Problemas Alimenticios en Adultos Mayores: Retos y Estrategias

En las últimas décadas, la humanidad ha sido testigo de cambios significativos en los estilos de vida y la alimentación, lo que ha llevado a un incremento notable en la esperanza de vida. Este fenómeno, si bien positivo, también ha propiciado un aumento en la prevalencia de enfermedades crónicas no transmisibles, como la diabetes y la obesidad. Paralelamente, la población de adultos mayores enfrenta desafíos únicos en relación con su nutrición y conducta alimentaria, que a menudo son subestimados o malinterpretados.

Esquema sobre factores que afectan la alimentación en adultos mayores

El Envejecimiento Poblacional y la Seguridad Alimentaria

Chile, al igual que muchas naciones, se encamina hacia una etapa avanzada de envejecimiento poblacional. Francisco Pérez Bravo, director del INTA, explicó que esto se debe a tres factores fundamentales: la baja en la tasa de fecundidad, la reducción de la mortalidad en edades tempranas y la mayor esperanza de vida. Este panorama demográfico resalta la urgencia de abordar las necesidades específicas de los adultos mayores, especialmente en el ámbito nutricional.

Hallazgos del Estudio ESSALCAVI en Chile

Un estudio, en el marco de ESSALCAVI (Estudio de Salud, Alimentación y Calidad de Vida en Adultos Mayores), entrevistó de forma presencial a 1.171 mayores de 65 años (62% mujeres), residentes en 88 comunas de Chile, cubriendo el total de las regiones del país y hábitat urbano o rural. Este estudio proporcionó una "fotografía de la brecha alimentaria de los adultos mayores", según el senador Juan Luis Castro, quien lo calificó de "innovador" y "preocupante".

  • A nivel nacional se registró un 15,9% de Inseguridad Alimentaria (IA) Severa+Moderada, con una proporción de IA Severa del 4,2%.
  • La Macrozona Norte fue la región con el mayor nivel de IA Severa, alcanzando un 8,5%.
  • La Inseguridad Alimentaria es más alta entre aquellos que presentan depresión o soledad o se encuentran insatisfechos con la vida.
  • La evaluación del Estado Nutricional arrojó un Riesgo de Desnutrición del 32,4% promedio a nivel nacional (MNA-SF), siendo más alto en mujeres (35,1% vs 28,9% hombres).
  • Un alto porcentaje (89,8%) calificó como "Elevados e Inalcanzables" el precio de las carnes y un 79,1% el de los productos del mar.
  • En cuanto a la salud oral y visual: a un 50,9% le faltan todos o la mayoría de sus dientes, y el 52% declaró no lograr o tener dificultad para ver la información en envases de alimentos.
  • Entre quienes retiran la bebida láctea, el 23,4% declaró consumirla "nunca o casi nunca" y el 19,4% "algunos días".

Anahí Urquiza, vicerrectora (S) de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Chile, destacó la importancia de la colaboración público-privada para afrontar los desafíos del país, especialmente en seguridad alimentaria, subrayando la "importancia de la sensación de inseguridad frente a acceder a alimentación en el futuro". Gonzalo Uriarte, presidente del gremio de Alimentos y Bebidas de Chile, enfatizó que esta iniciativa buscó conocer a un grupo creciente y con poco apoyo social. ESSALCAVI subraya la necesidad de reforzar los programas públicos y de implementar estrategias que aborden las desigualdades en el acceso a alimentos saludables.

Adultos mayores pueden recibir ayuda alimentaria en California

Anorexia e Hiporexia en la Vejez

Cuando hablamos de anorexia en personas mayores, no nos referimos a un trastorno psicológico como la anorexia nerviosa, sino a la pérdida total del apetito. Esta puede ser consecuencia de factores físicos, emocionales o asociados a otros problemas de salud. A menudo, la anorexia en personas mayores es subestimada; sin embargo, si no se aborda a tiempo, puede desembocar en desnutrición, estreñimiento y otras complicaciones graves.

La hiporexia, por su parte, es la disminución parcial del apetito. Ambos términos no son sencillos de distinguir, ya que el apetito es difícilmente medible, por eso en ocasiones se consideran como sinónimos. Si la hiporexia o la anorexia en personas mayores se mantiene en el tiempo, puede ocasionar déficit nutricional en micronutrientes como, por ejemplo, anemia o déficits vitamínicos (principalmente vitaminas A y D, calcio, folatos y magnesio) y, lo que es más grave, desnutrición.

Factores Contribuyentes

  • Fisiológicos: Incluyen la pérdida del sentido del gusto y del olfato, lo cual disminuye la palatabilidad de las comidas.
  • Farmacológicos: Determinados fármacos pueden disminuir el apetito o causar molestias gástricas.
  • Psicológicos: Los cambios fisiológicos del sistema nervioso central, junto a modificaciones en la condición social (estructura familiar, jubilación, etc.), pueden favorecer alteraciones del estado psicológico.
  • Aversiones Alimentarias o Restricciones Dietéticas: Especialmente en pacientes institucionalizados.

