La población de personas mayores (PM) constituye un componente crucial en el contexto de la longevidad y el bienestar social. Sin embargo, históricamente, la Salud Pública ha subestimado su importancia. A medida que la esperanza de vida aumenta, es esencial que las políticas de salud se centren en mejorar la calidad de vida de este grupo etario, especialmente si se considera que la disminución de sus capacidades funcionales puede afectar no solo su autonomía, sino también su calidad de vida relacionada con la salud (CVRS).
En este contexto, el ejercicio físico se convierte en una intervención clave para el mantenimiento, mejora y/o restauración de la salud física y cognitiva de esta población. Este artículo explora la evidencia actual sobre el impacto del ejercicio físico en la neurogénesis y la salud cognitiva de los adultos mayores, así como los mecanismos neurobiológicos subyacentes, incluyendo la producción de factores neurotróficos como el BDNF y el VEGF, y las implicaciones para la práctica clínica.

La Dopamina y el Cerebro: Creación de Hábitos y Bienestar
La creación de hábitos, como salir a caminar cada día o realizar ejercicios en casa, implica un complejo sistema cerebral que convierte una acción repetida en algo automático. Uno de los protagonistas principales de este sistema es la dopamina, una sustancia que las neuronas utilizan para comunicarse.
Cuando se realiza una actividad placentera o positiva, como bailar, pasear o hacer ejercicio, el cerebro libera neurotransmisores, entre ellos la dopamina. Esta liberación no solo genera una sensación de bienestar, sino que también refuerza las conexiones cerebrales, incentivando a repetir la actividad y, con el tiempo, a automatizarla, dando origen al hábito.
El Ejercicio como Estímulo Dopaminérgico
El ejercicio físico es uno de los estímulos más potentes para el sistema dopaminérgico. Diversos estudios han demostrado que la actividad física regular aumenta la liberación de dopamina y mejora la plasticidad cerebral, es decir, la capacidad del cerebro para adaptarse y aprender. Este efecto explica la sensación de bienestar y motivación que muchas personas experimentan después de realizar actividad física.
Además de la dopamina, el deporte estimula la producción de serotonina, que mejora el estado de ánimo, y endorfinas, que reducen el dolor y generan una sensación de euforia, conformando lo que se conoce como el "cóctel químico de la felicidad". Cuando los niveles de dopamina disminuyen, las personas pueden sentirse desmotivadas, cansadas o sin placer por actividades que antes disfrutaban.

La Dopamina en la Enfermedad de Parkinson
En la Enfermedad de Parkinson, las neuronas que producen dopamina se pierden progresivamente. Esta deficiencia no solo afecta el control del movimiento, sino también la capacidad del cerebro para reforzar y consolidar nuevos hábitos. Esto implica que, aunque una persona con Parkinson desee hacer ejercicio y sepa de sus beneficios, su cerebro puede tener mayores dificultades para "grabar" esa rutina.
El envejecimiento suele ir acompañado de una disminución de la movilidad y la cognición, incluyendo una reducción en la transmisión de dopamina que afecta las vías motoras y sensoriomotoras. Este deterioro se acentúa en pacientes con Parkinson. Investigadores del Hospital YU Langone Health de Nueva York han constatado que el ejercicio físico es una ayuda fundamental para la liberación de dopamina, lo que mejora el rendimiento motor. La degeneración de las células nerviosas productoras de dopamina que irrigan el cuerpo estriado, una región cerebral crucial para el control motor, provoca síntomas característicos de Parkinson como lentitud y problemas de coordinación. Estos hallazgos son importantes para el desarrollo de enfoques terapéuticos.
Mecanismos Neurobiológicos del Ejercicio Físico
Impacto en la Salud Cerebral: Neurogénesis y Neuroplasticidad
La neurogénesis es el proceso de generación de nuevas neuronas, observado en zonas clave del cerebro como la zona subgranular del giro dentado del hipocampo y la zona subventricular de los ventrículos laterales. En estas áreas, las células madre neurales dan origen a células neurales granulares que se integran en el circuito neuronal en un periodo de 4 a 6 semanas. Este proceso se asocia con mejoras en la memoria y el aprendizaje en personas mayores, aunque su velocidad y eficiencia varían con la edad y la condición física.

Efecto en el Volumen Hipocampal
Algunas investigaciones han evidenciado que el ejercicio aeróbico puede tener un efecto positivo y significativo en el volumen hipocampal, fortaleciendo la relación entre la actividad física y la salud cerebral. Un metaanálisis de ensayos controlados demostró un efecto positivo significativo del ejercicio aeróbico (durante ≥24 semanas y <150 minutos/semana) sobre el volumen total del hipocampo. Aunque varios estudios apoyan el aumento del volumen hipocampal, no todos han encontrado resultados significativos en esta población, especialmente en personas mayores con riesgo de desarrollar enfermedad de Alzheimer (EA).
