Desnutrición y Abandono en Adultos Mayores: Una Realidad Compleja

La Desnutrición en la Tercera Edad: Una Problemática Creciente

Definición y Mecanismos

Por desnutrición entendemos una pérdida de reservas en el organismo que conduce al progresivo deterioro físico y mental de las personas. La desnutrición en ancianos ocurre cuando el organismo no recibe los nutrientes necesarios para mantener sus funciones vitales. Pensemos en el cuerpo humano como en una máquina que necesita carburante para producir energía. Ese carburante son los nutrientes que obtenemos a través de los alimentos y esa energía es la que pone en marcha las funciones de nuestro organismo. No se trata solo de una cuestión de cantidad sino de calidad, ya que las necesidades nutricionales de cada persona varían en función de su estado de salud, su actividad y su condición médica.

Prevalencia y Contexto Demográfico

Se estima que al menos uno de cada tres ancianos en España sufre problemas de desnutrición. El envejecimiento poblacional es un fenómeno creciente, no solo en México, sino en el mundo. La Organización Mundial de la Salud estima que, entre 2015 y 2050, la cantidad de personas con 80 años o más se duplicará. A nivel nacional, de acuerdo con el Consejo Nacional de Población (CONAPO, citado en INEGI, 2022), en 2050 el porcentaje de adultos mayores será del 22 %. Este crecimiento demográfico trae consigo diversos desafíos, entre ellos, la seguridad alimentaria en los adultos mayores. El envejecimiento de la población se asocia a una mayor prevalencia de problemas nutricionales en este colectivo. Envejecer implica una serie de cambios que influyen directamente en el estado nutricional de los ancianos, por lo que este es un grupo vulnerable con un riesgo elevado de sufrir déficits nutricionales.

Gráfico de barras mostrando el aumento proyectado de la población de adultos mayores a nivel mundial y regional

Factores de Riesgo y Causas de la Desnutrición

Factores Fisiológicos y Clínicos

Los riesgos de la desnutrición se agravan si tenemos en cuenta la presencia de otras condiciones médicas como la diabetes y los problemas cardiovasculares a partir de edades avanzadas. Con el envejecimiento, es común que disminuya el apetito, se presenten dificultades para masticar o tragar y se reduzca la absorción de nutrientes, lo que puede derivar en una malnutrición progresiva. Entre los factores fisiológicos y clínicos destacan:

  • Tratamientos farmacológicos: Algunos de los medicamentos que toman los ancianos como parte del tratamiento de otras patologías pueden conducir a la falta de apetito o al rechazo de determinados olores y sabores.
  • Estado de salud: Hay que pensar tanto en enfermedades de carácter funcional como la disfagia (dificultades para la deglución) y los problemas de masticación, como en enfermedades neurodegenerativas como la demencia o las ataxias (disfunciones del movimiento).
  • Pérdida del gusto y/u olfato y anorexia: Asociadas a factores psicosociales, problemas masticatorios y de deglución, trastornos neurodegenerativos, enfermedades como el cáncer o cambios en la composición corporal. La anorexia es muy común en la población senil debido, por ejemplo, a una disminución en los requerimientos energéticos.
  • Deterioro cognitivo y demencia: A los factores citados anteriormente se le suma la presencia de apraxia, agnosia, trastornos de la conducta alimentaria o lesiones hipotalámicas que pueden afectar a los centros reguladores del apetito y, como consecuencia, al control del peso corporal.
  • Inmovilidad y complicaciones: La desnutrición se hace más evidente cuanto más avanzada es la edad, ya que la disfagia, la inmovilidad o determinadas complicaciones cambian sus requerimientos nutricionales, como es el caso de las úlceras por presión (UPP) y de las infecciones que aparecen reiteradamente como consecuencia del propio proceso degenerativo, comprometiendo aún más el estado nutricional del paciente.
  • Alteraciones en la homeostasis: El envejecimiento se asocia con una disminución fisiológica de la ingesta de alimentos y reducción de los mecanismos homeostáticos.
  • Sarcopenia: Uno de los factores fisiológicos que contribuye a la desnutrición.
  • Salud bucal y visual: A un 50,9% de los adultos mayores en Chile les faltan todos o la mayoría de sus dientes. El 52% declaró no lograr o tener dificultad para ver la información en envases de alimentos, lo que dificulta la selección de alimentos adecuados.

Factores Psicosociales y de Abandono

La dieta inadecuada y las dietas poco variadas y mal equilibradas contribuyen a la desnutrición. En ocasiones, esto puede ser la consecuencia de hábitos poco saludables, del acceso limitado a los alimentos necesarios (problemas de movilidad, bajos ingresos, falta de información…) o de restricciones impuestas por una condición médica. La soledad, el aislamiento y la falta de compañía durante las comidas suelen provocar una disminución en el apetito y un descuido en los horarios y la calidad de los alimentos consumidos. Un estudio encontró que los ancianos que viven solos tienen tasas más altas de malnutrición y riesgo de malnutrición en comparación con aquellos que viven con sus familias.