Recomendaciones Nutricionales Generales

La buena nutrición es importante, sin importar la edad. Le entrega energía y puede ayudar a controlar el peso. Sin embargo, a medida que se envejece, el cuerpo y la vida cotidiana cambian, al igual que lo que se necesita para mantener la salud. Por ejemplo, puede necesitar menos calorías, pero de todas formas se requieren suficientes nutrientes. Algunos adultos mayores necesitan más proteínas.

  • Modificar el contenido de las comidas: Es conveniente que la persona mayor con anorexia realice varias comidas al día de poca cantidad. En la medida de lo posible, conviene ofrecerle alimentos que le apetezcan más, e intentar que se encuentren a temperatura ambiente.
  • Preferir alimentos bajos en colesterol y grasas: Especialmente evitar los que contienen grasas saturadas y trans.
  • Tomar suficientes líquidos: No deshidratarse. Algunas personas pierden la capacidad de sentir sed a medida que envejecen.
  • Buscar soluciones para dificultades: Si se está cansado de comer solo, intentar organizar comidas caseras o cocinar con un amigo. Si se tienen problemas para tragar, beber muchos líquidos con la comida; si eso no ayuda, consultar con un proveedor de atención médica. Si una enfermedad dificulta cocinar o alimentarse, consultar a un profesional de la salud.

Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) en la Tercera Edad

Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) no afectan únicamente a los adolescentes; pueden aparecer en cualquier momento de la vida. Es crucial detectarlos y recibir la atención profesional adecuada, ya que no es cierto que con la edad desaparezcan los síntomas o el malestar asociado a estos trastornos. Por ello, es necesario que tanto las personas afectadas como las familias estén atentas a signos de recaída o sospecha de la aparición de un TCA, sea cual sea la edad.

Los trastornos de la alimentación son enfermedades graves que se caracterizan por alteraciones severas de la conducta alimentaria. Aunque muchas personas se preocupan por su salud, peso o apariencia, algunas se fijan excesivamente u obsesionan con la pérdida de peso, el peso en sí o la forma corporal, y el control de los alimentos que consumen. Estos pueden ser signos de un trastorno de la alimentación.

Las personas con trastornos de la alimentación no eligieron tenerlos. Estos pueden afectar adversamente su salud física y mental y, en algunos casos, pueden poner en peligro su vida. Afectan a personas de cualquier edad, origen racial y étnico, peso corporal y sexo. Incluso quienes parecen saludables pueden tener estos trastornos y estar extremadamente enfermos, presentando bajo peso corporal, peso normal o sobrepeso.

Tipos Frecuentes de Trastornos de la Alimentación

Aunque la causa exacta de los trastornos de la alimentación no se comprende bien, algunos tipos frecuentes incluyen:

Anorexia Nerviosa

Las personas con anorexia nerviosa evitan o restringen severamente el consumo de alimentos debido a una imagen distorsionada de sí mismas o un temor intenso a aumentar de peso. Incluso con un peso peligrosamente bajo, pueden verse con sobrepeso. Algunas también pueden tener episodios de atracones y purgas. Los signos y síntomas incluyen alimentación extremadamente restringida, ejercicio intenso y excesivo, delgadez extrema, intentos incesantes para adelgazar, resistencia a mantener un peso saludable, temor intenso de subir de peso, imagen corporal o autoimagen distorsionada y rechazo a aceptar la gravedad del bajo peso corporal.

Con el tiempo, la anorexia nerviosa puede provocar consecuencias graves para la salud, como: pérdida de masa ósea (osteopenia u osteoporosis), anemia leve, desgaste y debilidad muscular, pubertad tardía, estreñimiento grave, presión arterial baja, respiración y pulso lentos, daños en la estructura y función del corazón, sensación de cansancio constante, infertilidad, daño cerebral e insuficiencia de varios órganos. La anorexia nerviosa puede ser fatal, con una tasa de mortalidad extremadamente alta en comparación con otros trastornos mentales. El suicidio es la segunda causa principal de muerte en personas diagnosticadas con anorexia nerviosa.

Trastorno por Atracones

Las personas con trastorno por atracones pierden regularmente el control de su alimentación, comiendo cantidades inusualmente grandes de alimentos. Suelen tener sobrepeso u obesidad y después de un atracón, se sienten con mucha culpa, asco o vergüenza, lo que puede llevarlas a comer a solas para ocultar los atracones.

