Protección y Prevención del Maltrato Infantil en Menores con Discapacidad

La protección adecuada de los derechos de los menores con discapacidad sigue siendo una asignatura pendiente en nuestras sociedades, a pesar de los enormes avances logrados en las últimas décadas. Los niños y niñas con algún tipo de discapacidad han sido, y siguen siendo, una de las poblaciones cuyos derechos han sido más impunemente negados y violados a lo largo de la historia y en la mayoría de las culturas, siendo, con toda probabilidad, la más vulnerable a todo tipo de maltrato.

Infografía sobre la vulnerabilidad de niños con discapacidad ante el maltrato

La Vulnerabilidad de los Menores con Discapacidad: Una Realidad Subestimada

Una Historia de Discriminación y Desatención

Históricamente, el infanticidio, el aislamiento en instituciones y el abandono familiar de los menores con discapacidad han sido ampliamente aceptados en muchas sociedades hasta hace relativamente poco tiempo. Si bien el reconocimiento de los derechos de todos los niños y la preocupación por protegerlos ha sido tardía, en el caso de los menores con discapacidad, la atención a sus derechos se ha rezagado aún más.

Los niños, niñas y adolescentes con discapacidad son uno de los grupos más marginados y excluidos de la sociedad, cuyos derechos son vulnerados de manera generalizada. En comparación con sus pares sin discapacidad, tienen más probabilidades de experimentar las consecuencias de la inequidad social, económica y cultural. La pobreza y la discapacidad están estrechamente relacionadas, ya que la primera es un factor determinante de la segunda y, a su vez, la discapacidad muchas veces atrapa a las personas en la pobreza.

El objetivo de revisiones como la presente es aumentar la conciencia de los profesionales de la intervención psicosocial sobre el mayor riesgo que sufren los menores discapacitados de sufrir cualquier tipo de abuso.

Relación Multidireccional entre Maltrato y Discapacidad

La relación entre maltrato infantil y discapacidad se ha documentado en tres direcciones básicas en los estudios dedicados a esta cuestión:

  • El menor discapacitado como víctima del maltrato.
  • La discapacidad como consecuencia del maltrato infantil.
  • El discapacitado como actor del maltrato activo y pasivo hacia otros menores.

Es importante resaltar cómo un importante porcentaje de discapacitados lo son como consecuencia de distintas formas de maltrato en la infancia. Sobsey (1994) sitúa este porcentaje en el 14%. Esta relación puede convertirse en un círculo vicioso en el que el maltrato crea o agrava una discapacidad que, a su vez, aumenta el riesgo de maltrato (Jandes y Diamond, 1985).

Ejemplos de esta relación incluyen el maltrato prenatal, donde la negligencia en el seguimiento médico del embarazo o el consumo de sustancias tóxicas pueden derivar en síndrome alcohólico fetal u otros daños neurológicos y funcionales (Zelenko, Lock, Kraemer y Steiner, 2000). También se han documentado los efectos de la negligencia afectiva y del abandono temprano en la lentificación o estancamiento del desarrollo físico y psicológico (Beckett y cols., 2003; Groza y Ryan, 2002), así como del maltrato físico como generador de lesiones que pueden derivar en discapacidad (Sullivan y Knuston, 1998).

Por otro lado, se ha estudiado a los discapacitados como autores de maltrato infantil, detectando un mayor riesgo en adultos con discapacidad intelectual de tener un comportamiento negligente o agresivo hacia sus hijos (McGaw y Sturmey, 1993), y una sobrerrepresentación de discapacitados intelectuales como abusadores sexuales (Beail y Warden, 1995; Day, 1993; O’Callaghan, 1998).

Prevalencia del Maltrato en Menores con Discapacidad

Los niños con discapacidad tienen una mayor vulnerabilidad frente a diversas formas de abuso (Crosse y Cols, 1993; Marchant y Page, 1992; Sullivan y Cork, 1996; Sullivan y Knuston, 1998; Verdugo, Bermejo y Fuertes, 1993, Wescott y Cross, 1996).

En España, Verdugo y cols. (1993) encontraron que un 11,5% de una muestra de 445 discapacitados entre 0 y 19 años había sufrido algún tipo de maltrato, mientras que la tasa general de maltrato infantil se sitúa en torno al 1,5%. Otro estudio de corte clínico (Oliván, 2002) determinó que el 5,56% de los menores ingresados por malos tratos intrafamiliares en centros de acogida de Zaragoza tenían alguna discapacidad. A pesar de que la población discapacitada supone un 10% de la población infantil, la subrepresentación entre los menores maltratados podría ser indicativa de una menor detección, denuncia e intervención protectora.

