La enfermería geriátrica se dedica a la aplicación de cuidados auxiliares de enfermería a las personas mayores, con el objetivo de maximizar su calidad de vida y promover un envejecimiento saludable. Esta especialidad es fundamental en el contexto actual, donde el deterioro físico natural producto de la edad, sumado a las enfermedades que puedan tener, hace que los ancianos necesiten de cuidados y atenciones especiales para las cuales se requiere una preparación específica.
La Evolución de la Enfermería y la Gestión del Cuidado
El Rol Histórico y Actual de la Enfermería
La enfermería como actividad ha existido desde el inicio de la humanidad, ya que siempre ha habido personas incapaces de valerse por sí mismas que requieren de cuidados específicos. En el continuo del tiempo, la enfermería ha evolucionado, avanzando hacia un trabajo sistemático y basado en el método científico, lo que le ha permitido generar su propio marco de acción denominado “Proceso de Atención de Enfermería” (PAE), definiéndola como una disciplina dentro del ámbito sanitario.
Según el Consejo Internacional de Enfermeras (CIE), la disciplina de enfermería abarca los cuidados, autónomos y en colaboración, que se prestan a personas de todas las edades, familias, grupos y comunidades, enfermos o sanos, en todos los contextos. Esto incluye la promoción de la salud, la prevención de enfermedades, y los cuidados de los enfermos, discapacitados y personas moribundas, tanto en su vertiente curativa como paliativa. Esta definición es compartida por organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS). En resumen, el cuidado es el objetivo principal y el fin de la profesión enfermera, lo que la diferencia y le confiere valor.
La Gestión del Cuidado en el Marco Legal
Globalmente, diversas organizaciones han trabajado para fortalecer estrategias que aseguren la fuerza laboral de enfermería, delegando en ellas la gestión del cuidado de las comunidades para mejorar la promoción de la salud, la recuperación de enfermedades y la rehabilitación. En Chile, en el año 1997, la sociedad reconoció la esencialidad del problema social que resuelven las enfermeras(os) en todas las etapas de la vida humana. En este contexto, la ley N°19.536 incorporó al Código Sanitario, en el artículo 113, inciso cuarto, el rol social de las enfermeras, estableciendo que sus servicios profesionales comprenden la gestión del cuidado en lo relativo a promoción, mantención y restauración de la salud, prevención de enfermedades o lesiones, ejecución de acciones derivadas del diagnóstico y tratamiento médico, y el deber de velar por la mejor administración de los recursos de asistencia para el paciente. Este hito permitió a la profesión enfermera realizar la función de “Gestión del Cuidado” de forma autónoma, con carácter exclusivo y excluyente.
Posteriormente, la consolidación de esta función se materializó a través de su inserción en las organizaciones de los servicios de salud dependientes del estado, mediante la Ley de Autoridad Sanitaria y Gestión. Esta ley exige, como mínimo, la constitución de “Subdirecciones de Gestión del Cuidado” en cada centro. Diez años después, el Ministerio de Salud dictó la Norma N°19 General Administrativa sobre “Gestión del cuidado en la atención cerrada, establecimientos de alta y mediana complejidad”, estableciendo normas generales para implementar activamente el “Modelo de Gestión del Cuidado de Enfermería” en todos los establecimientos del país. Esto otorgó a la profesión la oportunidad de demostrar sus competencias para asumir los desafíos legalmente conferidos por el Gobierno.
Desafíos Actuales en la Gestión del Cuidado Geriátrico
La Gestión del Cuidado de Enfermería en las distintas etapas del ciclo vital representa un gran desafío, considerando los cambios en el perfil epidemiológico de muchos países. Por ejemplo, en Chile, de un predominio de enfermedades infecciosas y materno infantiles en los años 60, el país ha migrado a la aparición de enfermedades crónicas no transmisibles, accidentes y problemas de salud mental en los 90. Estas patologías se presentan actualmente en una población más envejecida, con características de atención específicas muy diferentes a las planteadas en modelos anteriores de promoción, tratamiento y rehabilitación.
Las cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) proyectan un aumento significativo de la población mayor de 65 años, lo que implica planificar y coordinar la entrega de cuidados interdisciplinarios seguros, especializados y de calidad a este grupo etario. Es crucial considerar los riesgos y necesidades especiales de las personas mayores y de su entorno. Esto presenta un inmenso desafío para el estamento de enfermería.

