Historias de Jardineros y el Legado de los Centenarios

La figura del jardinero, el guardián de la naturaleza en entornos urbanos y privados, ha inspirado innumerables historias de dedicación, pasión y resiliencia. Asimismo, los espacios que conmemoran centenarios se convierten en testigos silenciosos de la vida que transcurre en ellos. En esta exploración, desvelaremos varias narrativas entrelazadas por la historia, la vida y el incansable trabajo de quienes cultivan la tierra y sus legados.

El Parque Centenario de Buenos Aires: Un Legado de Carlos Thays

La historia de uno de los pulmones verdes más emblemáticos de Buenos Aires comienza con un visionario. El arquitecto y paisajista francés Carlos Thays, un amante confeso de las flores, fue el encargado de diseñar un espacio verde que conmemoraría el centenario de la Revolución de Mayo en Argentina en 1909. El gobierno le ofreció a Thays la oportunidad de crear este parque en el centro geográfico de la ciudad, una propuesta que él aceptó con entusiasmo. Imaginó un parque enorme, con arboleda, flores y caminos, esbozando la ciudad en un papel cuadrado y rellenando un círculo central de verde.

Esquema original del Parque Centenario de Carlos Thays

Thays se enamoró de Buenos Aires, plantando 150 mil árboles en la ciudad y creando más de ochenta parques en toda Argentina. Su trabajo dejó una huella indeleble en el diseño de la urbe porteña, lo que le valió el sobrenombre de “el jardinero de Buenos Aires”. En el corazón de la ciudad, un parque redondo con un lago en el medio, diseñado por este francés que amaba las flores, conmemora los cien años de aquel mítico Mayo.

La Evolución y la Vida Cotidiana del Parque

Desde su creación, el Parque Centenario ha pasado por distintas etapas, convirtiéndose en un espacio donde la historia y la vida cotidiana se anquilosan, marcadas como surcos en la tierra. En 1953, el gobierno de Perón decidió construir un anfiteatro en la mitad exacta del parque para fomentar la cultura, bautizándolo con amor como “Anfiteatro Eva Perón”. Sin embargo, este fue destruido en uno de los avances de la Revolución Libertadora, dejando el anillo central nuevamente virgen, un "espacio de nada".

Casi veinte años después, la última dictadura militar decidió construir un lago donde había estado el anfiteatro. Durante la democracia, el lago se secó por un largo tiempo. El anfiteatro, por su parte, fue reubicado cerca del lago y en 2009 la música volvió a sonar con tango y jazz. Actualmente, el parque está renovado, y el lago cuenta con una isla con vegetación, peces y patos.

Parque Centenario: EL CORAZÓN de Buenos Aires que pocos conocen, naturaleza, cultura e historia.

La vida del parque, sin embargo, no siempre fue tranquila. En septiembre de 2012, la decisión del gobierno porteño de enrejar el Centenario sorprendió a transeúntes, artesanos y puesteros. La medida fue polémica y generó fuertes reacciones. Vecinos se juntaron en el parque a reclamar, y una noche la policía reprimió a los manifestantes. A pesar de las protestas, el parque fue enrejado con un vallado regular y una puerta con candado que se cierra diariamente a una hora estipulada. Los puestos de trabajo se conservaron; los artesanos siguen en su lugar, y los de reventa fueron reubicados y organizados.

Las Ferias del Centenario: Un Mosaico de Historias

Los sábados, domingos y feriados, el Parque Centenario alberga dos ferias: la de artesanías y la de reventa de objetos usados. Estas ferias, juntas pero separadas, ordenan el espacio. Los artesanos defienden su identidad de “cosas hechas a mano”, sintiendo la feria de reventa como algo muy ajeno. Los de reventa, por su lado, tienen una perspectiva similar. En los días estipulados, los puestos aparecen como flores que crecen; primero llegan los armadores que instalan el esqueleto metálico, un armazón que “es como un gusano oxidado que hace una curva y rodea al parque por un costado”. Luego, cientos de hombres y mujeres cubren y adornan el esqueleto con telas de colores, mantas y muñecos colgantes.

Fotografía de la feria de artesanías en Parque Centenario

Los artesanos llegaron por primera vez al parque en los años ochenta, coincidiendo con el retorno de la democracia. Hoy, con más de 30 años en el lugar, sus puestos son míticos y están ubicados en uno de los ingresos principales sobre avenida Díaz Vélez. Silvia, la organizadora de la feria de artesanos, llegó el 7 de julio de 1984, y después de 31 años, afirma: “lo mejor que me pasó fue ser artesana”.