Estudios estadounidenses revelan un aumento del 1,7% en la incidencia del maltrato intrafamiliar en menores discapacitados frente al resto de los niños (Crosse y cols., 1993; Sullivan y Knutson, 1998). La presencia de múltiples discapacidades aumenta aún más el riesgo, el cual acompaña a esta población no solo en la infancia, sino también en la vida adulta, especialmente en casos de discapacidad psíquica (Cooke y Standen, 2002).

Si bien el maltrato detectado en la población infantil general es solo la punta del iceberg, en el caso de niños con discapacidad, las cifras disponibles son aún menos representativas. Las mayores dificultades de detección (Mitchelli, Turbille y Trunbull, 1999) y la falta de registro adecuado de la discapacidad en las estadísticas hacen que esta realidad sea invisible para la mayor parte de la sociedad, lo que dificulta su prevención efectiva.

Tipos de Maltrato y Contextos Específicos

Definición y Formas de Maltrato

En la protección a la infancia, el maltrato se define como “toda acción u omisión no accidental que impide o pone en peligro la seguridad de los menores de 18 años y la satisfacción de sus necesidades físicas y psicológicas básicas” (Palacios, Jiménez, Oliva y Saldaña, 1998). Dentro de esta definición se recogen realidades como el abandono o negligencia, el maltrato emocional, el maltrato físico, el abuso sexual, el maltrato prenatal, la mendicidad, la corrupción, la explotación laboral, el síndrome de Münchhausen por poderes o el maltrato institucional.

Incidencia según el Tipo de Maltrato

Aunque algunos estudios (Olivan, 2002) sugieren que los menores con discapacidad sufren los mismos tipos de maltrato en proporción similar al resto de la población infantil, la mayoría de las investigaciones encuentran una mayor incidencia del abuso sexual, especialmente en menores con discapacidad intelectual.

Por ejemplo, Sullivan y Cork (1996) detectan un aumento del 2,2% en la incidencia de abuso sexual, un 1,8% en la negligencia y un 1,6% en el maltrato físico en población estadounidense. El estudio de Verdugo y cols. (1993) encontró abuso sexual detectado en un 2% de su muestra y sospechas en un 4%. Kennedy (1996) expone que dos de cada tres chicas y uno de cada tres chicos con discapacidad han sufrido algún tipo de abuso sexual.

El Entorno Familiar como Principal Escenario

La mayor parte de los casos de malos tratos a personas con discapacidad se produce en el entorno doméstico, al igual que ocurre en la población infantil sin discapacidad (Marge, 2003; National Center on Child Abuse and Neglect, 2003; Oliván, 2002; Sobsey, 1994; Sullivan y Knutson, 2000; Ticoll, 1994; Verdugo y cols., 1993).

Episodio #16: El abuso sexual y discapacidad, primera parte.

La Discapacidad y su Influencia en el Riesgo de Maltrato

Diferencias según el Tipo de Discapacidad

Al hablar de discapacidad, nos referimos a una gran diversidad de situaciones (física, psíquica o sensorial). El aumento de la incidencia del maltrato se produce en cualquier tipo de discapacidad, aunque se ha observado que el abuso es más frecuente en discapacitados psíquicos que en otros tipos de discapacidad (Cooke y Standen, 2002).

Este aumento del riesgo de maltrato en discapacitados psíquicos es especialmente evidente en el abuso sexual, que tiene una mayor incidencia en discapacitados psíquicos de grado medio (Hernández, Horno y Santos, 2002). Por el contrario, parece no existir una mayor incidencia de maltrato (ni familiar, ni escolar, ni entre iguales) en población con discapacidad visual, e incluso se ha encontrado que ser ciego total disminuía la probabilidad de sufrir maltrato entre iguales en centros escolares (Eguren, Gutiérrez, Herrero y López, 2006).

Este artículo pone especial atención en los factores de riesgo y las dificultades específicas en el trabajo con menores con discapacidad intelectual, por el mayor riesgo y la mayor especificidad que tiene este colectivo en relación con esta cuestión.

Factores que Aumentan la Vulnerabilidad al Maltrato

Factores Generales y Específicos

La infancia con discapacidad se ve afectada por los mismos factores de riesgo que la población infantil en general: la exclusión, el estrés familiar, las dificultades económicas, el aislamiento social, los conflictos conyugales o la historia familiar de abuso en los padres (Observatorio de Infancia, 2006). De hecho, la discapacidad no puede ser considerada por sí misma un factor desencadenante del maltrato si no se da en interacción con otras variables de riesgo (Olivan, 2002).

