En el ámbito educativo, la noción de ambientes vulnerables en instituciones formadoras se refiere a aquellas condiciones y experiencias que aumentan la fragilidad de los estudiantes, dificultando su progreso académico y bienestar general. Aunque el proceso educativo ha logrado muchos éxitos, aún existen factores y situaciones que requieren mejora, influyendo directa o indirectamente no solo en los resultados académicos, sino también en la vida personal de cada estudiante.

El Concepto de Vulnerabilidad Educativa
La vulnerabilidad educativa engloba todas las dificultades u obstáculos que interfieren en la trayectoria académica del alumno. Este concepto, que se ha consolidado en los últimos años como un constructo central en el discurso educativo, es un proceso multidimensional que conlleva el riesgo o la probabilidad de que un individuo, hogar o comunidad sufra daño ante cambios o la permanencia de situaciones externas y/o internas adversas (Busso, 2001). Esto deriva en la mayoría de los casos en fracaso escolar, sumado a una interferencia en el bienestar y la calidad de vida del alumno.
Para el Ministerio de Educación, la vulnerabilidad ha sido entendida históricamente como una categoría asociada a la dimensión económica de los estudiantes y sus familias (MINEDUC, 2008). Sin embargo, han aparecido nuevos relatos que incorporan otros factores extraescolares para explicar lo educativo, convirtiendo el concepto en polisémico.
El problema no radica necesariamente en su ambigüedad conceptual, que hace que por momentos sea usado como sinónimo de pobreza o equivalente de factor de riesgo. Desde nuestro punto de vista, el problema reside en el uso indiscriminado y poco autoconsciente de la vulnerabilidad como principio explicativo, lo que genera una situación de opacidad donde se dificulta el reconocimiento de otras dimensiones escolares que están en juego en las experiencias de éxito y fracaso escolar (Gorur, 2015).
Clima de Convivencia Escolar como Factor de Vulnerabilidad
El clima de convivencia escolar es un ámbito que afecta el bienestar y desarrollo socioafectivo de los estudiantes e impacta significativamente en la conducta, disposición y rendimiento de los distintos actores de la comunidad educativa durante las actividades escolares. Se compone de varios ambientes cruciales:
- Ambiente de respeto: Considera las percepciones y actitudes de estudiantes, docentes y padres en relación con el trato respetuoso, la valoración de la diversidad y la ausencia de discriminación. Los establecimientos promueven y exigen cotidianamente que los miembros de la comunidad educativa respeten las normas básicas de cortesía y civilidad (saludar, agradecer, pedir por favor, disculparse y no hablar mal de otros), y que se preocupen de los demás (por ejemplo, ofrecer ayuda o acoger al que está solo). El establecimiento vela para que los docentes sean un ejemplo de respeto y promuevan estos hábitos, corrigiendo descalificaciones y faltas de respeto. Se preocupan de generar un clima de respeto ante la diversidad de pensamientos, culturas y tradiciones, implementando sistemáticamente acciones que promueven la inclusión. El equipo directivo y los docentes promueven el trato equitativo y corrigen cualquier tipo de discriminación.
- Ambiente organizado: Incluye las percepciones de estudiantes, docentes y padres sobre la existencia de normas claras, conocidas, exigidas y respetadas por todos, y el predominio de mecanismos constructivos de resolución de conflictos. Se definen explícitamente las normas que regulan las relaciones entre los distintos actores de la comunidad educativa, así como las medidas disciplinarias y formativas asociadas a su incumplimiento. Se corrigen a los estudiantes cuando transgreden las normas de convivencia y se evita ignorar las faltas. Lo declarado en el Proyecto Educativo Institucional de los establecimientos con buen clima de convivencia escolar es coherente con su Reglamento Interno de Convivencia Escolar y el Plan de gestión de la Convivencia Escolar.