El estudio de Dougherty y colaboradores, por ejemplo, sugirió que el ejercicio puede atenuar la pérdida de volumen hipocampal y, con ello, retardar la progresión de la enfermedad, identificando la aptitud cardiorrespiratoria como un factor protector. Este efecto fue significativo solo para las mujeres, lo que sugiere que el género podría ser un factor crucial. Además, los participantes que cumplían con las recomendaciones de actividad física de 150 minutos a la semana de actividad moderada y vigorosa tuvieron volúmenes significativamente mayores en los lóbulos temporales inferiores y anteriores.
Erickson y cols. recomendaron el ejercicio aeróbico de intensidad moderada, basándose en sus resultados que mostraron un aumento del 2% en el volumen del hipocampo anterior tras un año de práctica, logrando una mejora en la función de memoria espacial en adultos mayores. Chavarría y cols. también encontraron que el ejercicio aeróbico de intensidad moderada mejoró la memoria auditiva en adultos mayores masculinos. Estos hallazgos sugieren que factores como el género, el estado de la función y estructura cerebral, y la intensidad del ejercicio pueden afectar la magnitud de los cambios observados.
Modulación del Flujo Sanguíneo Cerebral
La aplicación de intensidades altas en el ejercicio aeróbico es capaz de modular eficientemente el flujo sanguíneo cerebral (FSC) debido a la autorregulación cerebral dinámica que produce. Esto reduce la velocidad de la arteria cerebral media (MCAv), disminuyendo el riesgo de ictus en comparación con el ejercicio de intensidad moderada. Sin embargo, es crucial ser precavido con la prescripción del entrenamiento de fuerza dinámico (EFD), ya que ha mostrado fluctuaciones en la presión arterial que indican una posible insuficiencia de la autorregulación cerebral, lo que podría comprometer la salud y vida de las personas mayores.
Producción de Factores Neurotróficos
La práctica de ejercicio, principalmente de tipo aeróbico, también impulsa la síntesis de proteínas neurotrópicas.
Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro (BDNF)
Una sesión corta pero intensa de ejercicio aumenta la producción del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF). Estas proteínas promueven la supervivencia neuronal, la neuroplasticidad y la expansión dendrítica, mejorando las funciones de aprendizaje y memoria. Sin embargo, los efectos del ejercicio sobre el BDNF varían en función de la alimentación, el tipo de ejercicio, las intensidades, el volumen de ejercicio aplicado, la producción hormonal, la activación de plaquetas y el consumo de algunos psicofármacos.
El BDNF está implicado en la expansión dendrítica (nuevas sinapsis o reorganización de las existentes) en los circuitos neuronales, facilitando la readaptación cerebral causada por el ejercicio. Algunos estudios han encontrado que, aunque los niveles circulantes de BDNF pueden ser bajos en hombres entrenados con intensidades moderadas y altas, presentan un mayor sitio de unión, lo que indica una adaptación a la actividad física regular y un aumento en la sensibilidad del cerebro a factores neurotróficos. Los cambios neurogénicos o de neuroplasticidad pueden observarse incluso sin un aumento significativo de las concentraciones en sangre.
Los estudios demuestran que el ejercicio aeróbico de moderada y alta intensidad aumenta significativamente los niveles de BDNF. Aunque los beneficios se reportan en ambos sexos, algunos estudios indican que el BDNF responde de manera diferente según el género. Es fundamental considerar muestras equilibradas para evitar sesgos. La intensidad moderada y alta produce aumentos en los niveles de BDNF, siempre que el ejercicio resulte agradable; ejercicios de alta intensidad que generen estrés pueden incrementar la liberación de cortisol, con efectos contrarios en los niveles de BDNF.
Factor de Crecimiento Endotelial Vascular (VEGF)
El ejercicio también estimula la producción del factor de crecimiento endotelial vascular (VEGF). El ejercicio aeróbico aumenta la liberación de VEGF a partir del incremento del flujo sanguíneo y la activación de plaquetas. Estos factores desempeñan un rol crucial en el mantenimiento de las funciones neuronales, beneficiando la neurogénesis y, consecuentemente, los beneficios cognitivos. El VEGF, al unirse a las neuronas, desencadena funciones como el mantenimiento de la estructura y función neuronal, la activación de la neurogénesis y angiogénesis, y la disminución de la neuroinflamación.
Evidencia Científica y Recomendaciones de Ejercicio
Estudios en Adultos Mayores y Función Cognitiva
La evidencia científica reciente confirma que la actividad física regular es un aliado fundamental para la salud cerebral y la prevención del deterioro cognitivo. Estudios liderados por la Universidad de California muestran que rutinas simples, como caminar a paso ligero, realizar estiramientos y practicar ejercicios de coordinación, estimulan áreas del cerebro relacionadas con la memoria y el aprendizaje, apoyando su integración en estrategias preventivas contra el deterioro cognitivo.
Mantener hábitos de movimiento constantes, incluso con actividades de bajo impacto, es un recurso recomendado por científicos y profesionales de la salud. Ejercicios como caminar diariamente, practicar yoga o subir escaleras pueden marcar una diferencia en la función cerebral. Investigaciones de la Universidad de California destacan que sesiones breves de actividad aeróbica, de entre 10 y 20 minutos al día, son suficientes para aumentar el flujo sanguíneo al cerebro y promover la neuroplasticidad, facilitando una mejor retención de información y mayor agilidad mental.