Junto a estos factores generales, se pueden detectar factores familiares, educativos y contextuales, así como los unidos a las necesidades especiales, que afectan específicamente a la población con discapacidad, haciéndola más vulnerable al maltrato.

Factores Asociados al Niño y la Discapacidad

Hay cuestiones asociadas a la propia discapacidad que aumentan el riesgo de sufrir episodios de maltrato, dificultan su reconocimiento o impiden que el menor pueda defenderse o denunciarlo posteriormente. Entre los primeros factores, la mayor necesidad de atención en el cuidado físico o la higiene personal de muchos menores con discapacidad les coloca en situaciones propicias para el abuso sexual (American Academy of Pediatrics, 2001; Ellis y Hendry, 1998; Hernández y cols, 2002; Morris, 1998). De hecho, el riesgo aumenta con la cantidad y la mayor intimidad del cuidado necesitado por el niño (Briggs, 1996).

Estos menores, en muchos casos, se encuentran a cargo de personas diferentes que cambian con cierta frecuencia. Esto, por un lado, aumenta la posibilidad de sufrir abuso por parte de alguna de estas personas. Por otro lado, reduce el estrés que tendría un solo cuidador y, por tanto, la probabilidad de maltrato intrafamiliar (American Academy of Pediatrics, 2001). Con tantos cuidadores en su vida, al niño discapacitado le cuesta más diferenciar entre extraños y conocidos, y entre contactos físicos permitidos o no, y con quién. Son tantos los extraños en la vida del niño (médicos, psicólogos, rehabilitadores, logopedas, fisioterapeutas, educadores, celadores, monitores) que ¿quién es realmente un extraño para él?

El mayor contacto físico con el niño discapacitado dificulta su capacidad para reconocer un contacto abusivo del que no lo es. Esto aplica no solo al abuso, sino también a otras formas de maltrato, como el maltrato físico, ya que pueden recibir tratamientos rehabilitadores que les causen dolor.

A estos niños les cuesta reconocer que están sufriendo abusos, y por tanto, no lo pueden contar. De esto se aprovecha el abusador, pensando que el niño no le va a delatar porque no se da cuenta de lo que le pasa o que, si lo contara, nadie le creería. Apoyado en estas ideas, el abusador ve a este tipo de niños como una víctima fácil. Además, los niños con discapacidad física tienen más problemas a la hora de resistirse y oponerse al abuso, o de defenderse. Cuando la discapacidad afecta al lenguaje, al niño le será más difícil, si no imposible, contarlo. Por la propia discapacidad, son niños más dependientes, educados en la sumisión y la obediencia hacia el adulto, lo que les impide enfrentarse a él. Sumado a todo lo anterior, estos niños dependen emocionalmente de los adultos que les cuidan.

Razones por las que el Abusador Elige a Niños con Discapacidad

Los abusadores eligen a niños con discapacidad porque:

  • Son más fáciles de engañar.
  • Son menos poderosos, con menos capacidades, habilidades y recursos.
  • Son menos capaces de oponerse y resistirse al abuso.
  • Su solvencia para revelar el abuso es menor, incluso nula en niños que no han desarrollado lenguaje útil para comunicarse.
  • Socialmente son percibidos como menos creíbles en caso de que sean capaces de darse cuenta de que están siendo abusados y lo cuenten.

El Rol de la Sociedad y la Prevención

Mitos y Consecuencias del Abuso

En nuestra cultura, persisten ideas erróneas, como la creencia de que el abuso traumatiza menos a un niño con discapacidad por el hecho de no darse cuenta de lo que le pasa. Sin embargo, no es así. El abuso sexual a un niño discapacitado le deja las mismas secuelas (ansiedad, miedo, depresión, insomnio, desconfianza, etc.) que a cualquier otro niño. La diferencia radica en que estos niños tienen menos recursos para superarlas, por ejemplo, una menor capacidad de contarlo y de que se les crea y ayude.

