La salud mental en personas mayores es un pilar fundamental para garantizar su bienestar general y calidad de vida. A medida que envejecemos, nos enfrentamos a cambios emocionales y físicos que pueden impactar profundamente en nuestra estabilidad psicológica. Comprender el papel de las emociones en adultos mayores y cómo estas afectan su salud mental resulta esencial para abordar las necesidades específicas de esta etapa vital.
El proceso de envejecimiento es una etapa natural de la vida que puede estar acompañada de diversos cambios emocionales y psicológicos. La gestión de las emociones en el envejecimiento es esencial para lograr un envejecimiento saludable y satisfactorio. A través de la conciencia emocional, el apoyo social y la adopción de estrategias prácticas, podemos abordar los desafíos emocionales que surgen en esta etapa de la vida y mejorar nuestro bienestar general.

Comprendiendo la Afectividad en la Tercera Edad
La afectividad se define como la capacidad del individuo para reaccionar ante ciertos estímulos, caracterizada por los sentimientos y las emociones. Un entorno afectivo adecuado es importante a lo largo de toda la vida, cobrando una importancia superior en la infancia y en la vejez.
El bienestar emocional se relaciona con las emociones, que son la base que impulsa la conducta, las actitudes y las relaciones con el entorno. Daniel Goleman (1995) define las emociones como impulsos para la acción, planes instantáneos para enfrentarnos a la vida que la evolución nos ha inculcado. El bienestar en el estado emocional determina la disposición anímica para transitar los procesos de la vida y desarrollar la capacidad humana natural para enfrentar situaciones adversas o complejas, hoy conocida como resiliencia.
Goleman identificó seis emociones básicas: miedo, aversión, sorpresa, alegría, ira y tristeza. Sin embargo, no pueden dividirse en buenas o malas, ya que dependen de nuestras experiencias anteriores y del momento presente. Además, existen emociones secundarias que son aprendidas a lo largo de la vida, generalmente mezclas de dos emociones básicas, como la vergüenza (culpa y miedo) o los celos (amor y miedo). Estas emociones secundarias son sociales, aprendidas a partir de la interacción con la sociedad.
La adultez mayor, adultez tardía o vejez, es una etapa en la que la emocionalidad cambia a partir de una serie de factores que determinan la sensación de bienestar. El bienestar en la vejez se deriva de diversos factores, no solamente biológicos, sino también sociales y personales. Las emociones cumplen la función de adaptarnos a nuestro entorno; no son buenas ni malas, sino señales e información acerca de lo que nos rodea y de nosotros mismos.
Es fundamental asumir una visión positiva de la vejez, considerándola como un proceso natural de desarrollo que incluye tanto pérdidas como ganancias. Erik Erikson, desde su enfoque psicodinámico, menciona el conflicto de la “integridad del yo vs desesperanza”, con la sabiduría como virtud a desarrollar en esta etapa, que implica una preocupación informada y desapegada por la vida al enfrentar la muerte.
El Entorno Social como Factor Determinante
El entorno social, también denominado contexto social o ambiente social, es el lugar donde los individuos se desarrollan en determinadas condiciones económicas, sociales y culturales. Abarca a las personas e instituciones con las que el individuo interactúa, así como todos los elementos creados por el ser humano, como la infraestructura, las relaciones sociales y el universo cultural. La dimensión material comprende infraestructura, servicios públicos y nivel educativo, entre otros. El hogar, los espacios de formación y trabajo constituyen los principales sitios donde se generan las interrelaciones, de los que depende gran parte de la salud física y mental de las personas.
La familia es la primera instancia de socialización y un eje transversal e irrenunciable a lo largo de la existencia humana. En el ámbito familiar, el rol de abuelo suele ser uno de los más satisfactorios en la vejez, estableciéndose relaciones sólidas y de confianza con los nietos. A menudo, los abuelos son los cuidadores principales cuando ambos progenitores trabajan. La posibilidad de desempeñar actividades en el hogar es clave para elevar el ánimo de los adultos mayores.
