Cambios Nutricionales en el Adulto Mayor

La **nutrición** es un pilar fundamental para el mantenimiento de las funciones corporales, la prevención de enfermedades y una adecuada recuperación. La población anciana, sin embargo, es un grupo etario con alto riesgo de sufrir problemas nutricionales debido al propio proceso de envejecimiento, que disminuye la capacidad de regulación en la ingesta, asimilación y metabolismo de los alimentos.

Esquema de los factores que influyen en la nutrición del adulto mayor

A esto se suman factores asociados como cambios físicos, psíquicos, sociales y económicos, así como la coexistencia de patologías muy prevalentes en este grupo poblacional. Un desafío adicional es que los signos clínicos del déficit calórico y/o proteico suelen ser tardíos y de difícil interpretación, ya que pueden ser originados por causas no nutricionales. La detección precoz de la desnutrición es, por lo tanto, un elemento muy valioso en los planes de atención a la población geriátrica.

Factores que Influyen en los Cambios Nutricionales

Cambios Fisiológicos y su Impacto en la Nutrición

A medida que envejecemos, el cuerpo experimenta una serie de transformaciones fisiológicas que impactan directamente en la absorción y utilización de nutrientes. La disminución de la función metabólica es un factor principal, lo que significa que el cuerpo necesita menos calorías para mantener el mismo peso.

Los cambios en la composición corporal también son notables, con una tendencia a la disminución de la masa muscular y un aumento en la proporción de grasa. La masa muscular y la fuerza, que comienzan a deteriorarse lentamente alrededor de los 40 años, se reducen con mayor rapidez a partir de los 60 años. La pérdida de músculo contribuye a un ritmo más lento en el uso de calorías por parte del cuerpo. Además, los niveles de actividad física generalmente disminuyen, y los huesos comienzan a adelgazarse.

Alteraciones Dentales y Disfagia

La pérdida de dientes es un problema común que puede afectar la capacidad de masticar alimentos de manera efectiva, especialmente la pérdida de dientes posteriores, lo que puede modificar la forma de la mandíbula y comprometer la mordida e incluso el habla. La disminución de la sensación del gusto también es un desafío que impacta directamente en la experiencia alimentaria, ya que puede hacer que los platos sean insípidos y poco apetitosos.

Las dificultades de deglución, conocidas como **disfagia**, son desafíos significativos que pueden alterar considerablemente la ingesta nutricional en la tercera edad. La disfagia, una dificultad para tragar, puede transformar el acto aparentemente simple de comer en una tarea compleja y potencialmente peligrosa. Afecta a un elevado porcentaje de la población anciana, del 11 al 33% entre los residentes en la comunidad y del 40 al 75% de los institucionalizados. En la historia clínica, se debe preguntar sobre la presencia de atragantamientos frecuentes, tos en relación con la ingesta o presencia de voz “húmeda” después de comer o beber.

Disfagia: causas, síntomas y tratamiento

Para quienes padecen disfagia, la elección de alimentos ya no es solo una preferencia, sino una estrategia para abordar la dificultad subyacente, lo que limita drásticamente las opciones disponibles y amenaza la diversidad de la dieta. Como respuesta instintiva, las personas con disfagia a menudo desarrollan estrategias de evitación alimentaria, excluyendo ciertos alimentos para protegerse de las dificultades al tragar. Sin embargo, esta estrategia puede conducir a deficiencias nutricionales significativas, desnutrición, deshidratación y pérdida de peso no deseada.

Uno de los riesgos más notorios asociados con la disfagia es el aumento del riesgo de **aspiración**, donde los alimentos o líquidos ingresan incorrectamente en las vías respiratorias en lugar del esófago. Este fenómeno puede desencadenar infecciones pulmonares y complicaciones respiratorias crónicas. La complejidad de estas consecuencias destaca la necesidad crítica de abordar la disfagia de manera integral en la planificación dietética.

Interacciones Fármaco-Nutriente

Los fármacos pueden alterar el proceso de la nutrición, la utilización metabólica de los nutrientes y, en último extremo, el estado nutricional. Asimismo, los alimentos o el estado nutricional pueden influir en la respuesta terapéutica y la toxicidad de un tratamiento farmacológico. Estas interacciones pueden condicionar fracasos terapéuticos o deficiencias nutricionales.