Esquema de las secuelas del maltrato en niños con discapacidad

Medidas de Protección para Padres, Cuidadores y Educadores

Para proteger a un niño con discapacidad, padres, madres, educadores y profesionales en general deben:

  1. Tomar conciencia: Lo primero es aceptar que su hijo o alumno puede ser víctima de esta terrible experiencia. Hay que tomar conciencia de que el abuso sexual infantil existe y es más probable en los niños con algún tipo de minusvalía.
  2. Mantener la calma: No deben alarmarse ni ver fantasmas donde no los hay, pero tampoco negarse a esta posibilidad.
  3. Mantenerse vigilantes: Observar el trato que recibe el niño de las distintas personas de su entorno. Detectar si el niño muestra temor hacia un cuidador específico, si rechaza estar con esa persona o no quiere quedarse a solas con ella, y descubrir las razones de ese comportamiento.
  4. Educar en el criterio propio: Como a cualquier otro niño, y siempre según sus capacidades, educarle en el respeto y la obediencia, pero también para que tenga criterio propio y pueda detectar todo lo que no entienda o esté fuera de lo habitual. En ese caso, debe contarlo siempre a un adulto de su confianza.

El reconocimiento de esta mayor vulnerabilidad y sus causas entre los profesionales relacionados con la infancia y/o la discapacidad es el primer paso para la prevención y la detección temprana y eficaz de estas situaciones.

Marco Legal y Recursos de Apoyo

Avances en la Protección de Derechos

La protección de los derechos de niñas, niños y adolescentes con discapacidad ha sido parte integral de la agenda de UNICEF desde la entrada en vigor de la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN), cobrando mayor impulso con la aprobación de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD). Los enfoques de derechos humanos y desarrollo inclusivo son los principios que orientan el trabajo de UNICEF en este campo, de acuerdo con el modelo social de la discapacidad. Esta publicación de UNICEF aporta las bases para que sus socios en América Latina y el Caribe fortalezcan la programación para avanzar en la promoción y protección de los derechos humanos de los niños, niñas y adolescentes con discapacidad de la región.

Consecuencias Legales del Maltrato

La ley dispone un aumento de penas para las personas condenadas por agredir a un menor de 18 años, un adulto mayor o una persona en situación de discapacidad. Este incremento de la sanción se aplicará cuando la víctima sufra desde lesiones menos graves, castración o mutilación de un miembro importante. La pena aplicable es de prisión en cualquiera de sus grados (de 1 a 60 días de prisión). El maltrato es un delito de acción penal pública, lo que significa que cualquiera puede presentar denuncia o querella para que sea investigado.

Si quien maltrata tiene un deber especial de cuidado o protección respecto de la víctima (niño, niña o adolescente, adulto mayor o persona con discapacidad), tendrá una mayor pena si la maltrata de manera relevante o no impide el maltrato cometido por otro.

Los condenados por maltratar a un menor de 18 años, a un adulto mayor o a una persona en situación de discapacidad perderán (a perpetuidad o temporalmente) cualquier cargo, empleo, oficio y profesiones ejercidos en ámbitos educacionales, de la salud o que involucren una relación directa y habitual con este tipo de personas. Esta inhabilitación temporal se aplicará a los condenados por homicidios, auxilio al suicidio, lesiones o maltrato a menores de 18, adultos mayores o personas con discapacidad.

Además, se podrá decretar la prohibición de acercarse a la víctima o a su domicilio, lugar de cuidado, trabajo o estudio, así como a cualquier otro lugar que esta concurra o visite habitualmente.

Enlaces y Recursos Útiles

  • Noticias AEPap: ¿Están nuestros menores protegidos cuando se trata de abuso sexual infantil en su entorno familiar? Hace referencia a cómo distintos medios de comunicación recogen una noticia sobre una niña que registra una conversación con su padre sobre tocamientos, y cómo el sistema judicial había archivado la denuncia por falta de pruebas.
  • "La Regla de Kiko": Una serie de herramientas educativas del Consejo de Europa para prevenir la violencia sexual contra niños, niñas y adolescentes. Incluye la "Guía: Enseñe a su hijo “La Regla de Kiko”" (para niños entre 3 y 7 años) y el libro "Kiko y la mano" (en formato cuento).
  • Abuso y violencia sexual. Violencia contra la infancia (Save the Children): Página de la Web de la ONG Save the Children con historias y artículos relacionados. Ofrece la "Guía de material básico para la formación de profesionales" en PDF.
  • Fundación ANAR - Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo: Teléfono de Ayuda a Niños y Adolescentes: 900 20 20 10 (España) o 116 111 (C. Autónomas específicas).
  • Federación de Asociaciones para la Prevención del Maltrato Infantil (FAPMI).
  • ASPASI. Asociación para la Sanación y la Prevención de los Abusos Sexuales en la Infancia: Web que ofrece información, formación y herramientas sobre el tema.
  • "Palabras Prohibidas". Ediciones Bellaterra, 2014. C. de Manuel. Novela que narra el drama de las víctimas y desvela el perfil del abusador.
  • "El dolor invisible de la infancia". Paidós (1998).

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