La sociedad es el contexto social macro donde el individuo crece y se desarrolla, asumiendo distintos roles. Los organismos internacionales, como el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), han fijado su posición al respecto, estableciendo que el desarrollo humano se fundamenta en la “creación de un entorno en el que las personas puedan desarrollar su máximo potencial y llevar adelante una vida productiva y creativa de acuerdo con sus necesidades e intereses”.
Desafíos Emocionales Comunes en la Adultez Mayor
Estereotipos y Edadismo
A pesar de sus muchas contribuciones a la sociedad durante décadas, muchos adultos mayores son objeto de discriminación por motivos de edad, un fenómeno conocido como edadismo. Las sociedades se encuentran atravesadas por una serie de prejuicios con respecto a la vejez que terminan estereotipando la minusvalía que supone llegar a ese momento de la vida. Los ancianos son percibidos, a menudo, como:
- Enfermos y con grandes dosis de discapacidad, asociado directamente con la fragilidad y dependencia. Esto ignora a la población de personas mayores capaces de realizar tareas diarias de forma autónoma.
- Carentes de recursos sociales, lo que los hace estar solos y deprimidos.
- Con deterioro cognitivo y trastornos mentales, confundiendo el deterioro patológico con el declive intelectual propio del envejecimiento.
- Psicológicamente rígidos e incapaces de adaptarse a los cambios.
Superar estos estereotipos negativos a nivel social permitirá un grado de sensibilización mayor en todos los actores, para que las propuestas dirigidas a los adultos mayores estén menos contaminadas con la visión tradicional hegemónica sobre la vejez.
Soledad y Aislamiento Social
El aislamiento social y la soledad son factores de riesgo cruciales para padecer afecciones de salud mental en etapas posteriores de la vida, aquejando a cerca de una cuarta parte de las personas mayores. Un importante problema cada vez más frecuente es el de la soledad emocional y afectiva, considerado por los propios mayores como uno de los de mayor valoración. De ahí la necesidad de fomentar y cultivar los vínculos afectivos y el apego entre los propios mayores y entre estos y sus familiares. También existe la necesidad de intimidad y contacto físico, como tocar, abrazar o besar, contribuyendo a que nos sintamos emocionalmente bien. La dimensión sexual puede contribuir a satisfacer esta necesidad, ya que la sexualidad es una faceta importante que afecta considerablemente el bienestar físico y emocional.
Malestar Psicológico: Ansiedad, Depresión y Estrés
El malestar psicológico, esa sensación de angustia que puede tomar muchas formas -como ansiedad, depresión, estrés o simplemente una sensación de vacío- es algo que afecta a muchas personas mayores. Las pérdidas, los cambios en la rutina diaria o la disminución de la independencia pueden generar emociones intensas que, a veces, no se gestionan de la mejor manera. La soledad o la falta de apoyo emocional son elementos comunes en esta etapa, lo que puede llevar a que el malestar psicológico se agrave si no se trata adecuadamente.
Este término engloba una variedad de síntomas emocionales y cognitivos, como la ansiedad, la depresión, la tristeza profunda y la sensación general de vacío. La ansiedad puede surgir cuando las personas sienten que han perdido el control sobre su vida, mientras que la depresión puede ser una respuesta a la sensación de soledad o la falta de propósito tras la jubilación o la muerte de seres queridos.
El malestar psicológico en la vejez no es un fenómeno aislado; tiene raíces profundas en las circunstancias de vida. Las pérdidas son uno de los factores de riesgo más significativos: la muerte de amigos, familiares o la pérdida de la autonomía personal. El aislamiento social, derivado de la distancia emocional o física, también agrava este malestar. Además, los problemas de salud física, como la pérdida de movilidad, enfermedades crónicas o dolor constante, pueden hacer que la calidad de vida se vea comprometida. La combinación de estos factores puede desencadenar un círculo vicioso, haciendo esencial la atención integral.