Los ancianos tienen mayor probabilidad de tener interacciones entre su historia farmacológica y su estado nutricional debido a un mayor consumo de medicamentos (polifarmacia) a causa de pluripatología crónica, menor eficiencia en la absorción de nutrientes y un mayor riesgo de consumo de dietas deficientes.

  • Interacciones medicamento-alimento: Son las más frecuentes y se producen por alteración del proceso de absorción del fármaco al ser administrados junto con alimentos. Por ejemplo, la administración de lovastatina o azitromicina con alimentos, o ciprofloxacino con derivados lácteos, puede reducir significativamente su biodisponibilidad y eficacia.
  • Efectos de los fármacos en la ingesta: Algunos fármacos pueden alterar los sistemas de neurotransmisores y neuromoduladores, retrasar el vaciamiento gástrico (produciendo sensación de saciedad), alterar la percepción gustativa y/u olfativa, o causar estomatitis con odinofagia. Otros producen efectos secundarios gastrointestinales como diarrea, estreñimiento, náuseas o vómitos, o mucositis que interfiere la absorción de nutrientes.
  • Interacción del estado nutricional sobre los fármacos: Los estados de desnutrición proteico-energética y los estados de estrés metabólico provocan alteraciones en la absorción de fármacos, su distribución, unión a proteínas plasmáticas, metabolismo y aclaramiento sistémico.

Factores Psicosociales y Económicos

La soledad es un factor importante que dificulta la alimentación de los adultos mayores. Comer solos, consumir platos mal presentados e insípidos, y una baja ingesta de agua son problemas comunes. La soledad puede llevar a una menor motivación para cocinar o comprar comida adecuada. El geriatra Carlos García aconseja que las personas de edad avanzada hagan de su alimentación un evento social, acompañados por personas cercanas como hijos, nietos y amigos, para transformar la alimentación en una instancia grata.

Además, es importante presentarles platos atractivos para contrarrestar la disminución del sentido del sabor. Es fundamental preguntarles qué quieren comer y, si es razonable y balanceado, dárselo para que conserven sus hábitos normales. Si desean dulces de vez en cuando y no son diabéticos, no hay razón para privárselos, evitando que la vida se les torne un martirio.

A veces, los adultos mayores se sienten solos, tristes, deprimidos o estresados debido a cambios en la vida, la pérdida de seres queridos, problemas de salud o económicos, y el cuidado de otros miembros de la familia. Estos cambios pueden afectar su interés en consumir alimentos y bebidas saludables y en la actividad física.

Consumir alimentos y bebidas saludables con un ingreso fijo o presupuesto limitado puede ser muy difícil. Una solución es mirar los volantes con las promociones semanales y usar cupones de papel o aplicaciones digitales para planear comidas y meriendas saludables a precios más bajos. También se pueden comprar vegetales enlatados o congelados bajos en sodio.

Valoración del Estado Nutricional en el Adulto Mayor

La valoración del estado nutricional es crucial en la población geriátrica. Sin embargo, en muchas ocasiones, ni la exploración clínica, ni la antropometría, ni los parámetros bioquímicos son útiles en periodos muy tempranos de la desnutrición, ya que tardan demasiado tiempo en manifestarse.

Algún tipo de cribado nutricional debe incluirse en la valoración geriátrica integral y repetirse periódicamente en el plan de seguimiento evolutivo del paciente geriátrico en cualquier nivel asistencial. Existen muchos instrumentos validados para identificar a los pacientes con desnutrición en la población geriátrica.

Estudio Dietético

Uno de los primeros pasos para realizar la valoración nutricional es el estudio dietético, que debería ser una práctica rutinaria por su demostrada validez para detectar tanto a los ancianos con alto riesgo como a aquellos con signos incipientes de desnutrición. Existen diferentes métodos de valoración de la ingesta dietética a nivel individual.