La feria de reventa, nacida cerca del año 2000 en Parque Rivadavia, fue un salvavidas para muchos durante la crisis. Mientras algunos reclamaban con cacerolas, otros salieron a la calle a vender zapatos, carteras, muñecos o a ofrecer sus habilidades como afilar cuchillos, cocinar empanadas o dibujar retratos. Muchos de ese primer grupo espontáneo migraron hacia el Centenario. Actualmente, los puestos de reventa se ubican en uno de los costados del parque, hasta el hospital Naval.

  • Luis, un dibujante que ofrece retratos en carbonilla por 80 pesos, llegó al Centenario en el 2000 y vive a tres cuadras del parque. Superó un problema de vista que le hacía “ver todo gruma, tenía gelatina en los ojos”, incluso durante un viaje para visitar a su hija y nieta en Australia.
  • Matías, otro artesano, hace pulseras, anillos, dijes y colgantes en plata y alpaca, viviendo de la venta de sus productos desde hace siete años. También hace rastas con soltura, explicando pacientemente cómo prepararlas.
  • Diego, uno de los fundadores de la feria de reventa en Parque Rivadavia, ahora vende juguetes nuevos en el Centenario, recordando cómo las cosas se "desmadaron" en Rivadavia antes de que se organizara la feria actual.
  • Don Franco, con un acento italiano inconfundible, vende pulseras, anillos y colgantes de plata y oro. Promete devolver el dinero o cambiar el producto si se arruina, lo que genera un aire de confianza y de "vas a volver" entre los puestos.

El parque tiene algo que imanta, "quizás la variedad de puestos, o la amabilidad de algunos, o los precios, o todo eso junto".

Juan Rodríguez: El Jardinero Centenario de la Quinta de Olivos

En el barrio Las Flores, Don Juan Rodríguez es conocido no solo por haber cumplido cien años, sino por ser un "buen tipo". Pocos saben que Juan trabajó durante más de 20 años en la Quinta de Olivos, la residencia presidencial argentina, donde conoció a varios presidentes. “Fui jardinero, cocinero y portero. Siempre que necesitaban una persona, ahí estaba yo. No falté ni un día al trabajo, al que cuidaba como si fuera un hijo”, asegura.

El 13 de septiembre cumplió un siglo de vida. Un día antes de la celebración, la Municipalidad de Vicente López lo invitó a recorrer nuevamente los jardines de la Quinta Presidencial después de más de 50 años. Una catarata de emociones lo invadió al entrar por la puerta de Maipú. “Si Gardel decía que 20 años no es nada, imaginate lo que son 100”, reflexiona Juan, quien a sus cien años, luce muy bien y sus recuerdos fluyen con lujo de detalles.

Don Juan Rodríguez, el jardinero centenario, en la Quinta de Olivos

Trabajó en la Quinta desde la primera presidencia de Perón hasta la de Onganía. Originalmente, se dedicaba a la jardinería de noviembre a marzo, cuando la Quinta no tenía presupuesto para mucho personal y pedía mano de obra de otras reparticiones estatales, como el Jardín Botánico, donde él trabajaba. Más tarde, se quedó fijo tras la jubilación del jardinero. Con los años, pasó del jardín a la portería y finalmente a la cocina.

Memorias Presidenciales y un Acto de Amor

De los presidentes que conoció, Juan recuerda con especial cariño a Illia y Eva Perón. “Arturo era muy humilde y respetuoso. Evita se notaba que era distinta, conocía a todos, siempre saludaba y se preocupaba por nosotros. Un verano, invitó a la familia de todos los trabajadores a vacacionar en Mar del Plata”, rememora. Sobre Juan Perón, cita una anécdota: “Un día él estaba sentado en un escalón a la salida del chalé. Vio venir un mozo, lo llamó y le pidió un cigarrillo. ‘Son rubios’, le respondió el muchacho. ‘El que manguea no se fija si son rubios, negros o lo que sea’, replicó el General. Después fue y le regaló una caja de Chesterfield. Era muy atento”.

En 1961, Juan fue testigo del histórico encuentro entre Ernesto “Che” Guevara y Arturo Frondizi en la Quinta. “Estaba lleno de policías, adentro y afuera. Yo tenía que ir del chalé a la cocina, y en el medio del trayecto me crucé con el ‘Che’ y lo saludé emocionado”, destaca.