El Fenómeno del Contagio Emocional
El contagio emocional es un fenómeno psicológico complejo que ocurre cuando absorbemos los estados emocionales de las personas que nos rodean, a menudo sin darnos cuenta. Esta dinámica está relacionada con la forma en que percibimos y respondemos a las señales emocionales de quienes nos rodean. Las personas mayores son más vulnerables a este fenómeno debido a los cambios que ocurren en su capacidad de empatía y regulación emocional con la edad.
Si las personas que rodean a los adultos mayores están viviendo momentos de estrés o tristeza, estas emociones pueden trasladarse, ampliándose y generando un malestar emocional adicional. La capacidad de regular nuestras propias emociones también cambia con la edad; si bien algunos pueden volverse más sabios, otros experimentan mayores dificultades para manejar la sobrecarga emocional. Esta dinámica se intensifica cuando los adultos mayores ya están lidiando con un malestar psicológico previo. El contagio emocional no es solo un fenómeno pasajero, sino que tiene el poder de amplificar las emociones negativas, intensificando sentimientos de tristeza, ansiedad o estrés, especialmente en los adultos mayores.
La vulnerabilidad emocional en la vejez se refiere a una mayor sensibilidad ante las emociones que provienen del entorno social y familiar. Si un adulto mayor está rodeado de personas que experimentan estrés, ira o tristeza, es probable que absorba estas emociones, lo que puede intensificar su propio malestar psicológico. Esto se observa en dinámicas familiares y en residencias para adultos mayores, donde el malestar psicológico puede ser contagioso.
El Dolor Crónico y sus Dimensiones Afectivas
El dolor crónico se ha convertido en un problema de salud pública por las múltiples repercusiones que afectan a la vida de las personas que lo padecen, impactando en las dimensiones física, psicológica, social, espiritual y económica. Sus consecuencias incluyen trastornos del sueño, disminución de la socialización, del apetito, de las habilidades para realizar actividades de la vida diaria, cambios de humor, y deterioro físico progresivo que puede llevar a depresión, ansiedad, frustración e ira.
Los adultos mayores encuentran diversos comportamientos para expresar su dolor:
- Quienes deciden expresarlo usando el llanto como señal, exteriorizando su dolor para desahogarse y sentir alivio.
- Quienes deciden callarlo, lo ocultan o disfrazan por miedo a ser una molestia o a generar lástima, o por falta de apoyo.
- Quienes solicitan atención a través de la manipulación, buscando compañía o cautivar la atención debido al aislamiento, lo que puede generar dependencia.
Esta mezcla de emociones sugiere un agotamiento físico y mental, despojando al adulto mayor de su energía y arrastrándolo a experimentar emociones negativas que agudizarán sus síntomas. Los adultos mayores experimentan una serie de sentimientos como:
- Angustia: Generada por el dolor persistente o la expectativa de un dolor repentino, temiendo que se intensifique y cause limitación.
- Tristeza: Reacción frente a las dificultades para tratar su enfermedad, la poca disponibilidad en la atención médica y la falta de tratamientos y expectativas.
- Miedo: Impulsado por la anticipación del dolor, temor al futuro, a la limitación e incapacidad funcional, lo que refuerza conductas negativas.
- Ira: Mencionada como un sentimiento que se experimenta en este contexto.
Cambios Psicosociales y Biológicos
Los adultos mayores sufren transformaciones emocionales y psicológicas por los cambios vitales que se producen, como la jubilación o la pérdida de un ser querido. Con la edad, la sociedad puede relacionarse de una manera distinta, lo que puede ser difícil y generar un conflicto entre el deseo de ser autosuficiente y la necesidad de ayuda. En el ámbito biológico, la degeneración progresiva de las facultades físicas debido al paso del tiempo incrementa la vulnerabilidad ante enfermedades y accidentes, y la tendencia natural a descompensarse con facilidad.
En el ámbito social, la persona jubilada ve disminuida su relación con los demás, su movilidad se hace más difícil, y la comunicación y participación social bajan de intensidad, reduciendo su entorno. Además, con el paso de los años, el organismo pierde ciertas condiciones propicias para la actividad sexual, produciéndose una disminución de la actividad hormonal, como la menopausia femenina y la andropausia masculina.