Evaluación Antropométrica

Peso y Talla

El peso habitual es el que mantiene el sujeto de forma más o menos constante antes de la pérdida actual. Una pérdida de peso importante de forma involuntaria respecto al peso habitual es un indicador de posible desnutrición. La talla se obtiene con el paciente de pie, pero presenta dificultades si existen deformidades importantes de la columna vertebral o enfermedades invalidantes, por lo que se han desarrollado estrategias de cálculo para aproximar la talla real.

Índice de Masa Corporal (IMC)

El IMC (peso/talla²) es ampliamente utilizado para clasificar el estado nutricional. Sin embargo, en el anciano no existe un único punto de corte. El "Nutrition Screening Initiative" recomienda que en ancianos con un IMC < 24 o > 27 se inicie una intervención nutricional, considerando un IMC inferior a 24 como desnutrición y superior a 27 como obesidad. Otros autores sugieren que para mayores de 65 años, un IMC adecuado es de 24-29 kg/m², mientras que el tercer estudio para el examen de la salud y la nutrición (NHANES III) considera un IMC adecuado según el género para ancianos no institucionalizados.

El geriatra Carlos García señala que el índice de masa corporal de los adultos mayores de 80 años debe ser superior al de los adultos jóvenes. Por ejemplo, una mujer de 80 años debería tener un IMC entre 28 y 35, y un hombre de la misma edad, entre 25 y 32. Se espera que vayan subiendo de peso lentamente, a razón de unos 200 o 300 gramos al año, y nunca bajen, ya que los estudios epidemiológicos han demostrado que los pacientes que bajan de peso mueren más que los que no lo hacen o suben.

Para los adultos mayores, los expertos recomiendan un IMC entre 25 y 27, un poco más alto que el rango recomendado de 18.5 a 24.9 para los adultos más jóvenes. Sin embargo, algunas personas, especialmente los adultos mayores, pueden tener un IMC en el rango saludable, pero aún así tener exceso de grasa corporal. El tamaño de la cintura puede indicar si hay exceso de grasa corporal. Tener bajo peso también puede ser un problema de salud para los adultos mayores.

Tabla de IMC para adultos mayores

Pliegues Cutáneos y Perímetros

Los pliegues cutáneos, como el tricipital (PCT), suprailíaco (PSI) y subescapular (PSE), son útiles para estimar la distribución de la grasa corporal y clasificar a los sujetos según los percentiles de la población de referencia. La determinación del perímetro del brazo sirve para valorar los compartimentos magro y graso. Con la edad, la distribución de la grasa cambia de las zonas periféricas a las centrales, acumulándose en el abdomen, siendo mayor en varones que en mujeres.

Impedancia Bioeléctrica

El método más extendido en la práctica clínica para estimar la masa grasa y muscular es la **impedancia bioeléctrica**, que se basa en la oposición que presenta un tejido al paso de una corriente. El tejido magro tiene mayor conductividad eléctrica y menor impedancia que la grasa debido a su mayor contenido de electrolitos. La medición de la resistencia y la reactancia a una corriente eléctrica débil se utilizan para estimar la masa libre de grasa y el agua corporal total.

Parámetros Bioquímicos

  • Albúmina: Es una proteína muy accesible en cualquier laboratorio con una vida media larga (20 días), lo que la hace un buen marcador epidemiológico pero un mal monitor de cambios rápidos. Se considera un buen predictor de mortalidad.
  • Prealbúmina: Es transportadora de hierro en el plasma. Su vida media es de 8 a 10 días, por lo que refleja mejor los cambios agudos en las proteínas viscerales. Es una proteína que se une a la tiroxina.
  • Proteína de unión al retinol: Tiene una vida media de 2 días. Si existe una demanda repentina de proteínas (una enfermedad aguda), sus valores disminuyen rápidamente, por lo que sus valores se deben interpretar con cautela.
  • Transferrina: Es una proteína filtrada por el glomérulo y metabolizada por el riñón. Sus valores séricos se elevan con una disminución de la función renal y en ancianos debido a la disminución del aclaramiento de creatinina con la edad.
  • Creatinina: Tiene una vida media de 10 horas, siendo el mejor indicador de los cambios agudos de desnutrición. Es un producto final de la degradación de la creatina, y su excreción en orina de 24 horas se correlaciona bien con la masa muscular total del organismo. El índice creatinina/talla se compara con tablas para individuos del mismo sexo y talla. No es fiable en enfermedades renales y hepáticas, tratamientos con diuréticos, dietas ricas en proteínas o en pacientes de avanzada edad.
  • Pruebas de función inmunitaria: Se emplean como marcadores nutricionales, midiendo la capacidad de respuesta inmunitaria con parámetros como pruebas cutáneas de sensibilidad retardada, recuento total de linfocitos y su capacidad de respuesta.
  • Colesterol: El colesterol total y el colesterol LDL están disminuidos en los ancianos desnutridos. Algunos autores han demostrado una asociación entre los niveles séricos de colesterol total y el riesgo de mortalidad en ancianos.
  • Micronutrientes: Es común observar hipovitaminosis D y del grupo B, y déficits de Hierro, Selenio, entre otros. La vitamina D desempeña un papel importante en la salud de los huesos, y la vitamina B12 es necesaria para mantener el funcionamiento adecuado del sistema nervioso central.