El abandono familiar es un factor que profundiza estas problemáticas, ya que cerca del 16 % de los adultos mayores en México se encuentra en condiciones de abandono y maltrato, y el 20 % vive en soledad. Esta situación puede manifestarse en la falta de apoyo emocional, económico o físico, dificultando aún más el acceso a una alimentación nutritiva y adecuada para mantener una buena salud. El aislamiento social y la depresión también son causas, ya que la soledad y la falta de motivación pueden llevar a los ancianos a descuidar su alimentación.

El Impacto del Entorno Institucional

Una de las formas de abandono es la institucionalización del adulto mayor, ya sea en hospitales, asilos, casas hogar e incluso en espacios públicos, debido a la negligencia de la familia para asumir responsabilidades o por las exigentes necesidades derivadas de alguna patología que requiere atención constante. No es sorpresa que se reconozca al lugar de residencia como un factor predictor del riesgo de desnutrición, donde este riesgo suele ser cuatro veces mayor para adultos mayores cuya residencia es una estancia de cuidado geriátrico o asilo. Resulta fundamental indagar sobre las condiciones de las instituciones de atención geriátrica, en especial sobre el abastecimiento de alimentos y la calidad de los servicios alimenticios que se brindan, pues cada vez hay más adultos mayores que presentan estados nutricionales deficientes y perjudiciales para su bienestar.

Infografía ilustrando los diferentes tipos de abandono que pueden sufrir los adultos mayores

Inseguridad Alimentaria y Accesibilidad

La accesibilidad a alimentos es uno de los pilares de la seguridad alimentaria que aún se ha visto afectado, y muchas personas en países alrededor del mundo siguen luchando por recuperarse de la pandemia mundial. Un alto porcentaje de adultos mayores en Chile califica como valores elevados e inalcanzables el precio de carnes (89,8%) y productos del mar (79,1%), lo que impacta directamente en su capacidad de adquirir alimentos nutritivos.

Consecuencias de la Desnutrición en Adultos Mayores

La desnutrición en ancianos no solo afecta el peso y la energía, sino que también puede tener un impacto profundo en la salud general y la calidad de vida. Muchos de los problemas y enfermedades asociados a la tercera edad empeoran más rápidamente como consecuencia de una mala nutrición. Las consecuencias incluyen:

  • Deterioro funcional: Se promueve el deterioro del músculo esquelético (sarcopenia y osteopenia) y se disminuye la capacidad cardiorrespiratoria.
  • Mayor vulnerabilidad a infecciones: Un sistema inmunológico debilitado es una de las principales consecuencias.
  • Pérdida de masa muscular y sarcopenia: La deficiencia de proteínas y calorías puede llevar a la pérdida progresiva de músculo.
  • Mayor riesgo de demencia y deterioro cognitivo: La desnutrición afecta el funcionamiento cerebral, lo que puede acelerar el deterioro cognitivo en personas mayores.
  • Cambios en el estado de ánimo: La desnutrición puede provocar síntomas de depresión, ansiedad e irritabilidad.

Además, la desnutrición y deshidratación en ancianos están estrechamente relacionadas. La falta de nutrientes esenciales puede provocar una disminución en la sensación de sed, lo que incrementa el riesgo de deshidratación.

Identificación y Diagnóstico de la Desnutrición

Identificar los síntomas de desnutrición en ancianos es fundamental para prevenir complicaciones graves. Muchas veces, la desnutrición se desarrolla de manera progresiva y sus signos pueden confundirse con los efectos naturales del envejecimiento. Los síntomas de deshidratación incluyen piel seca, confusión, debilidad y orina oscura o escasa. Los signos más evidentes de desnutrición son:

  • Pérdida de peso involuntaria: La reducción de peso sin una causa aparente. Una pérdida de peso del 5% en un mes o del 10% en seis meses es un signo de alerta.
  • Falta de energía y fatiga constante: La desnutrición provoca un déficit calórico y proteico, lo que reduce la energía disponible para realizar actividades diarias.
  • Alteraciones en la piel y el cabello: La piel puede volverse más seca, delgada y propensa a heridas o hematomas.

Para la evaluación del riesgo de desnutrición, se utilizan herramientas como la Mini Nutritional Assessment (MNA), ampliamente empleada en personas mayores, y el Nutritional Risk Screening (NRS).

Tabla comparativa de los síntomas comunes de desnutrición y deshidratación en adultos mayores

Estrategias de Prevención y Abordaje

Las consecuencias derivadas de la desnutrición se pueden solucionar de manera efectiva abordando el problema desde la aparición de los primeros síntomas. Prevenir la desnutrición en personas mayores es clave para garantizar su bienestar.

Rol de Cuidadores y Familiares

El papel de los cuidadores y familiares es fundamental en el manejo de la desnutrición en ancianos. Su apoyo puede marcar la diferencia en la recuperación del adulto mayor. Es crucial que estén muy pendientes ante cualquier modificación en los hábitos alimentarios de las personas mayores, los cambios de peso o el agravamiento de determinadas condiciones médicas. Una intervención nutricional adecuada puede mejorar la calidad de vida del residente con demencia, prevenir y retrasar la aparición de comorbilidades.