- Ambiente seguro: Considera las percepciones de estudiantes, docentes y padres en relación con el grado de seguridad y de violencia física y psicológica al interior del establecimiento, así como la existencia de mecanismos de prevención y de acción ante esta. Se implementan acciones concretas que contribuyen a que los estudiantes desarrollen habilidades para resolver los conflictos, enseñándoles a ponerse en el lugar del otro, a autorregular impulsos y emociones, y a llegar a acuerdos. Además, se implementan acciones dirigidas a resguardar la seguridad de los estudiantes y estrategias para crear conciencia de los efectos del bullying, fomentar el respeto a la diversidad, y fortalecer la responsabilidad de los espectadores. Los profesores establecen relaciones de confianza con los estudiantes y explicitan que pueden recurrir a ellos en caso de ser amenazados, agredidos o presentar otro tipo de dificultades.
Los establecimientos promueven la comprensión del reglamento de convivencia escolar, abordando desde una mirada formativa las consecuencias que conllevan los actos, y no de manera punitiva o sancionadora. También evitan espacios donde los estudiantes estén solos y sin supervisión. Se consideran e implementan prácticas que favorecen el clima de acuerdo con el contexto y las necesidades de su comunidad, y se realizan actividades fuera de la jornada escolar en las que participan los estudiantes y los apoderados, como corridas familiares, bingos, o campamentos. Finalmente, se realiza un diagnóstico y monitoreo del clima de convivencia escolar y se generan proyectos de intervención específicos para apoyar a aquellos cursos que presentan mayores dificultades.
"Clima escolar", por la Dra. Cristina Carriego
Situaciones de Vulnerabilidad en la Escuela
La vulnerabilidad educativa hace referencia a todas aquellas experiencias y condiciones que generan o incrementan las situaciones de fragilidad de los estudiantes. Los alumnos vulnerables o estudiantes en situación de vulnerabilidad se enfrentan a toda clase de obstáculos que les dificultan el progreso académico.
Factores que contribuyen a la vulnerabilidad
Diversas situaciones pueden generar vulnerabilidad en el entorno escolar:
- Problemas familiares: Las circunstancias familiares influyen enormemente en el rendimiento del alumno, en su bienestar, sus relaciones, sus frustraciones y su calidad de vida. Problemas de diferentes tipos y grados tienen la capacidad de influir directamente en la esfera académica, personal y relacional de los estudiantes. Por ejemplo, que uno de los padres sea alcohólico puede generar un gran estrés en el hogar, así como sentimientos de culpabilidad e impotencia en las personas que conviven con el alcohólico.
- Poca eficiencia en las relaciones interpersonales: Cuando un estudiante no encuentra los mejores caminos para comunicarse o relacionarse con sus pares, descubrirá muchos obstáculos para avanzar en su aprendizaje.
- Problemas emocionales: Una de las principales implicaciones de estos es el impacto negativo sobre el bienestar del estudiante.
- Mala conducta: Los problemas relacionados implican dificultad de aprendizaje, falta de concentración y, eventualmente, desmotivación. Estos pueden estar relacionados con la edad, generalmente son leves, pero también se incluyen trastornos o problemas más profundos.
- Necesidades educativas especiales: El hecho de que un alumno requiera ciertos apoyos y atenciones educativas específicas, durante un período o la totalidad de su escolarización. No todas las instituciones están preparadas para enfrentar este tipo de necesidades, y cuando la educación no responde adecuadamente, el estudiante no encuentra herramientas para su avance.
- Dificultades con los profesores: El hecho de que el alumno tenga dificultades con los profesores también puede interferir negativamente en su trayectoria académica.
- Bajo rendimiento escolar: Mantener el nivel de progreso esperado conlleva a cumplir los objetivos de aprendizaje. Dicho fracaso está muy relacionado con el rendimiento académico.
La vulnerabilidad educativa, entendida como un conjunto de situaciones diversas y problemáticas, debilita el vínculo de escolarización, y su impacto no se limita a las aulas, extendiéndose a los hogares y a los espacios sociales y culturales.