Promoción del Bienestar Emocional y Estrategias de Intervención
Para proteger a los adultos mayores del impacto negativo del contagio emocional y fomentar su bienestar, es fundamental un enfoque multidimensional.
Fomento de Vínculos y Conexión Social
- La participación en actividades sociales, talleres de estimulación cognitiva o grupos de apoyo ayuda a reforzar su autoestima y a establecer conexiones significativas.
- Aportar a los mayores de 65 años oportunidades para seguir siendo productivos, además de continuar aprendiendo, es esencial para que el proceso de jubilación no tenga un impacto negativo en su salud mental.
- Es imprescindible fomentar y cultivar los vínculos afectivos y el apego, así como mantener la necesidad de intimidad y contacto físico.

Creación de Entornos Positivos y Accesibles
Crear entornos emocionales positivos, rodeando a los adultos mayores de un ambiente que fomente la calma, la empatía y la serenidad, es clave. Esto implica mantener conversaciones que prioricen el bienestar y la tranquilidad.
Para apoyar el envejecimiento saludable, es fundamental promover entornos físicos y sociales que faciliten el bienestar. Esto incluye:
- Medidas para reducir la inseguridad financiera y la desigualdad.
- Programas para garantizar viviendas, edificios públicos y transportes seguros y accesibles. El domicilio de una persona mayor debe estar adecuado a sus necesidades funcionales y de movilidad, sin barreras ni obstáculos.
- Apoyo social a los adultos mayores y a las personas que los cuidan.
- Apoyo a comportamientos saludables, como una dieta equilibrada, actividad física, abstinencia del tabaco y disminución del consumo de alcohol.
- Programas de salud y sociales dirigidos a grupos vulnerables (personas que viven solas o en zonas remotas, con afecciones crónicas).
La conexión social es particularmente importante para reducir el aislamiento y la soledad. Las actividades sociales satisfactorias pueden mejorar la salud mental positiva, la satisfacción y la calidad de vida, además de reducir los síntomas depresivos. Ejemplos de intervenciones incluyen iniciativas de amistad, grupos comunitarios y de apoyo, formación en habilidades sociales, grupos de artes creativas, servicios de ocio y educación, y programas de voluntariado.
La protección contra el edadismo y el maltrato también es fundamental. Intervenciones clave incluyen políticas y leyes contra la discriminación, educación y actividades intergeneracionales.
Intervenciones Profesionales y Terapéuticas
Es esencial reconocer y tratar con prontitud las afecciones de salud mental en los adultos mayores. Esto requiere un enfoque de atención integrada, de base comunitaria y centrada tanto en los cuidados a largo plazo como en la educación, formación y apoyo a los cuidadores. Se suele recomendar una combinación de intervenciones de salud mental con otros apoyos para abordar las necesidades de salud, cuidado personal y sociales.
Los profesionales dedicados a la psicología velan por el bienestar psicosocial, a menudo en estrecha colaboración multidisciplinar. La intervención individual comienza al ingresar a una residencia, acompañando tanto a la familia como al residente en el proceso de duelo por la despedida del antiguo hogar para ayudarles a comenzar a vivir en un nuevo entorno. La metodología fundamental en centros especializados se centra en la Atención Centrada en la Persona.
Respecto a la intervención grupal, se trabaja con:
- Talleres de estimulación cognitiva: Orientados a trabajar capacidades como memoria, atención, concentración, orientación, lectura, escritura, cálculo y resolución de problemas. Juegan un papel determinante tanto para prevenir como para ralentizar el deterioro cognitivo.
- Talleres de estimulación sensorial: Precisos en estadios más avanzados de demencia, donde las funciones cognitivas están muy mermadas y la desconexión con el entorno aumenta.
- Grupos de apoyo y reminiscencia: Los grupos de apoyo, guiados por psicología, facilitan la puesta en común, reciprocidad, escucha, comunicación activa y desarrollo de estrategias de afrontamiento. Los talleres de reminiscencia, dirigidos a residentes sin deterioro cognitivo o leve, fomentan el establecimiento de vínculos afectivos y sociales al compartir vivencias y experiencias.
