relación directa con la longevidad. Merino destaca su poder para enfrentar situaciones muy duras, como guerras, pandemias o la pérdida de seres queridos, sin quedarse dañados psicológicamente. Andersen coincide, señalando que los centenarios se entristecen, pero luego avanzan.
- Control: Los centenarios muestran una tendencia a tomar sus propias decisiones, asumiendo el control de su vida, siendo autónomos y encontrando oportunidades con independencia de criterio.
- Motivación intelectual: Comparten el placer de tener una "mente activa", con recursos como la curiosidad, el amor por aprender y ser autodidactas. Muchos son grandes lectores y se interesan por lo que sucede en el mundo. Margarita Flores, por ejemplo, lee desde biografías hasta novelas de amor para mantenerse activa.
- Ser positivo: Su positividad no se limita a ser "alegres", sino a saber disfrutar de las pequeñas cosas del día a día. Es raro escuchar a un centenario decir: "ojalá no estuviera vivo".
- Inteligencia: Una habilidad transversal que permea otros aspectos psicológicos. Comparten la capacidad cognitiva de pensar, razonar, resolver problemas con éxito y aprender rápidamente. Muestran resultados académicos y profesionales exitosos, son resolutivos, asumen desafíos y tienen buena memoria.
Cuando se le preguntó a Margarita Flores sobre su "receta" para llegar a los 107 años, respondió: "No lo sé. Siempre me he sentido bien. Siempre he estado ocupada, tejiendo en la casa o haciendo otras cosas. Con eso, la mente trabaja. Y creo que eso me mantuvo." La centenaria, la más longeva de su comuna en Santiago, La Reina, aunque reconoce estar "cansada", espera una gran celebración si cumple los 110 años. "Vamos a hacer una fiesta. Así que nada de descansar", dice, emocionada.