La Enfermería Geriátrica: Pilares y Funciones
Importancia de la Formación Especializada
Una adecuada y completa formación en enfermería geriátrica es absolutamente fundamental. Es un trabajo que exige conocimientos específicos para poder desarrollarlo con seguridad y adecuadamente, especialmente al tratar con pacientes que, en muchas ocasiones, están incapacitados para realizar actividades básicas. La formación en cuidados de enfermería en geriatría es imprescindible para garantizar un correcto trato con el enfermo. Esta formación, además, repercute directamente en la calidad de vida y en la salud de los pacientes geriátricos, ya que el deterioro físico natural y las enfermedades requieren atenciones especiales.
Aspectos como mantener una correcta posición del cuerpo del paciente, una nutrición adaptada a sus necesidades y limitaciones, y una adecuada higiene del sueño son pilares esenciales del cuidado en geriatría.
Funciones Clave del Enfermero Geriátrico
Los enfermeros geriátricos no solo atienden a personas mayores con enfermedades y en situación de dependencia, sino que también aplican los cuidados auxiliares de enfermería para maximizar su calidad de vida y promover un envejecimiento saludable. Sus funciones incluyen:
- Tratar a la persona acorde a sus necesidades individuales y estado de salud, teniendo en cuenta las patologías que puedan presentar.
- Gestionar equipos de enfermeros en residencias geriátricas, asegurando una atención coordinada.
- Dedicarse a la docencia para educar en la promoción de la salud y el bienestar en la tercera edad, considerando el entorno, estado y todas las necesidades de cada persona en la etapa de senectud.

El Aumento de la Demanda de Profesionales Geriátricos
Según la SEEGG, la población de personas mayores se incrementará progresivamente hasta el año 2050. Ante este escenario, existe una demanda creciente de profesionales geriátricos capacitados para atender a la población que avanza hacia la tercera edad, lo que subraya la importancia de la especialización en esta área.
Gestión de Riesgos en el Adulto Mayor Hospitalizado
La Gestión del Cuidado en Enfermería en las personas mayores es un desafío actual. Durante la hospitalización, las características intrínsecas del envejecimiento, junto con factores extrínsecos relacionados con la terapia o procedimientos y los procesos propios de la organización, pueden aumentar la frecuencia de incidentes. Esto, a su vez, podría elevar la estadía hospitalaria y la ocurrencia de complicaciones.
La prevención de eventos adversos durante la hospitalización de pacientes mayores de 65 años se basa en cinco estrategias principales: identificación del riesgo, trabajo interdisciplinar, estrategias preventivas prácticas, capacitación continua y supervisión. El objetivo principal es describir las estrategias de gestión de riesgo en enfermería para el adulto mayor que permitan evitar complicaciones y conservar su nivel de funcionalidad durante el proceso de hospitalización.
Identificación de Riesgos Clínicos
Dentro de las acciones intrínsecas contenidas en el rol de “Gestión del Cuidado” en Enfermería, se encuentra la “Gestión de Riesgos”. Este es un modelo de trabajo sistematizado que, tras la identificación y análisis de riesgos clínicos, permite adoptar medidas preventivas o correctivas, basadas en la mejor evidencia disponible, destinadas a evitar la aparición de daño secundario derivado de los riesgos clínicos asociados a la atención sanitaria.