El Papel de la Formación Docente en Contextos de Vulnerabilidad
En Chile, desde mediados de los setenta y principios de los ochenta, se consolidó un sistema educativo basado en principios neoliberales de mercado, lo que ha llevado al desmantelamiento de su sentido sistémico y la creación de «circuitos educativos» segregados que reproducen las desigualdades sociales (Cornejo, 2006; Gentili, 2011). Esto se evidencia en la disparidad de inversión por estudiante entre colegios con financiamiento privado y público (Salvat, 2009), resultando en un sistema educativo altamente segregacionista (OECD, 2009).
A pesar de esfuerzos como la promulgación de la Ley de Subvención Escolar Preferencial (SEP) del año 2008, que aporta un subsidio adicional para estudiantes vulnerables, estas reformas han sido insuficientes para modificar estructuralmente la lógica neoliberal del sistema (Fardella, Sisto y Jiménez, 2015). Las pruebas estandarizadas (SIMCE y PSU) demuestran claras brechas académicas entre establecimientos municipalizados y privados (Agencia de Calidad de la Educación, 2014).
En este contexto, la formación inicial docente ha cobrado un especial interés académico. Pese a los cambios curriculares implementados como parte de los procesos institucionales de acreditación (Domínguez y Meckes, 2011), prevalecen importantes lagunas en los programas formativos con relación al trabajo en contextos de diversidad socioeconómica y pobreza (Sleeter, Montecinos y Jiménez, 2016). Una revisión de programas de formación inicial en Chile confirma la falta de espacios formativos orientados al reconocimiento y trabajo en torno a los contextos económicos y socioculturales de desempeño profesional (Venegas, 2013).
Investigaciones revelan que la formación inicial docente no considera relevante el desarrollo de un currículum culturalmente pertinente para garantizar igualdad de oportunidades y equidad en contextos de pobreza (Weinstein, Tomlinson-Clarke y Curran, 2004). Esto sugiere que los programas de formación, más que preparar profesores para combatir las desigualdades educativas, los están preparando para mantenerlas y reproducirlas.
Disposiciones Docentes y el Enfoque de Justicia Social
Las investigaciones han encontrado un vínculo indisoluble entre la condición de migrante y la condición de vulnerabilidad de los estudiantes, llevando a la aplicación automática de programas compensatorios destinados originalmente a estudiantes nacionales «diagnosticados» como vulnerables. Este enfoque que vincula condición migratoria y déficit despliega una respuesta educativa muy distinta a la que, por el contrario, vincula condición migratoria y desigualdad social.
El significado y definición de «vulnerabilidad» como propiedad y atributo individual, y no como un complejo conjunto de circunstancias externas al individuo (Gorur, 2015), conlleva a que el foco y las estrategias de intervención recaigan exclusivamente en los sujetos. Por ello, es crucial comprender cómo la vulnerabilidad se entiende en los escenarios educativos y el rol que desempeña en las disposiciones docentes.
Las disposiciones docentes son tendencias para actuar de una manera particular bajo circunstancias específicas, basándose en determinadas creencias que guían la toma de decisiones y la acción educativa (Villegas, 2007; Rojas, 2014). Estas actúan como patrones predictivos de la toma de decisiones. En investigaciones sobre formación inicial y relaciones familia-escuela en contextos de riesgo de exclusión social, se ha observado que las disposiciones de docentes en ejercicio se basaban consistentemente en actitudes negativas y desesperanzadas respecto al éxito académico de estudiantes provenientes de contextos en pobreza (Sleeter et al., 2016).