A principios de septiembre, Don Juan fue llamado y arregló su visita a la Quinta. El lunes 12, un día antes de su cumpleaños, recorrió los jardines que había cuidado durante años junto a su nieto Germán. “Ya no es la Quinta de antes. Hay mucho más ladrillo, más construcción. El principal cambio que noté fue el muro que se construyó alrededor del predio. No me gusta. Sin embargo, me contaron que ahora Macri va a volver a colocar ventanitas para que todo el que pase por ahí pueda ver hacia adentro”, indica. Un cambio que sí le gustó fue que ahora le dan de comer al personal, algo que en su época no sucedía y lo llevaba a compartir churrascos con sus compañeros que traían sándwiches de polenta.

Benito: El Hijo que la Vida le Regalo

Un golpe de estado derrocó a Illia, y a Juan le dijeron que debían enviar a Benito, uno de los dos niños que Illia trajo de una gira (quien tenía problemas de vista y se apegó mucho a Juan), a un orfanato. Juan, ya viudo y criando solo a sus dos hijos de 18 y 20 años, consultó con ellos si podía adoptar a Benito. Lo aceptaron sin problemas, y así se sumó a la familia su "hijo del alma". Actualmente, Benito, fanático de Independiente, sigue viviendo con Juan y asegura: “Mi viejo es lo más grande que hay. Es lo que más quiero en este mundo. Una persona admirable”.

Parque Centenario: EL CORAZÓN de Buenos Aires que pocos conocen, naturaleza, cultura e historia.

"Júbilo. Romance del Jardinero": La Voz de Andrea Pizarro Clemo

En septiembre de 2016, una publicación de la editorial Limonero captó la atención del Comité de valoración de libros Troquel: la historia de un jardinero jubilado, contada con un texto poético y acompañada de ilustraciones cautivadoras. La autora, Andrea Pizarro Clemo, chilena, penquista, con siete libros ya publicados en la editorial Planeta, encontró en este trabajo la voz creativa que buscaba.

Portada del libro

Aunque le cuesta hablar y prefiere dibujar, Andrea desde niña sintió que con un lápiz todo podía ser distinto. "Júbilo. Romance del jardinero" (Limonero, 2016) no es su primera obra, pero en ella conjuga ilustración y poesía para contar la historia de Juvenal, un jardinero forzado a jubilarse. Este libro le permite soñar con hacer muchos más, valorando la posibilidad que ofrece Internet para que "uno desde su casa y desde provincia, puede salir al mundo".

Creció en Concepción, viendo el río Bío Bío desde la punta del cerro donde vivía. Estudió Diseño Industrial y se dedicó al mundo corporativo, pero no se sentía plena. En 2007, cursó un postítulo de ilustración en la Universidad Finis Terrae, viajando semanalmente a Santiago. En 2014, ganó una beca para hacer el Máster Ilustrado en la escuela de iconi en España, donde el proceso creativo de su libro fue guiado por una experta a través de Internet. Se siente "muy contenta con que Limonero haya apostado por mi proyecto, es una editorial boutique que elige cosas lindas, son cuidadosos y propositivos”.

Vocación, Poesía e Inspiración

Andrea explica que la motivación para escribir sobre la jubilación, en un libro para niños, era en realidad tratar el tema de la vocación y la importancia de hacer lo que a uno le gusta. La idea surgió hace años, al subir el cerro de la casa de sus padres, imaginando un cuento sobre un jardín que perdía a su jardinero y cómo este, antes desapercibido, resultaba ahora imprescindible. Quiso hablar de la valoración del trabajo, de no hacer solo lo que te piden, y del papel importante de la infancia en la resolución del conflicto del protagonista.

La poesía se hizo presente desde el comienzo, jugando con palabras como "viejo-jardinero", "dejar-dinero", "orden-rendir", "júbilo-jubiló". Estas palabras, con su ritmo y sonoridad, le dieron la pauta para la historia y el tono lírico. Bautizó a su personaje como Juvenal, lo que la acercó a la sátira y finalmente al romance, buscando una manera épica y lúdica de contar la historia.

Entre sus autores ilustradores favoritos, Andrea menciona a Uri Shulevitz, Maurice Sendak y Javier Saez Castán, destacando su gusto por las historias metafóricas, los libros álbum con varios niveles de lectura, los honestos y los que tienen humor.

Ilustración de

Además de su rol como autora e ilustradora, Andrea es mamá y pastelera. Ha escrito e ilustrado obras como Qkiss, amor por lo dulce, Qking, el rey de la cocina, Juego con voz I y Juego con voz II, todos en Editorial Planeta. Su último proyecto editorial es un álbum ilustrado con dos títulos en uno: Me pongo roja, trabajado junto a la periodista Lorena Fuentes.