Factores Intrínsecos y Extrínsecos del Riesgo
Durante un proceso de hospitalización, los riesgos potenciales de que se presente un evento adverso dependerán de factores propios del paciente (intrínsecos), factores asociados a la terapia o procedimientos (extrínsecos), y factores relacionados con los procesos propios de la organización. En los adultos mayores, el conocimiento de las características propias del envejecimiento permite comprender los riesgos a los que esta población pudiese verse expuesta solo por condiciones intrínsecas durante una hospitalización, los cuales prolongan los días de estancia y los costos más allá del curso natural de la patología.
Los riesgos extrínsecos generados por la atención de enfermería y los factores relacionados con los procesos propios de la organización, pueden llevar a daños potenciales en la atención del adulto mayor, como la pérdida del grado de funcionalidad, la presencia de delirium y la aparición de riesgos inherentes al ámbito hospitalario, tales como lesiones de piel, caídas e infecciones asociadas a la atención de salud. Estos eventos podrían provocar daño a largo plazo, llevando a la dependencia física y cognitiva permanente de este grupo.
Pérdida de Funcionalidad
La disminución de la fuerza y masa muscular, junto con la reducción de la capacidad aeróbica, que se presentan de manera fisiológica en las personas mayores, pueden contribuir a la pérdida de funcionalidad durante una hospitalización. Estudios han descrito que un porcentaje significativo de pacientes mayores de 60 años pueden ser considerados de alto riesgo para presentar deterioro funcional durante la estadía en el hospital. Esto se relaciona con el diagnóstico de ingreso, deterioro cognitivo previo, bajo nivel de actividad social, edad y factores intrahospitalarios como reposo prolongado, larga estancia y rehabilitación tardía.
Investigaciones realizadas han mostrado que el paciente adulto mayor que requiere de una estadía en el hospital podría perder un porcentaje considerable de su capacidad funcional durante este proceso. Para evitar la pérdida de funcionalidad en el adulto mayor durante la hospitalización, las intervenciones de carácter interdisciplinar que incluyan rehabilitación motora temprana y ejercicio físico son las más recomendadas.
Delirium
El Delirium es definido como una “alteración en la atención y conciencia, que se desarrolla de manera aguda y tiende a fluctuar”. Esta afección es extremadamente frecuente en pacientes adultos mayores hospitalizados. Se ha descrito que al menos un tercio de los pacientes mayores de 70 años tienen delirium, presentándose en la mitad de ellos al momento de la admisión y desarrollándose en la otra mitad durante el proceso de hospitalización.
El delirium también se presenta en pacientes adultos mayores posterior a una cirugía (entre un 15 a 25%), durante la estadía en unidades de paciente crítico (alcanzando más del 75% al combinarse con estupor y coma), y durante las atenciones en las unidades de Emergencia (entre un 10-15%).
Los factores de riesgo que predisponen al delirium se clasifican en dos grupos: predisponentes y precipitantes. Dentro de los factores predisponentes se encuentran la edad avanzada, la presencia de discapacidades funcionales y la coexistencia de otras condiciones patológicas. Los factores precipitantes incluyen ser de sexo femenino, visión y audición deterioradas, síntomas depresivos, anormalidades de laboratorio, deterioro cognitivo leve y abuso de alcohol. Durante la hospitalización, la administración de ciertos fármacos (hipnóticos, anticolinérgicos, sedantes, anestesia), la realización de cirugía, el dolor, la anemia, las infecciones, las enfermedades graves y las exacerbaciones de enfermedades crónicas han sido descritos como factores precipitantes. Esto puede conllevar a un aumento de las complicaciones, mayor tiempo de estadía en el hospital y requerimiento de cuidados permanentes post-alta.
La gestión del cuidado de enfermería para pacientes con delirium debe incorporar estrategias como el control de la medicación indicada, la creación de protocolos de sueño sin inducción farmacológica, y la disminución de fármacos de riesgo (benzodiacepinas, opioides, anticolinérgicos, anticonvulsivantes). De igual forma, el manejo del ambiente debe considerar la orientación y la reducción de la deprivación sensorial mediante calendarios, relojes, iluminación adecuada y el uso de ayudas como anteojos y audífonos. El aporte de los miembros de la familia es crucial desde el inicio de la hospitalización, y el personal de enfermería debe educarlos para que proporcionen orientación constante y animen al paciente a mantenerse activo.

Riesgos Inherentes al Ámbito Hospitalario
Algunos de los riesgos que afectan al adulto mayor durante su hospitalización se relacionan con la presencia de caídas y lesiones de piel asociadas al reposo en cama. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reporta aproximadamente 646.000 muertes anuales debido a caídas, siendo el grupo etario más afectado los mayores de 65 años. Se estima que entre un 2 y un 12% de estas personas sufrirán una caída durante una hospitalización, mayormente dentro de la habitación o cerca de la cama.
En cuanto a las lesiones de piel, los adultos mayores se ven particularmente afectados por un conjunto de factores, incluyendo el encamamiento prolongado, la movilidad reducida, la malnutrición, las alteraciones fisiológicas y la incontinencia. El manejo del entorno hospitalario es otro factor de riesgo que debe ser gestionado por el personal a cargo de los cuidados, con la finalidad de no deteriorar la capacidad funcional del adulto mayor. Esto implica reevaluar paradigmas como las camas en posición alta, el uso constante de barandas y la restricción de movilización, buscando un equilibrio entre seguridad y funcionalidad.

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