Actividades como bailar o realizar juegos de coordinación activan zonas cerebrales asociadas al procesamiento de recuerdos y la toma de decisiones. Es fundamental adaptar la intensidad y frecuencia de los ejercicios a la edad y condición física de cada individuo, priorizando la regularidad y constancia.
El incremento del flujo sanguíneo cerebral durante la actividad física mejora la oxigenación de los tejidos y facilita la liberación de neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, relacionados con el aprendizaje, el ánimo y la concentración. La reducción del estrés, la mejora en la calidad del sueño y el fortalecimiento de la salud cardiovascular suman efectos positivos que inciden directamente en la memoria y la capacidad para procesar información nueva. La práctica constante de ejercicios sencillos puede retrasar la aparición de deterioro cognitivo, reducir el riesgo de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y aportar mejoras significativas a la calidad de vida.
Estudios Experimentales: Agilidad y Coordinación en la Edad Media
Científicos de Estados Unidos han revelado que la agilidad y la coordinación pueden recuperarse en la mediana edad a través del ejercicio físico. Un estudio publicado en la revista NPJ Parkinson’s Disease demostró que la actividad física activa la dopamina, un neurotransmisor esencial para el movimiento, la memoria y el estado de ánimo.
La investigación, liderada por la Dra. Guendalina Bastioli y la Dra. Margaret Rice en la Universidad de Nueva York, estudió cómo el ejercicio influye en la movilidad cuando las neuronas productoras de dopamina han envejecido, utilizando ratones de laboratorio en la mediana edad. Los ratones activos mostraron mayor agilidad y coordinación que los sedentarios, liberando un 50% más de dopamina en el estriado, una región cerebral fundamental para el movimiento y la motivación. Curiosamente, una vez alcanzada una "dosis" mínima de ejercicio, aumentar la intensidad o duración no aportó mejoras adicionales. Estos hallazgos proporcionan evidencia neuroquímica de cómo el ejercicio mejora la memoria, el movimiento y el estado de ánimo, aspectos relevantes en enfermedades como el Parkinson.
Aunque el experimento se realizó en ratones, los científicos esperan que futuros estudios en humanos confirmen estos mecanismos para desarrollar nuevas estrategias que preserven la movilidad y la calidad de vida en la adultez y la vejez.
Esto Gana La Mente Cuando Haces Ejercicio - Oswaldo Restrepo RSC
Recomendaciones Generales de Actividad Física
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda un mínimo de 30 minutos de ejercicio al día para proteger la salud, mantener un peso adecuado y una buena masa muscular, aunque esta cantidad puede modificarse según los objetivos individuales. Para que el ejercicio aporte beneficios óptimos y fomente la liberación de dopamina, es crucial realizarlo de manera constante y por un tiempo suficiente.
La American Psychological Association señala que la aptitud física mejora la salud del cerebro y que una rutina de ejercicio regular puede disminuir los efectos del estrés, mejorar la salud mental, el estado de ánimo e incluso la memoria y la cognición. Mental Health America recomienda sesiones de entre 20 y 30 minutos al día para liberar dopamina, lo que mejora el estado de ánimo y facilita la concentración, además de mejorar la memoria y la función cerebral general a largo plazo.
Seguir una rutina de ejercicio también contribuye al bienestar y a la producción de dopamina al generar una sensación de logro, lo que motiva a continuar. Combinar el ejercicio regular con una dieta equilibrada, hidratación adecuada y hábitos de sueño saludable potencia la prevención de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.
Implicaciones Clínicas y de Salud Pública
Capacitación de Profesionales y Programas de Intervención
Es fundamental incluir procesos de capacitación sistemática para profesionales de Ciencias del Deporte y la Salud, ya que en su formación a menudo no se abordan adecuadamente la valoración y prescripción del ejercicio físico en poblaciones vulnerables como las personas mayores. Estos entrenamientos son esenciales para que el personal de salud en centros de atención geriátrica conozca la importancia de mantener a las personas mayores activas e independientes, así como los beneficios del ejercicio físico para la salud neurológica y global.
Las campañas de salud pública deben no solo promover la iniciativa de los pacientes y sus cuidadores, sino también fomentar la adherencia a largo plazo de programas de ejercicio físico, garantizando un impacto sostenido en la calidad de vida relacionada con la salud (CVRS) y la reducción de la dependencia funcional.
Enfoque Multidisciplinar y Evaluación Geriátrica
Adicionalmente, los programas de Salud Pública enfocados en la población geriátrica deben contemplar, en primera instancia, la identificación y captación de adultos mayores con enfermedades neurodegenerativas para asegurar una atención oportuna. Como segunda instancia, es necesario abordar la atención del adulto mayor desde una perspectiva multidisciplinar, que incluya a profesionales de medicina general, geriatría y gerontología, enfermería, psicología, fisioterapia, terapia ocupacional, nutrición, y profesionales en Ciencias del Deporte y el Ejercicio Físico. Esta atención debe complementarse con la Evaluación Geriátrica Multidimensional (EGM), considerada una evaluación completa que abarca diversas dimensiones de la salud del adulto mayor.