Los Guardianes del Patrimonio Eclesiástico en Arica y Parinacota

La edición Nº 51 de Revista AOA, en su sección Patrimonio, se encarga de poner en valor las iglesias del Altiplano en el Norte de Chile. Dentro de la gestión permanente de la asociación, a comienzos de este año, un grupo de arquitectos asociados realizó un viaje histórico-cultural para visitar iglesias patrimoniales en Arica y Parinacota. Sus vivencias sensibles quedaron expresadas en varios artículos incluidos en esta revista, los cuales complementan los textos teóricos aportados por la Subsecretaría del Patrimonio Cultural y la Fundación Altiplano. La labor técnica de la Fundación Altiplano en la Ruta de las Misiones profundiza en la gestión del paisaje urbano y la herencia moderna del norte chileno.

Las Iglesias del Altiplano: Un Patrimonio Vivo

En los poblados del altiplano chileno, y especialmente en la Región de Arica y Parinacota, es posible encontrar más de cincuenta templos y capillas cuyos orígenes se remontan a los tiempos de la Colonia e inicios de la República. Gran parte de ellas ubicadas en lugares aislados y de difícil acceso, su presencia es sobrecogedora, en parte por manifestarse como huellas de complejos procesos culturales que han tenido lugar en dicho territorio.

Esto incluye la expansión del denominado Imperio Inca en la zona habitada por las comunidades andinas milenarias, y la posterior conquista y evangelización emprendida por los españoles desde el siglo XVI. Debido a su ubicación estratégica de conexión entre el puerto de Arica y la mina de plata de Potosí, los caminos incaicos serían utilizados por el imperio hispano para el traslado de minerales y distintos bienes de abastecimiento, lo que se constituyó como la Ruta de la Plata.

Junto a la explotación económica sobrevino el proceso de evangelización temprana y el sometimiento de las comunidades indígenas del lugar. Para ello, la corona española lideró allí la construcción de templos hechos de materias primas propias de la zona como tierra, piedra y paja brava, en los que se plasmaron a su vez elementos propios de la cosmovisión indígena junto al imaginario europeo, evidenciando el sincretismo religioso y cultural propio del barroco andino mestizo. Los templos forman un subconjunto de un total de 33 monumentos nacionales en un territorio que cuenta con una de las mayores concentraciones patrimoniales de nuestro país.

Vista panorámica de una iglesia colonial andina en el altiplano de Arica y Parinacota

La Ruta de las Misiones: Un Recorrido Cultural

En un viaje histórico patrimonial a la Ruta de las Misiones de la Región de Arica y Parinacota, la experiencia de visitar el patrimonio de iglesias, pueblos y comunidades del interior resulta muy gratificante. Codpa, Guañacagua, Belén, Timar, Tignamar y Parinacota fueron algunos de los templos y conjuntos visitados. Las iglesias se entretejen con las localidades que las acogen y a las que dan estructura urbana, poblándolas desde los siglos XVI y XVII en la zona altiplánica.

Definen los espacios de asentamiento un sistema de pequeños valles fértiles en medio de inmensas extensiones de aridez y silencio. A estos espacios, claramente delimitados por la topografía, el curso de agua principal y la altura, se asocia el poblamiento prehispánico y posterior, dando cuenta de a lo menos cuatro coberturas temporales. El paisaje también tiene un tremendo valor patrimonial por su integración étnica, histórica, funcional y simbólica, donde la dureza y aridez del desierto más seco del mundo encuentra en estas maravillosas quebradas la expresión vital de la naturaleza.

La armonía resultante se manifiesta en el recorrido guiado por la excelencia y el trabajo de Fundación Altiplano el cual, rítmicamente, muestra cómo la ocupación humana centenaria supo, con intuición y profunda tradición cultural, ocupar un territorio caracterizado como hostil y que, sin embargo, ha sido capaz de sostener en un equilibrio frágil, pero a la vez potente, la vida por siglos. Son las iglesias los elementos guía. No solo constituyen los hitos relevantes del paisaje antropizado, son también el faro identitario de cada localidad: las arman, jerarquizan y dan fundamento a su forma, entregando el lugar de encuentro y el valor de la existencia.

Los Custodios: Corazón del Patrimonio Eclesiástico

Los habitantes y custodios de estas iglesias (conocidos como alféreces, fabriqueros y mayordomos) dan cuenta oral de su historia con narraciones y cantos. Cuidan sus raíces, volviendo y revolviendo a poblarlas de sentido y mensaje. Cuando se acerca la fiesta del Santo Patrón, una cascada de fechas rellena el calendario de encuentros y recuerdos. Santos, parihuelas, velas y velones, flores de papel y vivas, alfombras e imágenes santas se funden en procesiones, fiestas, ceremonias y recreación de valores comunitarios. Las iglesias y su señorío posibilitan y justifican todo esto.

Los conjuntos patrimoniales, estructurados en un patrón reconocible y siempre original, juntan iglesia, atrio urbano, recorrido procesional, cementerio, huerta y casa parroquial, para dar cuenta de un sello atemporal que acoge el símbolo, la fe y la vida en todas sus etapas. Cobijan, jerarquizan y definen el asentamiento.

Mención especial merecen las personas que dedican su vida a hacer posible este frágil y prometedor modelo de gestión patrimonial, el que, integrando dedicación, servicio, obra y humildad, levanta no solo templos derruidos por la acción del tiempo, sino también grupos humanos locales de profunda tradición e historia. Mujeres y hombres, en general mayores, ven en este trabajo una ventana de oportunidad para renovar sus raíces, aportar al bien común, educar a los jóvenes y reforzar sus existencias. Industriosos y generosos, sus brillantes sonrisas acogen al visitante, lo hospedan y alimentan física y espiritualmente, representando una fuente de sabiduría y enseñanza en este espacio único.

Mujeres y hombres mayores de comunidades andinas, algunos de ellos custodios de iglesias

Fundación Altiplano: Conservación y Diálogo Comunitario

La conservación patrimonial de iglesias y pueblos, de sus técnicas constructivas y formas vernáculas, se asocia en la labor de Fundación Altiplano con un respetuoso y sostenido diálogo con las comunidades. Estas comunidades, convertidas en amigas, ven en este equipo un apoyo y un colega para la continuidad de sus valores y formas de organización y acción.

Mediante la restauración material de los templos y sus componentes funcionales y simbólicos, la Fundación abre la puerta para la reeducación de los visitantes, la puesta en valor de oficios, la revalorización de técnicas constructivas y de materiales, dando cuenta así, mediante presencia y perseverancia, de un camino posible para el crecimiento cultural de todos.

La Herencia Cultural y el Sincretismo

Esto queda reflejado de manera manifiesta en las fiestas patronales que tienen lugar anualmente en estos espacios, las cuales se desarrollan desde tiempos coloniales y hasta el día de hoy. Con motivo de estos festejos, los antiguos habitantes y sus descendientes retornan a sus pueblos, motivados por la devoción a sus santos patronos, realizando allí una serie de ritos y costumbres para solicitar abundancia, bienestar, salud y éxito en la producción agrícola y reproducción ganadera. En estas fiestas se evidencia la permanencia y convivencia de elementos propios del catolicismo con aquellos de la religiosidad indígena, en vínculo con la sabiduría ancestral ligada al entorno natural.

La noción de paisaje cultural ofrece una mirada interesante para la gestión integral de este conjunto de templos, pues hace énfasis en la interacción existente entre las obras humanas y la naturaleza, reflejando conocimientos ancestrales para su utilización sostenible y la relación espiritual que existe con ella.

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