Bulimia Nerviosa

Las personas con bulimia nerviosa comen en exceso regularmente y luego adoptan conductas poco saludables para evitar aumentar de peso, como forzar el vómito o usar laxantes. Pueden mantener un peso promedio o tener sobrepeso. Los signos y síntomas de la bulimia nerviosa incluyen los mismos que los del trastorno por atracones, seguidos de purgas.

Trastorno por Evitación o Restricción de la Ingesta de Alimentos (ARFID)

Este trastorno implica comer de forma extremadamente limitada o no comer determinados alimentos, a menudo sin satisfacer las necesidades nutricionales diarias mínimas. Puede llevar a problemas de crecimiento, desarrollo y funcionamiento diario. Sin embargo, las personas con ARFID no tienen miedo a subir de peso; en cambio, pueden no estar interesadas en comer, o evitar alimentos con un determinado color, textura, olor o sabor, o preocuparse por las consecuencias de comer (como atragantarse o vomitar). Aunque puede diagnosticarse a cualquier edad, es más frecuente en niños pequeños.

Complicaciones y Factores de Riesgo

Las personas con trastornos de la alimentación corren el riesgo de tener enfermedades mentales concurrentes, que por lo general incluyen depresión, ansiedad y trastornos por consumo de sustancias, además de un mayor riesgo de suicidio.

La causa exacta de estos trastornos es desconocida, pero se han identificado factores como la genética, la biología, antecedentes familiares, otros problemas de salud mental, dietas e inanición (la cual afecta el cerebro y puede causar cambios de humor, pensamiento inflexible, ansiedad y reducción del apetito), antecedentes de acoso por el peso y el estrés (cambios vitales importantes).

Demencia y Trastornos Alimenticios: Un Desafío Crece

La demencia es una enfermedad crónica cada vez más común y preocupante. La OMS señala que actualmente hay 55 millones de personas con demencia en el mundo; para 2030, aumentarán en 41.8% y, para 2050, en un 153%, llegando a los 139 millones. En esta población, hay una incidencia de hasta el 10% de enfermedades vinculadas con la demencia y su prevalencia se duplica cada 5 años.

Si bien la demencia implica pérdida de memoria, confusión, alteración del pensamiento abstracto y dificultad para reconocer objetos, también dificulta las actividades básicas de la vida diaria, entre ellas la alimentación. El daño neuronal asociado a la demencia ocasiona trastornos del comportamiento que se relacionan con la zona cerebral más afectada. Entre estos, se identifican la disfagia, la pica, la hiperfagia y el exceso de apetito, problemas a los que hay que prestar atención y tratar a tiempo para evitar complicaciones.

Trastornos Alimenticios Asociados a la Demencia

  • Disfagia: Dificultad para tragar alimentos, sean sólidos o líquidos. En la demencia, la disfagia suele presentarse en fases avanzadas y puede resultar en trastornos alimenticios como la anorexia, pérdida ponderal e incapacidad para deglutir. Es la principal causa de complicaciones como la neumonía por broncoaspiración.
  • Pica: Ingesta persistente y compulsiva de objetos no comestibles (tierra, arcilla, tiza, jabón). Aunque no se asocia a ninguna lesión cerebral específica, es más común en personas con discapacidades cognitivas acompañadas de trastorno obsesivo compulsivo (TOC) o esquizofrenia.
  • Hiperfagia: Sensación de hambre excesiva, lo que produce que algunas personas con demencia coman demasiado. Este trastorno puede ser resultado de la pérdida de memoria, llevando al paciente a olvidar que acaba de comer y, por ello, pedir alimentos en todo momento.

Estrategias para el Cuidado Nutricional en Pacientes con Demencia

Un estudio realizado por un equipo interdisciplinario de la Universidad de La Sabana (Colombia) estableció la importancia de considerar la relación paciente-cuidador para hacer frente a los trastornos alimenticios en personas con demencia, y propuso una caja de herramientas para mejorar su alimentación. La profesora Beatriz Sánchez explica que el cuidado de las personas con demencia plantea retos que pueden generar carga a los cuidadores y familias, especialmente cuando no están preparados.

Los expertos indican la importancia de realizar una evaluación nutricional integral con intervenciones enfocadas en la persona con demencia y apoyo a los cuidadores en un ambiente de alimentación adecuado. Esto permite disminuir la incertidumbre y contribuir a tomar mejores decisiones que satisfagan las demandas clínicas, mejoren la experiencia del usuario y la gestión de los cuidados mediante una planificación adecuada y procesos más eficaces.