Evaluación Funcional

El Grupo de Trabajo en Nutrición en Geriatría de la SEGG propone realizar la medición de la fuerza máxima de prensión de la mano empleando un dinamómetro y la realización del test de velocidad de la marcha como marcadores nutricionales.

Necesidades Nutricionales Específicas en la Tercera Edad

A medida que envejecemos, el cuerpo empieza a necesitar menos calorías, pero la misma cantidad de nutrientes. Por lo tanto, se debe concentrar en comer alimentos ricos en nutrientes.

Energía y Macronutrientes

Las necesidades energéticas en el anciano son menores que en el joven debido fundamentalmente a la disminución de su masa muscular y de su actividad física. Se ha observado que al menos el 40% de los ancianos de más de 70 años ingieren menos de 1500 Cal/día. El cálculo calórico se puede realizar con fórmulas que incluyen la edad como parámetro, como las ecuaciones de Harris-Benedict revisadas por Mifflin et al. Las mujeres de 60 años o más requieren entre 1,600 y 2,200 calorías al día, y los hombres en este mismo grupo de edades requieren de 2,000 a 2,600 calorías al día.

Las necesidades proteicas, sin embargo, están aumentadas. Se recomienda entre 1 a 1,2 g/kg de peso y día en el anciano sano. El geriatra Carlos García hace hincapié en que un adulto mayor necesita más proteínas. Las pautas federales recomiendan que los adultos mayores consuman de 5 a 6.5 onzas de proteína a diario.

Vitaminas y Minerales

Consumir cantidades suficientes de vitaminas B6, B12, D y ácido fólico se considera importante para un envejecimiento sano. La cantidad diaria recomendada de vitamina D aumenta ligeramente para los adultos mayores, de 15 microgramos al día a 20 microgramos a los 71 años. Aunque los adultos mayores no necesitan más vitamina B12 que los adultos jóvenes, sus cuerpos están menos capacitados para absorberla, y algunos medicamentos pueden reducir esa absorción.

Las mujeres necesitan 1,200 miligramos de calcio al día a partir de los 51 años, según las pautas dietéticas federales.

Hidratación

Los adultos de 60 años o más consumen bebidas en cantidades sustancialmente menores y a menudo no se mantienen bien hidratados, ya que la capacidad para detectar la sensación de sed disminuye con la edad. Sin embargo, mantenerse hidratado juega un papel fundamental para ayudar al cuerpo a digerir alimentos y absorber nutrientes, y la deshidratación puede ser peligrosa. Es importante tomar líquidos durante todo el día, incluso si se siente menos sed.

Estrategias para una Nutrición Óptima en la Tercera Edad

Planificación y Elección de Alimentos

Es esencial elegir alimentos densos en nutrientes, con énfasis en verduras, frutas, granos integrales, carnes magras y lácteos bajos en grasa, preparados con una mínima cantidad de azúcares agregados, almidones refinados, grasas saturadas y sodio. La clave radica en la personalización, ajustando la dieta a las necesidades únicas de cada individuo, considerando su salud general y preferencias personales. La dieta mediterránea y los planes adaptados a condiciones médicas específicas como la diabetes o la hipertensión son buenos ejemplos.