La Inesperada Herencia del Jardinero de Hermès: Nicolas Puech y Jadil

En el mundo del lujo, pocas marcas son tan reconocidas como Hermès. Sin embargo, la atención se centró recientemente en un inusual acontecimiento: la posible transferencia de una parte sustancial del imperio a un jardinero. Nicolas Puech Hermès, descendiente de la quinta generación de la marca y de 80 años, reside en Suiza y revolucionó el mundo con la decisión de cambiar el destino de su herencia y entregarla a Jadil, su jardinero, quien se ha transformado en familia para él. Incluso inició un proceso de adopción, algo inusual dado que Jadil tiene más de 50 años, pero que es posible.

Nicolas Puech Hermès y Jadil, el jardinero, en una foto conceptual

La historia, que muchos consideran extraña, podría ser el resultado de una larga y gran amistad. Aunque Nicolas Puech Hermès reside en su mansión en La Fouley, Suiza, tiene una especial cercanía con Sevilla, España, donde posee la finca “Los cuatro vientos”. Fue allí, hace décadas, donde conoció a Jadil, quien se convertiría en su hijo adoptivo. Jadil, ahora de 51 años, conoció al heredero de Hermès cuando tenía 18 o 19 años y aún no era jardinero, según reveló el medio español El Mundo.

De origen marroquí y nacionalizado francés, Jadil comenzó trabajando como mayordomo para Nicolas Puech Hermès, tataranieto de Thierry Hermès, el creador de la marca. Durante más de tres décadas, Jadil pasó de encargarse del jardín a ser la mano derecha de Nicolas, la persona más cercana al millonario que nunca se casó ni tuvo hijos. Además, la mujer de Jadil, la sevillana Paz Piñero, y parte de la familia del jardinero también comenzaron a trabajar para Puech. Una fuente cercana al francés señaló: “Le solucionan todo a Nicolas y él está muy contento porque le hacen la vida agradable”.

Jadil y su mujer, Paz, vivieron por años en Sevilla, donde el millonario llegaba mensualmente para disfrutar de sus propiedades y ver a su “hijo” y nietos. En 2018, Vanity Fair reportó que la pareja y sus hijos estaban entre los 70 invitados a la fiesta de 75 años de Nicolas. Aunque fuentes cercanas al exjardinero aseguran que Nicolas ya lo adoptó legalmente en Suiza, la noticia de la herencia se hizo pública cuando se supo que el millonario está gestionando que una fortuna de más de 10 mil millones de euros, correspondiente al 6% de la firma Hermès, vaya directamente a Jadil.

Un Giro Inesperado en la Sucesión

La herencia se ha complicado no por la relación con su “hijo adoptivo”, sino porque Nicolas ya tenía un plan de herencia que beneficiaría a la fundación Isocracia de Ginebra. En 2011, el millonario comprometió su herencia a esta fundación. Sin embargo, en 2023, esos planes empezaron a cambiar. Puech decidió legar su posesión directamente a su exjardinero, manifestándolo en una nota manuscrita entregada en febrero de 2023, lo que sorprendió a la fundación.

Parque Centenario: EL CORAZÓN de Buenos Aires que pocos conocen, naturaleza, cultura e historia.

Un punto importante es que para anular el pacto sucesorio, ambas partes deben estar de acuerdo. Por ello, Nicolas y su equipo jurídico, expertos en derecho sucesorio suizo, están trabajando para eliminar el trato y que la herencia sea recibida por Jadil. Esta decisión no solo llama la atención por el receptor de la herencia, sino porque también podría poner en peligro el control de la marca por parte de su familia, especialmente después de que Nicolas abandonara el consejo de supervisión en 2014, cuando los herederos directos de Hermès conformaron un holding para competir con LVMH y evitar que esta tomara el control de la marca.

Otros Centenarios: El Parque Centenario de Arica

Más allá de las narrativas individuales, existen otros espacios que, bajo el nombre de "Centenario", marcan la vida de comunidades. El Parque Centenario de Arica, en Chile, es un ejemplo. Este espacio busca evocar la actividad familiar de antaño. Actualmente, cuenta con 53 quinchos unifamiliares y dos multifamiliares con capacidad para 38 personas, destinados a asados y cumpleaños. Los árboles, palmeras y césped que lo adornan son donaciones de empresas.

Considerado el único pulmón verde emblemático de la ciudad de Arica, el parque, después de años de abandono, ha vuelto a ser parte de la comunidad, un espacio añorado para compartir y disfrutar en familia. Por ello, siete años después, el Parque Centenario vive una etapa de reforestación evidente, transformándose en un parque desértico costero.

Fotografía aérea del Parque Centenario de Arica en su etapa de reforestación

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