Infografía sobre estrategias de alimentación para adultos mayores con demencia

Recomendaciones Específicas para Cuidadores

  • Respetar las costumbres: Identificar y aplicar las tradiciones culturales y religiosas sobre la alimentación puede motivar a las personas con demencia a comer mejor.
  • Sabor y textura atractivos: Ofrecer alimentos que evoquen recuerdos felices, a temperatura ambiente, y con texturas que faciliten la deglución. El diseño de alimentos agradables a la vista es clave.
  • Cuidar la presentación de las comidas: Utilizar colores cálidos (rojo, amarillo) y evitar tonos fríos (azul, verde) para mejorar la visibilidad.
  • El tamaño de las porciones es definitivo: Las porciones pequeñas estimulan mejor el apetito. El contraste de platos y cubiertos (ej. platos blancos con borde negro, cubiertos con mangos de color) mejora la visualización.
  • Cuidar la temperatura de las comidas: Evitar fríos o calores intensos, manteniendo las comidas a temperaturas medias para no dañar y facilitar la percepción del sabor.
  • Conocer los requerimientos nutricionales: Esto ayuda a definir tipos de alimentos y porciones.
  • Conocer las condiciones personales: En muchos adultos mayores, el olfato y el gusto disminuyen, lo que puede ser un riesgo de intoxicación si no se consideran.
  • Tiempo y postura adecuados: La alimentación de adultos mayores es más prolongada. Asegurar un sitio cómodo, con la persona sentada con la espalda recta y la cabeza erguida, es vital para facilitar la deglución. Si necesita ayuda, el cuidador debe sentarse al frente, a la misma altura, evitando la hiperextensión del cuello.
  • Considerar el sistema digestivo: Con la edad, la producción de saliva disminuye. Comidas ricas en salsa pueden ser una buena alternativa para alimentos secos que causan dificultad para tragar.
  • Asegurar adecuada comunicación: Hablar con un tono grave (ronco), despacio y evitar gritar. Las personas mayores escuchan mejor voces con tonos bajos. Si no entiende una frase, reformularla.
  • El aseo de las manos: La higiene adecuada de las manos es indispensable antes de cada comida, usando jabón y cremas sin perfume, con un pH neutro o ácido.
  • Atender detalles del ambiente: Utilizar luz más intensa en los ambientes donde los mayores reciben sus alimentos mejora significativamente la percepción de los detalles.
  • Evitar los peligros: El acceso, almacenamiento y facilidad de preparación de la comida son fundamentales para garantizar una nutrición adecuada.

Diagnóstico, Tratamiento y Prevención de Trastornos Alimentarios

Un trastorno alimentario puede ser difícil de controlar o superar sin ayuda. Cuanto antes se reciba tratamiento, más probabilidades habrá de una recuperación completa. Es posible tratar con éxito los trastornos de la alimentación. La detección y el tratamiento tempranos son importantes para la recuperación.

Planes de Tratamiento

Los planes de tratamiento para los trastornos de la alimentación incluyen:

  • Psicoterapia: Individual, en grupo o en familia para identificar y cambiar emociones, pensamientos y conductas preocupantes sobre la comida.
  • Atención médica y monitoreo: Para tratar las consecuencias de salud de un trastorno de la alimentación y dar seguimiento al bienestar general.
  • Asesoramiento nutricional: Para ayudar a las personas a comer bien, y a alcanzar y mantener un peso saludable.
  • Medicamentos: Para tratar los síntomas de algunos trastornos de la alimentación, como la bulimia nerviosa y el trastorno por atracones, y para reducir los síntomas de ansiedad o depresión concurrentes. Actualmente, no existen medicamentos aprobados por la FDA para tratar la anorexia nerviosa o el trastorno por evitación o restricción de la ingesta de alimentos.

Es posible que algunas personas que tienen un trastorno grave de la alimentación necesiten estar en un hospital o en un programa de tratamiento residencial. Las familias pueden desempeñar un papel fundamental en el tratamiento, animando a buscar ayuda y brindando apoyo.

Cuándo Consultar a un Médico y Prevención

Si se tiene alguna inquietud sobre la conducta alimentaria o la salud mental, se debe hablar con un médico de atención primaria, quien puede referir a un profesional de salud mental (psicólogo, psiquiatra o trabajador social clínico). Este profesional puede ayudar a determinar los pasos siguientes.

No hay una forma segura de prevenir los trastornos alimentarios, pero se pueden tomar medidas para desarrollar hábitos alimentarios saludables:

  • Elegir una dieta saludable rica en granos o cereales integrales, frutas y verduras.
  • Limitar el consumo de sal, azúcar, alcohol, grasas saturadas y grasas trans.
  • Hacer suficiente actividad física (al menos 150 minutos de actividad aeróbica a la semana).
  • Evitar las dietas extremas y consultar al médico si se tienen inquietudes sobre conductas alimenticias.
  • En el ámbito familiar, evitar hacer dieta en presencia de los hijos y hablar con ellos sobre la imagen corporal saludable, reforzando la aceptación y el respeto.
  • Estar atentos a la desinformación en línea que promueve ideas peligrosas sobre la anorexia o dietas restrictivas.

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