Se debe priorizar la incorporación de alimentos ricos en nutrientes, fáciles de masticar y digerir. Consumir alimentos y bebidas más ricos en nutrientes y menos de aquellos con muchas calorías pero pocos nutrientes esenciales, como azúcares agregados, grasas sólidas y sal. La cantidad de alimentos y bebidas que se deben consumir cada día depende del peso, sexo, edad, metabolismo y grado de actividad.

Disfagia: causas, síntomas y tratamiento

Controlar el tamaño de las porciones es fundamental, ya que muchas personas comen más de lo que necesitan, especialmente al salir a comer o comprar comida para llevar. Planear las comidas y las meriendas con anticipación facilita el consumo de opciones saludables. No se deben saltar las comidas.

La etiqueta de información nutricional en los alimentos empaquetados proporciona datos sobre calorías, raciones e ingredientes, lo cual es útil para elegir alimentos saludables. Es recomendable evitar mirar televisión, el teléfono inteligente u otros dispositivos mientras se come para prestar atención a la ingesta.

Suplementos Nutricionales

Se debe consultar con un profesional de atención médica sobre las vitaminas y minerales que se necesitan. Con base en el plan de alimentación y el estado de salud específicos, un profesional podría sugerir un suplemento para ayudar a obtener los nutrientes necesarios.

Actividad Física

La actividad física es buena para la salud a cualquier edad y puede ayudar a mantener un peso saludable y evitar problemas de salud crónicos a medida que se envejece. Podría reducir los síntomas de artritis, ansiedad y depresión, y ayudar a mantener bajo control la diabetes y la presión arterial alta.

Adulto mayor realizando ejercicios

Todo tipo de actividades cuentan, incluso las de la rutina diaria, como pasear al perro, pasar la aspiradora o rastrillar las hojas. Actividades como bailar o saltar la cuerda con un nieto también son válidas. Si bien puede ser difícil mantenerse activo si hay problemas de movilidad o salud graves, se pueden buscar actividades adaptadas.

Para la mayoría de los adultos mayores sanos, no es necesario consultar a un profesional de atención médica antes de aumentar la actividad física. Un poco de actividad física es mejor que nada, y se puede distribuir a lo largo del día o la semana. Los aeróbicos acuáticos con pesas brindan beneficios aeróbicos y de fortalecimiento. El yoga combina aeróbicos, equilibrio, flexibilidad y fortalecimiento. Es importante comenzar lentamente y alcanzar las metas gradualmente en cualquier actividad física nueva.

Manejo de la Disfagia

Abordar las dificultades de deglución de manera integral es esencial para garantizar que las necesidades nutricionales se cumplan de manera efectiva. Esto implica personalizar la consistencia de los alimentos, seleccionando opciones que sean nutritivas y fáciles de ingerir, sin sacrificar la calidad nutricional. Se debe explorar creativamente texturas adaptadas, más allá de alimentos suaves y purés, considerando la innovación en texturas específicas.

La colaboración estrecha con un equipo interdisciplinario de profesionales de la salud, como dietistas y terapeutas del habla, es fundamental para crear planes alimenticios adaptados a las necesidades específicas de cada individuo. Un enfoque de monitoreo continuo y ajustes personalizados es crucial debido a la naturaleza dinámica de la disfagia.

Apoyo Social y Emocional

La soledad es una "mala compañía" para los adultos mayores, por lo que se aconseja hacer de la alimentación un evento social, compartiendo comidas con personas cercanas. La presentación de los platos debe ser atractiva y estimulante, experimentando con técnicas culinarias que resalten colores, formas y contrastes. Simplificar la preparación de alimentos, priorizando recetas fáciles y adaptando técnicas culinarias, facilita la independencia y la participación activa en la cocina.

Organizar los alimentos de manera accesible y utilizar métodos de almacenamiento eficientes garantiza la frescura y facilita la identificación rápida de ingredientes. La orientación de dietistas o nutricionistas especializados en la tercera edad es esencial para una alimentación adecuada y de calidad. Colaborar con terapeutas del habla para abordar problemas de deglución ofrece recomendaciones específicas y soluciones adaptadas.

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