La psicoterapia, particularmente aquella que utiliza técnicas de regulación emocional como la terapia cognitivo-conductual o el mindfulness, puede ser muy útil. Practicar actividades como la meditación o ejercicios de respiración también puede ser una excelente manera de reducir el estrés y ayudarles a encontrar un mayor equilibrio emocional.
Desde los centros de atención a mayores, se trabaja para fomentar la autoestima, la sensación de control percibida, el establecimiento de relaciones sociales positivas, la comunicación y el trabajo en equipo.
El Rol Fundamental de la Familia y Cuidadores
Resulta imprescindible mantener el vínculo e involucrar a la familia en todos los procesos, incluso desde antes del ingreso en una residencia. La comunicación debe ser positiva, recíproca y bilateral para que todos trabajen con el mismo objetivo. Fortalecer estas redes mejora la calidad de las relaciones, promoviendo una atmósfera de apoyo mutuo.
Es crucial intervenir en dinámicas familiares que puedan generar estrés. Trabajar con las familias para resolver tensiones y mejorar la comunicación puede ser una estrategia clave para reducir el contagio emocional negativo. Fomentar un ambiente de respeto y comprensión ayuda a prevenir la sobrecarga emocional que los adultos mayores pueden experimentar.
Existen diversas intervenciones dirigidas a los cuidadores -entre ellas, cuidado de relevo, asesoramiento, educación, ayuda económica, psicoterapia- que pueden ayudarles a mantener una relación de cuidado buena y saludable que evite el maltrato de las personas mayores. Es fundamental responder al maltrato de los adultos mayores, con intervenciones prometedoras como la notificación obligatoria de los malos tratos, grupos de apoyo, teléfonos de asistencia, programas psicológicos para maltratadores y formación de proveedores de atención de salud.
Salud Mental en el adulto mayor, el papel de la familia
Panorama General y Datos Relevantes
La población mundial envejece rápidamente. En 2023, 1100 millones de personas tenían 60 años o más. Se prevé que esa cifra casi se duplique a 2100 millones en 2050, lo que representa en torno a una quinta parte de la población mundial. A finales de la década de 2060, el número de personas de 60 años o más alcanzará los 2500 millones y superará al de menores de 18 años a escala mundial. En la sociedad actual, la población de personas adultas mayores de 60 años creció a 17,958,707, lo que representa el 14% de la población total del país.
Aunque la mayoría de los adultos mayores goza de buena salud, muchos corren el riesgo de presentar afecciones de salud mental como depresión y trastornos de ansiedad. En torno al 14,1% de los adultos de 70 años o más tienen un trastorno mental, y estas afecciones representan el 6,8% del total de años vividos con discapacidad en este grupo etario. Las afecciones más frecuentes son la depresión y la ansiedad, y aproximadamente una sexta parte de las muertes por suicidio (16,6%) se producen en personas de 70 años o más.
Las afecciones de salud mental en las personas mayores suelen infravalorarse y tratarse insuficientemente, y la estigmatización puede hacer que sean reacias a buscar ayuda. Uno de cada seis adultos mayores sufre malos tratos, a menudo por parte de sus propios cuidadores. El maltrato tiene graves consecuencias y puede provocar depresión y ansiedad.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) colabora con diversos asociados en estrategias, programas y herramientas para ayudar a los gobiernos a responder a las necesidades de salud mental de los adultos mayores. La Década del Envejecimiento Saludable (2021-2030) es una iniciativa de colaboración mundial liderada por la OMS. Además, el Plan de Acción Integral sobre Salud Mental 2013-2030 promueve la mejora de la salud mental, y el Programa de Acción para Superar las Brechas en Salud Mental (mhGAP) de la OMS proporciona protocolos clínicos basados en la evidencia para la evaluación y gestión de afecciones mentales, neurológicas y por consumo de sustancias.