Es necesario proponer marcos comprensivos más amplios que permitan una respuesta educativa más efectiva para combatir las desigualdades. El enfoque de justicia social ha ganado adherencia en círculos académicos por su contribución política en combatir las desigualdades educativas, mediante un análisis en el marco de desigualdades estructurales del sistema social (Chubbuck, 2010; Dover, 2009; Sapon-Shevin, 2013). Este enfoque es pertinente para preparar a futuros profesores para trabajar en contextos de diversidad y pobreza (Sleeter, 2018; Sleeter et al., 2016), enfatizando el desarrollo de herramientas conceptuales y prácticas para explicar críticamente y abordar la educación en contextos de vulnerabilidad (Gorski, 2009, 2013; Sleeter, 2014).
Este enfoque ofrece un denominador común a distintas tradiciones y perspectivas abocadas al mejoramiento educativo en contextos de diversidad, como la educación multicultural (Banks, 2004) y las pedagogías culturalmente sensibles (Gay, 2010). El objetivo es que los esfuerzos de la educación apunten a la lucha contra la desigualdad social y al logro de mayores niveles de justicia social.
Superando la Reproducción Cultural y el Enfoque de Déficit
Tradicionalmente, la educación ha desempeñado un rol de reproducción cultural, donde la escuela ha privilegiado el ethos de las clases dominantes, contribuyendo a la estabilidad del orden social (Bourdieu, 2005). Las perspectivas minoritarias han sido constreñidas a través de mecanismos de exclusión o asimilación a la cultura escolar (Essomba, 2009; Jiménez, 2012).
Un movimiento educativo orientado a la justicia social debe desarrollar prácticas educativas que incorporen críticamente las perspectivas minoritarias y aborden explícitamente las tensiones en torno al poder y la desigualdad con relación a la cultura hegemónica. Todo proyecto de justicia social en educación requiere abandonar las perspectivas de déficit y las aproximaciones esencialistas de los grupos minoritarios (Dietz, 2012).
Las experiencias de fracaso escolar deben entenderse como el resultado de la combinación de diferentes factores intra-escolares (Ogbu, 1992), como las experiencias de opresión y perjuicios vividas por estudiantes de grupos sociales marginalizados, relacionadas estrechamente con las disposiciones internas hacia la diversidad cultural por parte de los docentes (Kumashiro, 2000).
Desde una perspectiva estructural de las desigualdades, no corresponde individualizar ni esencializar ciertas condiciones por las que atraviesan determinados estudiantes y familias. Es preferible la expresión «en riesgo de exclusión social», que incorpora la dimensión estructural y resalta la geometría inestable y dinámica de esta situación (Jiménez, 2008).
Una enseñanza para la justicia social parte de la base de que son las discontinuidades en valores, expectativas y metas educativas entre las familias en situación de pobreza y la escuela (Luque y Lalueza, 2013) las que explican las dificultades académicas de los estudiantes, no correspondiendo a características atribuibles a la existencia de una «cultura de la pobreza» (Connell, 2006). Un análisis estructural de las desigualdades educativas reconoce la existencia de relaciones sociales, económicas y de poder que restringen el acceso a recursos necesarios para el exitoso desenvolvimiento del alumnado y sus familias en el contexto escolar (Chubbuck, 2010).
Estrategias para enfrentar la Vulnerabilidad Educativa
Aunque la vulnerabilidad educativa es un problema significativo, hay muchos caminos para hacerle frente. Para reducir las situaciones de vulnerabilidad, se pueden implementar las siguientes estrategias:
- Incentivar la educación inclusiva e igualitaria.
- Implementar estrategias y metodologías propias de la educación especial.
- Crear espacios y recursos que respondan a las necesidades específicas de las comunidades en las que se inscriben las instituciones.
- Realizar seguimiento adecuado y constante a cada uno de los alumnos.
- Incrementar los canales comunicativos entre padres, maestros, estudiantes y administrativos.
En plataformas educativas, se busca aportar a la democratización de la educación con contenidos accesibles, completos y alineados a las mallas curriculares oficiales, todo enfocado en la formación de individuos críticos y reflexivos.
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