Cuidados para el adulto mayor

Promoción de Hábitos Saludables

Es importante promover una dieta rica en nutrientes, informar y concienciar a la población de los riesgos que entrañan unos hábitos de alimentación deficiente. Algunas estrategias incluyen:

  • Variar el menú: Para hacerlo más apetecible, buscando la curiosidad de los mayores para devolverles el apetito.
  • Fomentar el ejercicio: Preferiblemente al aire libre, ya que un poco de actividad incrementará las ganas de comer.
  • Realizar pequeñas comidas a lo largo del día: Evitando así comidas más copiosas que puedan resultar demasiado pesadas.
  • Apostar por opciones saludables: Integrando en la dieta diaria verduras, legumbres, semillas, frutas, carnes y pescados de temporada en detrimento de los productos procesados, los azúcares y las grasas sólidas.
  • Fomentar el contacto social: Realizar actividades con otras personas, almuerzos en familia o tardes de café con amistades.

Además, ESSALCAVI subraya la necesidad de reforzar los programas públicos y de implementar estrategias que aborden las desigualdades en el acceso a alimentos saludables. Un grupo creciente como el de los adultos mayores necesita estar incluido de mejor manera en las políticas públicas y recibir mayor atención y contención.

Estudios y Hallazgos Relevantes

Situación en España: Estudio en Residencia Asistida

Un estudio observacional descriptivo transversal sobre una muestra de 113 personas en el Centro Asistencial San Camilo (Tres Cantos, Madrid) reveló que el riesgo de desnutrición fue del 31% (n = 35); de ellos, el 22% (n = 25) presentaba desnutrición según Gasull. El 92% (104) de los participantes del estudio presentaban algún síntoma o patología, y solamente el 15,9% (18 personas) no padecía deterioro cognitivo. El 65,5% (74) seguía una dieta basal/diabética y el 35,4% (48) necesitaba ayuda para comer. La edad media de los residentes estudiados fue de 86,68 años (DT = 6,743; mín. = 68 y máx. = 99), con un 22% (25) de hombres y un 78% (88) de mujeres.

Los resultados del NRS revelaron que un 31% de los residentes presentaba un posible riesgo de desnutrición. En el MNA, el resultado medio fue 13,63. Se encontró asociación entre desnutrición según Gasull y deterioro cognitivo moderado o grave, indicando que entre las personas con deterioro cognitivo moderado o grave existe una mayor proporción de desnutrición y menor proporción de normonutrición. También se asoció el tipo de dieta terapéutica (dieta basal/diabética frente a túrmix, espesante, blanda o nutrición por sonda) con la desnutrición según Gasull, observándose más desnutrición de la esperada en el grupo de dieta especial.

El tipo de desnutrición más frecuente fue la desnutrición mixta. Aunque el estudio no encontró una relación clara entre enfermedades aisladas y la edad con desnutrición, sí evidenció que la desnutrición se asocia más bien a múltiples factores. La falta de asociación entre algunas variables y la desnutrición en este estudio podría deberse a la baja tasa de desnutrición en el centro y a la asistencia de calidad. En conclusión, el estado nutricional de la residencia se puede relacionar con la mayor complejidad que presentan los residentes (alto porcentaje de ellos con deterioro cognitivo moderado y grave y/u otras patologías) y con la calidad en la asistencia, pero no con la edad ni con el tipo de dieta.

Desafíos en Chile: Inseguridad Alimentaria y Riesgo de Desnutrición

En Chile, se entrevistó a 1.171 mayores de 65 años (62% mujeres) residentes en 88 comunas. A nivel nacional se registró un 15,9% de Inseguridad Alimentaria (IA) Severa+Moderada, con una proporción de IA Severa del 4,2%. En la Macrozona Norte se observó el mayor nivel de IA Severa, con un 8,5%. La IA es mayor entre aquellos que presentan depresión o soledad o se encuentran insatisfechos con la vida. La evaluación del Estado Nutricional arrojó un riesgo de desnutrición en adultos mayores del 32,4% promedio a nivel nacional (MNA-SF), siendo más alto en mujeres (35,1% vs 28,9% hombres).

El director del INTA explicó que Chile se dirige a una etapa muy avanzada de envejecimiento poblacional debido a la baja en la tasa de fecundidad, la reducción de la mortalidad en edades tempranas y la mayor esperanza de vida. Este estudio refleja una fotografía preocupante respecto de grados de desnutrición que avanzan en los adultos mayores, una incapacidad económica creciente, una falta de atención desde el Estado en políticas públicas, y problemas de salud mental fuertes, de aislamiento en la vivienda y de financiamiento, incluso en el dilema entre comprar alimentos o comprar medicamentos. La malnutrición en las personas mayores es un fenómeno complejo y multifactorial que requiere atención urgente.

Cuidados para el adulto mayor

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